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jueves, 25 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 6: ZAGREB, VUKOVAR... Y FINAL!!

Poco a poco los kilómetros hacían mella en nuestros cuerpos, 10 días en los que hicimos unos 1700 por todo tipo de carreteras y con condiciones meteorológicas diversas, atravesando 5 veces las fronteras entre los 4 países. 5 alojamientos diferentes, multitud de atracciones turísticas, había momentos en que parecía que el tiempo no llegaba para ver todo lo que deseábamos, pero bueno, no nos podemos quejar de todo lo que visitamos.

La última etapa del viaje era de nuevo en Croacia, en su capital Zagreb, muy cercana a Ljulbjana por lo cual estábamos antes de comer ya alojados y visitando la ciudad. A pesar de ser la capital, nos dio la impresión de tener precios más baratos que en la costa del país. Su casco antiguo está bien conservado con muchos edificios también vinculados al Imperio Austro-Húngaro. Destacar la Plaza de San Marcos porque allí está la iglesia del mismo nombre que separa el edificio del Parlamento de Croacia de la sede de la Presidencia del Gobierno. El tejado de la iglesia reproduce los escudos de armas del país y de la capital.


Era viernes y había mucha animación en las calles del casco histórico. Descubrimos una calle con muchos restaurantes tradicionales y tiendas de recuerdos que atraían a todos los visitantes. Allí fuimos a cenar porque había mucho ambiente y cenamos en uno de ellos una de las mejores comidas del viaje. Pudimos también pasear unas horas antes por un barrio menos céntrico y más obrero, pudiendo observar que la ciudad es grande y variada. Nosotros teníamos el hotel, por no variar, enfrente de la estación central de trenes, pero nada que ver con la de Belgrado, se notaba más limpieza y los mismos trenes eran más modernos que los de Serbia. En definitiva, una capital europea con todos los servicios y moderna. Como solo pernoctamos una noche, su visita fue muy rápida pero suficiente. Lo que sí aprecias es que Croacia es un país MUY católico, ya lo habíamos descubierto en las otras ciudades y en el viaje de hace dos años. El hecho de que la iglesia que os cité esté entre la sede legislativa y la judicial es un tanto paradójico, como si lo que deciden los representantes del pueblo tenga que pasar antes de ejecutarse por el "filtro" del clero. No me extrañaría en absoluto.

El último día de nuestro viaje quedaba cubrir la distancia entre Zagreb y Belgrado para coger el avión de vuelta. Pero entre medias teníamos prevista una visita que a mí me emocionaba bastante: la ciudad de Vukovar, a orillas del Danubio y haciendo ya frontera con Serbia.

Vukovar fue una de las batallas más duras de la guerra de Croacia. El asedio de la ciudad duró tres meses y en mucha bibliografía histórica se conoce a esta batalla como "el Stalingrado croata". Murieron muchos miles de personas, tanto serbios como croatas, pero las atrocidades que se cometieron en la ciudad y aldeas cercanas traspasaron fronteras e, igual que en Srebrenica, algunos mandos militares fueron juzgados en el Tribunal Internacional de La Haya. Además, hubo también masacres de civiles que hoy están desaparecidos o enterrados en fosas comunes, entre ellos los enfermos y personal del hospital de la ciudad, que fueron sacados de allí por los serbios cuando tomaron la ciudad y exterminados a pocos kilómetros de la misma. Todos estos hechos y la dura realidad de la guerra en Croacia se reflejó muy bien en una película americana titulada "Las flores de Harrison" que, aunque tiene algún pequeño fallo, refleja muy bien la crudeza de aquel asedio.

Hoy Vukovar es una ciudad bastante nueva. La mayoría de sus edificios ya han sido levantados de nuevo o restaurados, pero en las calles céntricas de la ciudad todavía quedan algunos con los impactos de la artillería, lo que impresiona enormemente.



Pero durante la guerra y a día de hoy Vukovar tiene un símbolo de esta destrucción: la torre del depósito de agua de la ciudad. La imponente edificación era un objetivo bien visible para los serbios. Si lo destruían, era no solo una victoria militar, sino también simbólica. Pues durante los 87 días de asedio se cuenta que los combatientes croatas subían cada amanecer a lo alto del mismo para clavar los restos que quedaban de la bandera de Croacia. El depósito no se logró derribar y cuando acabó la guerra las autoridades decidieron que quedaría como símbolo de PAZ y de lo que nunca deberá volver a ocurrir. Se tiene proyectado hacer allí un centro de exposición y documentación sobre los conflictos como una manera de educar en la convivencia y el respeto. 


Os aseguro que la estructura impone y más acercarte a ella y verla tal y como quedó en 1991. En la cima ondea hoy también la bandera croata, a pesar de que después de la toma por los serbios, la ciudad fue hasta 1998 de este país, reintegrándose a Croacia en esa fecha. Hay muchos documentos gráficos en Internet, pero aquí os dejo un vídeo subtitulado en inglés donde también podéis ver el depósito de agua y pensar que por esas calles totalmente arrasadas yo estuve hace poco menos de 15 días con estas imágenes en la mente. Fue un auténtico y espantoso episodio de limpieza étnica a finales del s. XX.


