Fin de semana de turismo para acompañar a una amiga de una compañera que ha venido a visitarla y enseñarle los lugares más importantes del país, comer los típicos platos de la mediocre y monótona gastronomía holandesa y seguir pasando mucho frío. Viento del norte que trae unas temperaturas gélidas con un par de grados por encima de 0, aunque la sensación térmica es de -Xº. Mejor no pensarlo.
Mientras seguir observando. El que viene a hacer turismo se sorprende de muchas cosas y te pregunta. Y uno que lleva aquí ya más de dos años y medio no puede reprimir su vena crítica con Tulipandia (gracias por el nombre, Pelocha) y sacarle punta a todo. Esta semana he vivido situaciones de lo que podemos llamar "choque cultural" aunque yo ya comenté alguna vez que para mí es auténtica hipocresía y mala educación. Por ejemplo, comprobar el carácter tan individualista y competitivo que tiene esta sociedad, inculcado desde niños en las aulas. Nunca verá a un niño defender a otro en el aula, sino acusarlo, y además con saña y para obtener un beneficio. Ver esas actitudes ya en niños de 9 años me parece de lo más inmoral; no se aprenden valores, no se enseña a colaborar y cooperar, se enseña a ser el mejor a costa de lo que sea, incluso del vilipendio al otro y del escarnio, de ahí que el problema del acoso escolar sea en este país muy preocupante. No voy a entrar en mucho detalle porque vivimos en las aulas situaciones en las que ves estas actitudes y sientes cierta repulsión a ellas y a cómo se educa aquí a los niños, deduciendo que todo es una farsa, una pantalla de cara a la galería, porque un niño puede estar dándote la mano al entrar o al salir como signo de respeto, pero en realidad "te la clava" por detrás y se queda tan ancho porque además le aplaude el sistema.
Y esa actitud de "yo por encima de todas las cosas" es lo que impera en esta sociedad. De ahí que planteamientos éticos ante determinadas conductas, dilemas o situaciones ni se plantean porque es mejor que no se vean. Hoy con esta amiga que vino a visitar a mi compañera hablábamos de cómo este país funciona, y realmente a mí me cuesta creer que vaya hacia adelante porque, o bien se aprovechan de ti sin que te enteres, o bien son muy listos; y lo segundo no, así que se aprovechan de ti y de todo aquel que pisa estas tierras. El ejemplo más claro: los "coffee-shops". Una artimaña legal que pernite vender la mercancía, pero no comprarla. Entonces, ¿por dónde entra? Por lo que ellos llaman "zwarte door". Fuera del país la imagen es de que existe una tolerancia total y Holanda es el modelo a seguir para la legalización del "cannabis". Cuando hace poco más de un año se empezó a oir que se prohibía la venta a ciudadanos no holandeses y que se pediría identificación en los "coffee" saltaron las alarmas porque se acababan los ingresos del "turismo de la marihuana". Al final la ley entró en vigor en todo el país EXCEPTO en Amsterdam, porque si lo hubiesen hecho la economía del país vinculada a este sector, bajaría en ingresos. Es decir: se ilegaliza en ciudades más pequeñas y sin casi turismo, pero en la capital ni de coña, no vaya a ser que entremos en crisis ante la falta de este turismo que nos da tantos "euritos".
Siempre he dicho en este blog que Holanda tiene muchas cosas buenas, pero hay algo general que para mí la hunde: el "todo vale" con tal de obtener dinero. El carácter comerciante que siempre distinguió a este pueblo es algo que ni se cuestiona y que creo que ya lo llevan en los genes. En los otros blogs que tengo enlazados os han contado cómo en la vida diaria la "cultura de emprendedor" te empapa, desde las promociones para niños del Albert Heijn (la gran cadena de supermercados holandeses) hasta el "sableo" que supone la tarjeta de transporte, la tan conocida por vosotros (eso espero) "ov-chipkaart". La mecánica es simple: subes al transporte púbico urbano y te quito de la tarjetita 4 euros. Y si no te acuerdas de hacer "check-out" al salir, me he quedado con tus 4 euros. Si lo haces correctamente, te cobraré el importe necesario. Son millones de euros al día los que se marcan en los lectores de tarjetas de toda Holanda, de los que un tanto por ciento fijo quedarán automáticamente "robados" de los bolsillos de todos.
El comercio es lo que da beneficio, lo que echa al país a andar. Y eso se mama desde pequeños, inculcando valores de "lucha por ser el mejor a costa de lo que sea", así que la solidaridad, el compañerismo, la cooperación, la ética, quedan a un lado si voy a obtener dinero. Verdaderamente da un poco de miedo vivir en una sociedad así. Se están llevando al extremo temas muy delicados referidos incluso a la vida de las personas y el problema es que la gente no se los cuestiona, les parece normal. Hace pocos días acabé de leer un libro ambientado en los Balcanes (¡cómo no!) en el que había referencias a la matanza de Srebrenica, cuyo máximo responsable, el general serbio Mladic, está bajo la custodia del Tribunal Internacional de La Haya, acusado del mayor genocidio cometido en Europa desde la II Guerra Mundial. Curiosamente al frente del destacamento de Naciones Unidas en Bosnia aquellos días estaba un militar holandés y se dice que los soldados de este país allí destinados aquel verano de 1995 poco hicieron por evitar la masacre, "no iba con ellos". Prefiero no pensarlo mucho porque esa indiferencia ante el sufrimiento del otro, la falta de empatía ante la desgracia del que está enfrente de ti la ves día a día en las calles, oficinas, comercios, de las ciudades de Holanda.
Y esto me hace ver que, para estas cosas, "los del Sur" como a veces nos tratan con cierto desprecio, tenemos más valores morales que aquí. Para acabar el post de manera positiva comentaré un detalle que viví el otro día en el tranvía al volver de Inglés para casa. Me senté en la parte de atrás y a mi lado y delante de mí iban una pandilla de jóvenes italianos (lo sé por el idioma que hablaban) que parecían recién llegados porque iban con maletas. Se subió una pareja de ancianos y automáticamente dos de ellos, un chico y una chica, les cedieron el asiento. Los ancianos se quedaron muy sorprendidos y les dijeron que, de verdad, no hacía falta. Pero ellos insistieron que, por favor, se sentaran, que por cortesía y EDUCACIÓN les cedían el asiento. Los ancianos terminaron accediendo, no sin cierta perplejidad porque yo estoy seguro que muy pocos holandeses tendrían ese gesto con ellos. La cara de sorpresa que se les quedó fue muy reveladora, y parecía como que estaban muy azorados por lo que los jóvenes les propusieron. Simplemente es, repito, EDUCACIÓN y buenos modales, algo de lo que suelen carecer en general por estas latitudes, llamándole a esa costumbre tan poco cortés como es el decir las cosas directamente (o a veces no tanto, eso dará para otro post), "carácter holandés". No es carácter, es mala educación, simplemente.


