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sábado, 10 de noviembre de 2018

ESCAPADA DE SAHMAÍN

Que no, que nada de Halloween. Que los americanos tienen un marketing espectacular, hay que reconocerlo, y aunque estemos esperando como locos al "Black Friday" en Galicia celebramos Sahmaín, la noche de los muertos. Esta fiesta se recuperó hace pocos años en muchos lugares de Galicia con la similitud de la decoración con calabazas o "calacús". Y este año, siendo 31 de octubre un miércoles, al día siguiente teníamos festivo nacional y el día 2 era un día (nunca mejor dicho) "muerto" a nivel educativo, así que muchos centros, siguiendo la normativa oficial (no nos inventamos los festivos ni los puentes), solicitaron ese día como no lectivo, por lo cual disfrutamos de unas minivacaciones de 4 días que me recordaban a las "heerfstvakantie" de Holanda, la penúltima semana de octubre.

Así que como ya lo sabíamos con cierta antelación, las webs de vuelos, hoteles y reservas se colapsan buscando las mejores ofertas y posibilidades. Pero los responsables de dichas webs saben de estas cosas, los vuelos se ponen por las nubes metafóricamente hablando y solo tocaba moverse por el entorno cercano. Y como alguien que conozco no conocía un sitio que yo visité hace muchos años, pues me sentí un poco "guía" y para allá nos fuimos. En unas 4 horas y media desde A Coruña en coche se llega a una de las ciudades más monumentales de España: SALAMANCA.

A pesar del frío y de que llevamos un otoño bastante atípico en el que ya ha nevado en Galicia y estos días estamos con un tren de borrascas que hace años no padecemos, allá que al salir los niños del colegio a las 2 de la tarde nos pusimos en camino después de una comida rápida y no muy copiosa. Visitar una ciudad como Salamanca siempre es un lujo: de día, de noche, en primavera u otoño. El ambiente estudiantil, el arte, la historia, la cultura, la gastronomía... son un marco incomparable para muchas historias. Y echando cuentas hacía más de 15 años que no recalaba por allí. 

Plaza Mayor, Universidad, Catedral con una edición más del proyecto de exposición "Las Edades del Hombre", Casa de las Conchas, Río Tormes, Lazarillo, Celestina... Un casco antiguo muy bien conservado. Buen ambiente, una temperatura fría pero soportable, platos típicos y por supuesto, buena compañía. Nada más que añadir. O sí.


4 días para una ciudad mediana es mucho tiempo. Así que la ruta continuó destino a Portugal. Existe una frontera por la que incluso pasa el tren que comunicaba el centro - norte de Portugal con España y constituía la salida de muchos emigrantes portugueses hacia Europa. Esa frontera está en la localidad salmantina de Fuentes de Oñoro y en su vecina portuguesa de Vilar Formoso. Pero 20 km. antes de esas dos poblaciones se encuentra la segunda ciudad de la provincia de Salamanca, sede de diócesis y todo un descubrimiento: Ciudad Rodrigo. 

Se trata de una villa completamente fortificada, con muchas mansiones señoriales y una catedral en la que disfrutamos de una visita guiada gratuita y donde pudimos contemplar una joya para mí desconocida y que nos impresionó. Se trata del Pórtico del Perdón, un conjunto escultórico románico de una hechura similar al Pórtico de la Gloria o al del Paraíso, más pequeño pero con una precisión en las figuras y una idea iconográfica única. Además, dado que fue restaurado, la Junta de Castilla y León creó sobre él un espectáculo de luz y sonido de 6 minutos que solo por eso merece la pena acercarse a esta ciudad y admirarlo. En Ciudad Rodrigo comimos para luego continuar en pocos kilómetros el viaje a Portugal y dormir en nuestro próximo destino: Aveiro


Portugal es hoy un país avanzado, muy europeo y con el que Galicia tiene una relación estrecha lógicamente a causa del idioma. Ir a Portugal es para un gallego como estar en casa. Es curioso que el mismo año que volví a Lisboa con motivo de Eurovisión en mayo, coincida con la visita a otra ciudad portuguesa por primera vez y que desde hace unos años está teniendo un auge espectacular. Aveiro es conocida como "la Venecia portuguesa" por los canales que recorren sus calles y que conforman parte de su ría, en la cual desde tiempos romanos se explotaron salinas. Hoy han aprovechado ese potencial y son sus atractivos turísticos: el paseo en barco tradicional (moliceiros) por los canales y la visita guiada a las salinas. Hicimos las dos actividades, esta última en portugués y fue una explicación precisa, maravillosa, entendible sin problemas y muy instructiva.

Por si fuera poco, Aveiro tiene en su entorno dos lugares privilegiados de cara al mar: Costa Nova y la Reserva Natural de las Dunas de San Jacinto, a la cual hay que acceder en un transbordador que permite subir el coche. Pues allá nos fuimos y ver toda aquella extensión de arena y el mar, solos en la playa, fue un momento muy especial. Por cuestiones de hora no pudimos disfrutar mucho de la tarde, ya que al ser una hora menos en nuestro país vecino y ya haberse producido el cuestionado cambio de horario de invierno, la noche empezaba a notarse a partir de las 17:30 h. Así que entre el turismo y la gastronomía portuguesa pasamos los otros dos días, para regresar a Coruña con lluvia durante todo el trayecto. A pesar de todo, Portugal NUNCA defrauda.

Algunos os estaréis preguntando por qué hablo en plural: "pudimos, fuimos, visitamos...". Sí, fuimos dos... y me da que no será el último viaje que hagamos juntos. Sencillamente, la vida sigue y los sentimientos vuelven a significar algo, muy bonito. Una nueva etapa. ;)


miércoles, 15 de agosto de 2018

VIAJE A POLONIA IV (FINAL): POZNAN

Y después de varios días sin escribir, toca finalizar este viaje a Polonia en otra gran ciudad: POZNAN. Llegamos al mediodía y hacía un calor asfixiante, buscamos nuestro hotel que estaba en una parte de un edificio muy al estilo comunista que albergaba una asociación tipo Protección Civil, aunque en recepción nos dijeron que se trataba de "voluntarios para la defensa de Polonia"... algo un poco raro, pero curioso. Las instalaciones del hotel eran funcionales, destacando el comedor que además servía como punto de encuentro entre los huéspedes porque en realidad el hotel parecía un albergue, aunque cada habitación con su baño, bien acondicionada, etc. Lo único que no tenía era aire acondicionado y en su defecto teníamos un ventilador eléctrico de toda la vida, lo cual nos benefició porque pasábamos de 30 grados.

Poznan se conoce como "la ciudad donde nació Polonia", ya que aquí hubo varios levantamientos contra los prusianos y manifiestos a favor del nacionalismo polaco. Es un importante centro comercial e industrial en mitad de la ruta Berlín - Varsovia. De hecho allí nos enteramos que en la ciudad vive la mujer más rica de Polonia (según nuestro informante es una mujer mecenas), heredera de un imperio cervecero y precisamente en la antigua fábrica de cerveza se emplaza actualmente el mayor centro comercial no solo del país sino que parece ser de toda Europa. Dicho edificio quedaba a pocos metros de nuestro hotel y tenía infinidad de tiendas y establecimientos de restauración, en donde comimos algún día, y según el mismo informante la mujer en cuestión vivía en un ático inmenso en el mismo centro comercial. Y sí, era enorme, ocupaba varias manzanas e incluso llegaba hasta las mismas puertas del casco antiguo. Se llama Stari Browar y conserva incluso detalles de la antigua fábrica. Según lo que he podido ver en Internet no parece ser el más grande de Europa, pero teniendo en cuenta que en A Coruña está el tercero más grande del continente... pues a mí el de Poznan me pareció mayor. En fin, solo era una anécdota.

El casco viejo destaca, como en casi todas las ciudades que visitamos en este viaje, por la Stari Rynek o Plaza del Mercado donde se encuentra el ayuntamiento y las casa con fachadas de colores y restaurantes en los bajos. Bonita, como cualquiera de las que vimos en el país, pero en esta hay una leyenda curiosa. Resulta que el símbolo de la ciudad son dos cabritos que chocan sus cornamentas y que salen a las 12 del mediodía de un hueco en la fachada del ayuntamiento. Cuenta la leyenda que los cabritos iban a ser asados y se escaparon entrando en el edificio y subiendo las escaleras hasta la parte superior. Al alcalde de aquel entonces le hizo tanta gracia que los indultó y mandó construir dos animalitos de hojalata que chocasen los cuernos en esa ventanita que se abre al dar las campanadas. Os dejo el enlace a un vídeo de youtube porque nosotros... ¡¡no los vimos!!



