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lunes, 23 de abril de 2018

TUTORÍA PARA UN ADOLESCENTE

Mi hijo está haciendo un ciclo de Formación Profesional. Después de mucho penar por la cuestionada ESO, durante la cual llegó a repetir un curso y durante 5 años fue para él un suplicio, acabó aprobándola en septiembre de 2017 y en pocos días teníamos que matricularnos en "algo" para seguir la formación. Atraído por los ciclos formativos de varias ramas, al final empezó un ciclo medio de la familia de Comercio y Marketing que lleva el nombre de "Actividades comerciais".

El instituto que lo oferta en A Coruña no está cerca de casa, por lo que tiene que levantarse temprano, coger un autobús urbano y luego andar un poco hasta llegar a su centro educativo. En su clase no iba nadie que conozca, así que tuvo a narices que buscar sus estrategias para integrarse en el grupo asignado y empezar una nueva etapa educativa. Al principio empecé a preguntarle cómo se encontraba y un día mientras comíamos su respuesta fue como una demoledora sentencia: "al menos es útil".

A partir de ahí solo quedaba esperar a las notas del primer trimestre. 7 asignaturas o módulos, con un horario exigente, mucha práctica más que teoría y el resultado llegó: 6 aprobados y una asignatura suspensa, FOL (Formación y Orientación Laboral), que dada la novedad pues había que tener cierta indulgencia. En el 2º trimestre la rutina de ir al instituto se estableció pero en casa no le veía trabajo alguno con sus asignaturas y mucho juego en el ordenador. Llegaron las notas y hubo un suspenso más, por lo cual decidí solicitar una entrevista con su tutora, profesora además de la segunda asignatura suspensa.

Allá me fui el viernes pasado, en una situación que me parecía bastante extraña ya que en un aula de ciclos formativos hay alumnado que bien podría estar ya en la Universidad, muy heterogéneo en intereses, edades, situación personal, etc. La tutora me informó de la situación de mi hijo de una manera cordial y opinando sobre lo que ella pensaba acerca de su motivación, intereses, situación en el aula, etc. Y no se equivocó mucho. La cuestión es que hablamos de un adolescente de 17 años que básicamente es eso, ADOLESCENTE pleno. Y un joven aún menor de edad que en su aula tiene gente bastante mayor que él y con los que se relacionan pero sin soltar prenda en casa, eso sí, con una actitud últimamente contestataria, desafiante, introvertida y en la que un adulto de 48 (o sea, yo) no debe inmiscuirse bajo amenaza de ser calificado por tu propio hijo de carca, antiguo, etc.

Nunca pensé que iba a vivir esto. Porque yo con 17 fui rebelde con las normas, aunque en el instituto no tenía problemas y en casa tampoco muchos, a pesar de enfrentarme con cierta frecuencia a mi padre sin llegar más allá que la típica y tópica discusión adolescente. A su favor tengo que decir que mis padres jamás se metieron en mis gustos, en mis salidas de ocio, en mis aficiones... sabían con quien andaba, confiaban y nunca, por ejemplo, tenía hora para llegar a casa un sábado por la noche. Pero la diferencia es que yo era completamente autónomo e independiente para organizar mis horarios, mis estudios y mi vida, llena de cambios y transformaciones en esa etapa difícil que de una manera u otra te marca.

Pues bien, reconozco que no soy capaz de ver esa situación en mi hijo y últimamente discutimos con más frecuencia. No lo veo autónomo ni independiente a pesar de que dice que ojalá pueda irse pronto de casa y vivir en un piso de alquiler "con sus amigos". Hay días que ni lleva llaves, ni móvil, ni dinero y cuando vuelve a casa y le digo que cómo se le puede olvidar todo su respuesta es "¿y para qué me hace falta?". Definitivamente, es posible que me esté haciendo viejo.

