Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de abril de 2020

COVID-19. HAY QUE ESCRIBIR

La actualidad obliga y ante un hecho que desde que empezó marcará nuestras vidas para siempre, no puedo dejar de escribir. Estamos viviendo una pandemia, algo que jamás pensábamos que pudiésemos vivir. Un enemigo silencioso e invisible se cuela en nuestros cuerpos y en nuestras almas y pone los cimientos del mundo patas arriba. Este virus con corona reina hoy en todo el planeta y nos ha cambiado no solo la vida sino también nuestra forma de verla. Da igual tu raza, tu religión, tu ideología, tu orientación sexual, tu color de piel o tu profesión. Da igual que seas del "primer mundo" (ahora incluso esto está cuestionado) que de África, del Caribe o del Ártico. Toda la Humanidad está padeciendo en mayor o menor medida la peor crisis sanitaria desde hace más de 100 años, mueren las personas y no hay vacuna. El COVID-19 nos transforma nuestros hábitos, rutinas y valores. Ya nada volverá a ser igual una vez termine todo.

Escribo porque estamos en cuarentena. ¡Cuarentena! Algo que leíamos en los libros de piratas cuando llegaba un barco a puerto con enfermos y lo dejaban a cierta distancia de la costa porque los enfermos   podían contagiar, o los metían en una fortaleza sin que pudiesen salir para evitar la propagación. Hoy la cuarentena significa quedarse en tu casa y salir única y exclusivamente a comprar lo esencial para comer. Y en casa seguimos teniendo los lujos de comunicación, cadenas de televisión, música, Internet, telefonía, información e "intoximación". A veces mata más un bulo, una "fake new" o un vídeo viral que el propio bicho invisible, mata más la ignorancia que la propia pandemia. En realidad, siempre fue así, pero siempre en su contexto histórico.

Los centros educativos están cerrados, los negocios de hostelería, el transporte al mínimo, los centros comerciales sin bullicio. Es todo como una película irreal, una especia de pesadilla "light" porque no estamos privados de nada esencial. Esto originará una gran crisis social, económica, política, cultural. Habrá un antes y un después del coronavirus y realmente tendremos que aprender a vivir con él, como con ese tumor dormido que está en nuestro cuerpo y que un día despertará y nos originará otra pesadilla más macabra y definitiva. Y lógicamente este período de confinamiento está sacando a la luz nuestros valores más solidarios y también nuestras carencias, como individuos y como sociedad.

A las 8 de la tarde salimos a las ventanas a aplaudir a nuestros y nuestras sanitarios y sanitarias, que a veces en condiciones muy precarias están en primera línea de batalla, viendo cómo se muere la gente en soledad (12.000 personas ya en España) o viendo también cómo se recuperan y es un gran triunfo. Es un momento en el que muchas veces me emociono y se me saltan las lágrimas. De fondo, alguien pone desde su windows personal (nunca mejor dicho) el himno de esta batalla: "RESISTIRÉ"





Y las horas pasan con actividades que teníamos olvidadas: las cartas, algún juego, un poco de ejercicio, nuevas recetas de cocina... Y nos aferramos a eso, a lo que nos pueda traer de positivo esta situación: una parada técnica para repensar nuestras prioridades en la vida, nuestros valores y nuestros motores para seguir caminando. Si hay algo de lo que España puede estar orgullosa (eso siempre lo demostró) es de sus ciudadanos y ciudadanas, muchas veces menospreciados en otros países europeos pero, como siempre dije en los anteriores post de este blog, con muchas cosas que enseñar a esa Europa que hasta hoy se está mostrando totalmente insolidaria con los dos países de su "unión" que más están sufriendo la pandemia: Italia y España. Lo triste es que a ellos también les llegará y lo pasarán mal, muy mal, aunque se empeñen en maquillar cifras de contagiados y muertos o expresamente digan que no atenderán a mayores de 65 años. Una vergüenza, vamos. 

No quiero entrar en política con este tema. Es momento de que todas las personas estemos unidas, sin mirarnos el carnet de afiliación. Las redes sociales se han convertido en las verdaderas alcantarillas donde las mentes con más MIERDA (y lo pongo con mayúscula) se dedican a desprestigiar a este o aquel gobierno nacional, regional o local, sea del color que sea. Ahí también se ven los valores degradados de ciertas personas que siguen con rencor, con odio, con ira... todo lo que legisle este o aquel, habida cuenta de que estamos en un Estado de Alarma establecido por ley en nuestra Constitución. ¡Y menos mal! Es un momento muy crítico, calificado ayer mismo por el Presidente del Gobierno "la peor crisis de nuestras vidas". Y tiene razón. Coincide que es el presidente del partido político que defiendo y voto. Da igual. Si lo llega a decir el de otro partido no estaría equivocado. Es realmente una auténtica tragedia, para todos y todas, para el niño o niña que lleva metido en su casa desde el día 13 de marzo hasta el anciano o la anciana que vive sola y que un voluntario de servicios sociales tiene que llevarle la comida a casa; desde el pequeño autónomo que no puede abrir su negocio y tal vez nunca lo vuelva a abrir hasta el empresario que tiene que cerrar su empresa y paralizar su producción y despedir a sus trabajadores hasta nuevo aviso, hasta que las cosas empiecen de nuevo a renacer. Porque sí, cuando esto se suavice (porque no se terminará nunca), comenzará la primavera, el "Renacimiento", muy despacio y poco a poco, ampliando la movilidad, acercándonos más entre unos y otros y eso será lo que realmente empecemos a valorar como importante.

Y ahora os hablo de mí. He vivido fuera tres años, lejos de mi entorno y de los míos. Os puedo asegurar que hay momentos estos días donde me he sentido aún más lejos que a 2.000 km. Llevo sin ver a mis padres casi un mes, sin tocarles y sentirlos al lado; hablo con mis primos por whats app y lo que deseo es ir a verlos y hacer una comida todos juntos; lo mismo con mis tíos, que alguno vive a 10 km de A Coruña y cuando acabe esto necesito abrazarlos; y mi hermano, mis sobrinos, mi cuñada... deseando cargar mi coche con los bártulos de feria e irnos a un campo a vender sus muñecos de crochet. No sé, son momentos muy emocionales. Y yo, que siempre he sido de UNIR, de construir y no de romper, quiero ese contacto con la familia. Hace 12 años se casó un primo mío y en su boda hizo un pequeño discurso diciendo que "si todo el mundo tenía una familia, a él le había tocado la lotería por la familia que tenía" y estábamos todos allí. Mi familia siempre ha estado muy unida en los momentos buenos y en los más duros y realmente son los que al final siempre están. 

Y los amigos y amigas... son innumerables. En Holanda están varios que conocí allí y con los que mantengo un contacto constante por facebook o teléfono; en España, desperdigados por toda la geografía, desde Murcia a Granada, desde Asturias a Madrid, desde León a Alicante, con muchas ganas de compartir vivencias de estos momentos. Y por supuesto, en Galicia: en Padrón, en Sanxenxo, en Lugo, en Monforte, en O Rosal, en Foz, en Milladoiro, en Ourense, en Fene... seguro que os dais por aludidos y aludidas. También personas de mi partido, vecinos, amigos de mi entretenimiento favorito y que por primera vez en su historia se ha cancelado (sí, este año nos quedamos sin Eurovisión), estamos pendientes unos de otros. Mis compañeros y compañeras de trabajo en el colegio, que nos hemos unido como nunca antes y que el día que entre de nuevo por la puerta no podré evitar emocionarme y abrazarme a ellas y a ellos. Y por supuesto, mis alumnos y alumnas... ¡cuánto los echo de menos estos días! Me he comunicado por ellos a través de otro blog para dejarles trabajo porque así nos lo han ordenado desde la Consellería de Educación y algún mensaje que me han dejado me ha emocionado, ¡cómo no! No hay nada que compense más en el mundo que sentir que tu trabajo es valorado no solo por ellos sino también por sus familias. Nunca podré agradecer todo lo que me ha dado mi profesión de maestro, tal vez tendría que crear otro blog para contar todo lo que supone ENSEÑAR y EDUCAR.

En fin, lectores y lectoras, solo me queda dar ALIENTO. Vamos a salir de esta, tarde o temprano, pero lo conseguiremos. Y seremos algo diferentes después, yo quiero ser positivo y pensar que como personas creceremos y maduraremos. Aquel o aquella que siempre fue tóxico, lo seguirá siendo, sin duda, como el virus; pero tengo la esperanza de que alguno o alguna se transforme un poquito, no ya tanto por el bien común sino por su propio bien. Lo que sí me está quedando claro en estos 21 días que llevamos ya confinados es que la gente que pertenece a mi círculo social y familiar vale muchísimo la pena y por eso estoy orgulloso de tenerlas al lado, aunque ahora no nos podamos ver, sentir o tocar, llegará el momento en que sí lo hagamos y seremos todos y todas un poquito mejor. Así que nada, ÁNIMO y recordad que 

#EsteVirusLoParamosJuntos

#QuedateEnCasa

#QuedaNaCasa

#StayAtHome

#BlijftUDanThuis




miércoles, 17 de julio de 2019

MALTRATO

Ayer oí el relato de una mujer maltratada. Una mujer cercana a mí. Tomando un café y contándome su calvario durante muchos, muchos años. Una mujer con la que tuve siempre mucho trato, con sus hijos y con su marido, el maltratador. No quiero dar muchos datos porque el peligro sigue estando ahí. Ahora vive sin él, desde hace poco tiempo, pero siempre alerta, que no vea su coche cerca de su nuevo domicilio, que no se cruce con él en una calle, a la puerta de un supermercado, cuando va a sacar dinero de un cajero.

