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martes, 22 de diciembre de 2015

MIS SUEÑOS NO CABEN EN TU URNA

Ojalá esta entrada la lea la persona que creó la frase con la que la titulo. Es una frase preciosa, pero más aún si la ponemos en contexto. Ayer se vivió una jornada electoral histórica en España porque se produjo un cambio importante en la composición del Parlamento al irrumpir las dos fuerzas políticas basadas en formaciones ciudadanas, Podemos y Ciudadanos, dando fin al clásico bipartidismo que teníamos desde 1982.

Como es habitual en mí y al ser militante del PSOE, pues me fui de apoderado al colegio electoral de mi barrio, donde el resto de los apoderados de otros partidos políticos también son habituales, ya nos conocemos y vivimos unas horas en un ambiente agradable, sin grandes disputas a pesar de las diferencias ideológicas. Nervios y un poco de desinformación en los y las integrantes de las mesas pero que siempre intentamos suplir con ayuda y colaboración y es bien recibida, sin ocurrir demasiados problemas. 

Mucha participación vivimos ayer, llegando a producirse alguna cola en las 6 mesas que tenemos siempre en el colegio. Pasa gente conocida que te saluda, que les ayudas (por cierto, por allí pasó nuestro querido Arturo, el conductor de autobús, con su mujer a votar, tan agradable como siempre), alumnos de los colegios que te conocen y que tienen curiosidad por votar, en definitiva, vecinos, la democracia en estado puro. A pesar de las encuestas, siempre queda el momento crucial del escrutinio y ayer se presentaba intenso, no sólo por el cambio sino también porque hay que contar papeletas del Congreso y del Senado y éstas son nominales, puedes votar a candidatos de diferentes partidos, por lo que el recuento es más lento.

Y como siempre, anécdotas. Desde el que se cambió de domicilio y no está en el censo hasta la joven que viene por primera vez a votar y te pregunta cómo hay que hacerlo (algo que me asombra, pero bueno, allí estoy yo en plan didáctico, va con la profesión); ancianos en pareja votantes de unos y de otros, preguntas con "sorna" como el "¿qué? ¿como quedará a cousa?" en clara sintonía con las siglas que llevas en el colgante que te identifica con el partido político al que representas; cafés, aguas, chistes, tertulias, periódicos, whats app... Y llega el recuento.

Al poco de empezar con la urna del Congreso sacamos uno de los votos más bonitos que he visto en mi vida. Un voto pensado a conciencia, elaborado, bien doblado y metido en el sobre, que traía una pequeña etiqueta cerrándolo con el nombre de la persona votante. Sorpresa y admiración sentimos todos los miembros de la mesa y los apoderados, solicitando permiso a la presidenta para sacarle una foto que al instante compartimos por las redes sociales y podría convertirse en la imagen de la jornada. Posteriormente los periódicos publicaron otros votos similares, pero yo me quedo con el mío, con el de mi urna, porque no sirve, es nulo, pero dice mucho. Seguramente una gran poeta o artista se esconde tras esa frase y esa elaboración, a la que desde aquí le felicito. Si llega a leer esto, me encantaría recibir su comentario, de forma anónima como recibimos su voto y ojalá que, llegue a donde llegue, sirva al final para algo, para un cambio aunque sea pequeño. Ahí os lo dejo.



lunes, 26 de octubre de 2015

MUDANZAS (TAL DÍA COMO HOY...)

Siempre que empiezo un post y escribo el título quiero que surja la duda, la sorpresa, el "continúo leyendo". Y no, no me mudo yo... esta vez. Se muda una familiar mía, a Lugo, a su ciudad. Mi prima Elisa, la mayor de todas y todos los primos, se jubiló hace pocos meses y mañana vuelve a casa, casi casi a ver la muralla desde ella. La verdad es que cuando una persona como ella, que yo vi marchar a Francia a estudiar desde la estación de tren de Lugo, llega a esta etapa de la vida, te va haciendo ver que el tiempo pasa, que los mayores algún día no estarán aquí y que el testigo ahora lo tenemos nosotros; en definitiva, maduramos y pasan los años.

Pero el post no va del cambio de casa de mi prima, que aprovechando la mudanza se ha desprendido de algunos que otros muebles y objetos que han parado en la mía muy bien acomodados, sino de todo lo que hay detrás de una mudanza. Yo he vivido varias, bastantes a mi modo de ver, no ya en mis primeros inicios en la profesión en los que cada año estabas destinado en una población distinta (Ciñera, Ponferrada, Tapia), también después cuando empiezas a asentar la vida, incluso dentro de la misma localidad. Un día eché cuentas y he tenido, aparte de la casa donde me crié en A Coruña, mi domicilio ha estado en ¡¡13 viviendas diferentes!!, todo esto en 24 años, "xa lle chega ben". Y aunque no todos los traslados son iguales, ya que unos son más significativos que otros, todos dejan recuerdos en los domicilios y tú te vas cargado de vivencias.

