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sábado, 13 de abril de 2019

DISCIPLINA POSITIVA

Si una persona lleva casi 28 años metida en las aulas, obtiene una madurez profesional que la experiencia le ha ido dando en el trato con el alumnado junto con aquello  que supuestamente estudió en su carrera universitaria para dedicarse a la docencia. Bien es verdad el dicho de que la experiencia es un grado y que no se sabe bien cómo es un trabajo hasta que ponemos todo el empeño en hacerlo bien. Muchas veces he comentado en este blog que soy maestro por vocación, que desde pequeñito lo tuve claro y que en absoluto me arrepiento. Y compadezco a aquellos y aquellas que están en un colegio o instituto por obligación. Mi hija me comenta que tiene una profesora en el instituto que "es una amargada" y que no disfruta con lo que hace. Puede ser que pase una mala racha, pero lo que sí está claro es que si no te gusta ponerte al frente de una clase, deberían indicarte la puerta de salida, no solo por el bien del alumnado sino por el tuyo propio.

A pesar de esos casi 28 años, siempre he tenido ganas de aprender y de actualizarme. Tengo un estilo en mis clases que tanto alumnos como familias agradecen (también lo he narrado aquí), me considero exigente con los contenidos pero también flexible y lo cierto es que hace poco tiempo descubrí algo que venía haciendo en mis clases yo creo que desde que empecé a dar clase en Ciñera de Gordón o incluso antes, en alguna clase particular que daba a algún chaval para sacarme unas pesetas.

Este curso mi centro solicitó, por mediación de la directora, una formación en Disciplina Positiva. Así que un buen puñado de compañeras y los dos compañeros que somos en el claustro acordamos hacer un curso de formación del profesorado por la red de formación de la Consellería de Educación. A principios de enero tuvimos tres charlas impartidas por una profesional certificada en esta temática,  Mónica, una compañera de un colegio de un pueblo cercano a Coruña. Cuál sería mi sorpresa que a medida que se desarrollaba la charla mi frase resumen acabó siendo "por fin le pongo nombre a lo que venía haciendo en clase desde hace años". Me enteré que mis técnicas y mi manera de pensar se basaban en una forma de entender la relación profesor-alumnos que se llama DISCIPLINA POSITIVA y que ya había sido formulada hace casi un siglo por el psicólogo Alfred Adler y desarrollada posteriormente sobre todo en Estados Unidos. Tal fue el impacto que le pedí a la compañera cómo se podía profundizar en el tema y me dijo que en poco más de un mes la Positive Discipline Association haría un taller intensivo de certificación oficial en A Coruña. Me mandó la información y, a pesar del alto coste económico por solo dos días (385 €), lo hice. Y no voy a decir que mi vida cambió, sino que realmente encontré aún más mi hueco. Pero también conocí a personas maravillosas que buscábamos otra manera de hacer las cosas y el grupo que salió de aquellos 16 y 17 de marzo ya forman parte de mi vida, sobre todo por la conexión que hubo durante las horas de aprendizaje, vivencias y emociones. Solo puedo dar las GRACIAS a todas ellas (¡¡y a él, solo éramos dos chicos!!). Aquí me veis en plena explicación "águila" (ya os contaré un poco quién es camaleón, tortuga, león o águila)



Disciplina Positiva se basa en varios aspectos. El fundamental es en el trato con RESPETO al alumnado, sin humillarlo ni despreciarlo, mirándole de tú a tú pero siendo siempre el adulto el líder, el que dirige esa relación, lógicamente. Elimina el castigo que tanto gusta a los seguidores del conductismo y que impregna todavía muchas aulas de nuestros centros (nunca fui amigo de ellos y mucho menos de los temidos "partes"). Y hay una frase demoledora de una de sus teóricos que es:

¿A QUIÉN SE LE OCURRIÓ LA BRILLANTE IDEA DE QUE PARA QUE UN NIÑO HAGA ALGO BIEN PRIMERO TIENE QUE SENTIRSE MAL? (JANE NELSEN)