Lloré. Lloramos. Nos abrazamos. Y en todas las situaciones que viví con ella, con ellos, jamás hubo el más mínimo indicio de maltrato. Ni marcas de golpes, ni rostros tristes, absolutamente nada. Pero la situación se reproducía cada x tiempo. Sus hijos también sufrieron maltrato, incluso con lesiones que jamás se denunciaron. Ella tampoco nunca denunció. Acabó huyendo.

No importa la edad, no importa el lugar, no importa la clase social. Existen, silenciosos. Y lo terrible es que probablemente tú, y tú, y tú, estés tratando diariamente con maltratadores y no lo sepas. Hombres que son capaces de aparentar una vida completamente feliz y ser unos verdaderos psicópatas. Imaginad que sois una pareja con hijos, los lleváis al colegio todos los días, los recogéis, conocéis a otros papás y mamás, a los compañeros de tus hijos, os juntáis en cumpleaños, incluso hacéis amistad más fuerte con algunos de ellos porque sois de edades similares o incluso trabajáis en el mismo sector, todos vivís en el barrio, compartís momentos por las actividades extraescolares de los niños e incluso llegáis a organizar una cena en casa un sábado, sois aficionados al mismo deporte o a una serie... Pues bien, ese con el que tan bien te llevas, es un maltratador. Y cuando te enteras te quedas con una cara de idiota que te hace cuestionar dónde has estado, qué has vivido, cómo es posible que hayas compartido con él sentimientos, vivencias y emociones que a lo mejor solo sabe él.

¿Y ella? Pues delante de vosotros totalmente cordial, simpática, abierta, colaboradora... pero en su intimidad vive prácticamente en el infierno, preocupada porque un día, sin más, se levante del sofá, le ponga las manos al cuello, empiece a insultarla llamándole PUTA, TÚ NO SIRVES PARA NADA, golpee a sus hijos, denigre a su familia política, etcétera, etcétera. Un proceso de anulación como persona que empezó ya probablemente siendo novios y que a pequeñas dosis vas integrando en tu modo de vida hasta que un buen día o eres noticia en los telediarios porque te ha matado o no lo eres y huyes, apoyada por tu familia, por tus hijos si ya son mayores, por tu entorno íntimo si realmente te cree lo que estás contando o te lo inventas por algún motivo. No, no es invención, es TERROR.

Y ahora que sé lo que pasó durante años y aunque ella sea la víctima total y doy gracias porque está viva aún, siento que todos nosotros también fuimos víctimas y cómplices. Víctimas porque el maltratador nos ha hecho creer en él, formaba parte de nuestro entorno como ella, y porque nos sentimos heridos por su constante mentira; cómplices al mismo tiempo porque no supimos detectar, si es que podíamos entreverlo, el más mínimo indicio de que esto estaba sucediendo. Y fueron años, muchos años.

Ayer ella llorando me dijo que "ahora soy libre y puedo vivir, tengo que vivir". Económicamente la situación no le favorece mucho, pero es capaz de tomar sus propias decisiones, de compartir sus emociones y de gestionar sus vivencias. Y yo aún estoy con un nudo en el estómago porque la quiero mucho y oirla me rompió. Cuando veo en los medios de comunicación a determinados políticos o personajes decir que todo esto es una "invención de las feministas y de la ideología de género", aumenta mi furia, que hay que contener porque sino acabaríamos convirtiendo el día a día en una lucha constante contra estos gurús que jamás han escuchado un relato como el de ayer.

Así que nuestro deber como seres que vivimos en sociedad es estar alerta, educar, concienciar, apoyar e integrar en nuestro sistema de valores la lucha contra la violencia machista. Que sí, que están ahí, silenciadas pero maltratadas. Y tenemos que acabar con esto, como sea. Y a ellos... no sé qué solución habría que darles. No sé si se pueden rehabilitar o no. Sinceramente, creo que si son realmente conscientes de lo que hacen, acabarían suicidándose porque han actuado como monstruos, como animales primitivos, reptilianos, no como seres humanos racionales. Mientras, NI UNA MÁS, por favor, luchemos por evitarlo.



lunes, 8 de julio de 2019

VERANO ESPAÑOL

Decir verano en Galicia un 8 de julio es estar muchos años aún esperando por él. Tuvimos una semana bochornosa de calor en junio y después las temperaturas bajaron considerablemente teniendo incluso nieve en las montañas y a día de hoy se cuentan con los dedos de una mano las jornadas que han venido verdaderamente de playa.

No ocurre así en el resto de España, donde una ola de calor que puso los termómetros al límite (algunos lugares llegaron a 47º) hizo que sus habitantes envidiaran estar en esas fechas en Galicia. Sin embargo, decir verano en España es decir sol, playa, terraceo, chiringuito y desde hace pocos años también decir "balconing" en Magalluf, uno de los municipios mallorquines que desea por una parte que lleguen los turistas porque dejan dinero y por otra no, porque solo dan problemas. Y cuando hablo de problemas hablo incluso de muertes por esta práctica que vino importada probablemente de esos países que tanto anhelamos por su civismo como son Suecia, Holanda, Dinamarca, etc., pero que luego resulta que sus ciudadanos son tan marulos que acaban muriendo haciendo esta actividad que seguro en su país no hacen.

Hoy me levanto con la noticia de un joven sueco de 24 años muerto porque se cae desde un quinto piso en Mallorca. Me da igual si estaba haciendo "balconing" o no, el caso es que viene a España a hacer lo que en su país no le dejan. Y no es el único. MILES de jóvenes (y no tan jóvenes) de todos esos países, incluyendo a los "formalitos" del Brexit, los gentlemen británicos, también, protagonizando escenas más propias de seres tipo Neanderthal o Cromagnon que humanos con un sentido cívico. ¡Ah! Y no, no vienen musulmanes a alterar el orden, como pueden pensar algunos, vienen estos, voy a decirlo, subnormales a poner en jaque a las Fuerzas de Seguridad españolas, a los servicios de emergencia, a los vecinos, al resto de turistas para, en muchos casos, volver a su país en una hermosa caja de pino, y seguramente echando la culpa a algún factor de nuestro sector turístico como la seguridad del balcón, o de la piscina, o de la discoteca o de lo que sea. 

Sinceramente, me indigna soportar a esta gente. Y curiosamente no he visto a nadie llamar a estos energúmenos "CHUSMA" como les llaman a otros que llegan en los bajos de un camión o en una patera a nuestras costas y no precisamente para hacer turismo. Estos días ha vuelto a reaparecer otro caso de cromañones como los de Pamplona, de lo que hablé largo y tendido aquí, juzgando a 6 hombres que violaron a una menor de 14 años en Manresa (Barcelona). He llegado a ver comentarios en las redes sociales diciendo que se ocultaba la repercusión de este caso porque los hombres eran inmigrantes y la menor también y que a "la izquierda" no le interesaba porque les protegía... En fin.

Total, que entre unas cosas y otras uno añora aquellos veranos en los que pasabas horas en la calle, que ibas a cualquier playa sin mirar el tiempo, que dormías en cualquier cama con tus primos hacinados, que nos juntábamos 20 para comer y cenar, que no nos echaban crema (craso error) y las quemaduras del sol las curábamos con leche fría sobre la piel (verídico). Hace ahora 40 años fui por primera vez a Mallorca, era 1979 y la primera vez que volaba, incluso que viajaba fuera de mi región. Mi padre tuvo vacaciones por primera vez y allá nos fuimos, a Manacor, con mis tíos, mis primos, los primos de mis primos... cada día a una cala, sentados en el maletero de un coche en sentido inverso a la marcha sin ninguna protección (recuerdo que era un Simca 1200), de Manacor a Porto Cristo, a S'illot, a Cala Domingos, a la Costa de los Pinos... y éramos felices. Hoy parece que si no vas a las Maldivas a hacer buceo entre peces payaso o al Nepal para beber té con leche de yak, no has viajado. Yo, aunque hago algún viaje así que luego os cuento paso a paso, echo de menos que mis hijos no tengan la oportunidad de vivir esos veranos donde andábamos, literalmente, "a monte". No nos poníamos enfermos, nos cortábamos y poníamos una tirita, comíamos veinte mil helados y polos, la ensaladilla no llevaba un proceso de frío como está ahora establecido... En fin, parece que hablo de la Prehistoria.