Nos quedaba por ver en el entorno de la ciudad aún otro monumento referido a esta batalla, si cabe lo más emotivo que vivimos en estos días. En el cementerio de la ciudad están enterrados los combatientes croatas que defendieron la ciudad, en tumbas exactamente iguales con su nombre, fechas de nacimiento y muerte y una inscripción que pone "Hrvatski Branitelj" (combatiente croata) Es sobrecogedor ver que todas las fechas de fallecimiento están entre septiembre y noviembre de 1991. A pocos metros una parcela del cementerio recuerda con más de 800 cruces blancas a los caídos, así como un monumento en el que la gente deposita velas y flores y que permanece con una llama encendida permanentemente.




Existe también un lugar que no encontramos en el que ocurrió la matanza de los enfermos del hospital. Allí también hay un pequeño memorial, pero por lo que investigué al llegar a España parece ser que todavía se están encontrando fosas comunes con restos humanos que posteriormente son identificados. Definitivamente, un horror que nunca puede ser olvidado.

Y muchos os preguntaréis por qué me gusta visitar estos lugares. Ya comenté aquí que el tema de la desintegración de Yugoslavia siempre me atrajo mucho. No puedo daros una explicación convincente de por qué, solo sé que cuando ocurrieron estos hechos y los veía en televisión a mí me impactaban muchísimo. A poco más de dos horas de avión de nuestras ciudades se cometían los crímenes mas atroces, violaciones, torturas, un genocidio como el que conocemos del nazismo. Y desde nuestros países avanzados no se hacía NADA. España en 1992 estaba enfrascada en los Juegos Olímpicos de Barcelona y en la EXPO de Sevilla mientras en Croacia o Bosnia moría gente de la manera más cruel todos los días. Y todo porque los extremismos salieron a flote cuando unos cuantos políticos nacionalistas arengaron a la población a ir en contra de aquellos que eran vecinos, amigos... pero ahora eran distintos porque se les ponía la etiqueta de "serbios", "croatas", "bosnios", "musulmanes", "ortodoxos", "católicos"...

Te vas de Vukovar con una sensación extraña. Evidentemente no preguntas a la gente sobre ello ni en las conversaciones espontáneas se habla de "la guerra". Solo en Belgrado, antes de ir a recoger el coche de alquiler, un joven camarero quiso hablar con nosotros sobre ella. Nos preguntó de dónde éramos y al decirle que "españoles" se lanzó a hablar. A veces no hace falta hacer muchas preguntas sino solo escuchar y a pesar de que el muchacho tendría unos 25-27 años, nos contó cosas de la guerra y de los bombardeos de 1999. Su padre había combatido y cuando se lo contó a él, después de varios años desde que pasó, le dijo que tuvo que atacar y disparar contra aquellos que eran vecinos y amigos, que compartían momentos de risas en tiempos de paz o trabajos comunes. También nos dijo una frase sentenciadora: al decirle que al día siguiente salíamos para Sarajevo su respuesta fue contundente, "los serbios no viajan a Sarajevo", pero no con rencor, sino con mucho arrepentimiento y tristeza.

Quedaban pocas horas para terminar este apasionante periplo. Volvimos a entrar en Serbia sin problemas. Comimos en un área de servicio de la autopista a Belgrado y como era temprano propuse una última visita: ir al mausoleo de Tito y al Museo de la Historia de Yugoslavia. Y allá fuimos. Tampoco puedo explicaros por qué me atrae la personalidad del hombre que gobernó el antiguo país 35 años y que todavía es bastante recordado. Bien es verdad que era un dictador y que también se le puede acusar de crímenes y purgas, pero a nivel internacional era un dirigente apreciado. Tito fundó el Movimiento de los Países No Alineados, rompió con la URSS y su país tenía como una especie de "salvoconducto" en las relaciones entre el Este y el Oeste divididos por el Telón de Acero. Yugoslavia fue un país autogestionado, los obreros eran propietarios de las fábricas, trabajaban de 7 a 3 de la tarde, tenían derecho a pasar unos días de descanso en un hotel para ellos en Markaska, en la costa croata, se les daban ayudas a las familias por cada hijo que tuviesen y después de trabajar 10 años el estado les adjudicaba una vivienda. Podían salir del país con el llamado "pasaporte rojo" y todos recordamos los éxitos de Yugoslavia a nivel deportivo, sobre todo en baloncesto o waterpolo. Yo visité parte del complejo que no solo alberga la tumba de Tito y su mujer, sino un edificio en el que se exponen TODOS los regalos que recibió durante su mandato de otros dirigentes y de los propios yugoslavos, ya que el dejó dicho que eran regalos para el pueblo. La colección es curiosa porque hay desde piezas de cerámica, botellas de champán, vajillas, trajes tradicionales o un gamelán balinés.

El mausoleo de Tito es muy sencillo, un edificio modesto con una fuente en el exterior como el quería. Alrededor de su tumba hay una cronología de los hechos más destacables de su mandato de 35 años y un par de ordenadores donde se pueden consultar las muestras de condolencia que llegaron de todos los países del mundo y fotos del funeral al que asistieron más de 100 delegaciones, desde reyes hasta presidentes socialistas, de derechas o dictadores. Entre esos mensajes pude encontrar el de Adolfo Suárez, presidente del gobierno de España en 1980, fecha en la que murió. Curiosamente visitando el museo había un grupo pequeño de españoles que guiaba una chica que residía allí y les iba explicando un poco cómo era la vida en los 60 o 70 en Yugoslavia. Y yo "ponía la oreja" como se suele decir y uno de ellos dijo que era considerado como "un dictador light". Puede ser una buena definición de su personalidad.


