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miércoles, 17 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 2: BOSNIA-HERZEGOVINA

Tengo una debilidad especial por este país. Las imágenes que a principios de los 90 nos llegaban desde Sarajevo, con la población aterrorizada, masacrada y asediada por la guerra me impactaron. España tomó parte activa en la ayuda humanitaria al pueblo bosnio acogiendo refugiados en muchas ciudades (en A Coruña aún viven algunos) y enviando tropas del Ejército a localidades como Mostar, conozco yo a varias personas que allí estuvieron.

Y desde entonces mi interés por aquel conflicto creció, leyendo todo tipo de bibliografía que me diese una explicación de lo que allí ocurrió y que conmocionó al mundo. Algunas ideas ya las tengo claras, pero cuando pisas el terreno real donde ocurrieron aquellas atrocidades, entiendes más cosas y te sigues haciendo preguntas. 

Para empezar, hay que entender qué es hoy Bosnia-Herzegovina. Todos creemos que es un país unificado y en el que ya no hay conflicto. Digamos que a medias. La República de Bosnia-Herzegovina está compuesta por dos entidades diferenciadas: la Federación de Bosnia-Herzegovina (compuesta de población croata y bosnia) y la República Srpeska o República de los Serbios de Bosnia (población serbia). En la primera la población es católica (croatas) y musulmana (bosnios) y en la segunda es ortodoxa (serbios). Y aunque los límites reales están claros entre las dos entidades, dado que se marcaron con los Acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra en 1995, su distribución por todo el territorio es todo un rompecabezas originado no sólo por los avatares históricos que vivió esta región sino también por la geografía del mismo, entre altas montañas, ríos encajonados y planicies que hicieron de este país un auténtico laberinto y en muchos casos una cárcel que acabó siendo mortal para muchos de sus habitantes en aquella guerra de 4 años que nos avergonzó a toda Europa. El mapa actual del país, con la distribución de su población, es el que os muestro aquí:



Este es un mapa de 1998, donde la zona roja representa la parte serbia mientras la azul y verde, croatas y bosnios. Parece como si juntásemos tres barajas, las mezcláramos y las lanzásemos al aire y según cayesen, así quedaban. Y evidentemente antes de la guerra la mezcla era mayor, por lo que dio origen a las barbaridades que todos conocemos, especialmente en la parte este y sur.

Podría hablar de Bosnia como para hacer otro blog entero. Pero no es el caso. Me limitaré a narrar nuestro viaje, que empezó en un coche de alquiler de matrícula serbia en Belgrado. Primer objetivo, cruzar la frontera y con una idea previa de visitar una de esas localidades del horror que al final no hicimos precisamente por el tiempo que perdimos en las carreteras serbias y que os conté en el post anterior. Además, en Belgrado preguntamos por los puestos fronterizos que estaban abiertos y las respuestas eran intentando evitar ciertos itinerarios. Me refiero a que yo quería visitar el Memorial del genocidio de Srebrenica, en la localidad de Potočari, a pocos kilómetros de una frontera sobre el río Drina que todos nos dijeron que estaba cerrada. Me quedé con la duda porque yo creo que no era así, pero al mismo tiempo sentía que aparcar allí un coche serbio era como una afrenta e incluso podría resultar peligroso. Así que cruzamos por la frontera de Zvornik y nos fuimos encaminando a Sarajevo, aunque estuvimos a pocos kilómetros del lugar donde se perpetró la mayor matanza indiscriminada en Europa desde la II Guerra Mundial.

En todo caso, hay mucha información en internet sobre esos hechos acaecidos en julio de 1995. La página web del Memorial tiene todo tipo de información y además en Sarajevo pudimos visitar una exposición sobre Srebrenica que en cierta manera es revivir sensaciones como las que uno puede tener al visitar un campo de concentración como Auschwitz. No quiero crear morbo con esto, pero en el enlace que os he puesto en el párrafo anterior podréis saber más e incluso ver vídeos de los hechos grabados por las tropas serbias en los días de la ocupación de la localidad y los hechos de la masacre. Pienso que Europa aún no es muy consciente de lo que allí pasó y en cierta manera todos, TODOS los gobiernos fueron responsables de aquellos hechos y de no querer prevenirlos ni pararlos.

