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domingo, 21 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 4: LAGOS DE PLITVIČE

Comenté que Croacia tiene muchas papeletas para ser un paraíso en la Tierra. Habéis visto fotos de Split y Zadar, con su atardecer inigualable. Pero eso no fue todo. Después de dormir 2 noches en Zadar llegó el día en el que lo que visitamos fue, sin duda, lo mejor del viaje: el Parque Nacional de los Lagos de Plitviče.

He visitado en España varios parques nacionales y espacios naturales: los Picos de Europa, Ordesa, las Tablas de Daimiel, Timanfaya, nuestras Illas Atlánticas... Por supuesto que nuestro patrimonio natural es único y visitar, por ejemplo, el paisaje volcánico de Lanzarote te asombra hasta el máximo. Pero después de esta visita os puedo asegurar que he estado en el paraje natural más bello que he visto en mi vida, que ya son casi 47 años.

Salimos de Zadar temprano, aunque ya con el día claro a pesar de ser las 7 de la mañana. Pagamos el parking (carísimo y sin descuentos por día completo, por cierto) donde habíamos dejado al llegar nuestro peculiar "handicap", el coche con matrícula serbia. Estaba en perfectas condiciones, así que encaramos la salida hacia la autopista para recorrer los más o menos 140 km. que nos separaban de la entrada a los lagos. De nuevo nos sorprendió el paisaje, ya que la autopista se aleja unos kilómetros de la costa y empieza a ascender entre montañas a una altitud considerable, de tal forma que se atraviesan unos túneles impresionantes, el mayor de más de 5 km de longitud. Luego te desvías por una carretera nacional y a pocos kilómetros llegas a la primera entrada al parque. Allí dejas el coche en un párking de pago, eran ya las 9 de la mañana y había colas, así que nos tocó esperar unos minutos para sacar las entradas. Enseguida enfilamos los caminos que te conducen al fondo de un cañón y llegas a un pequeño embarcadero donde unas lanchas con capacidad suficiente para unos 100 pasajeros te pasan a lo que es el inicio real de la ruta.

Y ahí empieza el espectáculo. Los Lagos de Plitviče son 16 lagos unidos por cascadas que deben su belleza a la sedimentación del carbonato cálcico que, al ponerse en contacto con la capa vegetal, origina un proceso químico que le convierte en piedra calcárea. Cuando se rompe esta simbiosis, la piedra se descompone, se deposita en el fondo de los lagos y de ahí la transparencia de estas aguas (esto lo he copiado literalmente de una guía).

30.000 hectáreas ocupa el Parque Nacional, Patrimonio de la Humanidad desde 1979. La caminata a los pocos minutos empieza a sorprenderte con esa sinfonía del agua con la vegetación y no te queda más remedio que echar mano de la cámara de fotos o el móvil para dejar constancia de tanta belleza. 


Cada tramo que recorríamos, más asombrados nos dejaba ante otro nuevo lago, otras nuevas cascadas y esa mezcla de tonos azules y verdes crean un escenario de cuento de hadas. Por otro lado, estaba todo exquisitamente cuidado: ni un papel, ni una botella en las aguas, solo pudimos ver un pequeño cochecito de juguete que seguramente le cayó a un niño al agua y no pudo recuperarlo. Familias enteras con niños, personas mayores, perros... iban disfrutando en medio de la horda de turistas que cada día recorren esos parajes. Los lagos se bordean o se cruzan por unas pasarelas de madera perfectamente integradas en el paisaje.


La primera caminata nos llevó tres horas, visitando lo que llaman "lagos superiores". En el extremo del último lago el sendero te lleva a una estación donde un autobús articulado te recoge para llevarte a la entrada nº 1 y visitar los lagos inferiores, donde está uno de los grandes atractivos del parque: la gran cascada. 

El desnivel entre unos lagos y otros es de 134 m. Cuando empiezas a descender para ver los lagos inferiores, ves el paisaje desde arriba y de nuevo la naturaleza te deja boquiabierto


A estas alturas, cerca ya de la 1 de la tarde, la presencia de personas aumenta, empieza a haber bastante aglomeración, sobre todo porque los grandes grupos empiezan por esta zona para ver esa cascada donde debe ser el lugar que más fotos al minuto se sacan en todo el país. Deciros que en determinados momentos estás parado en las pasarelas porque la gente no anda y el espacio es el que es. Pero por fin llegamos a esa cascada y desde luego no te deja indiferente