En el resto del casco antiguo destaca la Iglesia de San Estanislao, de los Jesuítas, construída en estilo barroco tan de libro que es toda una lección de arte. No cansa ver las columnas salomónicas ni tanta exuberancia de color y formas curvas. Merece la pena sin dudarlo.

Fuera del casco antiguo hicimos tres visitas que tal vez no sean muy representativas pero dado que ya estábamos en el penúltimo día de viaje y el cansancio hacía mella, yo particularmente necesitaba verde y campo y no tanto adoquín y calles. Así que por la mañana nos fuimos al parque de la Ciudadela, un recinto tranquilo en una colina de la ciudad y en el que pasear sin ruido de coches, tranvías y autobuses. Pero lo curioso de este parque es que caminando por él encuentras varios cementerios integrados en la urbanización y senderos del parque: uno internacional, otro polaco y otro soviético; fijándose en las tumbas ves que las fechas son de caídos prácticamente en las mismas fechas, en batallas de la II Guerra Mundial o en levantamientos contra la dictadura comunista. Algunas de las tumbas parecían bastante abandonadas, sin embargo la zona internacional estaba siendo precisamente cuidada al máximo porque estaba bajo la responsabilidad del gobierno británico. Una sensación de nostalgia y tristeza, a pesar del calor, invadía un poco la atmósfera porque las tumbas estaban con símbología acorde con el origen de los soldados o civiles caídos.

A continuación visitamos la catedral, alejada del centro y a la que acudimos en tranvía. Después de ver la de Wroclaw no nos impresionó tanto, pero hay una capilla que le llaman la "capilla dorada" que tiene inspiración en la época bizantina. Y como estábamos cerca y nos habían hablado de esa zona, a continuación fuimos a comer al área recreativa de Malta. Sí, no nos cambiamos de país, sino que en esa zona se construyó un lago artificial de 3 kilómetros de largo que suele albergar importantes competiciones de remo y piragüismo porque en el lago se ha hecho un campo de regatas impresionante. Y sí, estaban entrenando varias selecciones nacionales porque en pocos días se celebraba el campeonato europeo sub-23. El entorno del lago es espectacular: senderos para pasear, carril-bici, zonas para ir de picnic, unas termas con parque acuático, el zoo de la ciudad, un centro comercial e incluso un mini-tren que te lleva por una vía muy estrecha desde el campo de regatas hasta el final del lago donde está el zoo. Una zona de esparcimiento que ya quisieran muchas ciudades de Europa.


Poco más hicimos en la ciudad. Poznan perfectamente puede visitarse en un día completo, de saberlo hubiésemos reservado dos noches en Wroclaw y una aquí, pero bueno, tampoco nos arrepentimos. Al día siguiente tocaba volver a Varsovia, pasar la noche y al otro día regresar a España. Tuvimos retraso de nuevo en el vuelo de LOT y en consecuencia perdimos el tren de regreso a Coruña en Madrid, así que tuvimos que alquilar un coche y venirnos hasta casa porque no había plazas de trenes en dos días y los precios de los billetes de avión estaban por las nubes. Reclamamos a LOT y a ver si podemos conseguir alguna compensación por los inconvenientes, pero lo veo difícil.

Comentaros también que en cuatro ocasiones dormimos en apartamentos, en Varsovia (dos distintos), en Cracovia y en Wroclaw. El mejor, sin duda, en Wroclaw; el peor en Cracovia, pero donde tuvimos una desagradable sorpresa al regresar a España fue con el primer apartamento de Varsovia. Resulta que su propietaria (a la que no vimos, ya que todo fue reservado a través de booking.com) dejó un contrato de uso de la vivienda en la mesa de la cocina, en inglés, en el cual aparecía un lugar para firmar por parte de la persona que hizo la reserva. Pues bien, yo firmé, pero no traje copia, básicamente porque no la había. El caso es que de allí a unos pocos días veo que hay un cargo en mi cuenta a mayores de 70 € y llamé a booking para que me aclararan de qué era ese cargo. Pues bien, se pusieron en contacto con la señora y les dice que rompimos con un sofá un trozo de pared y su reparación fueron esos 70 € que teníamos que pagar porque yo me comprometí con mi firma a abonar cualquier desperfecto. Estoy convencido que lo que firmé fue una trampa para que la señora arreglase algo o comprase cualquier cosa y la cargase al inquilino de turno que buenamente firmase. Así que si vais a Varsovia nada de alojarse en el Apartment Gieldowa Residence, porque sí, muy bien amueblado y cómodo, pero la jugarreta no nos hizo ni pizca de gracia. A ver si aún podemos conseguir alguna foto de lo que "hicimos" porque fue un dinero que sinceramente pensamos que nos robaron.

CONCLUSIÓN. Merece la pena visitar Polonia, salirse del tópico de visitar Cracovia, Auschwitz y las minas de sal de Wieliczka, aunque lógicamente hay que verlo. Totalmente imprescindible la visita de Wroclaw, el gran descubrimiento del viaje. Seguramente nos faltó acercarnos al Báltico, a Gdansk y a la montañas, a los montes Tatras y a la zona de Zakopane... pero así tenemos excusa para volver. Y sí, compensa porque la moneda sigue siendo el zloty y es muy barato. Se circula bien por sus carreteras y autopistas, hay un sistema de transporte público en las ciudades más que aceptable y, en definitiva, Polonia sorprenderá porque no es aquel país "comunista" de Lech Walesa y Juan Pablo II, que sí, está omnipresente, pero hay una dura y cruel historia detrás. Mientras, empezamos a planificar el viaje de 2019... se chegamos alá. Gracias por seguirme, espero que os haya gustado.



lunes, 6 de agosto de 2018

VIAJE A POLONIA III: WROCLAW

Antes que nada que nadie se agobie si no es capaz de pronunciar el nombre de esta ciudad. Tal y como nos dijeron en la oficina de turismo se dice algo así como "vrotswaf", pero resulta que siguiendo normas de la RAE si un topónimo puede ser traducido, se hace, así decimos "Londres" y no London o "La Haya" y no Den Haag. Pues bien, Wroclaw es BRESLAVIA. La tercera ciudad de Polonia en población fue el gran descubrimiento del viaje.

Por desgracia solo estuvimos aquí un día, pero la cantidad de cosas que hay que ver y disfrutar en esta ciudad merecería otro día más. Aún así, creo que dimos un buen paseo y disfrutamos de su arte, historia, cultura y su entorno, nos pareció el mejor lugar de los que visitamos en Polonia (sí, más que Cracovia)

Wroclaw perteneció durante mucho tiempo a Alemania. Solo fue después de la II Guerra Mundial cuando quedó integrada en el territorio actual de Polonia, que fue uno de los países que más varió sus fronteras en el s. XX. La visita comenzó, como ya venía siendo habitual, en la Plaza del Mercado o Stari Rynek. Era domingo, muy buen tiempo y sus habitantes y turistas disfrutaban de múltiples actividades en la plaza, conformada por edificios con fachadas de distintos colores y, por supuesto, el ayuntamiento. Su visita interior merece mucho la pena porque las salas que puedes visitar tienen una decoración que va desde el gótico hasta los estilos más modernos, destacando el trabajo de cantería en arcos, dovelas, claves, en las bóvedas, etc. Un ejemplo lo tenéis en una de las caras que conformaban un capitel de un pilar de una bóveda, que seguramente tendrá su leyenda, pero es que parece ser que había en todo el edificio unas 2000.


Wroclaw es una ciudad plagada de historia. Si visitamos su entrada en la Wikipedia fue un importante nudo comercial desde la Edad Media. Y teniendo tanta historia vimos una iniciativa que a mí personalmente me encantó. En una de las calles del casco antiguo se creó el "Paseo de la Historia". A lo largo de la acera y cada pocos metros pusieron una placa de metal en relieve en el suelo con un hecho significativo de la Historia de la ciudad, desde su creación como tal allá por el año 1000 hasta 2017, que fue sede de los World Games, destacando en los últimos años su condición de Capital Europea de la Cultura en 2016 o las inundaciones que provocó el río Oder que atraviesa la ciudad.