Esperemos pues a junio, a las temidas notas finales. Su tutora me dio esperanzas y me contó que no es difícil aprobar, pero que sí le gustaría verlo más motivado y con más interés por el ciclo que está haciendo, dado que estos estudios están enfocados a integrarse mejor en el mercado laboral. Y esa palabra clave, MOTIVACIÓN, es la que deberíamos meternos todos los que nos dedicamos a la docencia en la cabeza, desde Ed. Infantil hasta la Universidad.  Creo que en las primeras etapas educativas los maestros somos bastante motivadores, pero donde falla estrepitosamente la estrategia motivadora es en la ESO. Y no creo que sea por la calidad de los profesores, habrá de todo como en botica, sino por la propia estructura de la etapa y de las decisiones que en los claustros de profesores se toman sin tener en cuenta lo mismo que le está ocurriendo a mi hijo: los cambios de la adolescencia y el despertar a la vida, fundamental para ellos y encorsetados para nosotros que creemos que somos los poseedores del guión absoluto de su evolución y no, no lo somos. Podemos marcarles el camino pero no hacerlo por ellos, tienen que tropezar y caer, levantarse y seguir, evitando poner obstáculos innecesarios e intentando suavizarles y ayudarles en los más duros. Pues en esas estamos, entre medias con cabreos absolutos, esperemos que en un par de años o tres si sigo aquí escribiendo pueda contaros que algo hemos conseguido.


domingo, 5 de noviembre de 2017

LO IMPORTANTE DE LA VIDA

Parece que han pasado años. Las noticias de los informativos te bombardean con los mismos temas día tras día. En España llevamos dos, tres, cuatro meses con la palabra CATALUÑA metida hasta la médula: aparece en las comidas familiares, en las reuniones de trabajo, en las conversaciones de autobús, en los bancos llenos de jubilados tomando los últimos rayos del sol de este "veroño" cada vez más largo, en las aulas de Universidad, Secundaria y sí, también Primaria. Hay un sobreexceso de información, el 90% sesgada según quién te la cuente. Y uno se satura. Contertulios y columnistas intentan demostrar que saben la historia de este territorio de pe a pa y nos quieren hacer creer que tienen razón en según qué cosas. Yo estoy cansado ya de exponer mi postura sobre este tema y no voy a seguir. Y todo este circo tapa los verdaderos problemas que tenemos en España: continúa la corrupción, continúan las consecuencias de los recortes, sigue la economía subiendo muy poco a poco, sigue habiendo gente en paro y vemos que el país no avanza, que no remontamos.

La rutina de los meses finales del año con el curso iniciado te envuelve en tu trabajo, en atender a tus hijos, en ESTAR, atendiendo a lo que depara la vida, positiva o negativamente. Compra cotidiana, una llamada para ir a algún evento cercano, una cita médica y pocos, muy pocos ratos de ocio. Ese día a día es el que en realidad nos da las satisfacciones más intensas, lo que se suele decir "ser feliz", ya que esa meta de felicidad no existe sino en las cosas que vivimos a cada momento, con tu vecina, con los empleados del supermercado, con tus alumnos, con el repartidor de correos, etc.

Y en ese devenir planificas a corto plazo que hay una reunión en el colegio de tu hija, que tienes que acudir a la ITV del coche, que mamá tiene que llevar flores al cementerio para el 1 de noviembre o que tienes que acudir a una cita importante. Y por cualquier circunstancia tu vida puede cambiar en pocos segundos para siempre por un suceso afortunado o por una desgracia. Y pones los pies en la tierra comenzando a reflexionar qué es lo importante de la vida.

Hoy me ha pasado algo así. En realidad, no me ha pasado nada. Simplemente ocurrió. Una tarde de sábado normal, con mi hijo fuera de casa con sus amigos y mi hija en Padrón en compañía de la familia de allí. Yo en casa, haciendo cosas pendientes, y pasando el tiempo en el ordenador. Y de repente... ¡¡PLOF!! Una sensación de vulnerabilidad, de que no controlas nada de lo que te ocurre, de que todo puede dar un giro de 180º y a replantearse todo de nuevo. Hace pocos días a una compañera de afiliación política le sucede una alteración inesperada en su salud, con ingreso hospitalario incluído y de carácter grave. Y tal vez fue eso realmente lo que estaba ahí, en lo profundo de tu inconsciente, lo que generó esa sensación de no ser nadie, de estar a merced de lo que te marca el destino, a veces por actuar con dejadez o con cierto desdén, otras veces por todo lo contrario, porque no puedes controlar todo lo que ocurre a tu alrededor.