El comportamiento visible de un niño es solo la punta del ICEBERG y hay que tratar e intentar llegar a lo que está por debajo del nivel del "agua", porque es lo que generalmente condiciona no solo su comportamiento sino también su aprendizaje. Por medio de dinámicas grupales fuimos conociendo más aspectos fáciles de aplicar en el aula y que yo ahora ya he adoptado para siempre. Educar con FIRMEZA y CARIÑO es algo que ya venía haciendo desde hace tiempo, bien es verdad que alguna vez pude considerarme "blandito" y cedí ante determinados lloros o caras tristes, pero bueno, ahora también aprendí a no ceder sin dejar de ser cariñoso.

A raíz del curso de certificación que hice, pertenezco a una oleada de docentes que estamos oficialmente certificados para impartir charlas y formación a otros maestros de Disciplina Positiva. Lo cierto es que es un mundo, para mí por ahora llevadero, pero sé que seguiré leyendo y mejorando en la aplicación de estas técnicas con las cuales siempre me sentí feliz en mis clases y sobre todo, hice sentir bien a mis alumnos y alumnas y a sus familias. Y fijaos, no hay nada que no esté inventado. Alfred Adler puso las bases allá por los años 20 del siglo pasado, pero luego la II Guerra Mundial lo llevó a Estados Unidos (imaginaos la situación: era judío en Austria) y allí, gracias a sus seguidores como Rudolf Dreykurs o la citada Jane Nelsen, hoy tenemos una red que como bien decía la entrenadora que vino a impartir la certificación, "de raritos" que hacemos las cosas de otra manera.

Así que ya sabéis. Aquí me tenéis para informaros de cómo aplicar Disciplina Positiva no solo en el aula, sino también en casa y, por supuesto, en la vida. Es un cambio de paradigma y, aunque donde más me cuesta es en casa, intentaré seguir en la brecha hasta que llegue la hora de jubilarme, pero mientras mucho ALIENTO y mucho error, porque los ERRORES son las mejores oportunidades para aprender ;)






lunes, 5 de febrero de 2018

VAMOS A UN CURSILLO

Si algo me ha caracterizado desde que empecé a trabajar (a antes, incluso) es la de estar actualizándome continuamente sobre todo a nivel didáctico. Ni que decir tiene que mi profesión necesita de esa actualización porque la forma de enseñar y las estrategias y métodos que empleamos los profesores para ello no pueden ser las mismas desde que uno o una se enfrenta a un grupo de alumnos por primera vez hasta el último de sus días de clase. 

Este curso 2017/18 es el número 27 de los que trabajo. Se dice pronto. Cuando allá con 21 años me fui a Ciñera de Gordón en mi primera salida del nido familiar completamente independiente y me pusieron delante de varios grupos de alumnos, en alguno de los cuales había muchachos y muchachas a las que solo sacaba 7 años de diferencia, han pasado muchas cosas. Y por supuesto, podría considerarme entonces un inexperto total, pero con un entusiasmo inmenso. 25 chicos y chicas de 8º de EGB que se quedaron un tanto atónitos por la persona que tenían delante cuando el primer día de clase acerca la silla a la mesa del profesor, se sube a ella y de ahí a la mesa para descolgar el crucifijo que estaba encima del cuadro de los por entonces Reyes de España Juan Carlos I y Sofía de Grecia. Ahí ya demostraba mi rebeldía contra determinados corsés del sistema y el no ser un profesor convencional.

Pero como decía, una de las facetas de esta maravillosa profesión es la necesidad de actualizarse. Las administraciones educativas establecieron por aquel entonces una estructuras de formación del profesorado por las que todos debíamos pasar cada x tiempo no solo para recibir esos nuevos aires pedagógicos sino también para poder ir cobrando más con el paso de los años al haberse aprobado recientemente un nuevo complemento económico vinculado con las horas de formación recibidas. Además, legalmente el horario de trabajo de un maestro se establece en 37'5 horas de trabajo semanales, de las cuales 25 son directamente con alumnado, 5 en el centro educativo para funciones de coordinación, reuniones académicas, tutoría de padres, etc., y las 7 y media horas restantes para trabajo personal y formación. Así que allí en aquellas montañas de la Cordillera Cantábrica a 40 km de la ciudad más grande, León, era obligado acercarse a la capital para asistir a las diferentes actividades que nos proponían en todas las materias y con todas las didácticas y experiencias innovadoras que surgían.