En ese momento, rodeado de tanta belleza y a pesar de algún grupillo de chavales que gritaban un poco haciéndose la foto de grupo, y después de toda la caminata, os puedo decir que me emocioné mucho. Me acordé de mucha gente que disfrutaría mucho de este lugar y de estos paisajes, en especial de mis hijos y sí, también de mi ex-mujer. Recordé momentos de vacaciones con ellos cuando formábamos juntos una familia y que estoy convencido que esto les sorprendería, a pesar de la caminata. Estar tan lejos de los tuyos en lugares así te generan el deseo de querer volver con ellos pronto y ojalá sea así. Son momentos en los que la mente se relaja y deja fluir las emociones más primarias y bueno, en fin, uno disfruta de lo que ve pero también tiene sus carencias y en ese momento salen a la luz. Es la fuerza de la naturaleza, sin más.

El camino de regreso es para coger de nuevo un barco que atraviesa uno de los lagos menores en una travesía más larga. Tuvimos que hacer cola unos 45 minutos porque había muchas excursiones, volver a subir hasta el párking, intentar comer algo y seguir viaje, porque el día no terminaba ahí. Y fuimos tocados por la suerte porque poco después de salir del embarcadero empezó a llover, lo que desluciría mucho la visita si no vas protegido por impermeables o paraguas. El caso es que de nuevo en la entrada comimos algo, pagamos el parking que a esas horas estaba completamente abarrotado y continuamos viaje. Paramos a pocos kilómetros a tomar un café, pero también a asimilar todo lo que habíamos absorbido porque sin duda fueron 6 horas espectaculares.

Sorprendían muchas cosas: los peces que los veías claramente en esas aguas tan cristalinas que hasta te apetecía meterte en ellas (está prohibido el baño); los árboles caídos al fondo de los lagos que conservaban íntegras sus ramas y tronco; incluso hay una cueva donde hay una colonia de murciélagos y te advierten que si entras es "bajo tu propio riesgo" (nosotros no entramos); los patos y seguramente otros animales (en las fotos promocionales aparecen osos) que tienen que vivir en un estado de paz inigualable. Si haces todo el recorrido a pie, la excursión son en total 19 km., pero la organización de la visita, con las lanchas y el bus articulado que para en tres estaciones, lo hace muy llevadero.


Desde luego este paraje es, sin duda, una gran fuente de ingresos del turismo en Croacia. En las localidades cercanas vimos carteles de cientos de casas que ofrecen hospedaje, ya que el lugar está un poco apartado de los circuitos turísticos (por suerte). Nosotros continuábamos viaje, nos esperaba el cuarto país de nuestro particular tour, y no por ello menos sorprendente. Aún teníamos más de 200 kilómetros de recorrido hasta nuestra siguiente parada: Ljulbjana, la capital de Eslovenia, pero eso será en otro post. El resto de las fotos de los lagos, en facebook. ¡¡Disfrutadlas!!

lunes, 28 de mayo de 2012

NO HAY QUE SEGUIR AL REBAÑO

Y esto lo digo turísticamente hablando. En un fin de semana largo y de mucho calor no queda más remedio que salir de casa y explorar, ya que este tiempo "lekker en gezellig" así lo pide. Ayer domingo me dirigí, cual oveja en el rebaño, a una de las atracciones turísticas más visitadas de Holanda, el conjunto de molinos de Kinderdijk (Patrimonio de la Humanidad). Después de clavarte 6 euros por ver un vídeo y visitar un molino por dentro, paseo por el canal donde están situados el resto de los molinos, fotos de rigor y mucha, mucha gente, no sólo turistas, sino también holandeses en bici y familias disfrutando de todo lo "lekker en gezellig" que estaba el día. No está mal, pero molinos hay en toda Holanda y como están más allá de Rotterdam pues no creo que vuelva, a pesar de que el tren rápido era ayer sin suplemento y el transporte interurbano "gratis, menheer"



Para aprovechar el día pasé la tarde en Rotterdam y me gustó más, ya que descubrí rincones con encanto y subí a una de las torres más famosas de Europa, el Euromast. En un lugar como este te puedes encontrar gente muy variopinta, desde un grupo de mujeres musulmanas abrigadas hasta el cuello hasta un grupo de orientales que se pusieron a rezar desde las alturas moviendo las manos en las que tenían algunos objetos de rezo de tipo budista (cuentas y campanillas). Mi curiosidad era tal que le pregunté por qué rezaban y una de ellas me contestó "por la bendición para esta ciudad". Al margen de esta anécdota, las vistas desde los distintos cuerpos de la torre (en el último subes a una especie de platillo volante que va girando sobre la estructura de la propia torre regalándote una vista de 360º durante varios minutos) son espectaculares, todo el puerto de Rotterdam, su área metropolitana y al fondo hacia el norte, La Haya (Den Haag, para los neerlandeses). Mereció la pena.