En los primeros años todo se ceñía a unas pocas cajas, un par de bolsas con ropa y se acabó. Cuando ya te ayudan tus amigos con otros coches o acabas contratando un servicio de transporte o propiamente de mudanzas, es cuando ves que tu vida crece y que muchas cosas pueden llegar a ser prescindibles. Recuerdo con especial intensidad dos traslados, cuando marché de Tapia de Casariego a Padrón que, una vez vaciada aquella vivienda de maestro en el centro del pueblo, me apoyé en una pared y me emocioné, llegando a soltar unas lágrimas. Estaba recién casado y mi entonces mujer se acercó a mí, me agarró de un hombro y me dijo un "tranquilo, vamos", con mucho cariño. Fueron muchas cosas las que viví allí en los 4 años que estuve, relaciones personales que acabaron mal con alguna persona, pero buenos momentos con mis compañeros de trabajo y con los alumnos, curiosamente esto ha sido siempre constante en mi vida y puedo estar orgulloso de haber conocido gente que se queda en el corazón en cada uno de los colegios en los que trabajé, alumnos y profesores.

También hubo otros dos traslados que fueron especialmente significativos: cuando dejamos Padrón y vinimos a Coruña (aunque en dos momentos) no se me olvidará nunca la despedida a Carmen en el portal de nuestro piso, Martín con 6 añitos recién hechos y el ramo de flores que le dimos por su cariño con nosotros cuidando a nuestros hijos y a toda la familia; de nuevo lágrimas en los ojos de todos en una oscura tarde lluviosa de diciembre, allá por 2006. El otro traslado fue la vuelta definitiva de Amsterdam, que ya la narré aquí, cuando llegué completamente destrozado emocionalmente para empezar a vivir una nueva vida divorciado y sin domicilio por unos días. Nunca, nunca olvidaré el momento de despegar el avión de Schiphol aquel 29 de junio y aterrizar poco más de dos horas después en Alvedro y abrazar a mis hijos con los ojos más llorosos que nunca. A los pocos días, llegaron los muebles desde Holanda, recogidos un par de semanas antes del recién alquilado domicilio de Paul, un piso que fue poco disfrutado pero que recuerdo con una mezcla de amargura e ilusión por todo el proceso que empezó allí y que quedó truncado. Por cierto, tengo ganas de volver una vez a Amsterdam, para andar por sus calles, recorrer mis lugares, pensar, sentir y hablar con la buena gente que también dejé allí.

¿Qué tienen las mudanzas que son más que mover muebles y cajas? Tienen esa característica de significar el fin de una etapa y el comienzo de otra. Algunas son meros trámites por mejorar en cuanto a precios de alquiler o situación en una ciudad; pero otras son un antes y un después en la vida de las personas. Entrar en un piso nuevo, que has comprado con esfuerzo, amueblarlo a tu gusto, decorarlo con objetos que son tus recuerdos, tu vida... Y verlo crecer, de alguna manera un piso que habitas crece contigo, cambia su fisonomía, si tienes hijos transformas sus habitaciones a medida que también crecen. En fin, reflejan tu vida, tanto personal como emocional.

Y curiosamente tengo debilidad por una de esas 14 viviendas que habité. Las hubo desde muy pequeñitas pero acogedoras, como la de La Vid de Gordón, hasta el piso de Paul en Amsterdam, amplio y con una decoración y disposición exquisita. Sin embargo, el piso de Padrón, el que compramos poco antes de nacer Martín, precisamente tal día como hoy, 26 de octubre (os juro que cuando empecé a escribir el post ni me había dado cuenta) fue "mi piso", donde Martín se crió, donde nació Greta, donde vinieron amigos a dormir, donde hubo comidas de amigos y de familia, cumpleaños, fiestas y algún que otro mal momento de salud. Un piso que vimos crecer, montando la cocina, comprando muebles para cada habitación, diseñando los armarios empotrados, peleándonos con los decoradores por los "stores" del salón. En 2007 lo vendimos, pero posteriormente he soñado muchas veces con él. Supongo que si alguien interpretara esos sueños me diría lo que os acabo de escribir: que ese piso lo sentía nuestro y que nuestra marcha significó algo más que dejarlo y venderlo. No he vuelto a entrar en él, lógicamente, a pesar de que mi familia de Padrón vive al lado y siempre miro para sus ventanas cuando pasamos por delante del edificio. Mucho de mí hay en esa vivienda, tal vez más que en ninguna. No sé si volveré a sentir una vivienda tanto como sentí aquélla, pero desde luego trataré que, a pesar de tanta mudanza, nunca deje de emocionarme cuando vuelva a suceder. (¡Cuántos recuerdos hay en la foto que véis aquí!)