La oferta era inmensa: jornadas, cursillos, seminarios, grupos de trabajo... Yo me centraba sobre todo en la especialidad por la que había accedido a la profesión, Educación Musical, y además irte por la tarde a León constituía una válvula de escape de aquel pueblecito en el que, si no recuerdo mal, había un economato vinculado a la mina que daba trabajo prácticamente a todo el pueblo, alguna pequeña agencia de seguros y 13 bares. Todo hay que decirlo, fue un año maravilloso, tal vez el mejor de mi carrera profesional por el mundo que se abría ante mí, por el cambio de vida que experimenté, por los compañeros que me acogieron en aquel "San Miguel Arcángel", por la gente que conocí y con la que aún tengo cierto contacto y porque, en fin, empezaba realmente mi vida adulta en todos los sentidos.

No me quiero ir por las ramas que me invade la nostalgia. La formación continuó en los años sucesivos, en Ponferrada, en Tapia de Casariego (donde nos juntábamos varios profesores de Música de Primaria del Occidente de Asturias para preparar materiales que aplicar al aula, tanto de danza como de audición o de expresión instrumental) y mi currículo se fue llenando de actividades muy variopintas, con ponentes muy buenos y con otros pésimos. Hice también formación en instituciones privadas, destacando unos cursillos que se hacían en Vigo en Semana Santa con el profesor de la Universidad de Lovaina Joss Wuytack, discípulo de Carl Orff y creador de un método de pedagogía musical fundamental para todo aquel que quiera impartir docencia de esta área en Primaria.

A medida que iban pasando los años comencé a ser muy crítico y selectivo con la formación que recibía. En una ocasión, en Asturias, llegué a levantarme de unas jornadas en la Universidad de Oviedo y salir del aula después de manifestar al ponente que teníamos en aquel momento que era una tomadura de pelo hacer juntar a cientos de profesores asturianos un sábado para mostrarles unas diapositivas de cómo los toxicómanos acceden a las drogas y de cómo las usan, enseñándonos incluso la manera de hacer un porro (literal). Teniendo en cuenta que esa mañana los profesores que habíamos ido desde Tapia nos habíamos levantado a las 7 y media de la mañana para llegar en hora al inicio del curso a Oviedo, pues mi cabreo era monumental.

Ese sentido crítico continúa y 27 años después te ves metido en varias actividades de formación que te certifican con 20, 30 o 50 horas y realmente aprovechas el 20%. Algunas, de obligado cumplimiento por parte de la Consellería de Educación, han sido completamente tediosas o apartadas de la realidad de las aulas; otras más aprovechables porque el grupo de profesores que asistimos pedimos menos teorizar y más práctica. He hecho de todo: desde formarme a nivel de las tecnologías de la información y de la comunicación cuando empezó la revolución informática en las aulas, cursillos de música, jornadas de bibliotecas escolares, seminarios de programación e innovación didácticas, experiencias para implantar metodologías que desarrollen los talentos, etcétera, etcétera.

Incluso durante dos años estuve trabajando como asesor de formación del profesorado después de haber superado el proceso de selección que cada año convoca la Consellería de Educación, teniendo bajo mi control y el de dos compañeros más la zona educativa de Vilagarcía de Arousa, en un local en el que no tuvimos teléfono hasta el mes de abril, año del que recuerdo ir con tarjetas telefónicas a llamar a cabinas públicas para ponerme en contacto con los centros educativos. Básicamente, tercermundista.