De ahí marchamos al aeropuerto, dejamos el coche (sin incidencias reseñables salvo lo poco educados que son los serbios y lo mucho que tienen que aprender de trato al visitante) y a esperar. 6 horas hasta que saliese el vuelo a Barcelona y una vez allí 8 para el enlace a Coruña. Fue un regreso largo y cansado, de hecho a las 14:30 del domingo ya estábamos en casa y yo me acosté, sonó el teléfono a las 10 y cuarto de la noche para ir a cenar con mis padres. Desde luego el cansancio dejó huella, pero todo lo visto y todo lo vivido mereció la pena. Además, no es fácil expresar las emociones y sentimientos que origina visitar un territorio que desde niño conocías como un país y ahora son 6, después de pasar por una guerras devastadoras no solo materialmente sino (y sobre todo) emocionalmente. Solo sé que no quiero que yo ni mis hijos ni nadie de mi familia tenga que pasar por una situación de conflicto alguna vez en su vida porque en casos extremos sale lo peor del ser humano que a veces hasta da pudor expresarlo con exactitud de detalles por lo escabrosos que son. Las guerras son la expresión máxima de la barbarie a la que cualquier pueblo puede llegar y desde luego todos tenemos el deber de trabajar por una cultura de PAZ, de convivencia entre las diferencias. Ojalá yo también contribuya algo con estos relatos.

Por último, me ha gustado compartir estas vivencias y reflexiones con todos los que me leéis, aquí y en facebook. El blog volverá a su normalidad después de este viaje y de estas experiencias, así que también espero que comentéis algo o preguntéis. Yo tengo ya en el cuerpo el "gusanillo" por estos países, más bien ya lo tenía pero cuando lo alimento crece y quiero saber más, así que seguiré investigando. A poco que leas te das cuenta que Europa fue muy injusta con ellos y que muchas de las cosas que veíamos o nos contaban los periódicos o los informativos eran informaciones sesgadas y dirigidas, en fin, como suele pasar habitualmente con los medios. Gracias a todos por la paciencia de leer estas seis etapas y aquí seguiremos.

domingo, 21 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 4: LAGOS DE PLITVIČE

Comenté que Croacia tiene muchas papeletas para ser un paraíso en la Tierra. Habéis visto fotos de Split y Zadar, con su atardecer inigualable. Pero eso no fue todo. Después de dormir 2 noches en Zadar llegó el día en el que lo que visitamos fue, sin duda, lo mejor del viaje: el Parque Nacional de los Lagos de Plitviče.

He visitado en España varios parques nacionales y espacios naturales: los Picos de Europa, Ordesa, las Tablas de Daimiel, Timanfaya, nuestras Illas Atlánticas... Por supuesto que nuestro patrimonio natural es único y visitar, por ejemplo, el paisaje volcánico de Lanzarote te asombra hasta el máximo. Pero después de esta visita os puedo asegurar que he estado en el paraje natural más bello que he visto en mi vida, que ya son casi 47 años.

Salimos de Zadar temprano, aunque ya con el día claro a pesar de ser las 7 de la mañana. Pagamos el parking (carísimo y sin descuentos por día completo, por cierto) donde habíamos dejado al llegar nuestro peculiar "handicap", el coche con matrícula serbia. Estaba en perfectas condiciones, así que encaramos la salida hacia la autopista para recorrer los más o menos 140 km. que nos separaban de la entrada a los lagos. De nuevo nos sorprendió el paisaje, ya que la autopista se aleja unos kilómetros de la costa y empieza a ascender entre montañas a una altitud considerable, de tal forma que se atraviesan unos túneles impresionantes, el mayor de más de 5 km de longitud. Luego te desvías por una carretera nacional y a pocos kilómetros llegas a la primera entrada al parque. Allí dejas el coche en un párking de pago, eran ya las 9 de la mañana y había colas, así que nos tocó esperar unos minutos para sacar las entradas. Enseguida enfilamos los caminos que te conducen al fondo de un cañón y llegas a un pequeño embarcadero donde unas lanchas con capacidad suficiente para unos 100 pasajeros te pasan a lo que es el inicio real de la ruta.

Y ahí empieza el espectáculo. Los Lagos de Plitviče son 16 lagos unidos por cascadas que deben su belleza a la sedimentación del carbonato cálcico que, al ponerse en contacto con la capa vegetal, origina un proceso químico que le convierte en piedra calcárea. Cuando se rompe esta simbiosis, la piedra se descompone, se deposita en el fondo de los lagos y de ahí la transparencia de estas aguas (esto lo he copiado literalmente de una guía).

30.000 hectáreas ocupa el Parque Nacional, Patrimonio de la Humanidad desde 1979. La caminata a los pocos minutos empieza a sorprenderte con esa sinfonía del agua con la vegetación y no te queda más remedio que echar mano de la cámara de fotos o el móvil para dejar constancia de tanta belleza. 