Pues nada, que espero que vuestro verano sea positivo y sobre todo relajante, pero sobre todo lleno de vivencias (no experiencias) que os hagan recordarlo dentro de otros 40 años si seguimos aquí. Los que vienen a hacer "balconing" como única vivencia después de su anodino año entre nieves y frío allá por el Báltico, pues me parece que son candidatos a vivir en los próximos años una depresión y otras consecuencias peores porque tienen una vida y mentalidad preocupante, eso, por supuesto, si ya no han vuelto en una caja de pino como dije antes después de empotrarse contra el suelo de un hotel de Mallorca porque calcularon mal la distancia desde el balcón de su apartamento a la piscina. Ojalá no ocurra mucho este año y que se viva un veraneo tranquilito en cualquier lugar de España. 


domingo, 12 de marzo de 2017

FAMILIA NUMEROSA

Mi abuela paterna era hija de un matrimonio que tuvo 14 hijos; mi abuela materna eran 9 hermanos, al igual que mi abuelo materno... Esas cifras de hijos eran habituales en matrimonios de finales del s. XIX y principios del XX, sobre todo en el rural de Galicia y en muchos lugares de España. También es verdad que algunos miembros de esa prole morían pocos días o semanas después de nacer o en sus primeros años de vida. Situaciones económicas de las diferentes regiones o países hicieron que muchos de ellos y ellas emigraran y nunca más se supiera de los que un ¿buen? día marchaban de su casa con una maleta. En mi familia hay algún caso.

En España, la Guerra Civil segó la vida también de muchos de estos hijos e hijas jóvenes, muchos de estos muertos están en cunetas sin identificar y sus familias jamás recibieron sus restos. En la posguerra el número de descendientes de un matrimonio aún se mantenía alto aunque ya empezaba a bajar, mi padre por ejemplo fueron 6 hermanos (uno muerto al poco de nacer) y mi madre es hija única. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral y la revolución sexual que introdujo los métodos anticonceptivos (en España, como no, siempre tarde, mal y arrastro) el número de hijos cayó drásticamente. Ya en mi generación y en ambiente urbano era muy raro tener algún compañero o compañera que fueran 4 hermanos o más. El envejecimiento de la población en España y especialmente en Galicia se ha tornado un gran problema. Igualmente, muchas parejas o personas a nivel individual deciden tener solamente uno o dos hijos, de tal forma que hoy está considerada familia numerosa aquel núcleo familiar que tenga 3 menores a cargo, 2 en el caso de que uno tenga valorada una disfuncionalidad.

Y esto se nota en los colegios también. Un día se me ocurrió preguntar en mi clase quienes eran hijos únicos y curiosamente la mayoría lo eran. Por eso cuando aparecen noticias como la que os voy a contar y dio origen a este post, me pongo a pensar un poquito.


He esperado unos días para publicar el post porque me quise enterar un poco de la historia de esta familia. Tengo el recorte del periódico local de A Coruña, pero poniéndolo en Google aparece la noticia en todos los periódicos de España y en las webs de organizaciones de claro carácter católico o ultracatólico, algún partido político minoritario y hasta un reportaje que se les hizo en un conocido programa de la televisión pública

Esta familia tuvo 18 hijos, el mayor de 25 y el más pequeño de 7. Echando cuentas la madre fue a embarazo por año. Pero esto no es lo que me ha llamado más la atención, sino el hecho de que varios de esos chavales han nacido con una cardiopatía congénita y tres de ellos murieron, por lo que los médicos recomendaron a la familia que no tuviesen más hijos, a lo que el matrimonio hizo oídos sordos y continuó con su idea, formar una gran familia.

Yo aquí empiezo mi reflexión. El padre se ha muerto de un cáncer fulminante con 56 años. La madre había escrito un libro hace tres años sobre la experiencia de formar y vivir en una familia numerosa. Hace escasamente año y medio recibieron el premio Familia Numerosa Europea del Año... ¿y ahora qué?

Desde luego el dolor por la pérdida de este hombre tiene que ser inmenso entre sus hijos y yo no voy a cuestionarlo, pero, ¿de verdad se plantearon seriamente alguna vez la trascendencia de la decisión que tomaron cuando empezaron a formar su familia y sobre todo, a desoir los consejos de los médicos? Porque tener encima la espada de Damocles de una enfermedad crónica como tienen algunos de sus hijos y vivir el sufrimiento de perder a tres, ¿es realmente consciente? En alguno de los artículos que leí, su fundamento tiene una fuerte convicción religiosa. No soy yo quién para criticar la fé de alguien, pero igual que un juez en algunos casos obliga a hacer una transfusión de sangre a un menor de otra religión al que sus padres se niegan a tratar médicamente, ¿qué pasaría si en un futuro uno de estos hijos se "rebela" contra su madre (su padre evidentemente ya no) y sus hermanos porque está padeciendo una enfermedad crónica que le puede matar?

Siento mucho la pérdida de este hombre, sobre todo porque pienso en sus hijos que se han quedado sin uno de sus referentes fundamentales, pero me asombra que ningún medio de comunicación o tribunal hable del grado de responsabilidad o irresponsabilidad que tenía este matrimonio con su decisión. Porque ahora queda una mujer sola con 15 hijos, imagino que un presupuesto para sacarlos adelante mermado y... bueno, en fin, no sé, yo no me imagino verme en una situación así y desde luego es una excepción importante a lo que hoy es el cánon de familia y de crianza de los hijos.

Solo espero que en unos pocos años tengamos alguna noticia de cómo les va en la vida a este clan y que se dé una información veraz y objetiva de su día a día porque si ya dos hijos agotan con sus actividades, situaciones vitales, enfermedades y problemas, llevar el control de 15 tiene que ser una dedicación exclusiva. Les deseo toda la suerte del mundo en esta nueva etapa sin su padre y ojalá podamos saber de ellos, como dije, en pocos años.


jueves, 23 de febrero de 2017

LAS FAMILIAS EN LA ESCUELA

Hace casi un mes que no escribo y es por falta de tiempo. Las tareas familiares y escolares me tienen copado prácticamente desde que me despierto hasta que me acuesto y hay días que solo duermo 6 horas, lo que me supone tener un cansancio acumulado inmenso. También ando vigilante en lo que respecta a la salud porque la pierna derecha en la que tuve la infección sigue a veces dando la lata. Finalmente los médicos dieron con el origen de todo, una incipiente insuficiencia venosa, concretamente en la vena safena, y aunque me han dicho que no me preocupe y que procure moverme, la mosca detrás de la oreja está y camino de los 48 años precauciones hay que tener.

De nuevo, voy a hablar de educación. Parece que cualquier cuestión educativa hoy está en boca de todos y es objeto de debate en tertulias, artículos de prensa, aparecen gurús que se proclaman salvadores en cualquier aula y todos, todos opinan mucha veces sin criterio o con afirmaciones más dignas de un plató de telebasura que de una institución como puede ser un colegio, instituto o centro de educación superior.

Desde siempre el triángulo esencial en el día a día de las aulas está compuesto por el alumnado, el profesorado y las familias. He hablado aquí muchas veces de los dos primeros y casi siempre en primera persona, así que hoy toca al otro vértice del que no he hablado tanto.

Cuando estudiaba Magisterio vi claramente que las familias deberían ser un pilar fundamental en la acción educativa. Imaginaba una participación constante y colaborativa por su parte en los colegios y con una plena confianza en la labor del profesorado. Posteriormente me llevé un gran chasco porque en la inmensa mayoría de los casos no es así, sino todo lo contrario. Hay un gran recelo a todo lo que hacemos en el colegio y sobre todo una despreocupación sobre todo aquello que supone la Educación, teniendo en algún caso experiencias bastante negativas con algunas familias en mis 26 años de docencia. Para muchos padres el horario escolar es una especie de libranza de los hijos mientras ellos trabajan (o no) y su momento de relax de lo duro que significa una crianza responsable y más en estos tiempos.

También, todo hay que decirlo, he visto como muchos compañeros y compañeras han puesto un auténtico muro a la relación con las familias, haciendo de sus aulas un fortín inaccesible y del que tienen que saber lo justo, lo estrictamente académico y poco más. Bien es cierto que los colegios no son iguales ahora que hace 26 años, pero en algunos casos esa relación bidireccional profesorado - familias falla y con ella falla todo el engranaje. Pero vayamos por partes.

Ante todo, no he venido aquí a quejarme de las familias ni mucho menos, dado que yo también soy padre y para más inri de una niña de exactamente el mismo curso que mis alumnos, 5º de Primaria. En mis últimos años ejerciendo he de afirmar con rotundidad que estoy más que satisfecho del trato que he recibido por parte de las madres y los padres de mis alumnos y alumnas y que defiendo que la relación familia - escuela debe mejorar y sobre todo entenderse.

Por norma general, una familia empieza a escolarizar a sus hijos el año que cumplen 3 años, es decir, si los "cuasi bebés" cumplen en octubre, noviembre o diciembre, entran en el colegio con 2 años, lo cual no deja de ser un crimen, a mi modo de ver. Esos primeros días de septiembre la preocupación familiar aumenta al traer a esos retoños al colegio y dejarlos en manos de unos profesionales que, de entrada, tienen la obligación de ganarse su confianza y de organizar un aula con 25 niños y niñas que lloran, se hacen pis y caca por ellos, están enfermos, se juntan con otros niños como ellos y bien podría ser la viva imagen de un caos a los que nosotros, los maestros (y sobre todo las MAESTRAS de Infantil) ponen orden mientras sus papás y mamás vienen diciendo que "es que mi niño es especial", "es que no le gusta comer plátano y le traigo un donuts", "es que ha estado vomitando toda la noche y que le des Dalsy"... ¡¡E-R-R-O-R!! En un colegio TODOS son especiales y dejan de ser "príncipes y princesas" para comenzar a convertirse en pequeños ciudadanos y a adquirir destrezas y competencias.