Pero todo fueron experiencias de las que saqué algo en limpio. Mucho en "sucio", también es verdad, pero cosas importantes en limpio. Lo mejor que he sacado ha sido conocer a otros compañeros y compañeras que hacen actividades realmente motivadoras e innovadoras en sus aulas. Aprender, por ejemplo, las estrategias del enfoque constructivista para el aprendizaje de la lectoescritura o aplicar en el área de Plástica únicamente materiales de reciclaje y/o naturales, haciendo verdaderas obras de arte por una profesora de un colegio en el concello de Valga (Pontevedra) que era espectacular. Llegué incluso a irme a Hungría 15 días en verano a un curso de otro método de pedagogía musical, el método Kodály, país en el que los asistentes al curso llegamos a celebrar un concierto en la basílica más grande del Estado, en la ciudad e Ezstergom, e incluso cantar a coro por las plazas de Budapest y los ciudadanos húngaros aplaudirnos. De aquella experiencia quedaron en el corazón muy buenos amigos en Murcia, en Ponferrada, en México, donde viven Carlos y Rosario y con los que ahora estoy en contacto gracias a Facebook pero que no nos hemos vuelto a ver desde entonces, aunque el cariño está ahí y sabemos que algún día volveremos a juntarnos.

¿Y todo este rollo por qué? Pues porque este año en mi centro nos hemos metido en dos actividades más: un proyecto de robótica y un pequeño grupo de trabajo para actualizar la página web del centro. Y las cosas han mejorado un poquito, ya que hay mucha estructura y asesores y todo se hace on-line, pero la asistencia presencial para mí es fundamental porque el intercambio de experiencias educativas y de emociones que genera la acción en el aula con el alumnado es la esencia de todo. Y sí, cada 6 años tenemos que justificar 100 horas de formación para cobrar ese suplemento en la nómina, los llamados "sexenios", pero yo seguramente paso de 1000 sin dudarlo, por lo que no voy a la formación por cobrar más, sino porque mi trabajo me hace exigirme mejorar y llevar al aula lo mejor, que de eso se trata. Así que seguiremos en ese camino porque me gusta, porque disfruto la mayoría de las veces y porque, de una manera u otra, repercute en la calidad de la enseñanza... o eso creo ;)



viernes, 15 de abril de 2016

GESTIONANDO EMOCIONES

Están de moda. Cualquier actividad formativa que tenga que ver con la inteligencia emocional tiene un éxito considerable. Hoy comencé un pequeño curso de formación referido a la gestión de emociones. Bueno, en realidad el curso empezó el pasado jueves, pero debido a uno de esos momentos difíciles en los que la familia se une, no pude asistir. Y es un hecho que tiene una importante carga emocional que hay que saber gestionar. Cuando se muere alguien tan cercano a ti, como lo era mi tío Chemo, tu mente de una u otra forma tiene que digerir esta circunstancia. Después de unos días en los que la familia se unió como una piña para despedirlo en Manacor, toca gestionar un duelo, más duro de lo habitual porque es el primer tío que se nos muere y que suponía un nexo de unión entre el resto de los hermanos de mi padre. Fueron momentos emotivos, de dolor, pero también de mucho amor y cariño hacia mi tía, hacia mis primos y familias, unidos todos en algo que, no por esperado, deja de ser doloroso.

En fin, después del viaje relámpago a Mallorca, uno vuelve a la rutina, algo cambiado pero poco a poco asentando lo ocurrido y gestionando las emociones que surgen. Tenía ganas de acudir a las sesiones del curso, no sólo por este hecho, sino porque estoy convencido de que gran parte del éxito en las aulas viene porque los docentes saben (sabemos) llegar a través de las emociones a las mentes de los chavales.