Y esa sensación me agobia y me da un bajón tremendo. Es un síntoma de inseguridad. Estuve unas horas un poco preocupado y no muy receptivo. Además, no tenía a mis hijos cerca y el deseo de tenerlos en el "nido" hizo mella en mí. Supongo que será algo atávico, pero más cerca de los 50 que de los 40 el ser humano creo que empieza a valorar lo que pongo en el título, lo importante de la vida. Que básicamente consiste en que tengas la certeza de que a tus descendientes los has educado como mejor has sabido, que les has dado la educación en la que crees, pero sobre todo, que les has hecho sentirse seguros y queridos, que tienen en ti un referente y un modelo y que tengan la certeza de que nunca, nunca, se ha tomado una decisión para perjudicarles o hacerles daño, aunque a veces el efecto haya sido ese en momentos de riña, discusión o disparidad de criterios... ¡¡sobre todo cuando tienes ya dos adolescentes en casa!!

Ahora entiendo a los padres y a las madres que dicen que solo desean lo mejor para sus vástagos y que si tiene que pasar algo que les pase a ellos mismos. Yo también he tenido hoy ese sentimiento, pero mezclado con la sensación antagónica y el dilema de "¿lo estaré haciendo bien? ¿Hay algo que me puedan reprochar en el futuro emocional o moralmente?" Seguramente sí y sinceramente eso duele mucho. Duele porque no es intención de un padre que eso ocurra, pero a veces actuamos o tomamos decisiones sin sopesar el efecto que pueden tener en nuestros hijos. Cuando salen noticias de menores en situaciones graves o incluso asesinados, intentas entender o empatizar y resulta completamente imposible. Yo sé que cometo errores en la crianza y en mi vida diaria y espero no me pasen factura porque cuando actúo, lo hago siempre por un objetivo positivo. Hay gente que dice que tengo una estrella y yo creo que no es así, simplemente actúo según lo que me dice mi instinto, mi razón y mi experiencia. A veces debería reflexionar un poco más en determinadas situaciones, pero tengo la sensación de que el tiempo pasa y tengo muchas cosas por hacer.  Ojalá pueda seguir así, con momentos duros de los que hay que aprender con resiliencia  y con momentos felices que me den plenitud. Desde luego lo intento día a día y por supuesto, lo primero ellos, qué duda cabe. Y no lo digo yo, también lo dice Mafalda ;)




domingo, 12 de marzo de 2017

FAMILIA NUMEROSA

Mi abuela paterna era hija de un matrimonio que tuvo 14 hijos; mi abuela materna eran 9 hermanos, al igual que mi abuelo materno... Esas cifras de hijos eran habituales en matrimonios de finales del s. XIX y principios del XX, sobre todo en el rural de Galicia y en muchos lugares de España. También es verdad que algunos miembros de esa prole morían pocos días o semanas después de nacer o en sus primeros años de vida. Situaciones económicas de las diferentes regiones o países hicieron que muchos de ellos y ellas emigraran y nunca más se supiera de los que un ¿buen? día marchaban de su casa con una maleta. En mi familia hay algún caso.

En España, la Guerra Civil segó la vida también de muchos de estos hijos e hijas jóvenes, muchos de estos muertos están en cunetas sin identificar y sus familias jamás recibieron sus restos. En la posguerra el número de descendientes de un matrimonio aún se mantenía alto aunque ya empezaba a bajar, mi padre por ejemplo fueron 6 hermanos (uno muerto al poco de nacer) y mi madre es hija única. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral y la revolución sexual que introdujo los métodos anticonceptivos (en España, como no, siempre tarde, mal y arrastro) el número de hijos cayó drásticamente. Ya en mi generación y en ambiente urbano era muy raro tener algún compañero o compañera que fueran 4 hermanos o más. El envejecimiento de la población en España y especialmente en Galicia se ha tornado un gran problema. Igualmente, muchas parejas o personas a nivel individual deciden tener solamente uno o dos hijos, de tal forma que hoy está considerada familia numerosa aquel núcleo familiar que tenga 3 menores a cargo, 2 en el caso de que uno tenga valorada una disfuncionalidad.