Es en ese momento cuando las familias deben entender que una vez traspasada la puerta del colegio los y las PROFESIONALES que estamos dentro sabemos lo que tenemos que hacer y que o confían en nosotros o mejor que dejen a su hijo en casa. Puede parecer muy drástico pero un colegio NO ES un lugar donde se "aparca" a un niño en un horario a convenir y según demanda, sino en la mayoría de los casos de 9 a 2 de la tarde, habiendo casos también de niños que son dejados a las 7:30 h. en el programa "Madrugadores", se quedan a comedor escolar y continúan con actividades extraescolares, lo cual implica que pueden recogerlo a las 6 de la tarde: nada menos que 10 horas y media sin ver a nadie de su entorno. Otro auténtico "crimen" que debería estar totalmente prohibido.

Es precisamente en la etapa Infantil donde surgen los mayores malosentendidos entre familias y profesorado, precisamente por ese proteccionismo que tanto invade nuestra sociedad y estilo de vida por el cual se propugna que a ningún niño le daba pasar nada. Pues es otro error. Un niño debe caerse, hacerse una herida, llevar un golpe, aceptar una reprimenda y sobre todo OIR UN ROTUNDO "NO". Es más que evidente que dentro de un colegio los maestros estamos para cuidar de su bienestar y partir de la base por parte de las familias que "allí dentro" van a "reprogramar" a sus vástagos e inculcarles el peor de los males, es un mal principio.

Cuando ya llevan unos años en el colegio la situación se va suavizando, lo cual no impide que de vez en cuando surjan situaciones que puedan constituir una mera anécdota o derivar en un problema más grave que pueda derivar en una denuncia o una agresión por parte de las familias a los docentes. Aquí estaríamos hablando ya de DELITOS claros y hay que partir de la base de que como profesionales tenemos unos deberes para con nuestros alumnos de protección de su privacidad y su integridad, aparte de velar por su bienestar y salud durante el tiempo que estén con nosotros. Si de nuevo una familia duda de estas premisas, entonces seguro a la larga tendremos más problemas y lo que se está viendo es que los medios de comunicación acentúan cada vez más hechos discrepantes cuando se resuelven perfectamente en la convivencia escolar, hay instrumentos más que suficientes para ello.

No voy a salir en una defensa a muerte de nuestras posiciones como profesionales porque soy el primero en reconocer que en ocasiones metemos la pata básicamente porque somos HUMANOS y no tenemos una varita mágica para en momentos de duda tomar la decisión acertada. Pero también decir que, como padres, tampoco la tenemos y nos equivocamos en la crianza de nuestros hijos, solo que aquí NO PASA NADA y nadie nos viene a decir lo que deberíamos hacer (en algunos casos se debería, desde luego, por parte de algún organismo oficial). El caso es que como tutor en los últimos años parto del hecho de que las familias tienen que tener una CONFIANZA ABSOLUTA en lo que yo hago en el aula y así se lo hago saber en las reuniones con ellos. Tal vez sea esa característica la que sirva para decir que estoy más que satisfecho y agradecido del trato que me han dado las familias en estos años. 

En las tutorías individuales que mantengo con ellos no solo este curso, sino también los anteriores, tengo que decir que he tenido que decir varias veces MUCHAS GRACIAS porque las familias me manifiestan su total confianza y su agrado con mi trabajo con sus hijos. Creo que no olvidar eso, que yo ENSEÑO, CUIDO y QUIERO a sus hijos es esencial para que la relación familia - escuela funcione. Puedo presumir, y lo hago, de tener amigos que han sido padres o madres de mis alumnos y con los que sigo manteniendo trato en algunos casos más de 20 años después. Actualmente muchos de los papás y las mamás de mi grupo de alumnos tienen más o menos mi edad y la conexión de intereses es mayor, teniendo en cuenta que ellos también comprenden que yo soy padre de una niña de la misma edad que sus hijos y que en poco más de un año y medio compartirán aula en el instituto del barrio. 

Por todo ello quería escribir este post. Es necesario y urgente que las familias ENTREN en los colegios. No se trata de que haya representantes en los Consejos Escolares o en las ANPAS, sino de que participen activamente de lo que allí hacemos, lógicamente sin cuestionar lo que por nuestra capacitación profesional hacemos. Para mí sería un auténtico lujo poder contar en las aulas con los padres y las madres, pero también sé que en el momento en que entrasen en mi clase la "magia" que tengo con mis alumnos desaparecería, y eso lo comprenden perfectamente. Aún así, a los que me lean, a lo largo de estos años he podido comprobar una cosa: que sé que mis alumnos me quieren por cómo los trato y por lo que les enseño, pero también que para ellos sois sus modelos y que os quieren mucho, mucho más que a mí y que os respetan más que a nadie, os lo garantizo. Y así debe ser. Y para mí es un lujo recibir halagos, cómo no, pero también es un lujo comprobar el amor que os profesan en las cosas que cuentan, en cómo hablan de vosotros y lo mucho que significáis para ellos. Pero ese es el regalo que solo yo vivo allí dentro durante 5 horas todos los días (jejeje) y es un placer compartirlo con vosotros, papás y mamás, a los que os pido que sigáis confiando en los maestros y maestras que os aseguro que solo queremos LO MEJOR para nuestros alumnos y alumnas, aunque a veces podamos equivocarnos. Así que GRACIAS de nuevo y a continuar mejorando, todos, por el bien de los futuros ciudadanos de este país, por su EDUCACIÓN.




domingo, 8 de enero de 2017

LA VISITA DE RIGOR

¿Pensáis que voy a hablar de los Reyes Magos? Pues no, no toca. Además, no he tenido Reyes. Bueno, sí, en la última extracción de la Lotería del Niño sale el primer premio terminado en 54 y yo tenía un décimo terminado en 54, así que 120 €. Lo único (y no está mal) que he tenido de regalo, aunque si hay suerte el 2017 puede ser un año interesante, ya se verá que solo llevamos 8 días.

Pero volvamos al título de la primera entrada de este año en el blog: LA VISITA DE RIGOR. Seguro que pensáis que he tenido que ir a ver a una tía-abuela que está muy mayor y que es un poco cascarrabias, o al padre de una amiga que pregunta por mí cada año desde que estuvimos en la Universidad. Pues tampoco. La visita de rigor es la que te hace temblar, te pone los ojos vidriosos y sientes que ardes: LA GRIPE

Y no la he cogido yo, por suerte. Estamos en plena epidemia de gripe en Galicia y parece ser que es muy virulenta porque no ha habido un frío severo y el buen tiempo agudiza los efectos del virus, aun estando vacunados. La han pillado mis padres y más gente mayor que conozco en el barrio. Desde el día 30 están los pobres metidos en casa y sin verlos por temor a que nos contagien, así que el día de Nochevieja la cena la hicimos la familia de mi hermano y mis hijos y yo en mi casa, cocinando mi cuñada y yo desde las 6 de la tarde un menú que ni en los mejores restaurantes:

- Embutidos ibéricos
- Canapés de salmón
- Pinchos de lasaña de berenjenas con queso de cabra
- Foundee a los tres quesos en bollo de pan gallego
- Carne asada a nuestro estilo
- Postres de Navidad y Tarta "de la abuela"
- Uvas de la suerte sin pepitas

Vinos Ribera del Duero, refrescos y sidra

¿Quién da más? La cena salió de vicio, os lo aseguro. Eso sí, a las 23:59 conectamos por Skype con el hogar paternal para tomar las uvas todos juntos, la verdad es que fue una entrada de año curiosa porque los viejiños amantados en el salón de su casa y nosotros aquí con toda la juventud de la familia, pero unidos, que es lo importante.

La cuestión es que la maldita gripe está colapsando los hospitales gallegos. La población en Galicia es tan mayor que al mínimo contratiempo de este tipo hay que acudir a Urgencias porque si hay un riesgo añadido puede haber problemas graves o incluso morirse (ya ha pasado con 4 personas, parece ser). El caso es que hace poco también tuve que ir a Urgencias con mi padre, aunque no por gripe, y no puedo dejar aparcado mi curiosidad observadora de todo lo que allí acontece mientras tratan a los pacientes. De entrada decir que un 10 por los profesionales de la Sanidad pública gallega, que atienden haciendo más de lo que se espera de ellos, a pesar de los recortes. Pero claro, cuando llegas a este servicio de uno de los hospitales de referencia de España como es el CHUAC (Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña) a las 19:15 de un lunes de diciembre, derivado desde el PAC (Punto de Atención Continuada) que tienen asignado mis padres y ves las causas por las que realmente la gente acude a Urgencias, empiezas a darle a la masa gris y dices "no podemos seguir con esta gestión, esto es más que inviable". 