La ciudad tiene universidad y de ella han salido 9 Premios Nobel. Cualquier rincón es una delicia, además el río Oder forma una isla en la que se asentaron la catedral y otros edificios de gran interés artístico. La catedral es muy esbelta, reconstruída en su estilo original ya que fue arrasada en un 70% en la II Guerra Mundial. Pero tiene una curiosidad que entretiene bastante y es que se ve una bomba incrustada en una parte exterior de ella (no os voy a decir dónde está, pero sí os pongo una foto).



Pero si hay algo que de verdad entretiene y es un reclamo turístico para todas las edades es, sin duda, el motivo por el cual se le conoce hoy en toda Europa. Wroclaw es la Ciudad de los Gnomos. Sí, como lo oís. Todas sus calles están plagadas de estos seres diminutos que tienes que buscar y, lógicamente, fotografiar. Nadie sabe cómo aparecieron, pero parece ser que un comerciante puso uno para decorar su escaparate y fue tan atractiva la idea que hoy muchos organismos, instituciones, negocios, restaurantes... tienen un gnomo de bronce representado en actitudes cotidianas y hay ya más de 300 en toda la ciudad. Os podéis imaginar que para los niños es muy atractivo y los ves buscando gnomos por todo el centro de la ciudad. De hecho hay una ruta planificada con un mapa que te dan en una oficina específica "de los gnomos", pero lo divertido es ir encontrándotelos sacando dinero de un cajero automático, robando helados en una de las heladerías más famosas de la ciudad, viendo la tele con un mando a distancia en la mano en la entrada de un baño público, imitando a la Estatua de la Libertad o recordando el lugar donde estuvo la primera imprenta de Wroclaw. En fin, algo maravilloso.


Cominos y cenamos en la Plaza del Mercado, caminamos por la isla de la catedral a la que se accede a través de un puente lleno de candados de enamorados, fuimos a la búsqueda de los gnomos y además, tuvimos un apartamento espectacular para dormir, por poco dinero. De ahí que esta ciudad merezca una visita más reposada, poder hacer un mini-crucero turístico por el Oder y visitar alguna cosa más en su extrarradio. Como lo pasamos tan bien os voy a dejar un vídeo un tanto divertido que grabé imitando a un conocido programa de televisión que también promociona en cierta medida el turismo, no sin antes recomendaros que si visitáis Polonia, Wroclaw es más que una parada obligada, sin dudarlo.







jueves, 2 de agosto de 2018

VIAJE A POLONIA II: LUBLIN Y CRACOVIA

Después de dos noches en Varsovia, empezamos a recorrer las carreteras polacas. Nuestro primer destino fue la ciudad de Lublin, de unos 340.000 habitantes. Durante el recorrido pudimos comprobar que los fondos europeos llegan a los países incorporados ya en el s. XXI a la Unión Europea, ya que gran parte del camino estaba en obras por la construcción de una autopista, así que el viaje fue un tanto lento pero sin contratiempos. Llegamos a Lublin poco antes de comer, después de recorrer unos 180 km. 

Lo cierto es que nuestra idea inicial era cruzar la frontera de Ucrania y visitar Lvov, pero las compañías de alquiler de coches no permiten salir de la UE, así que tuvimos que cancelar nuestra noche en Ucrania y cambiarla por otro destino en Polonia pocos días antes de nuestra salida. Una pena porque Lvov también era una ciudad muy deseable para visitar, pero el cambio nos dejó un buen sabor de boca.

Lublin tiene un ciudad vieja maravillosa. Considerada un eje comercial entre el Este y el Oeste de Europa, posee dos universidades y durante siglos fue ejemplo de convivencia de culturas y religiones. Recorrer las calles del casco antiguo es trasladarse en la Historia. Dos puertas majestuosas lo cierran, una da paso a la ciudad nueva y otra al antiguo castillo desde el que se divisa una panorámica fantástica. En ese castillo existe una joya artística que es una capilla totalmente decorada con frescos bizantinos a la que solo se puede acceder cada 15 minutos en una hora, con unas condiciones de preservación exquisitas, debido a los años que tienen esas pinturas. No dejan ni hacer fotos porque los frescos también tuvieron su deterioro en momentos de guerra y en las dependencias del castillo los nazis también hicieron gala de su terror. El día nos acompañó con tormenta y no pudimos hacer muchas fotos desde lo alto de la torre del castillo, pero os aseguro que pasarse unas horas en la ciudad merece mucho la pena. Cerca, por desgracia, también puedes visitar otro de los campos de exterminio que se instalaron en tierras polacas, el de Majdanek, pero como posteriormente iríamos a Auschwitz y solo pasamos una noche en esta ciudad, no lo visitamos.


Durante el callejeo por la ciudad vieja llegamos a encontrarnos con flechas del Camino de Santiago, así que si alguien se anima, pues tranquilamente puede empezar a recorrerlo aquí. Gente muy amable, una ciudad que aquí llamaríamos "de provincias" pero maravillosa. Y por cierto, en esta ciudad surgió el famoso movimiento "Solidaridad", aunque luego el protagonismo con Lech Walesa se lo llevó Gdansk porque era en sus astilleros donde él trabajaba, pero el germen fue aquí y sacamos una foto en el local donde se inició todo.


Y, en definitiva, lo más bonito fue callejear desde la Plaza del Mercado con sus sólidas casas de colores hasta el castillo, en un tranquilo y cómodo paseo que nos imaginábamos en invierno, con frío y nieve, enriqueciendo ese aspecto de ciudad de cuento de hadas. Existe también una ruta subterránea que tampoco pudimos hacer, parte de los sótanos del ayuntamiento y parece ser que eran los antiguos almacenes de los mercaderes, imagino que también supondría un importante escondite en épocas trágicas. No dejéis de visitarla si algún día vais a Polonia.


Al día siguiente nos encaminamos a la ciudad que todo el mundo visita en Polonia, primer destino turístico del país: CRACOVIA. En mayo de 2012 ya conté en este blog mi visita de 4 días a esta fantástica ciudad y a su vez, la puerta de entrada al horror del nazismo porque aquí están muchos escenarios de la famosa película "La lista de Schindler" y es de donde parten la mayoría de las visitas guiadas a Auschwitz. Os dejo los enlaces de lo que comenté en aquel viaje y a continuación os cuento lo que visitamos por primera vez, ya que Cracovia es de esas ciudades a las que siempre hay que volver.

Cracovia 2012

Cracovia 2012 2ª parte.

Decir que durante el trayecto visitamos también una de las iglesias de madera que son Patrimonio de la Humanidad y que se encuentran diseminadas por el sur de Polonia, (aquí el GPS nos sirvió de gran ayuda) y que podéis ver en ese enlace que os dejo de otro blog. Y aprovechamos para ver también las minas de sal de Wielizcka, aunque yo ya las había visto hace 6 años, mis compañeros de viaje bajaron a visitarlas, yo me quedé en el exterior y pude disfrutar de un paseo por la ciudad y de la experiencia de subir a la lalmada Torre de Graduación que se construyó en 2014 y es una idea muy curiosa. Resulta que la ciudad, al estar sobre un terreno con tanta sal y en un entorno natural privilegiado, a alguien se le ocurrió intentar recrear un microclima como si estuvieses al lado del mar. Pues bien, han hecho una construcción completamente cubierta de ramas de árboles sobre las que caen permanentemente gotas de agua que, lógicamente, llevan sal. Eso genera que al introducirte en el recinto y subir a la torre, respires un aire totalmente libre de impurezas y similar al que respirarías en un lugar costero. Es una sensación maravillosa porque esa humedad salina impregnada en la madera es como un "spa" muy recomendable para las personas con afecciones del aparato respiratorio. Merece la pena pagar 9 zlotys (poco más de 2 euros) y pasearte por allí una media hora, ¡¡sales como nuevo!!


En Cracovia la primera decepción fue nuestro apartamento: pequeño, incómodo y son solo una estancia y un baño. Eso sí, en pleno centro, entre el barrio judío y la ciudad vieja. Una ciudad tan turística estaba, siendo verano, atestada de gente. El casco viejo y el castillo eran un hervidero de gente, pero la visita era obligada. Sin embargo, yo tenía más interés en profundizar en la visita a Kasimiercz, el núcleo principal de la Cracovia judía, en donde visitamos tres sinagogas de las siete que hay y el barrio comunista de Nowa Huta, un auténtico descubrimiento.