Y esto se nota en los colegios también. Un día se me ocurrió preguntar en mi clase quienes eran hijos únicos y curiosamente la mayoría lo eran. Por eso cuando aparecen noticias como la que os voy a contar y dio origen a este post, me pongo a pensar un poquito.


He esperado unos días para publicar el post porque me quise enterar un poco de la historia de esta familia. Tengo el recorte del periódico local de A Coruña, pero poniéndolo en Google aparece la noticia en todos los periódicos de España y en las webs de organizaciones de claro carácter católico o ultracatólico, algún partido político minoritario y hasta un reportaje que se les hizo en un conocido programa de la televisión pública

Esta familia tuvo 18 hijos, el mayor de 25 y el más pequeño de 7. Echando cuentas la madre fue a embarazo por año. Pero esto no es lo que me ha llamado más la atención, sino el hecho de que varios de esos chavales han nacido con una cardiopatía congénita y tres de ellos murieron, por lo que los médicos recomendaron a la familia que no tuviesen más hijos, a lo que el matrimonio hizo oídos sordos y continuó con su idea, formar una gran familia.

Yo aquí empiezo mi reflexión. El padre se ha muerto de un cáncer fulminante con 56 años. La madre había escrito un libro hace tres años sobre la experiencia de formar y vivir en una familia numerosa. Hace escasamente año y medio recibieron el premio Familia Numerosa Europea del Año... ¿y ahora qué?

Desde luego el dolor por la pérdida de este hombre tiene que ser inmenso entre sus hijos y yo no voy a cuestionarlo, pero, ¿de verdad se plantearon seriamente alguna vez la trascendencia de la decisión que tomaron cuando empezaron a formar su familia y sobre todo, a desoir los consejos de los médicos? Porque tener encima la espada de Damocles de una enfermedad crónica como tienen algunos de sus hijos y vivir el sufrimiento de perder a tres, ¿es realmente consciente? En alguno de los artículos que leí, su fundamento tiene una fuerte convicción religiosa. No soy yo quién para criticar la fé de alguien, pero igual que un juez en algunos casos obliga a hacer una transfusión de sangre a un menor de otra religión al que sus padres se niegan a tratar médicamente, ¿qué pasaría si en un futuro uno de estos hijos se "rebela" contra su madre (su padre evidentemente ya no) y sus hermanos porque está padeciendo una enfermedad crónica que le puede matar?

Siento mucho la pérdida de este hombre, sobre todo porque pienso en sus hijos que se han quedado sin uno de sus referentes fundamentales, pero me asombra que ningún medio de comunicación o tribunal hable del grado de responsabilidad o irresponsabilidad que tenía este matrimonio con su decisión. Porque ahora queda una mujer sola con 15 hijos, imagino que un presupuesto para sacarlos adelante mermado y... bueno, en fin, no sé, yo no me imagino verme en una situación así y desde luego es una excepción importante a lo que hoy es el cánon de familia y de crianza de los hijos.

Solo espero que en unos pocos años tengamos alguna noticia de cómo les va en la vida a este clan y que se dé una información veraz y objetiva de su día a día porque si ya dos hijos agotan con sus actividades, situaciones vitales, enfermedades y problemas, llevar el control de 15 tiene que ser una dedicación exclusiva. Les deseo toda la suerte del mundo en esta nueva etapa sin su padre y ojalá podamos saber de ellos, como dije, en pocos años.


jueves, 31 de diciembre de 2015

OTRO AÑO MÁS

10, 11, 12, 13, 14... y 15. 5 años y medio escribiendo y esta aventura sigue. Se acaba 2015 y mucha gente hace resumen de cómo le ha ido el año. Los lectores que me siguen ya han ido leyendo que este año ha estado muy marcado por la política en España. Y yo metido en ella. En unos momentos en que la política y sobre todo los políticos están tan cuestionados y desprestigiados, allá voy yo y me enrolo plenamente en las actividades de mi partido. Sinceramente, no me arrepiento. He conocido a gente interesantísima, vinculada a diversos colectivos de la ciudad y con experiencias vitales y laborales fascinantes. Muchos de ellos forman ya parte de mis amigos y también ellos y ellas me han acogido con entusiasmo, cariño, alegría... a pesar de que los resultados obtenidos no fueron los esperados tanto a nivel municipal como nacional, por causas que en el futuro estudiarán los politólogos. No me voy a extender con este tema porque alguno de vosotros me ha dicho que estoy demasiado enfrascado en este tema y que aburre. Pero sí diré que para mí ha sido también una gran terapia para esos momentos de soledad que aún mantengo, a pesar de que mucha gente quiere que encuentre a alguien para "resetearme" y re-comenzar.