Hubo un cambio en mi vida hace unos años en los que me di cuenta de que este tema era primordial. Ocurrió en 2007. Hasta ese momento, yo era un maestro especialista en Música que impartía una hora semanal a los diferentes grupos de Primaria de cada colegio en el que recalaba (o como mucho dos o tres en Secundaria). Ese año opté por cambiar de especialidad y solicitar vacantes de Primaria, es decir, ocupar un puesto como tutor de un grupo. Pese a mis temores iniciales pero sobre todo gracias a lo aprendido con una compañera, Mercedes, que era tutora en Catoira, con la que compartí muchas charlas educativas y también una tutoría allí en 3º de Primaria, el cambio llegó. El curso 2007-08 me estrené como tutor en Ordes y puedo afirmar con rotundidad que fue una de las elecciones que más me satisfizo a lo largo de mi vida profesional.

Durante tres cursos fui tutor del mismo grupo de alumnos, desde 4º hasta 6º de Primaria. Lo vivido con aquellos niños y niñas, reflejado aquí en el momento de iniciar este blog allá por junio de 2010 cuando obtuve el puesto en Holanda, fue un punto de inflexión importante en mi manera de entender a los demás. Aquellas vivencias aún perduran en las mentes de muchos de ellos (ahora ya a punto de acabar 2º de Bachillerato y en algunos casos acceder a la universidad o a un ciclo profesional) y por supuesto en la mía. Tengo contacto con algunos de esos alumnos y alumnas por Facebook y sé que algo en mí cambió después de los tres años en Ordes.

Luego llegó el período holandés, que todo el mundo sabe que terminó bruscamente con una gran tormenta emocional. Fue ese episodio el que hizo que creciese en mí el interés por aplicar actividades referidas a la educación emocional en el aula. Y si el primer año después de la vuelta ya tuve una buena experiencia con el alumnado (jamás olvidaré a Marco y su "muro de Berlín entre Corme y Laxe"), es ahora, llevando 2 cursos con estos alumnos y alumnas del "Anxo da Garda" donde me veo cada vez más convencido y capacitado para tratar este tema en el aula.

Y salen cosas. Salen situaciones como la que os voy a narrar. El jueves pasado, recién informado de la muerte de mi tío y preparando un poco el viaje, buscando vuelos, alquiler de coche, etc., yo fui a trabajar. Avisé en el centro de que el viernes no iba a asistir porque marchaba a Mallorca. Cuando empecé a dar clase mi ánimo no era el de siempre, lógicamente. No pasaron ni 15 minutos cuando empiezo a oir murmullos del tipo "le pasa algo, no está bien, está raro..." y en segundos escuché una voz que me pregunta:

- Alfonso, ¿qué te pasa hoy? Estás raro.

Yo estaba escribiendo algo en el encerado y en ese momento sentí la necesidad de contarles lo que ocurría, dado que ellos y ellas también me cuentan a mí cómo se sienten ante algún problemilla con un compañero, un examen con una nota mediocre, un problema en casa, etc. Me di la vuelta y les dije:

- Bueno, creo que merecéis una explicación de mi estado de ánimo, ya que vosotros también me contáis frecuentemente el vuestro.

Y les dije lo que pasaba. No pasaron ni 10 segundos cuando una alumna se levantó, se acercó a mí y me dijo

- Te mereces un abrazo. Lo siento mucho

Me abrazó, y como un imán se levantaron todos y vinieron a abrazarme. Les conté que al día siguiente no vendría y bueno, que no se preocuparan, que el ritmo escolar no sufriría alteración y que el lunes ya volvería al colegio.

Pues bien, ese hecho es único. Y no se debe a la casualidad. Se debe a que se produce una conexión emocional entre yo, profesor, y un grupo de niños y niñas de 11-12 años, alumnos y alumnas cuyo

 centro del mundo durante cinco horas al día (o más, por lo que me cuentan sus padres y madres) eres tú. Y hay una transmisión de esas emociones, una química que les permite emocionarse conmigo y, en definitiva, conocerse a sí mismos, que no deja de ser lo fundamental en la educación. 