En el barrio judío hoy hay vida, con todo lo que eso implica después de saber todo lo que ocurrió en toda la región con el horror nazi. Además, muchos restaurante son judíos y pudimos comer en ellos platos que nunca habíamos probado. En las sinagogas pudimos ver cómo se conforma un templo judío, lo que significan sus muros, el "arón ha-kodesh" o lugar sagrado donde se guarda el Talmud, el púlpito central donde se lee, etc., pero también la separación en el templo de los bancos y zonas destinadas a hombres y a mujeres. Uno llega a la conclusión de que las religiones occidentales tienen unos ritos y dogmas comunes, aunque luego se diferencien en sus liturgias, pero características comunes tienen. En la Sinagoga Remuh impresiona ver en su patio muchas placas puestas en sus muros recordando a familias exterminadas por el Holocausto, en una de ellas en inglés se recordaba a 80 personas exterminadas por los nazis en los campos de exterminio. Reflexión obligada para todos.


Son templos bastante austeros, al contrario de lo que estamos acostumbrados en la religión católica, pero también es interesante intentar comprender lo que implica toda la cultura judía porque, a pesar de los siglos, los integrantes de esta religión siempre fueron denostados y observados con lupa, expulsados de muchos territorios, exterminados... y aún así sigue habiendo cierto odio hacia ellos. No voy a valorar ni a entrar en la situación actual del estado de Israel referida a su conflicto con el mundo árabe, pero lo que está claro es que a día de hoy (y lo he preguntado incluso en Polonia a algún guía) nadie puede darme una explicación clara de por qué han generado siempre tanto odio y por qué en muchos aspectos del lenguaje todavía existen expresiones xenófobas hacia los judíos. Y creo que ese estigma les acompañará siempre, así que depende de cada uno de nosotros no entrar en debates intolerantes y respetar, sin más, las peculiaridades de cada uno.

Pero la visita que más me gustó en Cracovia esta vez fue la del barrio de Nowa Huta. Se trata de un barrio periférico al que tienes que llegar en tranvía y que fue diseñado después de la II Guerra Mundial bajo los parámetros de la nueva arquitectura comunista soviética. Era un barrio obrero, con una fábrica siderúrgica en su centro, diseñado al más puro estilo racionalista: bloques de viviendas iguales, grandes avenidas, calles y plazas siguiendo una estructura cuadriculada. Los habitantes del barrio tendrían todos los servicios de primera necesidad así como de ocio: teatros, parques, jardines... Pero claro, no contaron las autoridades comunistas (como era lógico según sus ideales) con un aspecto fundamental en la manera de ser de los polacos: la religión católica. Y allá por los años 70 era arzobispo de Cracovia un tal Karol Wojtyla. Por todo ello, los habitantes de Nowa Huta habían empezado a construir en su tiempo libre un templo que hoy es una visita más que obligada no solo del barrio, sino de toda la ciudad: la Iglesia de Arka Pana, diseñada al estilo de Le Corbusier como un templo totalmente racionalista y funcional y que es, sencillamente, espectacular si te gusta la arquitectura del s. XX. La historia de esta iglesia y la lucha que mantuvieron los obreros polacos contra el régimen comunista para levantarla la podéis leer en el enlace que os he puesto antes, merece la pena saber realmente qué pasó, al margen de que seas creyente o no.


El interior impresiona por su disposición, toda la iglesia es una simbología y se recuerda el periplo que pasaron para levantarla desde los años 50. Pero si hay una imagen que te deja impactado es, sin dudarlo, la del Cristo crucificado, que simboliza al Cristo que acoge a la Humanidad. Recomiendo totalmente un paseo por este barrio y llegar a la iglesia, siempre abierta y con gente orando. Una visita con el máximo respeto a sus creencias de verdad que os sobrecogerá. En esta segunda visita a Cracovia ha sido lo que más me ha gustado.


Y quedaba una última visita desde Cracovia: el regreso al horror y a la infamia. Auschwitz será siempre el lugar que nunca debió existir. No pudimos conseguir una visita guiada en español, así que solo hicimos una visita rápida con una mini guía impresa y pagamos los traslados, ya que la afluencia de personas allí es inmensa y está a unos 70 km. de Cracovia. De nuevo, como en 2012, hacía calor y sentir esa humedad pegajosa de los barracones, ese olor a madera que ha sido testigo del genocidio más cruento de la Historia, ver los lugares que tantas veces vimos en las películas e imaginarse, solo imaginarse por unos minutos lo que era aquel infierno en vida, no es apto para todos los públicos, aunque a más de un político xenófobo llevaría yo por allí a darse una vuelta. Y sí, vuelves a emocionarte, vuelves a llorar porque en mi segunda visita ves otros detalles, haces otras reflexiones y... en fin, es muy difícil expresar emocionalmente lo que sientes al volver a pisar aquellas estancias. Me derrumbé viendo las fotos de los niños con "el pijama de rayas", me quedé un par de minutos solo dentro de la cámara de gas del crematorio 1 observando las paredes escarbadas con las uñas de los que buscaban aire para salvarse. No se encuentran calificativos ni palabras para definir todo lo que sientes en dos o tres horas de visita, simplemente hay que sentir y reflexionar. Yo creo que nadie es la misma persona una vez que visita Auschwitz, algo se remueve en tu ser, en tu conciencia de ser humano ante todo lo que pasó allí y que al 100 % nunca llegaremos a saber y difícilmente a comprender. Y tienes incluso que llegar a mirarlo con los ojos de la "no emoción" para tratar de comprender algo. Los nazis concibieron los campos de exterminio como un proceso industrial de la muerte del cual tendrían que sacar un beneficio porque ni yo mismo creo que ningún ser humano pudiese actuar siendo consciente de lo que realmente estaban haciendo. La rampa de descarga, los trenes, la selección, las condiciones de hacinamiento, las comidas, la higiene, la ropa, las pertenencias, las torturas, los experimentos humanos, el proceso de "solución final", las cámaras de gas, los crematorios. No se puede describir el horror, el infierno, pero es necesario hacerlo y en Auschwitz se hace sin morbo y contando las cosas como realmente ocurrieron. Negarlo es negarse a uno mismo como individuo de la especie humana, no creo que haya animales que llegasen a actuar con tanto terror y crueldad como lo hicieron los nazis.




En fin, volvimos a Cracovia a pasar la última noche para salir al día siguiente hacia otra ciudad que fue el gran descubrimiento del viaje, pero eso será otro día. ¡¡Gracias por leerme!!

lunes, 30 de julio de 2018

VIAJE A POLONIA I: VARSOVIA

Pues llegamos a esa época del año en la que hay que narrar las aventuras de un nuevo viaje, esta vez a un país centroeuropeo que ya visité en 2012 brevemente pero que ahora recorreremos más a fondo: POLONIA.

Y algunos os preguntaréis por qué. ¿Por qué Polonia como destino turístico? Pues porque salir del agobio mediterráneo es casi tarea obligada en un mes de julio y subir más al norte tocará en otra ocasión. Además, Polonia es un país en general barato, con infraestructuras en progreso después de su entrada en la UE, medianamente bien comunicado y, a pesar de la imposibilidad de comunicarse en el idioma local porque es indescifrable, con un inglés medianamente bueno te defiendes. 

Así que después de llegar a Madrid el día anterior en tren (¡cuánta falta nos hace el AVE a Galicia ya para poder estar en tres horas!) y pasar en los madriles una noche, el lunes 16 de julio nos plantamos en Barajas para coger el avión de las líneas aéreas polacas con destino a Varsovia. Nuestra primera sorpresa fue el retraso en la salida y ver que para allá se iban un gran número de peregrinos a seguir los caminos del santo Juan Pablo II... recordad que Polonia es muy, MUY católica. El vuelo iba atestado de gente pero sin contratiempos llegamos a la capital polaca en algo más de 3 horas, alquilamos nuestro coche de rigor y rumbo al apartamento que teníamos ya reservado con antelación para pasar dos noches, no sin antes cenar algo rápido en el aeropuerto para descansar y comenzar al día siguiente nuestro periplo turístico.