Hay momentos de reflexión, mucha. No es que sienta la necesidad de tener pareja, pero sí que no me gustaría vivir siempre solo. Pero también he aprendido a conocerme mejor, a sobrellevarlo y a disfrutarlo y a veces pienso que no es fácil adaptarse ya a estas edades a otra persona que también lleva su bagaje a cuestas en experiencias vitales. Es decir, que cada vez nos hacemos más exigentes con las otras personas que se acercan a tu vida sobre todo porque no quieres más engaños ni desengaños. Eres más cauto y buscas, sobre todo, no sufrir. Así que la rutina de trabajar en el colegio, con mi "tribu" de 24 personajes que dan para una buena película, sumado a los avatares de los estudios y las vidas de mis hijos, llenan muchas horas. 

Económicamente no voy a decir que estoy mejor. Se puede decir que sobrevivo con lo que me queda después de lo cobrado por mi trabajo y desembolsado las obligaciones monetarias de un divorcio, resumidas en parte de la hipoteca de la que fue casa familiar, mi alquiler y la pensión de alimentos. En estos tres conceptos se van prácticamente 2/3 de mi sueldo, así que os podéis imaginar la austeridad que me toca vivir: mi "fin de mes" generalmente está por el día 10, así que no queda más remedio que estirar y estirar y sacar de donde no se puede o de los ahorros, que merman a velocidad de vértigo. Aún así, desde el año pasado y a raíz de una conversación con una amiga, tengo una pequeña fórmula para ir haciendo un "fondo" que me dé para algún capricho: meter cada día 2 euros en una hucha, por lo que al acabar el mes tienes ahí 60 euros que, si se van acumulando, dan por ejemplo para poder salir una semana de vacaciones en verano en compañía de un par de grandes amigos y rebuscando ofertas de vuelos y alojamientos por ahí adelante. Eso sí, si no surge un imprevisto que te trastoque todo, como ahora en Navidades que, a pesar de la paga extra, entre regalos de los niños y demás cosas, gran parte de ella se va. Y es que hoy comprar cualquier cosa con un mínimo de calidad para un crío te dejas 30-40 euros, descartando por supuesto cualquier artilugio tecnológico, y hay sobrinos y ahijado a mayores a los que también hay que corresponder.

Y poco más. Que ha sido un año de asentamiento, esperando que 2016 mejore las cosas. Siento que el tiempo pasa volando, que estoy ya más cerca de los 50 que de los 40 y que mis mayores cumplirán en pocos días 80 años. ¡¡80!! Yo firmo llegar a ellos porque aunque la esperanza de vida lo hace fácil, lo importante es llegar en forma y con pocos achaques, pero esta vida estresada que llevamos nos lo pondrá difícil. Siempre fui un poco hipocondríaco, pero es que pensar que te puedes ir de esta vida en unos segundos por un infarto o un accidente, te deja un poco temeroso, porque hay dos niños que te necesitan y que, a pesar de alguna riña que otra, hay que enseñarles a escoger su camino y solo le pido a la vida que me los deje ver encarrilados y felices, o al menos, intentando serlo. Se quiere tanto a los hijos que, aunque parezca melodramático, mi vida son ellos, mi mente está en ellos y es complicado explicar ese vínculo paterno-filial que es, básicamente, una de las cosas por las que merece la pena existir.