El CHUAC atiende a una población de más de 500.000 personas en un área que coge bastantes municipios limítrofes de A Coruña y comarcas vecinas. Puede venir gente a Urgencias desde más de 60 km de la ciudad. Pero lo que hace que se colapse el servicio es que, por ejemplo, si una persona tiene una torcedura en los PAC de referencia comarcales no hay servicio de radiología y tienen que venir a Coruña, con todo lo que eso supone. Se atienden además urgencias oftalmológicas, de psiquiatría y no se cuentan las pediátricas que acuden directamente al Hospital Materno Infantil. Total, que la sala de espera de los acompañantes estaba a rebosar porque claro, mínimo vienen dos personas por paciente, ya es raro que venga una sola, y puede haber hasta tres o cuatro... ¡o más! Así que el ambiente era irrespirable y tranquilamente había, en las 5 horas que estuve con mi padre, más de 60 pacientes siendo atendidos. Una auténtica locura, eso sin contar los que ya habían ingresado en horas previas.

¿Cómo se sostiene económicamente todo esto? Cada vez que recuerdo que en Holanda ir a Urgencias estaba casi que prohibido a no ser que te estuvieses muriendo y aún así con la tarjeta de crédito en la boca o no te atendían, veo que desde luego prefiero nuestro sistema sanitario, sobre todo por la profesionalidad de los sanitarios, pero a mi modo de ver hay cosas que cambiar. Por una radiografía de los dedos no puedes venir desde 60 kilómetros a la capital, esperar mínimo dos horas para decirte si hay algo o no, ese tipo de asistencia hay que descentralizarla. De hecho, a mi padre ya le habían hecho pruebas en su PAC (para los de Coruña, la Casa del Mar), pero como aparece como usuario de un programa de atención a pacientes con problemas coronarios que se llama "Alerta Corazón" (y que no es un programa de televisión de cartas de amor), el protocolo lo deriva, aunque las primeras pruebas den perfectas, al hospital a descartar cualquier tipo de problema. Es decir, la cadena funciona a la perfección, porque además desde la Casa del Mar al CHUAC lo llevaron en ambulancia medicalizada con un médico, una enfermera y un auxiliar, para una distancia de poco más de un kilómetro y yendo yo detrás en mi coche. Es eficiente, ¿pero es estrictamente necesario? Porque además en el hospital le hicieron más pruebas que siguieron dando perfectas, lo dejaron en observación toda la noche, le repitieron analíticas por la mañana y le hicieron una prueba de esfuerzo,   con la suerte de que estaba de turno una cardióloga que conocíamos porque era de nuestro mismo portal y la conocemos desde que nació. ¿Qué más se puede pedir?

Así fue, que por la mañana yo me fui a trabajar y mi padre quedó solito en el hospital y cuando le dieron el alta se vino para casa en el bus urbano, sí señor, ni taxi ni nada, independencia y autonomía. La verdad es que por estas cosas le envidio, yo soy más "quejica", no sé yo si cuando tenga 80 años (casi casi 81) vendrían mis hijos a recogerme o me las tendría que apañar.

En definitiva, BRAVO por nuestra Sanidad, BRAVO por sus profesionales, MAL por los gestores y REGULAR por muchos acompañantes de los pacientes que molestan más que ayudan y por cuestionar el trabajo de los sanitarios, hay que educar mucho a las personas para hacer un buen uso de los servicios públicos y no abusar de ellos, en eso sí que envidio lo que veía en Holanda, aunque ya es algo más de civismo y educación ciudadana. De todas formas, cuanto menos vayamos a Urgencias,  mejor. ¡¡Salud para todos en 2017!!


viernes, 15 de abril de 2016

GESTIONANDO EMOCIONES

Están de moda. Cualquier actividad formativa que tenga que ver con la inteligencia emocional tiene un éxito considerable. Hoy comencé un pequeño curso de formación referido a la gestión de emociones. Bueno, en realidad el curso empezó el pasado jueves, pero debido a uno de esos momentos difíciles en los que la familia se une, no pude asistir. Y es un hecho que tiene una importante carga emocional que hay que saber gestionar. Cuando se muere alguien tan cercano a ti, como lo era mi tío Chemo, tu mente de una u otra forma tiene que digerir esta circunstancia. Después de unos días en los que la familia se unió como una piña para despedirlo en Manacor, toca gestionar un duelo, más duro de lo habitual porque es el primer tío que se nos muere y que suponía un nexo de unión entre el resto de los hermanos de mi padre. Fueron momentos emotivos, de dolor, pero también de mucho amor y cariño hacia mi tía, hacia mis primos y familias, unidos todos en algo que, no por esperado, deja de ser doloroso.

En fin, después del viaje relámpago a Mallorca, uno vuelve a la rutina, algo cambiado pero poco a poco asentando lo ocurrido y gestionando las emociones que surgen. Tenía ganas de acudir a las sesiones del curso, no sólo por este hecho, sino porque estoy convencido de que gran parte del éxito en las aulas viene porque los docentes saben (sabemos) llegar a través de las emociones a las mentes de los chavales.

Hubo un cambio en mi vida hace unos años en los que me di cuenta de que este tema era primordial. Ocurrió en 2007. Hasta ese momento, yo era un maestro especialista en Música que impartía una hora semanal a los diferentes grupos de Primaria de cada colegio en el que recalaba (o como mucho dos o tres en Secundaria). Ese año opté por cambiar de especialidad y solicitar vacantes de Primaria, es decir, ocupar un puesto como tutor de un grupo. Pese a mis temores iniciales pero sobre todo gracias a lo aprendido con una compañera, Mercedes, que era tutora en Catoira, con la que compartí muchas charlas educativas y también una tutoría allí en 3º de Primaria, el cambio llegó. El curso 2007-08 me estrené como tutor en Ordes y puedo afirmar con rotundidad que fue una de las elecciones que más me satisfizo a lo largo de mi vida profesional.

Durante tres cursos fui tutor del mismo grupo de alumnos, desde 4º hasta 6º de Primaria. Lo vivido con aquellos niños y niñas, reflejado aquí en el momento de iniciar este blog allá por junio de 2010 cuando obtuve el puesto en Holanda, fue un punto de inflexión importante en mi manera de entender a los demás. Aquellas vivencias aún perduran en las mentes de muchos de ellos (ahora ya a punto de acabar 2º de Bachillerato y en algunos casos acceder a la universidad o a un ciclo profesional) y por supuesto en la mía. Tengo contacto con algunos de esos alumnos y alumnas por Facebook y sé que algo en mí cambió después de los tres años en Ordes.

Luego llegó el período holandés, que todo el mundo sabe que terminó bruscamente con una gran tormenta emocional. Fue ese episodio el que hizo que creciese en mí el interés por aplicar actividades referidas a la educación emocional en el aula. Y si el primer año después de la vuelta ya tuve una buena experiencia con el alumnado (jamás olvidaré a Marco y su "muro de Berlín entre Corme y Laxe"), es ahora, llevando 2 cursos con estos alumnos y alumnas del "Anxo da Garda" donde me veo cada vez más convencido y capacitado para tratar este tema en el aula.

Y salen cosas. Salen situaciones como la que os voy a narrar. El jueves pasado, recién informado de la muerte de mi tío y preparando un poco el viaje, buscando vuelos, alquiler de coche, etc., yo fui a trabajar. Avisé en el centro de que el viernes no iba a asistir porque marchaba a Mallorca. Cuando empecé a dar clase mi ánimo no era el de siempre, lógicamente. No pasaron ni 15 minutos cuando empiezo a oir murmullos del tipo "le pasa algo, no está bien, está raro..." y en segundos escuché una voz que me pregunta:

- Alfonso, ¿qué te pasa hoy? Estás raro.

Yo estaba escribiendo algo en el encerado y en ese momento sentí la necesidad de contarles lo que ocurría, dado que ellos y ellas también me cuentan a mí cómo se sienten ante algún problemilla con un compañero, un examen con una nota mediocre, un problema en casa, etc. Me di la vuelta y les dije:

- Bueno, creo que merecéis una explicación de mi estado de ánimo, ya que vosotros también me contáis frecuentemente el vuestro.

Y les dije lo que pasaba. No pasaron ni 10 segundos cuando una alumna se levantó, se acercó a mí y me dijo

- Te mereces un abrazo. Lo siento mucho

Me abrazó, y como un imán se levantaron todos y vinieron a abrazarme. Les conté que al día siguiente no vendría y bueno, que no se preocuparan, que el ritmo escolar no sufriría alteración y que el lunes ya volvería al colegio.

Pues bien, ese hecho es único. Y no se debe a la casualidad. Se debe a que se produce una conexión emocional entre yo, profesor, y un grupo de niños y niñas de 11-12 años, alumnos y alumnas cuyo

 centro del mundo durante cinco horas al día (o más, por lo que me cuentan sus padres y madres) eres tú. Y hay una transmisión de esas emociones, una química que les permite emocionarse conmigo y, en definitiva, conocerse a sí mismos, que no deja de ser lo fundamental en la educación. 

Sólo quedan dos meses de curso y sé que los echaré mucho de menos. Luego vendrán otros y vuelta a empezar. También sé que han aprendido muchas cosas, a lo mejor no tantas como pone el currículum, pero sí otras más importantes desde mi punto de vista. Y sé también que yo he aprendido con ellos, que esa gestión emocional continúa y seguirá porque nuevos hechos y nuevas experiencias nos exigirán el reto de afrontarlas con una inteligencia emocional correcta. El curso al que he empezado a asistir hoy ayudará, el resto lo pondrá la vida.


lunes, 26 de octubre de 2015

MUDANZAS (TAL DÍA COMO HOY...)