Varsovia sorprende. Es una gran capital. Por algún lado leí que es la ciudad de Europa donde más se construye después de Berlín. Y la verdad es que sí, grúas y movimiento se notaba, aparte de sentir que está en un proceso de ordenación y humanización importante. Evidentemente, su casco antiguo es el centro de la visita, sin mucho que recalcar a nivel turístico, aunque el detalle más curioso es que el símbolo de la ciudad es también una sirenita, como la de Copenhague. Cuenta la leyenda que dos sirenas del Atlántico se encontraron en su viaje por los mares. Una de ellas decidió quedarse en una piedra en el puerto de Copenhague, pero la otra siguió adentrándose en el Báltico y remontar por el río Vístula. Al llegar a lo que hoy es Varsovia un pescador la capturó porque se comía todos los peces y la encerró. Pero la sirenita de noche cantaba lamentándose por su suerte y el hijo del pescador, compungido por esos llantos, la liberó. Eso hizo que ella le prometiese que ante cualquier invasión o situación de catástrofe en la ciudad, se quedaría allí para defenderla. Y por eso está también en el escudo de la ciudad. En la Plaza del Mercado hay una fuente con su escultura donde todo turista se saca una foto.


Varsovia fue arrasada una y mil veces, la última por los nazis en la II Guerra Mundial. Y de muchos es conocido que los judíos fueron recluídos en un ghetto antes de que las órdenes de su exterminio fueran dadas por los oficiales de las SS hitlerianas. Hoy por todo el suelo de la ciudad está marcado el camino por dónde pasaba el muro del ghetto y hay muchos recordatorios del horror nazi en la ciudad. Hubo también un movimiento insurgente contra ellos, una insurrección en 1943, del cual se erigió un monumento soberbio, pero una de las esculturas más queridas por los varsovianos es la de una niña con casco y fusil que se la conoce como "la pequeña insurgente de Varsovia" porque también los niños se lanzaban contra el enemigo cruel y asesino.


Pero tras la II Guerra Mundial llegó el comunismo y la vinculación con el bloque soviético. La parte nueva de la ciudad es un reflejo de esta política y para ello se construyó otro de los emblemas de la ciudad, el Palacio de la Cultura. Una inmensa mole al lado de la estación central que acogía teatros, cines, oficinas, salas de conferencias y exposiciones y que es el edificio más alto de Polonia, al más puro estilo racionalista soviético. Por pocos zlotys (moneda oficial de Polonia) te suben a la planta 30 desde donde las vistas son espectaculares, disfrutando incluso ahora del nuevo "skyline" de Varsovia.


Y por último destacar que Varsovia y toda Polonia está muy vinculada a la figura de un compositor romántico con mucha vinculación con España, concretamente con Mallorca: Frederic Chopin. También es la cuna de Marie Curie y existen recordatorios de ella, pero dos de los lugares más visitados de la ciudad son la iglesia donde se guarda el corazón de Chopin y el parque donde está su monumento. Chopin murió en París, pero siempre dijo que su corazón debería volver a Polonia... y aquí está, una lápida en el pilar de la Iglesia de la Santa Cruz tapa el hueco donde se introdujo. Visitamos los dos lugares, pero es mucho más emblemático el monumento del parque porque a su alrededor hay bancos debido a que muchas veces incluso hacen conciertos de sus obras aquí.


Y poco más hay que contar. Avenidas inmensas, mucho tráfico y movimiento (es la 9ª ciudad de Europa en población), centros comerciales y la idea de que sus habitantes se consideran "los de la capital" frente a otras ciudades que desde luego son más interesantes tanto a nivel artístico como cultural. No puedo decir que Varsovia sea una ciudad bonita pero tampoco de las más feas que vi y relativamente barata, a pesar de ser la capital del país. Lo único de lo que me quejo precisamente hoy es de que en uno de los apartamentos que estuvimos nos han "clavado" 70 euros a mayores porque su propietaria afirma que con un sofá-cama hicimos un daño en la pared, lo cual nos ha dejado atónitos y hemos puesto una reclamación en la web de reservas. Evidentemente nosotros no podemos demostrar que no hicimos nada malo, pero ella mantiene que sí porque firmamos un contrato de uso que nos dejó al llegar. A ella ni la vimos cuando hicimos la entrada o la salida del alojamiento, todo fue por e-mail e indicaciones en el propio apartamento, así que a ver si podemos recuperar ese dinero porque ya le valió, me suena a estafa.

Pronto pasaremos a la segunda etapa de este viaje, tengo que pensar la manera de no cansar escribiendo demasiados posts. ¡Hasta la vista!




jueves, 5 de octubre de 2017

¿Y QUÉ SI SE ROMPE ESPAÑA?

Título polémico allá donde se viere o leyere el que precede a esta entrada del blog. Momentos convulsos se están viviendo en esta parte de la vieja Europa. España, ese país conocido en su mayor parte por el sol, la paella, el flamenco y la siesta fuera de sus fronteras, es en realidad una denominación en la que una parte de la población no encuentra sitio. Conociendo un poco nuestra historia solo en tiempos del Imperio Romano llamándonos "Hispania" y posteriormente desde el s. XVI cuando se consiguió la ¿aparente? unión territorial de sus reinos, pudimos volver a encontrarnos con el nombre con el que hoy nos conocen en todo el mundo.

Reino de España, denominación oficial, ya que somos una monarquía constitucional no deseada por mucha gente; país compuesto por 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas en el norte de África (reclamadas insistentemente por Marruecos) y con unas diferencias económicas, sociales, lingüísticas y culturales que han generado sentimientos muy fuertes de nacionalismo en varias regiones, principalmente Euskadi, Galicia y la conocida por mucha gente del mundo en estos días, Cataluña.

He viajado por varios países de Europa y no he encontrado ningún país que se parezca al nuestro en cuanto a esa diversidad. Poco tienen que ver culturalmente un andaluz con un vasco o un valenciano con un gallego. Muchas veces esas diferencias han dado lugar a chistes, películas (¿quién no recuerda "Ocho apellidos vascos", que fue récord de taquilla hace unos tres años?), canciones e incluso insultos y desprecios entre los habitantes de una u otra región. Los tópicos han calado hondo en la población y un catalán será considerado en el resto de España de tacaño, un andaluz de vago y juerguista, un vasco de bruto y exagerado o un gallego de desconfiado, como veis adjetivos todos muy enriquecedores.

Si uno conoce un poco nuestra historia nunca ha habido una unión real entre las diferentes sensibilidades regionales o nacionales. Quizás a principios del s. XIX, cuando fuimos invadidos por el ejército francés de Napoleón, hubo un atisbo de sentimiento nacional español, pero ni con esas. No fue hasta el s. XX cuando a raíz de la dictadura y posterior democracia se quisieron crear ese sentimiento de nación unida, en el primer caso por la fuerza y en el segundo por la existencia de una Constitución que pretendió crear ese sentimiento colectivo. Éxitos a nivel internacional, sobre todo en el deporte y especialmente en el fútbol, parecía que contribuían a hacer crecer ese sentimiento. Pero todo era un espejismo porque la realidad es otra y lo estamos comprobando en los últimos meses con la postura de Cataluña.

Sería largo y tedioso narrar aquí todo el proceso por el que se ha llegado a la situación actual. Es probable que cuando alguien lea esto Cataluña haya declarado una independencia unilateral para constituirse en un nuevo estado de carácter republicano. Lo cierto es que todo se ha desencadenado a partir del pasado domingo 1 de octubre con la celebración de un referéndum convocado por el Govern de la Generalitat de Cataluña al margen de las normas comunes a todo el Estado.

He intentado informarme, ser totalmente imparcial, pero es imposible. Recibes información de los medios de prensa españoles (que cada vez se nota más su manipulación salvo contadas excepciones) y de las redes sociales, donde ves acontecimientos reales de lo que pasó y opiniones de personas que viven allí y que expresan su opinión desde una posición independentista o unionista. Pero imparciales, ninguna.

En mi caso, me puedo considerar una persona que he leído, he estudiado Historia (también es verdad que la Historia te la cuentan siempre como le interese al narrador), vivo en una de esas comunidades autónomas con una lengua y cultura bien diferenciadas de las demás y sobre todo, me considero una persona que intenta ver las cosas desde la perspectiva del otro, sin juzgar sus opiniones mientras no te las quiera imponer. Y con la cuestión catalana ves que hasta ahora todo te ha llegado sesgado y ha sido visto solo desde un prisma, sin tener en cuenta a la otra parte. No quiero decir con esto que me declare defensor de una más que posible independencia de Cataluña, pero sí que entiendo la postura que se está tomando en aquel territorio por una vez más mayoría de ciudadanos.