Cada tramo que recorríamos, más asombrados nos dejaba ante otro nuevo lago, otras nuevas cascadas y esa mezcla de tonos azules y verdes crean un escenario de cuento de hadas. Por otro lado, estaba todo exquisitamente cuidado: ni un papel, ni una botella en las aguas, solo pudimos ver un pequeño cochecito de juguete que seguramente le cayó a un niño al agua y no pudo recuperarlo. Familias enteras con niños, personas mayores, perros... iban disfrutando en medio de la horda de turistas que cada día recorren esos parajes. Los lagos se bordean o se cruzan por unas pasarelas de madera perfectamente integradas en el paisaje.


La primera caminata nos llevó tres horas, visitando lo que llaman "lagos superiores". En el extremo del último lago el sendero te lleva a una estación donde un autobús articulado te recoge para llevarte a la entrada nº 1 y visitar los lagos inferiores, donde está uno de los grandes atractivos del parque: la gran cascada. 

El desnivel entre unos lagos y otros es de 134 m. Cuando empiezas a descender para ver los lagos inferiores, ves el paisaje desde arriba y de nuevo la naturaleza te deja boquiabierto


A estas alturas, cerca ya de la 1 de la tarde, la presencia de personas aumenta, empieza a haber bastante aglomeración, sobre todo porque los grandes grupos empiezan por esta zona para ver esa cascada donde debe ser el lugar que más fotos al minuto se sacan en todo el país. Deciros que en determinados momentos estás parado en las pasarelas porque la gente no anda y el espacio es el que es. Pero por fin llegamos a esa cascada y desde luego no te deja indiferente


En ese momento, rodeado de tanta belleza y a pesar de algún grupillo de chavales que gritaban un poco haciéndose la foto de grupo, y después de toda la caminata, os puedo decir que me emocioné mucho. Me acordé de mucha gente que disfrutaría mucho de este lugar y de estos paisajes, en especial de mis hijos y sí, también de mi ex-mujer. Recordé momentos de vacaciones con ellos cuando formábamos juntos una familia y que estoy convencido que esto les sorprendería, a pesar de la caminata. Estar tan lejos de los tuyos en lugares así te generan el deseo de querer volver con ellos pronto y ojalá sea así. Son momentos en los que la mente se relaja y deja fluir las emociones más primarias y bueno, en fin, uno disfruta de lo que ve pero también tiene sus carencias y en ese momento salen a la luz. Es la fuerza de la naturaleza, sin más.

El camino de regreso es para coger de nuevo un barco que atraviesa uno de los lagos menores en una travesía más larga. Tuvimos que hacer cola unos 45 minutos porque había muchas excursiones, volver a subir hasta el párking, intentar comer algo y seguir viaje, porque el día no terminaba ahí. Y fuimos tocados por la suerte porque poco después de salir del embarcadero empezó a llover, lo que desluciría mucho la visita si no vas protegido por impermeables o paraguas. El caso es que de nuevo en la entrada comimos algo, pagamos el parking que a esas horas estaba completamente abarrotado y continuamos viaje. Paramos a pocos kilómetros a tomar un café, pero también a asimilar todo lo que habíamos absorbido porque sin duda fueron 6 horas espectaculares.

Sorprendían muchas cosas: los peces que los veías claramente en esas aguas tan cristalinas que hasta te apetecía meterte en ellas (está prohibido el baño); los árboles caídos al fondo de los lagos que conservaban íntegras sus ramas y tronco; incluso hay una cueva donde hay una colonia de murciélagos y te advierten que si entras es "bajo tu propio riesgo" (nosotros no entramos); los patos y seguramente otros animales (en las fotos promocionales aparecen osos) que tienen que vivir en un estado de paz inigualable. Si haces todo el recorrido a pie, la excursión son en total 19 km., pero la organización de la visita, con las lanchas y el bus articulado que para en tres estaciones, lo hace muy llevadero.


Desde luego este paraje es, sin duda, una gran fuente de ingresos del turismo en Croacia. En las localidades cercanas vimos carteles de cientos de casas que ofrecen hospedaje, ya que el lugar está un poco apartado de los circuitos turísticos (por suerte). Nosotros continuábamos viaje, nos esperaba el cuarto país de nuestro particular tour, y no por ello menos sorprendente. Aún teníamos más de 200 kilómetros de recorrido hasta nuestra siguiente parada: Ljulbjana, la capital de Eslovenia, pero eso será en otro post. El resto de las fotos de los lagos, en facebook. ¡¡Disfrutadlas!!

jueves, 18 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 3: SPLIT Y ZADAR (CROACIA)

Si hay un país que podría tener muchas papeletas para ser un paraíso en la Tierra, ese es Croacia. En este viaje era la segunda vez que entraba en el país, después de que hace dos años visitase Dubrovnik y la costa sur de Croacia, incluída una excursión a la isla de Korčula donde supuestamente está la casa natal de Marco Polo, aunque la fama se la lleve Venecia.

La primera etapa en nuestro periplo croata era llegar a Split. La segunda ciudad del país es una ciudad completamente mediterránea a la que llegan cientos de barcos desde las costas de Italia o desde otros puntos de Croacia. Y es conocida mundialmente por el Palacio de Diocleciano que ocupa nada más y nada menos que todo el casco histórico de la ciudad y por ser la ciudad del equipo de baloncesto más famoso que tenía Yugoslavia y que sigue existiendo, la "Jugoplastika, sin rival en las competiciones europeas.