Siempre que empiezo un post y escribo el título quiero que surja la duda, la sorpresa, el "continúo leyendo". Y no, no me mudo yo... esta vez. Se muda una familiar mía, a Lugo, a su ciudad. Mi prima Elisa, la mayor de todas y todos los primos, se jubiló hace pocos meses y mañana vuelve a casa, casi casi a ver la muralla desde ella. La verdad es que cuando una persona como ella, que yo vi marchar a Francia a estudiar desde la estación de tren de Lugo, llega a esta etapa de la vida, te va haciendo ver que el tiempo pasa, que los mayores algún día no estarán aquí y que el testigo ahora lo tenemos nosotros; en definitiva, maduramos y pasan los años.

Pero el post no va del cambio de casa de mi prima, que aprovechando la mudanza se ha desprendido de algunos que otros muebles y objetos que han parado en la mía muy bien acomodados, sino de todo lo que hay detrás de una mudanza. Yo he vivido varias, bastantes a mi modo de ver, no ya en mis primeros inicios en la profesión en los que cada año estabas destinado en una población distinta (Ciñera, Ponferrada, Tapia), también después cuando empiezas a asentar la vida, incluso dentro de la misma localidad. Un día eché cuentas y he tenido, aparte de la casa donde me crié en A Coruña, mi domicilio ha estado en ¡¡13 viviendas diferentes!!, todo esto en 24 años, "xa lle chega ben". Y aunque no todos los traslados son iguales, ya que unos son más significativos que otros, todos dejan recuerdos en los domicilios y tú te vas cargado de vivencias.

En los primeros años todo se ceñía a unas pocas cajas, un par de bolsas con ropa y se acabó. Cuando ya te ayudan tus amigos con otros coches o acabas contratando un servicio de transporte o propiamente de mudanzas, es cuando ves que tu vida crece y que muchas cosas pueden llegar a ser prescindibles. Recuerdo con especial intensidad dos traslados, cuando marché de Tapia de Casariego a Padrón que, una vez vaciada aquella vivienda de maestro en el centro del pueblo, me apoyé en una pared y me emocioné, llegando a soltar unas lágrimas. Estaba recién casado y mi entonces mujer se acercó a mí, me agarró de un hombro y me dijo un "tranquilo, vamos", con mucho cariño. Fueron muchas cosas las que viví allí en los 4 años que estuve, relaciones personales que acabaron mal con alguna persona, pero buenos momentos con mis compañeros de trabajo y con los alumnos, curiosamente esto ha sido siempre constante en mi vida y puedo estar orgulloso de haber conocido gente que se queda en el corazón en cada uno de los colegios en los que trabajé, alumnos y profesores.

También hubo otros dos traslados que fueron especialmente significativos: cuando dejamos Padrón y vinimos a Coruña (aunque en dos momentos) no se me olvidará nunca la despedida a Carmen en el portal de nuestro piso, Martín con 6 añitos recién hechos y el ramo de flores que le dimos por su cariño con nosotros cuidando a nuestros hijos y a toda la familia; de nuevo lágrimas en los ojos de todos en una oscura tarde lluviosa de diciembre, allá por 2006. El otro traslado fue la vuelta definitiva de Amsterdam, que ya la narré aquí, cuando llegué completamente destrozado emocionalmente para empezar a vivir una nueva vida divorciado y sin domicilio por unos días. Nunca, nunca olvidaré el momento de despegar el avión de Schiphol aquel 29 de junio y aterrizar poco más de dos horas después en Alvedro y abrazar a mis hijos con los ojos más llorosos que nunca. A los pocos días, llegaron los muebles desde Holanda, recogidos un par de semanas antes del recién alquilado domicilio de Paul, un piso que fue poco disfrutado pero que recuerdo con una mezcla de amargura e ilusión por todo el proceso que empezó allí y que quedó truncado. Por cierto, tengo ganas de volver una vez a Amsterdam, para andar por sus calles, recorrer mis lugares, pensar, sentir y hablar con la buena gente que también dejé allí.

¿Qué tienen las mudanzas que son más que mover muebles y cajas? Tienen esa característica de significar el fin de una etapa y el comienzo de otra. Algunas son meros trámites por mejorar en cuanto a precios de alquiler o situación en una ciudad; pero otras son un antes y un después en la vida de las personas. Entrar en un piso nuevo, que has comprado con esfuerzo, amueblarlo a tu gusto, decorarlo con objetos que son tus recuerdos, tu vida... Y verlo crecer, de alguna manera un piso que habitas crece contigo, cambia su fisonomía, si tienes hijos transformas sus habitaciones a medida que también crecen. En fin, reflejan tu vida, tanto personal como emocional.

Y curiosamente tengo debilidad por una de esas 14 viviendas que habité. Las hubo desde muy pequeñitas pero acogedoras, como la de La Vid de Gordón, hasta el piso de Paul en Amsterdam, amplio y con una decoración y disposición exquisita. Sin embargo, el piso de Padrón, el que compramos poco antes de nacer Martín, precisamente tal día como hoy, 26 de octubre (os juro que cuando empecé a escribir el post ni me había dado cuenta) fue "mi piso", donde Martín se crió, donde nació Greta, donde vinieron amigos a dormir, donde hubo comidas de amigos y de familia, cumpleaños, fiestas y algún que otro mal momento de salud. Un piso que vimos crecer, montando la cocina, comprando muebles para cada habitación, diseñando los armarios empotrados, peleándonos con los decoradores por los "stores" del salón. En 2007 lo vendimos, pero posteriormente he soñado muchas veces con él. Supongo que si alguien interpretara esos sueños me diría lo que os acabo de escribir: que ese piso lo sentía nuestro y que nuestra marcha significó algo más que dejarlo y venderlo. No he vuelto a entrar en él, lógicamente, a pesar de que mi familia de Padrón vive al lado y siempre miro para sus ventanas cuando pasamos por delante del edificio. Mucho de mí hay en esa vivienda, tal vez más que en ninguna. No sé si volveré a sentir una vivienda tanto como sentí aquélla, pero desde luego trataré que, a pesar de tanta mudanza, nunca deje de emocionarme cuando vuelva a suceder. (¡Cuántos recuerdos hay en la foto que véis aquí!)


viernes, 26 de junio de 2015

TALENTO

Curso acabado. Y van 24. De nuevo, despedidas en clase y con mucho cariño por parte de mis alumnos, pero menos dolorosa porque en dos meses nos volvemos a ver, al no cambiar de centro. Estos últimos días de curso escolar, hasta el 30 de junio, los profesores nos dedicamos a elaborar actas, asistir a reuniones, anticipar un poco el nuevo curso, expedientes, libros... y también a la formación, si se tercia. Y sí se terció este curso.

Desde hace dos años existe un proyecto llamado Talento 3.0 que lleva a cabo una importante fundación gallega y la Universidad de Santiago de Compostela. Este año han participado varios centros educativos y llegó una invitación al nuestro para asistir durante 4 días en Santiago a un cursillo sobre el tema de altas capacidades en los niños. La verdad es que las fechas eran malísimas, de lunes a jueves mañanas y tardes, pero con San Xoán en el medio y visita familiar de tíos y primos de Mallorca. Aún así, allá nos fuimos 5 compañeros ya que teníamos el alojamiento gratuito y las ponencias prometían, debido a que venía un equipo de expertos de la Universidad de Connecticut.

El curso era para gestionar la intervención educativa en alumnos de altas capacidades por medio de un modelo metodológico de enriquecimiento curricular. Las sesiones combinaban ponencias de expertos con talleres prácticos de profesores que ya estaban aplicando la metodología durante este curso. Y la verdad es que ha sido un cursillo que ha merecido mucho la pena y que es más que probable que nuestro colegio, el único público de A Coruña que asistió, se incorpore al programa.

La metodología de enriquecimiento curricular parte de la base de que todo niño tiene un talento que hay que desarrollar. A veces queda oculto porque hay muchos condicionantes en niños y niñas que les hace pasar desapercibidos, sobre todo si no quieren que se sepa que son de altas capacidades. Lo cierto es que con cada ponencia, a través de las explicaciones que daban, automáticamente pensaba en mis alumnos, en mis hijos y en cómo manifiestan su talento: alumnos que tienen un don, alumnos "gifted" como los expertos los denominan.