Cataluña siempre quiso vivir al margen de España. El sentimiento nacionalista ha ido creciendo siempre, más desde el retorno de la democracia a nuestro país. En los últimos años las autoridades catalanes han solicitado en múltiples ocasiones un referéndum de autodeterminación al que el Estado Español ha hecho oídos sordos, siguiendo lo legislado en la Constitución. Pero tampoco ha habido voluntad de diálogo. En el resto de España se ha creado un sentimiento de cierta "catalanofobia" por considerar que Cataluña fue siempre beneficiada desde el gobierno central en infraestructuras, industrias, servicios, etc. El hecho de ser un pueblo profundamente orgulloso de su lengua, expresándose en cualquier contexto en ella, ha hecho también crear la falsa idea de que "solo" se expresan en catalán y no lo hacen en español cuando alguien no les entiende. Sinceramente, las veces que he estado en Cataluña jamás me pasó eso. 

Pero en comunidades sin lengua propia y con un arraigo cultural bastante uniforme, nunca entendieron esa riqueza y diversidad de Cataluña en concreto, como de los otros territorios con lengua y culturas propias y diferenciadas. Por ejemplo, una persona de Valladolid no puede entender que la rotulación de carreteras esté escrita en catalán, gallego o euskera y no en español. Y debe ser así porque, aparte de la deturpación que supuso la castellanización de topónimos durante la dictadura con aberraciones como "Arteijo, Carballiño" o el mítico "Sangenjo" (que no significan nada), por citar solo algunos en gallego, su uso por los habitantes siempre fue en la lengua autóctona y cambiados drásticamente en la dictadura sin atender al más mínimo criterio cultural. Es exactamente el mismo caso de ciudades como la soviética Leningrado que durante el régimen comunista tuvo ese nombre eliminando el hoy ya recuperado San Petersburgo. Igual que con la lengua ocurrió con las tradiciones, costumbres, festividades y, por supuesto, leyes propias y modo de vida, que durante la democracia y con la organización territorial de España tuvieron una recuperación que, a día de hoy en el caso de Cataluña, quieren darle un paso más.

El pasado domingo los ciudadanos catalanes querían VOTAR, nada más. Querían ejercer pacíficamente un derecho democrático que, por legislación estatal, era imposible. Ante el desafío que podría suponer ese referéndum, las fuerzas de seguridad del Estado Español fueron desplazadas en masa para impedirlo. El día en cuestión hemos visto unas imágenes atroces protagonizadas por unos policías y guardias civiles armados golpeando a ciudadanos que solo querían depositar una papeleta en una urna. 




Sé que este argumento no será admitido por todos, que alegarán que el referéndum era ilegal y que había que defender "la unidad" del país. Pero es que la cuestión real es esa. ¿Existía realmente esa unidad? Salvo en determinados eventos especialmente deportivos, hay personas que no sienten esa "españolidad" de la que, por otra parte, muchos alardean como lo más deseable. Los recientes acontecimientos de corrupción política en varias regiones del país han acrecentado esa separación de muchos ciudadanos de la clase política, especialmente en Cataluña, donde también la corrupción ha dejado su huella.

Si bien es cierto que España como país pertenece a organismo internacionales o a estructuras supranacionales como la Unión Europea, que no contemplan la separación de un territorio de esa unión, parece que ese escenario no amedrenta a la población catalana, decidida a seguir adelante incentivada por el Govern de la comunidad autónoma, que ha apostado fuerte y sin ningún tipo de límite a romper definitivamente con el Estado Español. Así pues, la situación actual es que, tres días después de un referéndum que no tuvo ninguna garantía de limpieza (hemos visto urnas en la calle y la gente echando papeletas en ella sin control, o personas que han podido votar dos y más veces porque no había un censo oficial, ni organismo que avalara que el referéndum siguiese los procedimientos habituales de transparencia y limpieza), la cuestión se ha convertido en dar a conocer al mundo el problema del nacionalismo catalán y la cercana posibilidad de que España empiece a dejar de existir como hasta ahora hemos conocido.

Tenía y tengo mis dudas sobre la viabilidad de la independencia no solo de Cataluña sino de cualquier región de España. Pero después de lo visto el domingo y ante la intransigencia y brutalidad del gobierno español de entrada me posiciono con la gente que quería VOTAR. Es posible que con una votación legal no se diese el escenario de una independencia, pero en situaciones como la que hemos visto el corazón puede más que la razón y cada día que pasa es mayor el número de personas que desearían separarse de España y constituirse en un nuevo estado en Europa y el Mundo. 

Probablemente este post no guste a mucha gente. Y puede que consideren que no soy imparcial y que me decanto por la opción independentista. Nada más lejos de la realidad. Soy partidario de que un pueblo tenga el DERECHO A DECIDIR cómo quiere ser su futuro, si en unión con otros o en solitario. Y probablemente España sea un escenario en el que en las próximas décadas nos encontremos con movimientos de autodeterminación más intensos. Todo dependerá de la habilidad de los políticos de saber hilvanar y conjugar diferentes sensibilidades y de querer construir en vez de destruir. No es fácil porque además los ejemplos más recientes en otros lugares han sido dramáticos (mis queridos Balcanes), aunque también ha habido ejemplos positivos como en Escocia.

En los próximos días Cataluña optará, más que seguro, por caminar sola. Las incógnitas están abiertas para todos ante este nuevo escenario. ¿Cambiará nuestro día a día a corto o largo plazo? ¿Podrá organizarse y salir adelante a nivel económico, nos afectará al resto de las comunidades que aún conformamos España? ¿Habrá otras que seguirán su camino? ¿Euskadi, Galicia, Canarias...? Pero sobre todo, ¿es todo esto sostenible? Ojalá el futuro sea halagüeño a corto plazo para los ciudadanos catalanes y a largo plazo para el resto o los de otras comunidades que quieran independizarse. En todo caso, lo que toca de verdad es sentarse a repensar los cimientos de nuestra ya no tan nueva democracia, toca más que nunca pensar en una reforma de la Constitución y adaptarla al s. XXI. Será el legado que disfruten nuestros hijos y nuestros nietos en una España unida o tal vez rota, seránlos ciudadanos los que lo decidan libremente.



martes, 29 de agosto de 2017

FIONIA Y JUTLANDIA

Suena guay, ¿eh?, hasta parece que soy un enteradillo total. Lo que molas entre tus compañeros de trabajo cuando vuelves de vacaciones y te preguntan:

- ¿Y tú? ¿Adónde fuiste de vacaciones?

- Pues nada, recorrí Fionia y Jutlandia en un coche de alquiler con unos amigos...

Dinamarca administrativamente se divide en tres regiones: Sjælland, la zona oriental, es la isla donde se encuentra la capital y otras pequeñas islas aledañas; Fionia es la isla central; y Jutlandia la península unida al continente. El país ocupa aproximadamente la misma extensión que mis queridos Países Bajos, unos 43000 km2, un poco más que Galicia y Asturias juntas. En estas dos regiones destacan sus capitales, dos ciudades que visitamos por tener unos atractivos que ahora os iré contando

En primer lugar, Odense, capital de Fionia, una ciudad conocida prácticamente en exclusiva por ser el lugar de nacimiento de uno de los escritores más universales que existen: HANS CHRISTIAN ANDERSEN

Solo con citar su nombre ya se nos vienen a la cabeza infinidad de títulos que acompañaron nuestra infancia y que aún hoy se siguen leyendo en todos los colegios del mundo. La ciudad, lógicamente, tiene a este personaje como atracción turística y en torno a su casa natal se ha construido un museo que recorre su vida, la época en la que vivió y su obra. Andersen fue reconocido en vida por su labor y pasear por el barrio que lo acogió hasta los 14 años, ya que luego se marchó de su ciudad a Copenhague, pues hace que te imagines cómo era aquella Dinamarca pobre que le tocó vivir en pleno s. XIX. El museo merece mucho la pena por cómo está organizado y es una visita muy entretenida. Hay una biblioteca en la que se guardan ejemplares de los cuentos de Andersen traducidos a cuando idiomas del mundo se ha hecho, incluído, por supuesto, o galego. 