Llegamos a Sarajevo en torno a las 6 de la tarde, con un poco de lluvia y 14º de temperatura. Hoy es una ciudad que avanza al futuro y quiere dejar atrás, sin olvidarlo, su terrible asedio de más de tres años. Es una ciudad fácil para circular por ella y para orientarse, ya que el tráfico se centra en torno a la tristemente conocida Avenida de los Francotiradores y que todos tenemos en mente por las imágenes de muertos y heridos que nos llegaban por televisión. Hoy ya tiene muchos edificios restaurados, entre ellos la sede del Parlamento del país, centros comerciales modernos, pero también muchos otros edificios con agujeros de metralla y disparos que desde las montañas vecinas mataban a discreción a la población civil.


Sarajevo tiene mucho que ver. La guerra además ha marcado un itinerario por la ciudad que todos los visitantes realizan. Lo cierto es que no es la primera vez que Sarajevo aparecía en la historia por este tipo de hechos: de todos es sabido que aquí saltó la chispa que originó la I Guerra Mundial cuando el joven anarquista serbio Gavrilo Princip atentó y mató al heredero del trono austro-húngaro y a su mujer, justo en la salida del Puente Latino y donde hoy todo el mundo se saca una foto ante la placa que lo recuerda


A pocos metros está el barrio turco, la Bašcaršija, y es aquí donde te das de morros con la realidad de este país y que a mi modo de ver Europa no entiende. Las edificaciones tienen varios cientos de años, casas bajas que constituían la parte vieja de la ciudad y que es totalmente musulmana, con varias mezquitas y su mercado oriental, al estilo de un gran bazar. Aquí está el centro turístico de la ciudad, los monumentos más artísticos, los locales de hostelería a donde acuden foráneos y locales. Pero aquí también está LA UNIÓN DE CULTURAS, la convivencia pacífica entre los sarajevitas que practican cualquier religión y eso es lo que te hace reflexionar. Para los momentos que vivimos en toda Europa de alarma mucha gente tendría que darse una vuelta por aquí para entender que se puede vivir con respeto al otro y en un ambiente de tolerancia absoluto. Es realmente impresionante ver cómo personas musulmanas de 20, 30, 40 años y mayores, con una indumentaria y apariencia totalmente occidental acuden a rezar a las mezquitas, se descalzan para entrar, se lavan, hacen sus rezos y a los 10 o 15 minutos salen y siguen con su vida, con su trabajo y sin molestar a nadie. Personas que tienen un puesto de souvenirs a pocas calles o te atienden después para servirte una comida en su restaurante. Y sí, las mujeres llevan sus niqab o sus hijab pero mantienen una vida perfectamente europea, muy lejos de los tópicos de Oriente Medio de mujeres sometidas. Mujeres jóvenes, incluso diría que nacidas durante o después de la guerra, algunas ya con hijos que lo que hacen es VIVIR sus creencias y atender sus obligaciones, nada más. Cuando ves y vives esto comprendes que tenemos un desconocimiento total de lo que es el Islam y que desde luego no es algo de unos cuantos fanáticos que se suicidan haciendo explotar su cuerpo y llevándose con ellos a otras personas. Más de 1000 millones de personas en el planeta son musulmanas y merecen el mismo respeto y la comprensión que los creyentes de otras religiones.

Es también curioso que, por ejemplo, si pides cerveza, automáticamente te informan que es sin alcohol y, por lógica, en las cartas de los restaurantes no hay platos que lleven carne de cerdo. Eso sí, el pan está riquísimo y las especialidades de origen árabe están exquisitas.

Y después quedan dos cosas muy interesantes que visitar. En primer lugar el "Túnel de la Esperanza", del cual me enteré de su existencia hace poco tiempo. Sarajevo es una ciudad rodeada de montañas. En los años del asedio una familia que vivía más allá de las pistas del aeropuerto, en zona libre de ataques serbios, empezó a construir un túnel desde su vivienda y por debajo de la misma pista de aterrizaje y que llegase a la ciudad para suministrar víveres, medicamentos, ropa y lo imprescindible para subsistir en una ciudad asediada y convertida en una cárcel. Ese túnel sirvió también para evacuar heridos y salvarles la vida. Hoy en día la casa se ha convertido en un museo sobre el asedio, hay una exposición permanente, recorres unos metros del túnel e incluso puedes ver un campo minado en un terreno añadido. Desde luego es sobrecogedor.