Como yo no concibo ir a un curso a oír, sino también a participar, en muchos de los talleres mis aportaciones fueron muy valoradas por los compañeros y el resto de los asistentes. Hubo un taller en concreto que trabajaba el tema de las emociones, en el cual teníamos que desinhibirnos bastante y dejar que nuestros sentidos fueran descubriendo emociones ocultas. Luego la ponente, una conocida actriz gallega de teatro, nos invitaba voluntariamente a expresar esas emociones ante todos. Para algunos fue una pequeña catarsis y en determinados momentos hubo lágrimas. Yo me las contenía, pero era evidente que lo que había vivido había vuelto a despertar en mí recuerdos y emociones que aún no están bien gestionadas, pero a veces siento que tampoco hace falta controlarlas tanto. La sesión terminó con la propuesta de que cada uno de nosotros se levantase de su sitio, dijera su nombre y expresáramos en alto un sueño personal que tuviésemos. Hubo intervenciones muy personales y que llegaron muy adentro, pero en el momento en que me tocó a mí, que estaba ya apartado un poco de mis compañeras de colegio, me levanté y mi emoción total se desbordó:

"Perdonad, pero me cuesta mucho decir esto. Me llamo Alfonso y mi sueño es no dejar nunca de emocionarne". Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada sólo pude volverme a sentar, llevar mis dedos a los ojos cerrados y escuchar un caluroso aplauso que no olvidaré nunca. Desde ese momento y hasta que acabó el cursillo, la gente me felicitaba por los pasillos y me decían que era un profesional que transmitía, que tenía un talento. La actriz, al acabar la sesión, se acercó a mí, me dio un abrazo con mucho cariño y me dijo "muchas gracias por expresar lo que dijiste y por ser un profesor como pocos, necesitamos muchos como tú". También una de las ponentes norteamericanas me dio un caluroso abrazo y me levantó sus pulgares soltando un enorme "Great!!". Y la organizadora del curso, al terminar las jornadas, me dijo abiertamente: "tú tienes que incorporarte a esto porque tú eres un profesor con talento". Os prometo que todo este reconocimiento me hace sentir muy, muy dichoso, a veces también con una responsabilidad enorme. Siempre mi entorno me ha considerado como una persona que alcanzaba los objetivos con facilidad, pero yo nunca lo valoré ni lo consideré un don. De hecho, no creo que tenga esa capacidad que mucha gente me atribuye porque mis defectos la oscurecen un poco. Sin embargo, ahí está lo que el mundo opina y me demuestra y creo que debo estar a la altura y agradecer, siempre tener un enorme GRACIAS para aquellos que creen en mí y en lo que hago.

Soy maestro por vocación. Siempre lo quise ser y tengo claro lo que quiero enseñar y transmitir. Por lo que me demuestran mis alumnos y me han demostrado a lo largo de estos 24 años parece que lo logro. Entonces, ¿por qué a veces no me he sentido satisfecho? ¿Tal vez mis objetivos son demasiado elevados, mi autoexigencia es enorme y me provoca esas reacciones? Es probable que así sea. En todo caso, seguiré mi dinámica y sí, me implicaré en Talento 3.0 si mi colegio lo decide. Al fin y al cabo la saga familiar a la que pertenezco se caracteriza por tener también muchos de nosotros con talento, a lo mejor muchas veces no demasiado bien gestionados en nuestra etapa escolar, pero hemos salido a flote. 

Y para muestra, un botón. Hoy se ha puesto a la venta un nuevo libro de mi prima, Elisa Vázquez de Gay, el séptimo de su trayectoria como escritora, los tres primeros de poesía, los tres siguientes de novela biográfica (Anita Delgado, Maharaní de Kahpurtala) y ahora con otra novela ambientada en la Cuba colonial y en la que se reflejan las penurias de las mujeres esclavas, muchas de ellas de origen gallego. "Una casa en Amargura" está llamada a ser una de las lecturas del verano y una de las promesas literarias del año. Ni que decir tiene que empezaremos a verla y oirla de nuevo en entrevistas de prensa, televisión y radio, pero a nosotros, este clan de los González-Arias, nos importa el honor y el orgullo de tenerla ahí, de compartir su TALENTO, sabiendo que nuestros abuelos y familiares que ya no están estarían más que orgullosos de ella y en definitiva de todos nosotros, a pesar de los avatares difíciles de la vida. Así que ya véis, seguimos dando guerra y lo que nos queda. Un abrazo muy grande para todos


lunes, 28 de abril de 2014

CUANDO ME EMOCIONO

Aquel que me conozca sabe que soy de lágrima fácil. Nunca encontré una explicación a las lloreras que me dan por cualquier cosa que al simple mortal le podría provocar risa o simplemente una alegría solidaria y compartida. Hoy he tenido una sensación de emoción ante un evento que quise haber vivido pero no pude hacerlo y que ocurrió en A Coruña.

Desde hace unas semanas se ha anunciado por toda la ciudad una maratón. Creo que es la primera vez que se celebra aquí y ya desde ayer había cierto ambientillo por las calles. Observaba que había gente con ropa deportiva paseando, con un perfil muy claro de corredores de fondo (o corredoras). Las calles estaban siendo preparadas para la carrera y en los carteles de tráfico anunciaban durante toda la semana que habría cortes de tráfico en el centro por este motivo.

No estuve en la ciudad desde primeras horas de la mañana ni accedí a Internet. Cuando llegué a casa, en "La Voz de Galicia" publicaron las fotos de la carrera... y ahí llegó mi emoción.

Yo creo que jamás podré correr una maratón ni siquiera 1000 metros sin "botar os folgos" como decimos por aquí. Por eso ver a gente de todas las edades que llegan a la meta, gente incluso con disfuncionalidades físicas, entrar de la mano de tus hijos que te están esperando o mirar al cielo para ofrecérselo a alguien que está allá arriba observándote, tiene que ser algo único para una persona. Yo he sentido emociones así en ocasiones muy contadas. La más clara, cuando vi nacer a mis hijos, momento único que me llevo yo siempre en mi bolsillo y que su madre no pudo disfrutar cómo yo lo hice; también cuando entré de peregrino en la Plaza de la Quintana de Compostela después de 35 días de caminata desde Francia por el Camino de Santiago. Recuerdo perfectamente ese momento y cómo me preparé para ello. Son logros que uno consigue y que hacen que te sientas único en el planeta, pleno, feliz, realizado e importante en el mundo.

Por eso, cuando hoy vi las fotos de la carrera, no puedo tener más palabras que las de admiración por todos esas personas que de un modo "amateur" se han propuesto la meta de acabar. Daba igual el tiempo, lo importante era el objetivo personal. Me hubiese encantado estar en las calles de Coruña animándoles porque me emocionaría mucho. Desde luego, el año que viene no falto si se repite. 

Mientras, seguiré emocionándome porque eso significará que estoy VIVO, que siento, que amo, que río, que lloro, que me cabreo y que disfruto. Cualquier detalle o acontecimiento que genere alegría en la gente o un profundo dolor, me emociona y lloro. Por poner dos ejemplos antagónicos claros, lloro de contento viendo a la gente que le toca el "Gordo" de Navidad, por ejemplo; pero también lloro cuando una tragedia sacude a alguien o algo cercano a ti, como el día fatídico del accidente de tren de Santiago en julio pasado.

Mis hijos también me hacen llorar cuando me abrazan y me expresan lo que sienten, cuando me miman y también cuando me "exprimen" y me someten a pruebas de "stress", que lo hacen. Me hicieron llorar mis alumnos de Ordes cuando acabé allí en 2010, al igual que la última reunión con las familias de mis alumnos de Amsterdam en junio de 2013. Lloraré, sin dudarlo, cuando despida a mis alumnos de 4º de este año, a pesar de que los veré a menudo por el barrio. Pero es que yo soy así y no puedo (ni quiero) evitarlo. Básicamente porque mostrarse tal cual es es demostrar al mundo y a sí mismo que seguimos VIVOS, a pesar de las zancadillas y tropiezos que esta puta vida te va poniendo.

Curiosamente, me puse a escribir este "post" justo después de ver las fotos de la maratón y de leer el blog de Paquito y contestarle (en ese orden). Sentí la necesidad de hacerlo sin demora para no dejar ir la inspiración. Con gente como Paquito, como Pelocha, como Gloria, como muchos más... el mundo se mueve y las ideas fluyen. Y para mí es importante porque me enriquece, así que, como le decía a Paquito en mi respuesta, no me arrepiento de NADA de lo que hice en mi vida porque si me equivoqué, que seguro que sí en muchos casos, aprendí de los errores y cuando acerté, disfruté de mis elecciones y de mis metas, igual que hoy los atletas de la maratón. Y seguirá siendo así, for ever.


(Foto extraída de "La Voz de Galicia", maratón Atlántica42)

domingo, 6 de abril de 2014

LA SOLEDAD

Está a punto de hacer un año desde mi giro obligado de 180º. Algunos os preguntaréis si he cambiado o si la situación me ha cambiado. Supongo que sí porque pasar por una situación tan traumática como la que he vivido no puede dejar a una persona igual que antes. Pero durante este año he comprobado quién está ahí y quién no y desde luego los del "no" excusan de acercarse a mi vida porque los echaré a patadas.

Sin embargo hay días aún de "montaña rusa". No voy a decir que estoy como en abril de 2013, por suerte y por tenacidad estoy mejor, aunque de vez en cuando aparece el "bajón" y vuelves a retroceder un poquito en este camino de la vida que desde luego no está surcado de rosas.

A nivel laboral no me pueden ir mejor las cosas. Ya he obtenido de nuevo destino definitivo como maestro y de nuevo al lado de casa, en otro colegio del barrio, como muchos habéis visto en Facebook, esa nueva ventana en la que hay muchas cosas que sobran y en la que mucha gente expone su vida sin el más mínimo reparo. Yo cuelgo muchas cosas en mi "muro" pero nada que tenga que ocultarse o no saberse, de hecho aunque muchos no lo crean, yo cuento muchas cosas pero lo más íntimo siempre me lo guardo para mí y los míos, al igual que aquí en el blog.