En Odense ya nos empezamos a dar cuenta de que los precios habían subido un poco más con respecto a Suecia y que cualquier cosa que compráramos o usáramos iba a ser bastante cara. Pero había que aguantarse, no quedaba otra. 

A continuación seguimos viaje hasta la segunda ciudad del país, convertida este 2017 en Capital Europea de la Cultura: ÅRHUS. Esta ciudad tiene muchas similitudes con A Coruña y ha sufrido un "lavado de cara" en su zona portuaria que ha reutilizado espacios y les ha dado un uso más cultural y lúdico. Artísticamente tampoco es una ciudad en la que haya mucho que ver, aunque su barrio latino y la plaza en la que están su catedral y teatro son lo más salientable. En Århus pasamos tres noches y desde allí hicimos dos excursiones que podríamos decir son obligadas dentro de Jutlandia,

La primera de ellas nos llevó a la punta más septentrional de la península, al pueblo de Skagen (por cierto, con reminiscencias eurovisivas). Este pueblecito se caracteriza porque sus casas están pintadas de un amarillo tan peculiar que se le conoce como "amarillo Skagen". Es un pueblo de pescadores a orillas del Mar Báltico que también aprovecha su posición estratégica para sacar tajada del turismo. Es el destino turístico por excelencia de los daneses en época veraniega porque está enclavado en un espectacular paraje natural, con una gran extensión de dunas a su alrededor, playas, bosques, lugares de acampada... un entorno idílico, vamos.


Pero Skagen no es solo eso. Es el lugar desde el cual puedes llegar andando a uno de esos parajes de la Tierra a los que hay que ir porque suponen un hito geográfico. Sería como pisar el Ecuador o la unión de dos continentes. Pues bien, en la punta más al norte y adentrándose en el mar se llega a Grenen, que viene a ser el lugar donde se unen el mar Báltico con el mar del Norte. Un lugar que emociona y al que se llega andando por la playa durante un kilómetro y medio y que se agradece con buen tiempo. Además, a las costas de la playa llegan crías de foca que pudimos ver y fotografiarnos, pero lo mítico es hacerse la foto donde los dos mares confluyen, y evidentemente está a tope de gente, pero merece la pena.


El segundo día de excursión desde Århus tenía como destino el pueblo más antiguo de Dinamarca, Ribe, y del que había leído que era punto de partida de las rutas de peregrinación nórdicas que llegaban a Compostela. En el pueblecito hay incluso un museo vikingo que certifica esa antigüedad por los restos hallados en su subsuelo. Ribe es bonito, acogedor... y turístico, evidentemente. Impresiona su catedral en el centro del pueblo y lo más recomendable es pasear por sus callejuelas, hacer algunas compras y poco más. Desde ahí nos dirigimos al escondido Jelling y ese sí que fue un descubrimiento. Resulta que en esta pequeña aldea del interior de la campiña danesa se encontraron las tumbas de dos legendarios reyes vikingos y las piedras rúnicas de los mismos que hoy están catalogadas como Patrimonio de la Humanidad y se conservan en dos inmensas vitrinas en el atrio de la iglesia, preservándolas de las inclemencias climatológicas. Pero en torno a los dos inmensos túmulos de los reyes se ha hecho un museo interactivo de la historia vikinga, GRATUITO, que es una auténtica pasada, recomendable para niños, adultos y cualquiera que pase por allí. Muy bien ambientado en épocas medievales, con actividades interactivas y con sorpresas: resulta que el símbolo del Bluetooth de los teléfonos móviles y otras tecnologías proviene de la unión de dos caracteres rúnicos y el nombre de un legendario rey que se llamaba Harald Diente Azul ("Blue Tooth"). Curioso, ¿verdad?

Jelling merece una visita sí o sí. Porque los enormes túmulos donde estaban enterrados los reyes forman parte de un auténtico mausoleo en forma de barco (por aquello del viaje al Valhalla) y que estaba rodeado de una empalizada para prevenir los ataques enemigos (hoy reconvertida en un precioso paseo con unos postes que la recuerdan). Y esto solo lo ves si subes a uno de los túmulos o desde la terraza del museo, pero desde luego hay que decir que el empeño por preservar y dar a conocer su historia y sus raíces es de matrícula de honor en este lugar para los daneses.


En esta foto sacada desde la cima de uno de los túmulos podéis apreciar al fondo lo que era la empalizada con unos postes blancos; luego unas losetas que formaban el casco del barco para el viaje al Valhalla y en primer plano está el cementerio actual del pueblo, que rodea también la iglesia que se construyó entre los dos túmulos y que lógicamente tiene que ver con el proceso de cristianización de Dinamarca empezado ya en época vikinga, como han descifrado los arqueólogos estudiando las piedras rúnicas. Aquí os dejo un vídeo en 3D de las mismas que grabé con mi móvil en el museo (ya os dije que era una pasada).




Queda la última etapa del viaje, así que después de 5 días entre Skane, Fionia y Jutlandia (suena tan "hipster"...) llegaremos de nuevo a Copenhague y algo habrá que contar, aunque no sea una de mis capitales europeas preferidas, pero en fin, toca.

miércoles, 17 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 2: BOSNIA-HERZEGOVINA

Tengo una debilidad especial por este país. Las imágenes que a principios de los 90 nos llegaban desde Sarajevo, con la población aterrorizada, masacrada y asediada por la guerra me impactaron. España tomó parte activa en la ayuda humanitaria al pueblo bosnio acogiendo refugiados en muchas ciudades (en A Coruña aún viven algunos) y enviando tropas del Ejército a localidades como Mostar, conozco yo a varias personas que allí estuvieron.

Y desde entonces mi interés por aquel conflicto creció, leyendo todo tipo de bibliografía que me diese una explicación de lo que allí ocurrió y que conmocionó al mundo. Algunas ideas ya las tengo claras, pero cuando pisas el terreno real donde ocurrieron aquellas atrocidades, entiendes más cosas y te sigues haciendo preguntas. 

Para empezar, hay que entender qué es hoy Bosnia-Herzegovina. Todos creemos que es un país unificado y en el que ya no hay conflicto. Digamos que a medias. La República de Bosnia-Herzegovina está compuesta por dos entidades diferenciadas: la Federación de Bosnia-Herzegovina (compuesta de población croata y bosnia) y la República Srpeska o República de los Serbios de Bosnia (población serbia). En la primera la población es católica (croatas) y musulmana (bosnios) y en la segunda es ortodoxa (serbios). Y aunque los límites reales están claros entre las dos entidades, dado que se marcaron con los Acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra en 1995, su distribución por todo el territorio es todo un rompecabezas originado no sólo por los avatares históricos que vivió esta región sino también por la geografía del mismo, entre altas montañas, ríos encajonados y planicies que hicieron de este país un auténtico laberinto y en muchos casos una cárcel que acabó siendo mortal para muchos de sus habitantes en aquella guerra de 4 años que nos avergonzó a toda Europa. El mapa actual del país, con la distribución de su población, es el que os muestro aquí:



Este es un mapa de 1998, donde la zona roja representa la parte serbia mientras la azul y verde, croatas y bosnios. Parece como si juntásemos tres barajas, las mezcláramos y las lanzásemos al aire y según cayesen, así quedaban. Y evidentemente antes de la guerra la mezcla era mayor, por lo que dio origen a las barbaridades que todos conocemos, especialmente en la parte este y sur.

Podría hablar de Bosnia como para hacer otro blog entero. Pero no es el caso. Me limitaré a narrar nuestro viaje, que empezó en un coche de alquiler de matrícula serbia en Belgrado. Primer objetivo, cruzar la frontera y con una idea previa de visitar una de esas localidades del horror que al final no hicimos precisamente por el tiempo que perdimos en las carreteras serbias y que os conté en el post anterior. Además, en Belgrado preguntamos por los puestos fronterizos que estaban abiertos y las respuestas eran intentando evitar ciertos itinerarios. Me refiero a que yo quería visitar el Memorial del genocidio de Srebrenica, en la localidad de Potočari, a pocos kilómetros de una frontera sobre el río Drina que todos nos dijeron que estaba cerrada. Me quedé con la duda porque yo creo que no era así, pero al mismo tiempo sentía que aparcar allí un coche serbio era como una afrenta e incluso podría resultar peligroso. Así que cruzamos por la frontera de Zvornik y nos fuimos encaminando a Sarajevo, aunque estuvimos a pocos kilómetros del lugar donde se perpetró la mayor matanza indiscriminada en Europa desde la II Guerra Mundial.