Vinculado también a la guerra está el Mercado de Markale. En febrero de 1994 un obús serbio impactó en el corazón mismo de la ciudad, en este mercado donde la gente estaba haciendo cola para conseguir pan. Allí murieron más de 60 personas y otras más quedaron heridas. Hoy se recuerda en el mismo mercado aquel hecho con un mural al fondo donde aparecen los nombres de las víctimas y el espacio donde cayó el obús con un cristal para que se aprecie el boquete que dejó. También en internet encontráis imágenes y vídeos de los momentos inmediatamente posteriores al ataque, así que os podéis imaginar lo que se ve.

Y por último el recuerdo de 1984, del año que la mitad del mundo conoció esta ciudad que albergó los Juegos Olímpicos de Invierno. Subir a las montañas donde se celebraban las pruebas quedó como una experiencia a medias ya que había mucha niebla y no pudimos llegar a lo más alto. Allí quedan los restos de aquellas instalaciones que asombraron al mundo y que hoy están entre maleza, especialmente la pista de bobsleigh que ha servido de pared grafitera para recordar al mundo que Sarajevo revive y sale adelante.  En facebook pondré las fotos de todo.

Después de visitar la ciudad, el cuarto día de viaje partimos hacia Croacia. La Bosnia rural tiene unos paisajes impresionantes, precisamente por esa orografía endemoniada que tan pronto te hace subir una montaña hasta los 2000 metros como te lleva a circular por un cañón encajonado de un río. Ese territorio es muy similar a nuestra Galicia rural. Población dispersa, actividades primarias, carreteras enrevesadas y, en vez de tener una iglesia, hay una mezquita. Lo que más impacta es saber que por esos parajes mucha gente tuvo que huir del enemigo, en condiciones infrahumanas, heridos o enfermos, buscando zonas liberadas para asentarse y sobrevivir, en el mejor de los casos. Porque si por un mal azar del destino una bala oculta impactaba en el cuerpo de alguna persona, tenía muchas posibilidades de morir, de ahí que cada "x" kilómetros en la cuneta de la carretera te encontrabas una lápida pequeña con velas y flores que recuerdan el lugar donde aparecieron cadáveres. Mucho padecieron los bosnios, seguro que algunas familias completas desaparecieron para siempre o están enterrados en alguna de los cientos de fosas comunes que aún hay por el país y que se trabaja para localizarlas y exhumar los restos de todo aquel o aquella cuyo cuerpo sea demandado por sus familiares. Me quedé con la sensación de que esta gente tiene una expresión muy triste en su rostro, que eran los pobres de Yugoslavia y fueron a por ellos, que los quisieron exterminar y que esas heridas no se curan en 20 años. Y también creo que no reciben con agrado que los turistas vayan (vayamos) a visitar su país por la guerra, que preguntemos por determinados lugares que su simple mención tiene que ser duro para ellos. Aún tendrán que pasar años para que todo vuelva a tener cierta estabilidad, pero sinceramente, aquí es donde más papeletas hay para que se cumpla aquel dicho de "la Historia se repite". Ojalá no llegue a ser así.



viernes, 17 de junio de 2016

PROPUESTAS DE VERANO

Hoy el tema va más de relax. Muchas personas están preparando ya las vacaciones de verano. Da igual si se marchan de vacaciones o no, el caso es que después de todo un año de trabajo, esa "meta" del descanso se acerca. A nivel escolar, quedan 14 días. Algunos diréis que los maestros vamos descontando en junio el tiempo que queda para gritar

¡¡¡VACACIONEEEEES!!!

Hombre, también las deseamos, a pesar de que seamos uno de los colectivos más envidiados por todos los períodos de descanso que tenemos; no voy a justificarme, pero es que cada año que pasa a menos de una semana de que los chavales dejen las aulas, cuesta más aguantar estos últimos días. En Galicia acaba el curso escolar para los críos el día 22. En mi caso este curso, siendo tutor de 6º de Primaria, los chavales están más pendientes del paso al instituto que de acabar el curso. A estas alturas ya saben qué notas han sacado aunque no tengan aún los boletines y, a pesar de inculcarles que lo más importante es aprender, habéis de reconocerlo, LAS NOTAS SON LAS NOTAS.

Además, este curso , después de la maldita reválida, mi "tribu" se pude decir que colgó la toalla, es decir, "FINISH", y estamos hablando del 13 de mayo. Han tenido los últimos controles a finales de mayo y principios de junio, pero como si nada. Eso, sumado a que están preparando su ceremonia de graduación (de la que ya os hablaré porque de nuevo volverán a aparecer las lágrimas), hace que dar una clase mínimamente decente sea tarea imposible.