Llegamos un poco tarde después de recorrer las retorcidas carreteras bosnias y pasar la frontera, aunque la red de carreteras en Croacia es bastante mejor y equiparable a Europa, sobre todo la autopista que recorre la costa de norte a sur y que continúa hasta Zagreb y la frontera con Serbia por el norte del país. Al llegar, la temperatura ya marcaba 301 y era necesario cambiar moneda. Decir que hemos recorrido 4 países y cada uno con su moneda propia, lo que los cálculos de cambio nos volvían un poco locos porque, aunque usas tarjetas de crédito, hay cosas que tienes que comprar en efectivo (una botella de agua, un pequeño recuerdo...). La moneda croata es el (¿o la?) "kuna", siendo 1 euro 7,35 kunas aproximadamente.

Croacia pertenece a la Unión Europea desde julio de 2013. La verdad es que se nota, y más en una ciudad como Split. Su paseo marítimo está muy cuidado y con restaurantes bien montados y modernos. Su precio, evidentemente, equiparable al de cualquier ciudad turística europea. Comimos en uno de ellos y ya empezamos a notar que los precios subían y que deberíamos controlar más el dinero: al cambio, por tres platos simples y una cervezas, 59 euros. Veíamos además un ir y venir de turistas con maletas, ya que muchos alojamientos están en el casco histórico y no se puede acceder con coches. 

Una vez comimos, allá nos vamos, al Palacio, que ocupa como os he dicho TODO el centro histórico, ya que conserva el trazado original al cual se fueron adaptando las construcciones posteriores. Sus cuatro puertas de acceso, de norte a sur unidas por el decumano y de este a oeste por el cardo, te transportan de repente a la antigua Roma. El centro del palacio, el peristilo, es el lugar donde se paran los turistas a hacer la obligada foto, ya que es lo que mejor se conserva y era el patio que daba la entrada a las dependencias imperiales.



Se conservan muchas partes del palacio romano, pero se han agregado dentro de sus muros muchas otras construcciones góticas, venecianas, barrocas y neoclásicas, lo que convierte a todo el recinto en una amalgama un tanto caótica de estilos en todos los edificios de cierta importancia. Como teníamos que continuar viaje, la visita fue muy rápida y además, todas las calles estaban repletas de turistas, por lo que me resultó bastante agobiante. No voy a decir que no merezca la pena, que sí, pero un recinto como este tan masificado no sé yo si a la larga pasará factura a estas ciudades, sobre todo si disparan los precios en alojamiento y restauración.

Continuamos a Zadar por la autopista. La verdad es que era un lujo, cómoda, barata y, por cierto, con una velocidad máxima de 130 km/h. Llegamos poco antes de las 7 de la tarde y en pocos minutos llegamos al apartamento que habíamos reservado, conociendo a Kruno, su dueño, que fue muy cordial y amable con nosotros, llevándonos al parking donde dejaríamos el coche y trayéndonos luego de vuelta al apartamento. Lo de guardar el coche en el párking era una medida de precaución, dado que recordareis que llevábamos un coche con matrícula serbia y según nos comentó el empleado de la empresa de alquiler, los croatas y eslovenos tienen como "trofeo de guerra" conseguir las placas de matrícula de los coches serbios. Kruno también nos lo confirmó diciéndonos literalmente que "el 90% de la población nos llevamos bien con los serbios, pero hay un 10% que no y mejor prevenir".

El apartamento estaba a la entrada del casco histórico de la ciudad. Zadar también fue romana y su centro neurálgico es el foro, con la actual catedral y la curiosa iglesia de San Donato. También estaba repleta de gente, es una ciudad más pequeña pero con un paseo al lado del mar espectacular, lo que hace que no sientas tanto agobio como en Split. Pero Zadar hoy en día es más conocida por tener un curioso atractivo: el órgano de mar. Un proyecto innovador que, en un graderío pegado al mar, han aprovechado el movimiento de las olas del mar para construir y meter desde al agua unos tubos de órgano que suenan en la superficie. La verdad es que oir esos sonidos es bastante original, pero también hay que decir que más de 10 minutos oyendo los mismos tonos y acordes llegan a cansar un poco; de todas formas no se puede negar que original es.

Dos días en Zadar dieron para descansar ya que no salíamos del casco antiguo y nos esperaba el día de partida una visita espectacular que os contaré en la siguiente etapa. Aprovechamos para ir a bañarnos al Adriático, teniendo en cuenta que en Croacia no hay playas como las de aquí, ya que la configuración geológica del país hace que la costa sea toda rocosa, lo cual se agradece porque puedes zambullirte sin miedo y no tocas fondo. Así que caminando un poco saliendo del casco antiguo pudimos bañarnos y disfrutar de una relajante tarde de playa. 

Pero lo más bonito de la ciudad ocurría cuando se pone el sol. El atardecer en Zadar está considerado como uno de los más hermosos del mundo. Incluso Hitchcock lo alabó y en Zadar lo recuerdan con sus palabras en un mural cercano a la "Riva", el paseo marítimo que en torno a las 8 de la tarde comienza a llenarse de gente para ver el espectáculo. Mientras había un pequeño campeonato de waterpolo en las mismas aguas del mar y amparados por un espigón en mitad del paseo, nos pusimos a ver como el sol descendía y reflejaba sus rayos sobre el mar mientras oscurecía. De lejos se oían las notas del órgano marítimo y ese fue uno de los momentos más bonitos del viaje. Cientos de personas con sus cámaras sacando fotos del espectáculo natural y que hoy estarán ya de fondo en muchos perfiles de redes sociales o de equipos informáticos.