Pero la visita que más me gustó fue la de hoy. Podría deciros que ha sido el espacio cultural más bonito que he visto en mis dos años aquí. Ya el año pasado quise verlo, pero no pude acceder a todo el recinto porque sólo abría en horario de  primavera-verano. Se trata del Zuiderzee Museum, en la localidad de Enkhuizen, situada a orillas del antiguo "mar del sur", hoy IJsselmeer. Este museo quiere mostrar la vida de los pueblos pescadores del antiguo mar que quedó convertido en lago cuando se construyó el dique de cierre con el Mar del Norte. Pero lo han hecho tan bien que hay una parte exterior, la que visité hoy y que el año pasado estaba cerrada, que es un auténtico museo vivo. Se conservan las casas tal y como eran en el s. XIX y primeros años del XX, pero también las tiendas y los oficios, pudiendo realizar esos oficios con gente que se dedica a ellos y que desarrollan su trabajo de manera tradicional, incluso en su vestimenta. está adaptado a todo el público, especialmente a los niños, que realizan cualquiera de estas actividades. En estos pueblos, por ejemplo, se ahumaba el pescado. Pues puedes ver el proceso real con pescado de verdad que luego te puedes comer allí mismo; hay incluso una lavandería comunitaria con lavadoras de época impulsadas por energía obtenida del vapor del carbón, viendo allí al encargado usando esa máquina de vapor que da la energía a las otras, haciendo la colada.



Otras actividades que observé fueron: hacer cuerdas de forma artesanal, de tal manera que luego el niño o la niña puede usar para jugar con ella a la comba, vestirse con ropa tradicional holandesa (zuecos incluídos) para luego hacerte un retrato familiar de época por un fotógrafo profesional; jugar a los juegos tradicionales holandeses en la plaza anterior a la iglesia, construir tu propio barco de juguete con un zueco al que le pones velas para luego echarlo a un canal... Os aseguro que los niños disfrutaban de lo lindo y los mayores también, a mi me pareció lo mejor que he visto en museos en este país, al que hay que reconocer que para darle un sentido didáctico a sus ofertas culturales son unos genios. Además, el día acompañaba, así que desde que entré más o menos a la 1 y media de la tarde, y después de comer en uno de sus lugares de restauración, hasta que salí en barco hasta la estación a las 4 y media, fueron tres horas que disfruté al 100 %; si vas con niños tardarás más pero merece la pena, sin duda.

Además, el entorno es muy bonito, fuera de las grandes atracciones turísticas. El tren llega desde Amsterdam al final de la línea y allí puedes coger un pequeño barco que te deja en las puertas del museo, recorres toda su extensión, disfrutas de la información y de las actividades, comes y te vuelves a la estación de nuevo en el barco. Por lo que leí, el proyecto del museo se aprobó con la unanimidad de varios municipios costeros que donaron algunas de sus casas tradicionales. En algún caso fueron llevadas hasta allí en grandes transportes, otras fueron rehabilitadas, se conserva hasta el más mínimo detalle de su decoración, tanto de las casas particulares como las de los comercios, puedes comprar algunos de esos productos (en la panadería, en la quesería, en la farmacia, donde venden caramelos balsámicos y las famosas pastillas de regaliz que tanto gustan aquí...), ves la herrería, la cestería, la tonelería... En fin, un 10 para este espacio del que deberíamos aprender mucho en España.




Y nada más por ahora, a pesar de que me gustó mucho el museo, es en estos momentos cuando echo más de menos a los míos, sobre todo a los niños. Cuando visito algo solo y veo a las familias juntas disfrutando del entorno me entra cierta envidia y nostalgia, pero bueno, son las cosas de este período en el exterior, no siempre tus compañeros están disponibles para quedar y los amigos holandeses tampoco, pero  siempre hay que buscar la alternativa y ver las cosas positivas que puede tener la soledad, aunque haya momentos un poco "cuesta arriba". Queda poco, en un mes ya podremos disfrutar de las vacaciones, pero con mucho trabajo administrativo por delante. ¿Cómo es posible que en la era de Internet se hagan más papeles que hace 10 o 20 años? Síntoma de que algo falla en nuestra administración... ¿o será la crisis?

viernes, 25 de mayo de 2012

CRACOVIA, GRACIAS

Después del torbellino de emociones de Auschwitz el viaje continuó con otra excursión tras una breve pausa de una hora para comer en la misma calle en la que nos dejó el bus y cogíamos el siguiente. Hay que decir que todo lo que probé de comida polaca estaba riquísimo, mucha variedad de carne cocinada en diferentes estilos y un servicio rápido y eficaz. La visita de la tarde fue a otro de los lugares Patrimonio de la Humanidad muy cercano a Cracovia, las minas de sal de Wieliczka.