Así que pensemos en las vacaciones, en maletas, aeropuertos o estaciones, el coche, la playa, el sol, la montaña... A mí me sorprende que, a pesar de la crisis, la gente viaja; no se perdona la semana o quincena en la playa y aquellos más boyantes el crucero por el Egeo, el "tour" por los fiordos o la visita a capitales de Europa. La verdad es que propuestas las hay a gusto de todos. Niños en campamentos, cursos de verano, apartamento en las islas. Si yo pudiese influir en los indecisos, escogería dos lugares para irse, uno en España y otro en Europa. 

Yo no me puedo quejar de lo que conozco. España, bastante, pocas provincias me faltan por pisar; Europa, creo que conté una vez 18 países que había visitado, durante mi estancia en Holanda esa cifra se fue incrementando bastante. De España, sin duda, me quedo con las Islas Baleares. Mi querencia a Mallorca por afinidad familiar es más que clara, pero para aquellos que no quieran tanto turismo de "guiris" recomiendo MENORCA, un paraíso un poquito más caro, pero que compensa. Una isla que atraviesas en 44 km. y que aún tiene alguna cala virgen en su costa, con arte, gastronomía, historia... y que en pocos días celebrará, como aquí en A Coruña, la fiesta de San Juan en Ciutadella que es todo un espectáculo en el que los caballos son los protagonistas.


De Europa os he ido contando mis vivencias por muchos países (no todas, jejeje). Europa Occidental ha quedado en este blog muy bien retratada por mi experiencia personal en "Tulipandia" (gracias Pelocha por inventarte este topónimo que da tanto juego). Pero también sabéis mis fieles lectores que desde hace muchos años, siempre tuve especial predilección por aquello que llamábamos "Europa del Este" y que vimos transformarse tras la caída del Muro de Berlín. Y en concreto por aquel país que existió y que fue un auténtico avispero en los 90, aquel estado no alineado y que dio la espalda al comunismo más ortodoxo de la URSS y estrechó la mano a muchos aspectos de las democracias occidentales, liderado por un dictador que mantuvo dormidas las ansias nacionalistas de sus pueblos y que luego acabaron matándose unos a otros: Yugoslavia. Y de ahí salieron los 6 países que ahora conocemos y que vimos cómo se desangraban hace escasos 20 años. En 2014 pude visitar una de las ciudades más bellas de Europa y tal vez del mundo: Dubrovnik; pero también pude tener una aproximación a la costa croata, a la "cenicienta" Bosnia-Herzegovina y al desinteresado Montenegro. Y la verdad es que me impactó bastante y os lo recomiendo con creces.

Croacia lleva en la Unión Europea 3 años. La costa dálmata, plagada de islas en un mar inmensamente azul, tiene parajes y recovecos paradisíacos no sólo en el entorno de Dubrovnik, sino también hacia el norte (Split, Zadar, Rijeka, Opatija). Recuerdo la mañana en la isla de Lokrum, tirándome al mar desde unas rocas sin miedo a tocar el fondo, disfrutando del sol, sin coches, comiendo unos bocadillos y tomando un helado de postre en la sombra de un bar como un auténtico placer, justo enfrente del puerto de Dubrovnik y por poco dinero, a pesar de que Dubrovnik es la ciudad más cara de Croacia y que vive exclusivamente del turismo. A mí me pareció un escenario de película, esa piedra calcárea pulida en el Stradum de la ciudad vieja y en sus edificios y calles, sus murallas, la puesta de sol desde la montaña a la que accedes en teleférico, el mar... Hoy se llega a Dubrovnik en vuelos regulares desde Galicia en verano y una vez allí tienes oportunidad de hacer excursiones a los países vecinos por poco dinero, eso sí, mucha curva en la carretera. Así, viajé a la herida Mostar, impactándome su puente reconstruido tras la guerra y que había visto caer derribado por un obús durante el conflicto, así como también sentir como si estuvieses en una pequeña Turquía en el corazón de Europa. Aunque hoy Mostar también vive del turismo, no puedes dejar de pensar en cómo era la vida allí hace 20 años, muchas heridas de las que aún quedan huellas en los edificios y en la gente.