Sólo quedan dos meses de curso y sé que los echaré mucho de menos. Luego vendrán otros y vuelta a empezar. También sé que han aprendido muchas cosas, a lo mejor no tantas como pone el currículum, pero sí otras más importantes desde mi punto de vista. Y sé también que yo he aprendido con ellos, que esa gestión emocional continúa y seguirá porque nuevos hechos y nuevas experiencias nos exigirán el reto de afrontarlas con una inteligencia emocional correcta. El curso al que he empezado a asistir hoy ayudará, el resto lo pondrá la vida.


viernes, 26 de junio de 2015

TALENTO

Curso acabado. Y van 24. De nuevo, despedidas en clase y con mucho cariño por parte de mis alumnos, pero menos dolorosa porque en dos meses nos volvemos a ver, al no cambiar de centro. Estos últimos días de curso escolar, hasta el 30 de junio, los profesores nos dedicamos a elaborar actas, asistir a reuniones, anticipar un poco el nuevo curso, expedientes, libros... y también a la formación, si se tercia. Y sí se terció este curso.

Desde hace dos años existe un proyecto llamado Talento 3.0 que lleva a cabo una importante fundación gallega y la Universidad de Santiago de Compostela. Este año han participado varios centros educativos y llegó una invitación al nuestro para asistir durante 4 días en Santiago a un cursillo sobre el tema de altas capacidades en los niños. La verdad es que las fechas eran malísimas, de lunes a jueves mañanas y tardes, pero con San Xoán en el medio y visita familiar de tíos y primos de Mallorca. Aún así, allá nos fuimos 5 compañeros ya que teníamos el alojamiento gratuito y las ponencias prometían, debido a que venía un equipo de expertos de la Universidad de Connecticut.

El curso era para gestionar la intervención educativa en alumnos de altas capacidades por medio de un modelo metodológico de enriquecimiento curricular. Las sesiones combinaban ponencias de expertos con talleres prácticos de profesores que ya estaban aplicando la metodología durante este curso. Y la verdad es que ha sido un cursillo que ha merecido mucho la pena y que es más que probable que nuestro colegio, el único público de A Coruña que asistió, se incorpore al programa.

La metodología de enriquecimiento curricular parte de la base de que todo niño tiene un talento que hay que desarrollar. A veces queda oculto porque hay muchos condicionantes en niños y niñas que les hace pasar desapercibidos, sobre todo si no quieren que se sepa que son de altas capacidades. Lo cierto es que con cada ponencia, a través de las explicaciones que daban, automáticamente pensaba en mis alumnos, en mis hijos y en cómo manifiestan su talento: alumnos que tienen un don, alumnos "gifted" como los expertos los denominan.

Como yo no concibo ir a un curso a oír, sino también a participar, en muchos de los talleres mis aportaciones fueron muy valoradas por los compañeros y el resto de los asistentes. Hubo un taller en concreto que trabajaba el tema de las emociones, en el cual teníamos que desinhibirnos bastante y dejar que nuestros sentidos fueran descubriendo emociones ocultas. Luego la ponente, una conocida actriz gallega de teatro, nos invitaba voluntariamente a expresar esas emociones ante todos. Para algunos fue una pequeña catarsis y en determinados momentos hubo lágrimas. Yo me las contenía, pero era evidente que lo que había vivido había vuelto a despertar en mí recuerdos y emociones que aún no están bien gestionadas, pero a veces siento que tampoco hace falta controlarlas tanto. La sesión terminó con la propuesta de que cada uno de nosotros se levantase de su sitio, dijera su nombre y expresáramos en alto un sueño personal que tuviésemos. Hubo intervenciones muy personales y que llegaron muy adentro, pero en el momento en que me tocó a mí, que estaba ya apartado un poco de mis compañeras de colegio, me levanté y mi emoción total se desbordó:

"Perdonad, pero me cuesta mucho decir esto. Me llamo Alfonso y mi sueño es no dejar nunca de emocionarne". Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada sólo pude volverme a sentar, llevar mis dedos a los ojos cerrados y escuchar un caluroso aplauso que no olvidaré nunca. Desde ese momento y hasta que acabó el cursillo, la gente me felicitaba por los pasillos y me decían que era un profesional que transmitía, que tenía un talento. La actriz, al acabar la sesión, se acercó a mí, me dio un abrazo con mucho cariño y me dijo "muchas gracias por expresar lo que dijiste y por ser un profesor como pocos, necesitamos muchos como tú". También una de las ponentes norteamericanas me dio un caluroso abrazo y me levantó sus pulgares soltando un enorme "Great!!". Y la organizadora del curso, al terminar las jornadas, me dijo abiertamente: "tú tienes que incorporarte a esto porque tú eres un profesor con talento". Os prometo que todo este reconocimiento me hace sentir muy, muy dichoso, a veces también con una responsabilidad enorme. Siempre mi entorno me ha considerado como una persona que alcanzaba los objetivos con facilidad, pero yo nunca lo valoré ni lo consideré un don. De hecho, no creo que tenga esa capacidad que mucha gente me atribuye porque mis defectos la oscurecen un poco. Sin embargo, ahí está lo que el mundo opina y me demuestra y creo que debo estar a la altura y agradecer, siempre tener un enorme GRACIAS para aquellos que creen en mí y en lo que hago.

Soy maestro por vocación. Siempre lo quise ser y tengo claro lo que quiero enseñar y transmitir. Por lo que me demuestran mis alumnos y me han demostrado a lo largo de estos 24 años parece que lo logro. Entonces, ¿por qué a veces no me he sentido satisfecho? ¿Tal vez mis objetivos son demasiado elevados, mi autoexigencia es enorme y me provoca esas reacciones? Es probable que así sea. En todo caso, seguiré mi dinámica y sí, me implicaré en Talento 3.0 si mi colegio lo decide. Al fin y al cabo la saga familiar a la que pertenezco se caracteriza por tener también muchos de nosotros con talento, a lo mejor muchas veces no demasiado bien gestionados en nuestra etapa escolar, pero hemos salido a flote. 

Y para muestra, un botón. Hoy se ha puesto a la venta un nuevo libro de mi prima, Elisa Vázquez de Gay, el séptimo de su trayectoria como escritora, los tres primeros de poesía, los tres siguientes de novela biográfica (Anita Delgado, Maharaní de Kahpurtala) y ahora con otra novela ambientada en la Cuba colonial y en la que se reflejan las penurias de las mujeres esclavas, muchas de ellas de origen gallego. "Una casa en Amargura" está llamada a ser una de las lecturas del verano y una de las promesas literarias del año. Ni que decir tiene que empezaremos a verla y oirla de nuevo en entrevistas de prensa, televisión y radio, pero a nosotros, este clan de los González-Arias, nos importa el honor y el orgullo de tenerla ahí, de compartir su TALENTO, sabiendo que nuestros abuelos y familiares que ya no están estarían más que orgullosos de ella y en definitiva de todos nosotros, a pesar de los avatares difíciles de la vida. Así que ya véis, seguimos dando guerra y lo que nos queda. Un abrazo muy grande para todos


miércoles, 11 de abril de 2012

¿CARAS OU CRUCES?

A verdade é que oindo aos políticos do PP danche ganas de emigrar a unha illa deserta e vivir dunha economía de subsistencia. Agora sae a nosa querida Esperancita dicindo que en Sanidade, Educación e Xustiza hai que devolver as competencias ao goberno central. É algo incrible que unha das persoas que máis se beneficiou do sistema das autonomías reclame agora que remate toda esta descentralización. A muller que chegou a presidenta da Comunidade de Madrid dun xeito anómalo por aquela espantada de dous deputados do PSOE di que agora se poidan producir cousas como que un mestre canario chegue a unha aldeíña galega a dar clase sen saber nin gota do idioma e cultura locais e viceversa. De verdade que con isto da crise desvariamos.