Estamos hablando de bajar a una profundidad de más de 100 metros en donde encontramos todo un conjunto escultórico realizado en las rocas de sal. La mina se explota desde el s. XIII y durante el recorrido por sus galerías, perfectamente acondicionadas y adaptadas a personas con disfuncionalidad, nos explican los métodos de extracción desde esas fechas y lo importante que fue la sal como mercancía. La sala "estrella" de esta mina es la iglesia tallada en la roca con todo tipos de relieves religiosos y, por supuesto, una estatua de Juan Pablo II, que curiosamente visitó este lugar tres veces en su vida pero nunca como papa.


(fotografía sacada del blog http://navegandoabizancio.blogspot.com)

La guía, la misma que tuvimos en Auschwitz, se metía con nosotros diciéndonos que procurásemos no perdernos porque no encontraríamos la salida. Puede ser, porque recorrimos más de 2 km bajo tierra por galerías laberínticas, pero cada sala que pasábamos era cada vez más espectacular. Y una de las mejores cosas llegó al final, cuando tienes que salir de la mina por el ascensor de los mineros, en la típica jaula que te sube los ciento y poco metros en 60 segundos.

Regresamos a Cracovia, y con mis recién estrenados amigos Pepe y Puri nos fuimos a cenar. Yo degusté comida georgiana: verduras, carne de pollo y una especie de arroz. Como al día siguiente tocaba el regreso y madrugar, pues nos despedimos enseguida y para el hotel. El trayecto en tren hasta Varsovia transcurre rápido porque el tren no para en 300 km, circula por una vía nueva en la mayor parte del recorrido, es un tren cómodo y en el que te invitan a una bebida en tu compartimento. Salió y llegó puntual a Varsovia, di un pequeño paseo por el entorno de la estación en el que te encuentras este edificio al más puro estilo soviético y que parece ser que a los lugareños no les gusta nada. Es el Museo de la Ciencia y de la Técnica, y os puedo asegurar que es una mole. 


Subí enseguida al aeropuerto, básicamente para no tener disgustos como el año pasado en Berlín que me encontré con el vuelo cancelado. Tras un susto inicial en el que creí que el vuelo estaba cerrado y no podía ni facturar, pude hacerlo, me dirigí al control. Por primera vez me hicieron abrir mi maleta de mano. revolvieron bastante y no sé qué buscaban: delante de mi había pasado un hombre con fajos de billetes que tuvo que depositar en las bandejas y que cachearon de arriba a abajo. Me fijé que llevaba enormes cantidades de dólares, billetes de 500 euros y otros, pero una cantidad considerable. ¿No hay un límite para sacar del país? Pero mi maleta parecía sospechosa por algo que llevaba en el interior: dos molinillos de sal que compré en las minas. Curiosamente uno de los regalos más típicos de Polonia casi no me deja salir del país. Y me quedaba el "sablazo" del viaje. Comer en el aeropuerto de Varsovia me salió mas´caro que dos o tres comidas en Cracovia, nada menos que 27 euros (más de 100 zlotys) por un plato con carne de cerdo, arroz y un agua. Y como había que gastar la moneda local el tiempo pasó rápido en las tiendas del "duty free", llenas de productos de la Eurocopa que acoge Polonia con Ucrania, creo que por lo menos este país está sobradamente preparado. El vuelo de KLM genial, con merienda y café incluidos, y la llegada a Amsterdam sin problemas.

Otro viaje más en mi mochila particular, muy satisfecho de lo que vi y por la gente que conocí. Lo mejor, llegué a Varsovia el jueves con 9º y salí de Cracovia con 26 y a día de hoy seguimos con temperaturas altísimas, me ha dicho alguna vecina que ni en verano se llega a esto, así que hay que aprovechar. Tenemos fin de semana de tres días (aquí el lunes es festivo), pero la semana que viene hay un "chollo" especial, la primera vez que se hacen unas pruebas oficiales en nuestras enseñanzas y estamos un poco a la expectativa para que todo esté bien organizado. En definitiva, vuelta a la rutina, pero ya poco queda.