¡¡¡BUFFF, qué filosófico!!! ¡¡Pero si se acaba el año, no se acaba el mundo!! Aunque a veces parezca que sí viendo determinadas noticias en la prensa o la televisión. Normalmente pienso que los años que existen acontecimientos deportivos internacionales (Mundial de fútbol o Juegos Olímpicos)  la gente focaliza su existencia en ellos y elude las realidades que viven muchas personas. 2015 no ha sido el caso y nos hemos conmocionado con varias noticias atroces: los atentados yihadistas, la travesía de los refugiados y en España la lacra de la violencia de género, que sigue provocando muertes de mujeres en cifras intolerables. De todo ello ya fui hablando en el blog y para mí la imagen del año es la de Aylan ahogado en las costas de Turquía. A mí se me encoge el estómago viendo sufrir a la gente de esa manera y trato de ayudar desde aquí como puedo. No me importaría acoger a gente en mi casa, pero desde que saltó a los medios el drama desde Grecia a Alemania, atravesando Hungría, los Balcanes, Austria y viendo las imágenes que vimos, los gobiernos no mueven ficha. Todo parece que ha quedado en acciones simbólicas acogiendo a una familia en concreto que fue noticia pero no en medidas realistas de acogimiento e integración para toda esta gente. Y claro, con estas situaciones también surgen comentarios xenófobos que me enervan al máximo. Es difícil aguantar la racionalidad cuando alguien a quien consideras formado cuestiona que no se deba ayudar a esta gente y te habla con desprecio de seres humanos que están viviendo un drama. Yo siento que no aguanto en casa, que me cogería hoy mismo un avión y me iría a donde pudiese ayudar, pero claro, tampoco puedo dejarlo todo de repente y marcharme a Serbia, por ejemplo, para hacerlo. Ver a los niños sufrir, pasar frío, hambre, llorar, dormir en un colchón en un bosque... son imágenes que nos tienen que hacer pensar un poquito qué somos y sobre todo cómo somos. Confío que en 2016 este tema mejore y podamos llegar a tener a toda esta gente asentada y comenzando una vida nueva, lejos de bombas y fanatismos medievales. Sin embargo, en 2016 hay Juegos Olímpicos y seguro que en esas fechas todos estaremos mirando a Río de Janeiro mientras en el Mediterráneo se siguen ahogando personas que aunque para nosotros son anónimas, tienen nombre y apellidos.

Por eso cuando algo bueno pasa, aunque sea por azar, me emociono y me saltan las lágrimas. La última vez el día 22, cuando tenemos a los agraciados de la lotería de Navidad en la tele mientras para el común de los mortales españoles es el "Día de la Salud". Este año, en Roquetas de Mar, la vida ha cambiado para un inmigrante senegalés que lleva 8 años en España y que ese día le tocaron 400.000 euros. Cuando los reporteros lo entrevistaron y dijo que él había llegado en patera y que ese día solo tenía en el bolsillo menos de 5 euros para comer, piensas que, al menos para unos pocos, se hace justicia. Me alegro por Nguema y por todos los que la fortuna les sonríe, de una forma u otra, alguna vez en la vida, yo me emocioné como lo hizo él al contar su historia y empezar a llorar. Mi hija cuando me pongo así me mira y se calla, pero lo comprende porque me acaricia. Eso también es una buena lotería. Y aunque el dinero no da la felicidad, desde luego ayuda, y en este caso, mucho; si aún por encima te acarician, eso ya es lo más.

Bueno, resumiendo, que no le pido nada especial a 2016. Bueno, sí, le pido VIVIR, con mayúsculas y con todo lo que eso implica. Ahora me fijo más en las pequeñas cosas y cualquier detallito me hace ver que la vida es eso, vivir el momento, disfrutar de las pequeñas cosas. No hay recetas mágicas para la felicidad. Me conformo con mi coche pequeño de dos puertas (¡¡aunque no niego que lo cambiaría por uno de cuatro!!), con que no llueva, (o sí), con que pueda comprar los regalos de Reyes o esa cartulinas de colores que me pide mi hija, por cuidar de una planta de casa y conseguir que no se seque, con las ocurrencias de mis alumnos en el día a día y ¡¡poder ver Eurovisión!! Y si llegan los ahorros, poder disfrutar de esa semana de vacaciones con un par de amigos compartiendo experiencias por el mundo porque es lo que nos llevaremos y lo que recordaremos siempre con una gran carcajada. En fin...

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!


lunes, 28 de abril de 2014

CUANDO ME EMOCIONO

Aquel que me conozca sabe que soy de lágrima fácil. Nunca encontré una explicación a las lloreras que me dan por cualquier cosa que al simple mortal le podría provocar risa o simplemente una alegría solidaria y compartida. Hoy he tenido una sensación de emoción ante un evento que quise haber vivido pero no pude hacerlo y que ocurrió en A Coruña.