En todo caso, hay mucha información en internet sobre esos hechos acaecidos en julio de 1995. La página web del Memorial tiene todo tipo de información y además en Sarajevo pudimos visitar una exposición sobre Srebrenica que en cierta manera es revivir sensaciones como las que uno puede tener al visitar un campo de concentración como Auschwitz. No quiero crear morbo con esto, pero en el enlace que os he puesto en el párrafo anterior podréis saber más e incluso ver vídeos de los hechos grabados por las tropas serbias en los días de la ocupación de la localidad y los hechos de la masacre. Pienso que Europa aún no es muy consciente de lo que allí pasó y en cierta manera todos, TODOS los gobiernos fueron responsables de aquellos hechos y de no querer prevenirlos ni pararlos.

Llegamos a Sarajevo en torno a las 6 de la tarde, con un poco de lluvia y 14º de temperatura. Hoy es una ciudad que avanza al futuro y quiere dejar atrás, sin olvidarlo, su terrible asedio de más de tres años. Es una ciudad fácil para circular por ella y para orientarse, ya que el tráfico se centra en torno a la tristemente conocida Avenida de los Francotiradores y que todos tenemos en mente por las imágenes de muertos y heridos que nos llegaban por televisión. Hoy ya tiene muchos edificios restaurados, entre ellos la sede del Parlamento del país, centros comerciales modernos, pero también muchos otros edificios con agujeros de metralla y disparos que desde las montañas vecinas mataban a discreción a la población civil.


Sarajevo tiene mucho que ver. La guerra además ha marcado un itinerario por la ciudad que todos los visitantes realizan. Lo cierto es que no es la primera vez que Sarajevo aparecía en la historia por este tipo de hechos: de todos es sabido que aquí saltó la chispa que originó la I Guerra Mundial cuando el joven anarquista serbio Gavrilo Princip atentó y mató al heredero del trono austro-húngaro y a su mujer, justo en la salida del Puente Latino y donde hoy todo el mundo se saca una foto ante la placa que lo recuerda


A pocos metros está el barrio turco, la Bašcaršija, y es aquí donde te das de morros con la realidad de este país y que a mi modo de ver Europa no entiende. Las edificaciones tienen varios cientos de años, casas bajas que constituían la parte vieja de la ciudad y que es totalmente musulmana, con varias mezquitas y su mercado oriental, al estilo de un gran bazar. Aquí está el centro turístico de la ciudad, los monumentos más artísticos, los locales de hostelería a donde acuden foráneos y locales. Pero aquí también está LA UNIÓN DE CULTURAS, la convivencia pacífica entre los sarajevitas que practican cualquier religión y eso es lo que te hace reflexionar. Para los momentos que vivimos en toda Europa de alarma mucha gente tendría que darse una vuelta por aquí para entender que se puede vivir con respeto al otro y en un ambiente de tolerancia absoluto. Es realmente impresionante ver cómo personas musulmanas de 20, 30, 40 años y mayores, con una indumentaria y apariencia totalmente occidental acuden a rezar a las mezquitas, se descalzan para entrar, se lavan, hacen sus rezos y a los 10 o 15 minutos salen y siguen con su vida, con su trabajo y sin molestar a nadie. Personas que tienen un puesto de souvenirs a pocas calles o te atienden después para servirte una comida en su restaurante. Y sí, las mujeres llevan sus niqab o sus hijab pero mantienen una vida perfectamente europea, muy lejos de los tópicos de Oriente Medio de mujeres sometidas. Mujeres jóvenes, incluso diría que nacidas durante o después de la guerra, algunas ya con hijos que lo que hacen es VIVIR sus creencias y atender sus obligaciones, nada más. Cuando ves y vives esto comprendes que tenemos un desconocimiento total de lo que es el Islam y que desde luego no es algo de unos cuantos fanáticos que se suicidan haciendo explotar su cuerpo y llevándose con ellos a otras personas. Más de 1000 millones de personas en el planeta son musulmanas y merecen el mismo respeto y la comprensión que los creyentes de otras religiones.

Es también curioso que, por ejemplo, si pides cerveza, automáticamente te informan que es sin alcohol y, por lógica, en las cartas de los restaurantes no hay platos que lleven carne de cerdo. Eso sí, el pan está riquísimo y las especialidades de origen árabe están exquisitas.

Y después quedan dos cosas muy interesantes que visitar. En primer lugar el "Túnel de la Esperanza", del cual me enteré de su existencia hace poco tiempo. Sarajevo es una ciudad rodeada de montañas. En los años del asedio una familia que vivía más allá de las pistas del aeropuerto, en zona libre de ataques serbios, empezó a construir un túnel desde su vivienda y por debajo de la misma pista de aterrizaje y que llegase a la ciudad para suministrar víveres, medicamentos, ropa y lo imprescindible para subsistir en una ciudad asediada y convertida en una cárcel. Ese túnel sirvió también para evacuar heridos y salvarles la vida. Hoy en día la casa se ha convertido en un museo sobre el asedio, hay una exposición permanente, recorres unos metros del túnel e incluso puedes ver un campo minado en un terreno añadido. Desde luego es sobrecogedor.


Vinculado también a la guerra está el Mercado de Markale. En febrero de 1994 un obús serbio impactó en el corazón mismo de la ciudad, en este mercado donde la gente estaba haciendo cola para conseguir pan. Allí murieron más de 60 personas y otras más quedaron heridas. Hoy se recuerda en el mismo mercado aquel hecho con un mural al fondo donde aparecen los nombres de las víctimas y el espacio donde cayó el obús con un cristal para que se aprecie el boquete que dejó. También en internet encontráis imágenes y vídeos de los momentos inmediatamente posteriores al ataque, así que os podéis imaginar lo que se ve.

Y por último el recuerdo de 1984, del año que la mitad del mundo conoció esta ciudad que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno. Subir a las montañas donde se celebraban las pruebas quedó como una experiencia a medias ya que había mucha niebla y no pudimos llegar a lo más alto. Allí quedan los restos de aquellas instalaciones que asombraron al mundo y que hoy están entre maleza, especialmente la pista de bobsleigh que ha servido de pared grafitera para recordar al mundo que Sarajevo revive y sale adelante.  En facebook pondré las fotos de todo.

Después de visitar la ciudad, el cuarto día de viaje partimos hacia Croacia. La Bosnia rural tiene unos paisajes impresionantes, precisamente por esa orografía endemoniada que tan pronto te hace subir una montaña hasta los 2000 metros como te lleva a circular por un cañón encajonado de un río. Ese territorio es muy similar a nuestra Galicia rural. Población dispersa, actividades primarias, carreteras enrevesadas y, en vez de tener una iglesia, hay una mezquita. Lo que más impacta es saber que por esos parajes mucha gente tuvo que huir del enemigo, en condiciones infrahumanas, heridos o enfermos, buscando zonas liberadas para asentarse y sobrevivir, en el mejor de los casos. Porque si por un mal azar del destino una bala oculta impactaba en el cuerpo de alguna persona, tenía muchas posibilidades de morir, de ahí que cada "x" kilómetros en la cuneta de la carretera te encontrabas una lápida pequeña con velas y flores que recuerdan el lugar donde aparecieron cadáveres. Mucho padecieron los bosnios, seguro que algunas familias completas desaparecieron para siempre o están enterrados en alguna de los cientos de fosas comunes que aún hay por el país y que se trabaja para localizarlas y exhumar los restos de todo aquel o aquella cuyo cuerpo sea demandado por sus familiares. Me quedé con la sensación de que esta gente tiene una expresión muy triste en su rostro, que eran los pobres de Yugoslavia y fueron a por ellos, que los quisieron exterminar y que esas heridas no se curan en 20 años. Y también creo que no reciben con agrado que los turistas vayan (vayamos) a visitar su país por la guerra, que preguntemos por determinados lugares que su simple mención tiene que ser duro para ellos. Aún tendrán que pasar años para que todo vuelva a tener cierta estabilidad, pero sinceramente, aquí es donde más papeletas hay para que se cumpla aquel dicho de "la Historia se repite". Ojalá no llegue a ser así.