Y por último, Montenegro y el espectacular entorno de la ciudad de Kotor, a la que puedes acceder en barco por un estrecho que da a una bahía enorme en cuyo fondo se sitúa esta pequeña ciudad amurallada pero con un encanto especial. Montenegro es el país más joven de Europa, obtuvo la independencia hace ahora 10 años, en 2006, y también empieza a desarrollarse poco a poco, aprovechándose de las bonanzas de los aliado comunitarios en aspectos singulares como, por ejemplo, que la moneda oficial es el euro, a pesar de no ser acuñada en el país.

No os puedo explicar por qué tengo tanto interés por estos países. Tengo un amigo en Murcia que todos los años va con su pareja a Portugal de vacaciones. Y ha llegado a la conclusión de que algo en su ser tiene que estar conectado con el país vecino porque simplemente le apasiona Portugal. Tanto es así que llega a entender el portugués sin esfuerzo e incluso se ha comprado un acordeón para tocar música portuguesa. Él cree que algún antepasado suyo tuvo que se portugués porque si no, no se entiende tanta química entre él y nuestro cercano Portugal. Pues bien, tal vez a mí me pase algo similar. No sé si tendré algún gen balcánico, pero todo lo que tiene que ver con esa zona de Europa me atrae especialmente y deseo poder visitar los escenarios (duros a pesar de todo) de tanto dolor a finales del s. XX. He leído muchas novelas de autores y autoras croatas, serbios, eslovenos; ensayos sobre la guerra; la figura del dictador Tito me resulta incluso atrayente desde el punto de vista histórico; la música de esa latitudes me resulta muy evocadora; incluso el idioma, tan difícil para nosotros, me atrae, recuerdo que hace unos pocos años llegué a buscar alguna página web en la que se pudiese aprender serbio gratuitamente por internet (algo escuché pero lógicamente no me puse a ello... pero nunca se sabe). 

Así que bueno, tal vez debería pensar en escribir algo serio sobre los países balcánicos, no sólo verlos desde el punto de vista turístico ¡¡o eurovisivo!! En todo caso, en esta entrada solo pretendo dar ideas para esas ansiadas vacaciones, lo que está claro es que, vayamos a donde vayamos, seguro que la desconexión con la rutina diaria nos vendrá de cine. ¡¡Bon voyage!!




PD.: El día 20 hará seis años que empecé este blog. Estaría ahora preparando mi vuelta de Holanda si las cosas hubiesen pasado como estaban previstas. 6 años que han cambiado mi vida. En este blog lo seguiré reflejando. Una y mil veces a todos y a todas...

¡¡¡GRACIAS!!!

martes, 6 de marzo de 2012

LOS BALCANES

Aquellos que me conocen un poco saben que en los últimos años mi afición por la lectura ha aumentado. Y como siempre he estado pendiente de la geografía y de la historia reciente, siendo las dos materias de mis preferidas desde que era un crío, hay una zona de Europa que me apasiona especialmente y que anhelo visitar: los Balcanes, especialmente el territorio que comprendía la antigua Yugoslavia.

No voy ahora a dar una lección geográfica e histórica de esta zona tan conflictiva a lo largo del tiempo, pero que poco a poco va saliendo de ese pasado de terror y guerra de finales del s.XX para irse integrando también pasito a pasito en nuestra Unión Europea. Eslovenia pertenece ya desde 2004 y el año que viene Croacia formará parte de la "Europa de los 28" mientras Serbia hace pocos días ha conseguido ya también un calendario para su adhesión. Si te adentras un poco e investigas es realmente apasionante su transcurrir histórico al mismo tiempo que cruel y trágico por los conflictos que ocurrieron en esta región del corazón de Europa; particularmente me empezó a interesar poco tiempo después de morir el dictador Tito, en 1980. Durante esa década Yugoslavia empezaba a aparecer en las noticias con mucha más frecuencia. En 1984 Sarajevo fue la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno y 10 años más tarde su estadio olímpico era un gran cementerio lleno de muertos en la guerra. Por otra parte, a medida que yo iba creciendo al dar temas de historia en el instituto siempre aparecían los Balcanes como un auténtico avispero. En 1914 esa misma ciudad fue el lugar donde el asesinato del heredero del imperio austro-húngaro fue la chispa que originó la I Guerra Mundial. Tal vez todo eso influyó en mis ganas de saber más. Con las imágenes de la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995, que revolvía las conciencias de todos, mi interés aumentó y hoy leo con frecuencia libros sobre la zona y sus conflictos, dus gentes, su historia... sobre todo  para darme cuenta de que lo que nos contaron los medios, como suele ser habitual, estaba muy tergiversado.