A mí Zadar me encantó, más que Split. Es el típico pueblo o ciudad donde ir a pasar una semana a disfrutar del mar, del paseo, relajarte, muy familiar. La gastronomía, la amabilidad de sus habitantes, la sensación de estar viviendo el verano "de pueblo" como conocemos aquí solo la viví en Zadar, a pesar de estar también ya un poco masificado. Además, el apartamento estaba muy bien reformado, se notaba que era una antigua vivienda del período yugoslavo que su actual dueño restauró para dedicarlo al turismo y sacarle una rentabilidad. No tenía ninguna pega, quizás una cocina un tanto pequeña, pero para pasar unos días más que suficiente. Y en cuanto a precios, pues como Split, ya notabas que tanto la gastronomía como otros servicios aprovechan el tirón del turismo y eran elevados, pero bueno, se supone que eso es lo que hay que aguantar en lugares así.

La estancia terminó con la expectativa de la excursión del día siguiente, que ya nos había advertido pocas horas antes de salir que deberíamos llegar a su inicio para no tener aglomeraciones... ¡¡¡a las 8 de la mañana!!! Eso implicaba madrugar bastante porque había 133 km. de recorrido, así que el día siguiente nos planteamos levantarnos a las 6 y si llegábamos a las 9 pues malo sería. Hicimos bien y la próxima visita merece un post ella sola, así que... ¡a esperar un par de días!




viernes, 17 de junio de 2016

PROPUESTAS DE VERANO

Hoy el tema va más de relax. Muchas personas están preparando ya las vacaciones de verano. Da igual si se marchan de vacaciones o no, el caso es que después de todo un año de trabajo, esa "meta" del descanso se acerca. A nivel escolar, quedan 14 días. Algunos diréis que los maestros vamos descontando en junio el tiempo que queda para gritar

¡¡¡VACACIONEEEEES!!!

Hombre, también las deseamos, a pesar de que seamos uno de los colectivos más envidiados por todos los períodos de descanso que tenemos; no voy a justificarme, pero es que cada año que pasa a menos de una semana de que los chavales dejen las aulas, cuesta más aguantar estos últimos días. En Galicia acaba el curso escolar para los críos el día 22. En mi caso este curso, siendo tutor de 6º de Primaria, los chavales están más pendientes del paso al instituto que de acabar el curso. A estas alturas ya saben qué notas han sacado aunque no tengan aún los boletines y, a pesar de inculcarles que lo más importante es aprender, habéis de reconocerlo, LAS NOTAS SON LAS NOTAS.

Además, este curso , después de la maldita reválida, mi "tribu" se pude decir que colgó la toalla, es decir, "FINISH", y estamos hablando del 13 de mayo. Han tenido los últimos controles a finales de mayo y principios de junio, pero como si nada. Eso, sumado a que están preparando su ceremonia de graduación (de la que ya os hablaré porque de nuevo volverán a aparecer las lágrimas), hace que dar una clase mínimamente decente sea tarea imposible.

Así que pensemos en las vacaciones, en maletas, aeropuertos o estaciones, el coche, la playa, el sol, la montaña... A mí me sorprende que, a pesar de la crisis, la gente viaja; no se perdona la semana o quincena en la playa y aquellos más boyantes el crucero por el Egeo, el "tour" por los fiordos o la visita a capitales de Europa. La verdad es que propuestas las hay a gusto de todos. Niños en campamentos, cursos de verano, apartamento en las islas. Si yo pudiese influir en los indecisos, escogería dos lugares para irse, uno en España y otro en Europa. 

Yo no me puedo quejar de lo que conozco. España, bastante, pocas provincias me faltan por pisar; Europa, creo que conté una vez 18 países que había visitado, durante mi estancia en Holanda esa cifra se fue incrementando bastante. De España, sin duda, me quedo con las Islas Baleares. Mi querencia a Mallorca por afinidad familiar es más que clara, pero para aquellos que no quieran tanto turismo de "guiris" recomiendo MENORCA, un paraíso un poquito más caro, pero que compensa. Una isla que atraviesas en 44 km. y que aún tiene alguna cala virgen en su costa, con arte, gastronomía, historia... y que en pocos días celebrará, como aquí en A Coruña, la fiesta de San Juan en Ciutadella que es todo un espectáculo en el que los caballos son los protagonistas.


De Europa os he ido contando mis vivencias por muchos países (no todas, jejeje). Europa Occidental ha quedado en este blog muy bien retratada por mi experiencia personal en "Tulipandia" (gracias Pelocha por inventarte este topónimo que da tanto juego). Pero también sabéis mis fieles lectores que desde hace muchos años, siempre tuve especial predilección por aquello que llamábamos "Europa del Este" y que vimos transformarse tras la caída del Muro de Berlín. Y en concreto por aquel país que existió y que fue un auténtico avispero en los 90, aquel estado no alineado y que dio la espalda al comunismo más ortodoxo de la URSS y estrechó la mano a muchos aspectos de las democracias occidentales, liderado por un dictador que mantuvo dormidas las ansias nacionalistas de sus pueblos y que luego acabaron matándose unos a otros: Yugoslavia. Y de ahí salieron los 6 países que ahora conocemos y que vimos cómo se desangraban hace escasos 20 años. En 2014 pude visitar una de las ciudades más bellas de Europa y tal vez del mundo: Dubrovnik; pero también pude tener una aproximación a la costa croata, a la "cenicienta" Bosnia-Herzegovina y al desinteresado Montenegro. Y la verdad es que me impactó bastante y os lo recomiendo con creces.