Saludos a todos

lunes, 21 de mayo de 2012

VIAJANDO DE NUEVO

Hacer una visita como la que hice en el viaje que acabo de realizar es algo que te provoca, sí o sí, revolver tus sentimientos y cambiar la percepción del mundo en el que vives. He pasado 4 días en el sur de Polonia teniendo como eje la ciudad de CRACOVIA. Al citar su nombre nos vienen muchas cosas a la cabeza, pero probablemente la que está en mente de todos es la personificación del terror por su nombre recio y trágico: Auschwitz.

Pero vayamos por partes porque Cracovia es mucho más que el terror de los campos de concentración. La elección no me ha defraudado, ya que la hospitalidad polaca y el poder contemplar muchos lugares Patrimonio de la Humanidad han merecido la pena. Llegar con 9 grados y salir con 26 os da también una idea de cómo son las características climáticas de esta región, que no pude disfrutar más porque 3 días (más otro para volver) no llegan.

No os voy a contar los pormenores de los transportes, sólo que fui en avión a Varsovia y de allí a Cracovia en tren, pero todo funcionó a la perfección. las primeras horas en la ciudad fueron de toma de contacto en su casco antiguo, donde tenía mi hotel. Siempre opino que una gran plaza da mucha vida a una ciudad y también Cracovia tiene su plaza, la Plaza del Mercado, muy animada con puestos callejeros de artesanía variada y productos gastronómicos y terrazas de restaurantes donde alguna vez comí o cené, por cierto, exquisito todo. Hay otra figura importantísima para esta ciudad y de la que se saca tanta rentabilidad a nivel turístico como con cualquier mito de la música, el cine o la historia. Sé que las comparaciones no suelen ser muy afortunadas, pero en este caso creo que se cumplirán, ya que se dice que hay muertos que dan más dinero desde su defunción que en vida, como puede ser el caso de Elvis, Marilyn, Van Gogh o Mozart. Pues Juan Pablo II no se quedará corto, ya que como sabéis era originario de esta región y era cardenal de Cracovia cuando fue elegido papa allá por 1978.

Las visitas que hice las contraté con guía turístico en español. El primer día tuve visita a pie por la ciudad, el barrio judío, el ghetto y la fábrica de Óskar Schindler. También a Spielberg le debe mucho el turismo de esta ciudad. Bruno fue el guía que nos llevó a mi y a otra pareja de Madrid, Pepe y Puri (desde ya dos grandes amigos) por todos estos lugares. Ver escenarios de la película y poder ponerte en situación de lo que vendría al día siguiente fue muy instructivo, sobre todo por el buen hacer de Bruno, con un dominio del español muy bueno. Por cierto, no sé si me llegará a leer, pero será papá a finales de año y nos lo comunicó en la visita, así que suerte...¡y que sea niña! ;)

No se puede describir aquí todo lo que se siente ante el horror que supuso el nazismo para el pueblo judío y para toda Europa en la II Guerra Mundial, pero en la fábrica de Schindler se te ponen los pelos de punta por muchos motivos. Las emociones, los sentimientos, las lágrimas afloran a tus ojos a cada momento intentando
imaginar que el horror que se nos muestra no es ni una mínima parte del terror real que se debió vivir en los primeros años 40 por esta gente. Schindler desde luego fue un gran hombre, ayudó a mucha gente y la humanidad lo conoce gracias a la película, esperemos que no lo olvide. Y ojalá haya muchos hombres como él en todas las guerras que todavía continúan por el mundo. Esta es una foto de la máquina con la que se escribió la famosa lista.



Visitamos también la colina de Wawel, lugar donde se asienta la catedral de Cracovia y donde se dice que hay una energía especial porque se conserva una de las 7 piedras del Universo. Esto origina la leyenda de que, a pesar de que Cracovia soportó muchas guerras e invasiones, nunca fue destruída. Fue una visita rápida porque estábamos ya bastante cansados y necesitábamos comer. Por la tarde seguimos callejeando por el animado casco antiguos en un día en el que nos encontrábamos muchos estudiantes disfrazados ya que era su día, entre ellos muchos españoles de Erasmus. La verdad es que una ciudad como esta te recordaba a Santiago o Salamanca y ni que decir tiene que dan mucha vida a un lugar como este.