Desde hace unas semanas se ha anunciado por toda la ciudad una maratón. Creo que es la primera vez que se celebra aquí y ya desde ayer había cierto ambientillo por las calles. Observaba que había gente con ropa deportiva paseando, con un perfil muy claro de corredores de fondo (o corredoras). Las calles estaban siendo preparadas para la carrera y en los carteles de tráfico anunciaban durante toda la semana que habría cortes de tráfico en el centro por este motivo.

No estuve en la ciudad desde primeras horas de la mañana ni accedí a Internet. Cuando llegué a casa, en "La Voz de Galicia" publicaron las fotos de la carrera... y ahí llegó mi emoción.

Yo creo que jamás podré correr una maratón ni siquiera 1000 metros sin "botar os folgos" como decimos por aquí. Por eso ver a gente de todas las edades que llegan a la meta, gente incluso con disfuncionalidades físicas, entrar de la mano de tus hijos que te están esperando o mirar al cielo para ofrecérselo a alguien que está allá arriba observándote, tiene que ser algo único para una persona. Yo he sentido emociones así en ocasiones muy contadas. La más clara, cuando vi nacer a mis hijos, momento único que me llevo yo siempre en mi bolsillo y que su madre no pudo disfrutar cómo yo lo hice; también cuando entré de peregrino en la Plaza de la Quintana de Compostela después de 35 días de caminata desde Francia por el Camino de Santiago. Recuerdo perfectamente ese momento y cómo me preparé para ello. Son logros que uno consigue y que hacen que te sientas único en el planeta, pleno, feliz, realizado e importante en el mundo.

Por eso, cuando hoy vi las fotos de la carrera, no puedo tener más palabras que las de admiración por todos esas personas que de un modo "amateur" se han propuesto la meta de acabar. Daba igual el tiempo, lo importante era el objetivo personal. Me hubiese encantado estar en las calles de Coruña animándoles porque me emocionaría mucho. Desde luego, el año que viene no falto si se repite. 

Mientras, seguiré emocionándome porque eso significará que estoy VIVO, que siento, que amo, que río, que lloro, que me cabreo y que disfruto. Cualquier detalle o acontecimiento que genere alegría en la gente o un profundo dolor, me emociona y lloro. Por poner dos ejemplos antagónicos claros, lloro de contento viendo a la gente que le toca el "Gordo" de Navidad, por ejemplo; pero también lloro cuando una tragedia sacude a alguien o algo cercano a ti, como el día fatídico del accidente de tren de Santiago en julio pasado.

Mis hijos también me hacen llorar cuando me abrazan y me expresan lo que sienten, cuando me miman y también cuando me "exprimen" y me someten a pruebas de "stress", que lo hacen. Me hicieron llorar mis alumnos de Ordes cuando acabé allí en 2010, al igual que la última reunión con las familias de mis alumnos de Amsterdam en junio de 2013. Lloraré, sin dudarlo, cuando despida a mis alumnos de 4º de este año, a pesar de que los veré a menudo por el barrio. Pero es que yo soy así y no puedo (ni quiero) evitarlo. Básicamente porque mostrarse tal cual es es demostrar al mundo y a sí mismo que seguimos VIVOS, a pesar de las zancadillas y tropiezos que esta puta vida te va poniendo.

Curiosamente, me puse a escribir este "post" justo después de ver las fotos de la maratón y de leer el blog de Paquito y contestarle (en ese orden). Sentí la necesidad de hacerlo sin demora para no dejar ir la inspiración. Con gente como Paquito, como Pelocha, como Gloria, como muchos más... el mundo se mueve y las ideas fluyen. Y para mí es importante porque me enriquece, así que, como le decía a Paquito en mi respuesta, no me arrepiento de NADA de lo que hice en mi vida porque si me equivoqué, que seguro que sí en muchos casos, aprendí de los errores y cuando acerté, disfruté de mis elecciones y de mis metas, igual que hoy los atletas de la maratón. Y seguirá siendo así, for ever.


(Foto extraída de "La Voz de Galicia", maratón Atlántica42)