Croacia lleva en la Unión Europea 3 años. La costa dálmata, plagada de islas en un mar inmensamente azul, tiene parajes y recovecos paradisíacos no sólo en el entorno de Dubrovnik, sino también hacia el norte (Split, Zadar, Rijeka, Opatija). Recuerdo la mañana en la isla de Lokrum, tirándome al mar desde unas rocas sin miedo a tocar el fondo, disfrutando del sol, sin coches, comiendo unos bocadillos y tomando un helado de postre en la sombra de un bar como un auténtico placer, justo enfrente del puerto de Dubrovnik y por poco dinero, a pesar de que Dubrovnik es la ciudad más cara de Croacia y que vive exclusivamente del turismo. A mí me pareció un escenario de película, esa piedra calcárea pulida en el Stradum de la ciudad vieja y en sus edificios y calles, sus murallas, la puesta de sol desde la montaña a la que accedes en teleférico, el mar... Hoy se llega a Dubrovnik en vuelos regulares desde Galicia en verano y una vez allí tienes oportunidad de hacer excursiones a los países vecinos por poco dinero, eso sí, mucha curva en la carretera. Así, viajé a la herida Mostar, impactándome su puente reconstruido tras la guerra y que había visto caer derribado por un obús durante el conflicto, así como también sentir como si estuvieses en una pequeña Turquía en el corazón de Europa. Aunque hoy Mostar también vive del turismo, no puedes dejar de pensar en cómo era la vida allí hace 20 años, muchas heridas de las que aún quedan huellas en los edificios y en la gente.

Y por último, Montenegro y el espectacular entorno de la ciudad de Kotor, a la que puedes acceder en barco por un estrecho que da a una bahía enorme en cuyo fondo se sitúa esta pequeña ciudad amurallada pero con un encanto especial. Montenegro es el país más joven de Europa, obtuvo la independencia hace ahora 10 años, en 2006, y también empieza a desarrollarse poco a poco, aprovechándose de las bonanzas de los aliado comunitarios en aspectos singulares como, por ejemplo, que la moneda oficial es el euro, a pesar de no ser acuñada en el país.

No os puedo explicar por qué tengo tanto interés por estos países. Tengo un amigo en Murcia que todos los años va con su pareja a Portugal de vacaciones. Y ha llegado a la conclusión de que algo en su ser tiene que estar conectado con el país vecino porque simplemente le apasiona Portugal. Tanto es así que llega a entender el portugués sin esfuerzo e incluso se ha comprado un acordeón para tocar música portuguesa. Él cree que algún antepasado suyo tuvo que se portugués porque si no, no se entiende tanta química entre él y nuestro cercano Portugal. Pues bien, tal vez a mí me pase algo similar. No sé si tendré algún gen balcánico, pero todo lo que tiene que ver con esa zona de Europa me atrae especialmente y deseo poder visitar los escenarios (duros a pesar de todo) de tanto dolor a finales del s. XX. He leído muchas novelas de autores y autoras croatas, serbios, eslovenos; ensayos sobre la guerra; la figura del dictador Tito me resulta incluso atrayente desde el punto de vista histórico; la música de esa latitudes me resulta muy evocadora; incluso el idioma, tan difícil para nosotros, me atrae, recuerdo que hace unos pocos años llegué a buscar alguna página web en la que se pudiese aprender serbio gratuitamente por internet (algo escuché pero lógicamente no me puse a ello... pero nunca se sabe). 

Así que bueno, tal vez debería pensar en escribir algo serio sobre los países balcánicos, no sólo verlos desde el punto de vista turístico ¡¡o eurovisivo!! En todo caso, en esta entrada solo pretendo dar ideas para esas ansiadas vacaciones, lo que está claro es que, vayamos a donde vayamos, seguro que la desconexión con la rutina diaria nos vendrá de cine. ¡¡Bon voyage!!




PD.: El día 20 hará seis años que empecé este blog. Estaría ahora preparando mi vuelta de Holanda si las cosas hubiesen pasado como estaban previstas. 6 años que han cambiado mi vida. En este blog lo seguiré reflejando. Una y mil veces a todos y a todas...

¡¡¡GRACIAS!!!

martes, 6 de marzo de 2012

LOS BALCANES

Aquellos que me conocen un poco saben que en los últimos años mi afición por la lectura ha aumentado. Y como siempre he estado pendiente de la geografía y de la historia reciente, siendo las dos materias de mis preferidas desde que era un crío, hay una zona de Europa que me apasiona especialmente y que anhelo visitar: los Balcanes, especialmente el territorio que comprendía la antigua Yugoslavia.