Al día siguiente tocaba la visita más difícil, pero eso en otro post porque tengo que pensar bien lo que pongo y cómo lo pongo, no fue fácil y hubo que aguantar muchas emociones.

viernes, 13 de abril de 2012

VIAJE A LUXEMBURGO (I)

Bueno, ha llegado la hora de irse de nuevo de viaje. Con motivo de las fiestas de Pascua aquí no se trabaja el Viernes Santo ("Goede Vrijdag") ni el Lunes de Pascua ("Tweede Paasdag"), así que 4 días para conocer mundo. El destino elegido fue Luxemburgo, me habían recomendado ir porque era muy bonito, así que como el avión salía caro y dentro de Hoalnda tengo descuento en el tren, por 76  tuve un viaje de ida y vuelta, eso sí, con peripecias.

Salí el viernes a las 7'45 h. con previsión de dos transbordos, en Maastricht y en Lieja. Nada más salir de Amsterdam anuncian por la megafonía del tren que ese convoy se quedaría en Utrecht porque había fuego en un aseo. El caso es que de nuevo otro "capullo" de esos que florecen en primavera le dio por fumar en el baño y saltó la alarma de fuego. Así que todos abajo y a esperar media hora por el siguiente tren. Consecuencia: pérdida de los enlaces y alargamiento del viaje en 2 horas más. En fin, es lo que tienen las vacaciones. Llegué a Maastricht y tenía espera de 50 minutos por el tren fronterizo a Lieja, muy similar al que cruzaba a Portugal desde Vigo, un pequeño automotor de los ferrocarriles belgas atestado de gente. Pero la llegada a Lieja fue de lo más espectacular por el edificio de su estación, una obra impresionante de arquitectura moderna, aquí os dejo una foto.


El tren directo a Luxemburgo tardaba una hora y poco más en salir. Un tren cómodo pero que fue invadido por una horda de chavales en torno a los 20 años que por lo que deduje iban a un festival de música tipo Ortigueira pero creo que de música tecno, cargados con mochilas, tiendas de campaña, bebida, comida. Pensar que iríamos como sardinas hasta Luxemburgo me agobió un poco, pero el caso es que su destino era Gouvy, el último pueblo belga en la montaña de las Ardenas. El paisaje hasta allí era precioso, un trayecto muy recomendable sobre todo viendo todos los días el terreno llano holandés, entre montañas, bosques, valles y ríos. En Gouvy el tren quedó aliviado y en pocos minutos entramos en el Gran Ducado de Luxemburgo. La belleza del paisaje continuó durante varios kilómetros y en apenas una hora entramos en la capital del país, la ciudad de Luxemburgo.

Pues bien, imaginaos una ciudad poco más grande que Lugo u Ourense, una estación internacional y grandes avenidas hasta el centro histórico. Enseguida me acerqué al hotel, al lado de la estación y empecé la ruta. Toda la tarde estuve paseando por el centro viendo los monumentos y atracciones principales. Al regresar al hotel tuve la sensación de que tres días en esa ciudad eran demasiados... y no me equivoqué. Tuve tiempo de tomarme las cosas con mucha calma y de descansar lo suficiente.

El atractivo de la ciudad es ver su centro histórico y el peñón y las casamatas del Bock, origen de la ciudad y declaradas Patrimonio de la Humanidad. Servían de defensa ante los ataques enemigos y hoy se pueden visitar por su interior en un laberinto de galerías no apto para claustrofóbicos. Desde el exterior las vistas son espectaculares sobre el valle de Luxemburgo, pero es una visita que en poco menos de dos horas está terminada. Esa fue la ruta del segundo día, y a la hora de comer de nuevo la sensación de ¿y ahora qué?


Por la tarde me acerqué en tren a la segunda ciudad del país, pero no penséis en Barcelona, sino en una localidad como Vilagarcía o algo así. Esch-sur-Alzette está unos pocos kilómetros al sur y era un centro siderúrgico que acogió a cientos de inmigrantes portugueses, de hecho escuchar nuestra lengua hermana por las calles te hacía sentir como en casa. Visité un museo, tomé un café atendido por una agradable portuguesa y despidiéndome con un "boa tarde e obrigado" y vuelta a Luxemburgo. El tiempo tampoco acompañaba mucho, no llovía pero hacía frío, así que en torno a las 7 de la tarde ya estaba de vuelta en el hotel, esperando una horita para cenar y más o menos a las 10 a dormir. El domingo ya tenía planificado lo que iba a hacer, pero eso irá en otro post.