El caso es que en estos días de vacaciones me leí un interesante libro muy poco conocido en España, a pesar de ser su autor valenciano. Se trata de "Cita en Sarajevo", de Francesc Bayarri. Cuenta la historia de un asesinato en la España franquista ocurrido en Carcaixent en el cual la víctima fue un ex-militar croata de la II Guerra Mundial, aliado de Hitler y con un historial de más de medio millón de muertos a su espalda en el campo de concentración de Jasenovac, Maks Luburic. El autor del libro buscó al supuesto asesino de este elemento y lo encontró en Sarajevo después de 34 años, Ilija Stanic, lo entrevistó y nos cuenta cómo huyó de Carcaixent después del crimen y cómo fue recibido como un héroe en la Yugoslavia de Tito siendo también un nacionalista croata, viviendo totalmente en el anonimato en su país y sin haber nunca sido juzgado en España. Este libro se suma a los muchos que ya he leído con los Balcanes como eje principal y que me serían difícil nombrar todos aquí. Pero si alguien desea conocer realmente la historia de Europa, no puede prescindir de saber y conocer lo que realmente pasó en esta región y cómo ha influído en la política posterior común a todos nosotros. Para ir abriendo boca sabed que Croacia (católica) fue siempre un gran aliado de Alemania y Serbia (ortodoxa) de Rusia, así que vayan haciendo sus teorías sobre el equilibrio de fuerzas. Y en el medio de ambos países, nada más y nada menos que Bosnia-Herzegovina, con amplia población musulmana que fue quién más sufrió las consecuencias de la guerra de los 90.

Aquella Yugoslavia de Tito no alineada, separada del extremismo de la URSS y buscando siempre su aproximación a Occidente (curiosamente era el único país de la Europa comunista que, por ejemplo, participaba en el Festival de Eurovisión, del que sabéis que también soy un gran seguidor, incluso se dice que el triunfo de Yugoslavia en el festival de 1989 aceleró la caída del Muro de Berlín y esa victoria se esperaba fuese un freno a lo que estaba por venir y que fue inevitable, la desmembración del país), acabó a su muerte convertida en el "puzzle" de Europa y el pastel que todos querían, pero con miles de muertos, familias rotas y separadas y heridas de difícil cicatrización que aún hoy están ahí. Yo no oculto que recuerdo perfectamente que lloraba al ver en la televisión los muertos civiles en el mercado de Sarajevo tras el bombardeo serbio, los cuerpos esqueléticos de los campos de concentración como los de la Alemania nazi, la voladura del puente de Mostar a manos croatas, la matanza de Srebrenica... He visto películas sobre el tema ("Grbavica", "Las flores de Harrison"...), he escuchado música (desde luego los intérpretes de Eurovisión han sido una base para profundizar más y os aseguro que su folklore y sus ritmos y melodías son preciosos), os puedo citar nombres como Vukovar, Banja Luka, Gorazde, Mitrovica que seguro que a vosotros no os dicen nada pero que son imprescidibles para saber más. Podría hablar horas porque me apasiona el tema y uno de mis deseos es poder visitar la zona pronto. Me han hablado amigos que han estado en Croacia y Bosnia (Dubrovnik, Sarajevo, Mostar, Split...) y espero poder pisar y ver "in situ" los escenarios que tantas veces leí, con el "Diario de Zlata" (la llamada "Ana Frank" de Sarajevo), con "Si un árbol cae" de Isabel Núñez, con "Como si yo no estuviera" de Slavenka Drakulic y ahora con "Cita en Sarajevo".

Y que nadie olvide una premisa necesaria para tener en cuenta en la vida: hay que conocer el pasado para que en el futuro no repitamos los mismos errores. Por desgracia, el ser humano no aprende y no podemos predecir lo que ocurrirá en 5 ó 10 años, pero las guerras siguen en el mundo, aunque espero que ya definitivamente fuera de los Balcanes.

Sólo una cosa más: hay gente que opina que hacerme un regalo por mi cumpleaños no es tarea fácil. No pido un viaje a Sarajevo o Dubrovnik, pero libros sobre el tema hay muchos y probablemente me quede mucho por leer y conocer sobre esa región. Ahí queda.