No voy ahora a dar una lección geográfica e histórica de esta zona tan conflictiva a lo largo del tiempo, pero que poco a poco va saliendo de ese pasado de terror y guerra de finales del s.XX para irse integrando también pasito a pasito en nuestra Unión Europea. Eslovenia pertenece ya desde 2004 y el año que viene Croacia formará parte de la "Europa de los 28" mientras Serbia hace pocos días ha conseguido ya también un calendario para su adhesión. Si te adentras un poco e investigas es realmente apasionante su transcurrir histórico al mismo tiempo que cruel y trágico por los conflictos que ocurrieron en esta región del corazón de Europa; particularmente me empezó a interesar poco tiempo después de morir el dictador Tito, en 1980. Durante esa década Yugoslavia empezaba a aparecer en las noticias con mucha más frecuencia. En 1984 Sarajevo fue la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno y 10 años más tarde su estadio olímpico era un gran cementerio lleno de muertos en la guerra. Por otra parte, a medida que yo iba creciendo al dar temas de historia en el instituto siempre aparecían los Balcanes como un auténtico avispero. En 1914 esa misma ciudad fue el lugar donde el asesinato del heredero del imperio austro-húngaro fue la chispa que originó la I Guerra Mundial. Tal vez todo eso influyó en mis ganas de saber más. Con las imágenes de la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995, que revolvía las conciencias de todos, mi interés aumentó y hoy leo con frecuencia libros sobre la zona y sus conflictos, dus gentes, su historia... sobre todo  para darme cuenta de que lo que nos contaron los medios, como suele ser habitual, estaba muy tergiversado.

El caso es que en estos días de vacaciones me leí un interesante libro muy poco conocido en España, a pesar de ser su autor valenciano. Se trata de "Cita en Sarajevo", de Francesc Bayarri. Cuenta la historia de un asesinato en la España franquista ocurrido en Carcaixent en el cual la víctima fue un ex-militar croata de la II Guerra Mundial, aliado de Hitler y con un historial de más de medio millón de muertos a su espalda en el campo de concentración de Jasenovac, Maks Luburic. El autor del libro buscó al supuesto asesino de este elemento y lo encontró en Sarajevo después de 34 años, Ilija Stanic, lo entrevistó y nos cuenta cómo huyó de Carcaixent después del crimen y cómo fue recibido como un héroe en la Yugoslavia de Tito siendo también un nacionalista croata, viviendo totalmente en el anonimato en su país y sin haber nunca sido juzgado en España. Este libro se suma a los muchos que ya he leído con los Balcanes como eje principal y que me serían difícil nombrar todos aquí. Pero si alguien desea conocer realmente la historia de Europa, no puede prescindir de saber y conocer lo que realmente pasó en esta región y cómo ha influído en la política posterior común a todos nosotros. Para ir abriendo boca sabed que Croacia (católica) fue siempre un gran aliado de Alemania y Serbia (ortodoxa) de Rusia, así que vayan haciendo sus teorías sobre el equilibrio de fuerzas. Y en el medio de ambos países, nada más y nada menos que Bosnia-Herzegovina, con amplia población musulmana que fue quién más sufrió las consecuencias de la guerra de los 90.

Aquella Yugoslavia de Tito no alineada, separada del extremismo de la URSS y buscando siempre su aproximación a Occidente (curiosamente era el único país de la Europa comunista que, por ejemplo, participaba en el Festival de Eurovisión, del que sabéis que también soy un gran seguidor, incluso se dice que el triunfo de Yugoslavia en el festival de 1989 aceleró la caída del Muro de Berlín y esa victoria se esperaba fuese un freno a lo que estaba por venir y que fue inevitable, la desmembración del país), acabó a su muerte convertida en el "puzzle" de Europa y el pastel que todos querían, pero con miles de muertos, familias rotas y separadas y heridas de difícil cicatrización que aún hoy están ahí. Yo no oculto que recuerdo perfectamente que lloraba al ver en la televisión los muertos civiles en el mercado de Sarajevo tras el bombardeo serbio, los cuerpos esqueléticos de los campos de concentración como los de la Alemania nazi, la voladura del puente de Mostar a manos croatas, la matanza de Srebrenica... He visto películas sobre el tema ("Grbavica", "Las flores de Harrison"...), he escuchado música (desde luego los intérpretes de Eurovisión han sido una base para profundizar más y os aseguro que su folklore y sus ritmos y melodías son preciosos), os puedo citar nombres como Vukovar, Banja Luka, Gorazde, Mitrovica que seguro que a vosotros no os dicen nada pero que son imprescidibles para saber más. Podría hablar horas porque me apasiona el tema y uno de mis deseos es poder visitar la zona pronto. Me han hablado amigos que han estado en Croacia y Bosnia (Dubrovnik, Sarajevo, Mostar, Split...) y espero poder pisar y ver "in situ" los escenarios que tantas veces leí, con el "Diario de Zlata" (la llamada "Ana Frank" de Sarajevo), con "Si un árbol cae" de Isabel Núñez, con "Como si yo no estuviera" de Slavenka Drakulic y ahora con "Cita en Sarajevo".

Y que nadie olvide una premisa necesaria para tener en cuenta en la vida: hay que conocer el pasado para que en el futuro no repitamos los mismos errores. Por desgracia, el ser humano no aprende y no podemos predecir lo que ocurrirá en 5 ó 10 años, pero las guerras siguen en el mundo, aunque espero que ya definitivamente fuera de los Balcanes.

Sólo una cosa más: hay gente que opina que hacerme un regalo por mi cumpleaños no es tarea fácil. No pido un viaje a Sarajevo o Dubrovnik, pero libros sobre el tema hay muchos y probablemente me quede mucho por leer y conocer sobre esa región. Ahí queda.