Na miña última viaxe, que xa relatarei, atopeime cun matrimonio e os seus fillos de Zaragoza que me deron unha media hora de charla. O home comentaba, despois de viaxar por medio mundo, que chegara á conclusión que en Europa nos teñen envexa: o clima, a gastronomía, o noso estilo de vida, a luz... e non soportan que nos vaia ben. Curiosamente eu vexo xente pedindo polas rúas aquí, holandeses pedindo nos trens, tamén hai crise nos Países Baixos, diñeiro negro, miseria... ¿Por qué ese empeño dos "Merkozy" en que España ten que facer reformas, eles non? Xa comentei varias veces no blog que nunca me sentín menos europeo que aquí, que hai leis que non se cumpren neste país e nós temos que cumprir. Non quero ser Mourinho pero... ¿POR QUÉ?

E resulta que logo aparece no telexornal a antítese española do que deberíamos facer. Con isto da Semana Santa e das súas celebracións, entre tantas procesións aparece unha tradición pagana en Calzada de Calatrava, que ten que ver co feito do sorteo que realizaron os soldados romanos da túnica de Xesucristo. Resulta que no Casino Agrícola desa localidade celebran o xogo das "caras" con dúas moedas de cobre de Alfonso XII e con apostas de miles de euros. E nesta España en crise algún xubilado non ten pudor de dicir ante a cámara que perdeu 3000 euros apostando nesa mañá, pero que o ano pasado gañou 12000, como se nada. A comentarista di que "este ano se viron menos billetes de 500 euros no cadrado de apostas". ¿Pero onde saca esta xente eses cartos? ¿Isto é a crise? ¿Decláranse logo esas gañancias á Facenda?

E mentras, as bolsas europeas tremendo, a "prima de risco" dando sustos, a xente remexendo nos contedores de lixo buscando algún polo caducado que se poida cociñar... en Calzada de Calatrava déixanse nunha mañá miles de euros nun xogo que ninguén sanciona. Así non convencemos a Europa, dámoslles envexa pero ao mesmo tempo razóns para esixirnos. Agora agardamos os cambios en Educación e Sanidade e quedamos tan tranquilos, de nada serviu unha folga xeral que en Europa só mostraron cando se queimaron os contedores en Barcelona, coma se España fose Grecia. Téñennos ganas e nós deberíamos crernos con máis capacidade porque sabemos resolver os problemas. O malo é que os políticos que nos dirixen tampouco teñen nin idea. Mentras, en "Merkelandia" os enxeñeiros españois son os máis demandados por estar infinitamente mellor preparados que os deles, polo tanto a nosa educación non debe ser tan mala, e os xubilados holandeses, xermanos, ingleses, etc, veñen operarse aos nosos hospitais, mentras que en Holanda primeiro pagas e logo te atenden. ¡Que parvos somos ás veces... ou se cadra máis solidarios e moito máis europeos que todos eles xuntos!






sábado, 26 de junio de 2010

A Madrid, de formación.

Este año no sólo será para mi el año de Holanda, sino también el de Madrid. En dos meses, tres viajes. Primero, al examen el 15 de Mayo (San Isidro... ¡qué ambiente tan castizo había!); segundo, con la excursión de 6º en junio; y ahora en julio 4 días de formación para incorporarme a la plaza en Países Bajos, una sesión informativa de un día sobre los trámites que debemos hacer para residir en el exterior y tres días de presentación de las nuevas unidades didácticas para las ALCE's, llevando un portátil con wi-fi.

Vamos, que acabaré moviéndome por Madrid como por Coruña. La verdad es que siempre hay algo nuevo que ver en la capital. Durante la excursión de 6º fui por primera vez al Jardín Botánico o a la Warner, por ejemplo, y a ver si ahora aprovecho también para una pequeña escapada para entrar de nuevo al Prado, que me quedé con más ganas de Goya y Velázquez... ¡¡o para ver la pintura flamenca e irme aclimatando!! Cuando llegue a Amsterdam, vendrán las comparaciones, pero ya estoy recopilando información de alquileres,transportes, etc. Síiiiii, ya sé, que haya habitación de invitados.... Empezaré a hacer la lista de visitas, me da a mi que no voy a estar demasiado solo.


Chao