Pero siempre hay una cosa que me preocupa y sobre todo a medida que vamos creciendo y llegamos a la mitad de la vida: la soledad. Yo nunca me consideré una persona solitaria, es más, me gusta mucho compartir y tener a alguien cerca a quien contarle con plena confianza mis dudas, mis temores, mis éxitos y compartir, en definitiva, todo lo que me pasa. Sin embargo también me doy cuenta que durante varias etapas de mi vida, estando soltero o casado, viví muchas veces solo. Cuando estaba en Holanda tenía siempre en mi cartera un papel en inglés para que avisasen a alguien en caso de una emergencia en la calle, que perdiese el conocimiento o algo así. En ese papel los datos de mis dos "ángeles de la guarda" holandeses, Manolo y Marisol, eran para informar a los que me atendieran en un momento grave. El temor a veces surgía cuando me acostaba en mis casas de Beverwijk o Amsterdam y pensaba "¿y si me pasa algo de noche?". Lógicamente, tarde o temprano se darían cuenta de mi ausencia, pero es esa sensación de soledad que sentía la que me generaba en ciertos momentos ansiedad o stress, acentuado por el hecho de vivir en un país que no era el mío, con otros códigos de comportamiento o hábitos de conducta.

Viví solo también 5 años desde que aprobé las oposiciones hasta que me casé. Y estando casado hubo tres momentos, además de la estancia en Holanda, en los que estuve separado de mi familia por motivos laborables de mi ex-mujer u otras circunstancias. Aunque tenía mucha gente pendiente de mí, igual que de mi familia, la soledad la lleva uno por dentro y los sentimientos que genera provocan muchas veces angustia. 

Ahora vuelvo a estar solo, rodeado de amigos y familia, eso sí, pero duermo solo y paso muchas horas en el salón de mi casa sin poder compartir con nadie lo que siento o lo que vivo. Hay momentos  en que me encuentro bien, que es necesario por pura higiene mental, pero curiosamente y a pesar de la imagen que doy, odio vivir solo. Es posible que no sea fácil convivir conmigo porque tantos momentos de soledad hacen que crees tus hábitos vitales, tus manías y, en fin, tu estilo de vida. pero yo sinceramente creo que no, que me amoldo sin problemas a la gente, en viajes, en salidas, en la convivencia diaria... Eso sí,  mientras respeten mis tareas, mis hobbies, mis hábitos. Sé que convivir no es fácil, pero creo que somos las propias personas las que lo hacemos difícil. Se trata de respetar y ser respetado y yo en muchos casos no me he sentido respetado por gente con la que conviví en determinados momentos de mi vida. Recuerdo, por ejemplo, un curso de música que hice en Hungría en 1999. Éramos un grupo de españoles y de estudiantes de once países que compartíamos muchos momentos juntos, pero lógicamente los españoles estábamos más unidos. Había dos personas en ese grupo que no congeniaba con ellas. Es normal que en un grupo grande no todo el mundo se lleve bien y se viva en un mundo "happy flower", pero analicé muchas veces aquellas vivencias y sinceramente creo que esas dos personas no enganchaban bien con el grupo. Recuerdo que un día discrepé un poco con una de ellas y le pareció fatal, me lo echó en cara, pero realmente fue porque no respetaba mi punto de vista sobre una situación que vivimos allí.

Hace pocas semanas conocí a una persona especial con la que también tuve esa sensación. Yo le exponía mi opinión o punto de vista sobre algo que esa persona comentaba y muchas veces le parecía mal si no coincidía con el suyo. Y saqué conclusiones: mucha gente dice que prefieren que les digan las opiniones a la cara, que no se digan cosas por detrás, pero yo creo que precisamente es esa gente la que no está preparada para oír algo que va en contra de lo que realmente han pensado. Y ojo, a mí eso también me pasa, no voy a decir que me guste, pero a veces es mejor quedarse callado antes que provocar un cataclismo en la otra persona por ser "demasiado" sincero.

Diréis que tiene que ver todo esto con el título del post. Pues básicamente pienso que la gente que acaba viviendo sola mucho tiempo, acaban por no tolerar al otro, por ser muy exigente con los que llegan a su vida y por no acceder a la tolerancia, al entender la postura del otro. Yo espero que este momento de soledad que vivo acabe pronto, porque sé que puedo vivir perfectamente con alguien compartiéndolo todo, lo mío y lo de ella. No sé cuándo surgirá el amor de nuevo (si surge algún día), pero sí sé que no tendré problema en adaptarme como lo he hecho siempre y esperando de la otra persona la misma empatía (otra vez la palabra mágica) hacia mí. No es fácil, pero tampoco es imposible. El tiempo lo dirá. Os dejo con una imagen que lleva una frase muy bonita y que, en fin, ahí queda para reflexionar un poco.


martes, 31 de diciembre de 2013

ADIÓS, 2013

Se acaba el año y desde luego para mí ha sido un año diferente. Mi vida ha dado un giro de 180º y, como dicen muchos, hay que hacer recapitulación y propósitos para 2014. Después de vivir un gran "tsunami" de emociones, se puede decir que en cierta medida empiezo a estabilizarme y a afrontar la vida con otra perspectiva. No voy a echar de menos el 2013, desde luego, porque no puedo decir que haya vivido cosas positivas. Pero sí he comprobado una cosa: que la gente que me quiere está ahí y que está para todo. Un episodio traumático sirve, entre otras cosas, para saber quién de verdad está de tu lado y quién no y desde luego que me he desprendido de gente muy tóxica a la que por supuesto les deseo que en el 2014 les vaya bien, pero que dejen de intoxicar a los demás.

Yo no soy de los que hacen propósitos para el año nuevo, básicamente porque con un golpe como el que viví todo se va al garete. Ni aprender inglés, ni apuntarme al gimnasio, ni dejar de fumar o cosas por el estilo. 2014 vendrá como tenga que venir, sólo le pido que no sea peor que 2013 y que pueda, al menos, intentar ser feliz ya que estoy convencido que la felicidad en sí no existe, sino que es un recorrido por la vida que te deja momentos de auténtico placer así como momentos de intenso dolor.

Mientras escribo esto escucho mi música favorita, intentando empezar este nuevo año con nuevas ilusiones y esperanzas. Sé que hay mucha gente pendiente de mí, incluso gente anónima que lee este blog y que me desea lo mejor. Yo también a ellos, a todos vosotros. Quiero recordar hoy aquí a Pelocha porque ha vivido una situación muy parecida a la mía y que nos hemos estado apoyando mutuamente, a mi amigo Carlos de México y a su mujer Rosario, ellos saben por qué; a mi familia de Padrón, a los que adoro porque son hermanas y cuidan de mí y de mis hijos en cualquier circunstancia, sencillamente ESTÁN. Tendría que poner cientos de nombres, mis compañeras de la ALCE, los amigos de Holanda, mis amigos "cerellos" de siempre ;), mi hermano, mis cuñados, la pandilla "eurofan", mi familia extensa (tíos, primos…), . En fin, aquellos en los que realmente se puede confiar y que te dan un buen consejo y te hacen ver la vida desde la otra orilla. También ellos lo han pasado mal y a veces me he sentido muy egoísta hablando y llorando sin parar de "lo mío". Lo tengo en cuenta, os lo aseguro y no podré olvidar las horas que gastasteis de vuestro tiempo para sacarme adelante. 

Pero hoy es fin de año y a quien más les tengo que agradecer todo lo que han hecho por mí desde abril es a las dos personas que me han aguantado más todo mi malestar y que sin ellos nunca sería quién soy. Lo han dado todo desde siempre por mí y lo harán hasta que se vayan. Y a veces somos tan egoístas que con un gesto o una palabra les hacemos daño. Nada más lejos de la realidad. No quiero que nunca piensen que han fracasado en la vida conmigo y que se sientan culpables de nada porque sé que a veces  es muy fácil caer en esos sentimientos. Por ellos y para ellos el 2014 tiene que ser el año en el que, por fin, nos vean felices, ilusionados y con una nueva vida por delante. Gracias PAPÁ, gracias MAMÁ, os quiero.

¡¡FELIZ 2014 PARA TODOS!!


martes, 24 de diciembre de 2013

LA GRAN FAMILIA

Es tiempo de reuniones familiares, lógicamente relacionadas con la Navidad. Sin embargo, en nuestra familia hemos celebrado una reunión digamos que atípica a la vez que entrañable y que esperemos se repita. Fue el pasado sábado en Monforte de Lemos y os voy a contar lo que pasó, anécdotas, curiosidades, etc.

Mi familia paterna procede del municipio gallego de A Pobra de Brollón (provincia de Lugo), de dos pequeñas aldeas muy cercanas entre sí: Ferreiros y Veiga. De Ferreiros era mi abuela materna Elisa. Allí vivían sus padres que tuvieron nada más y nada menos que 14 hijos. Hoy nos parece algo imposible y que seguramente estarían en la portada de numerosos periódicos. Sin embargo, era una situación normal a principios del s. XX. Pues bien, de los 14 hijos, 2 murieron jóvenes y los otros 12 fueron creciendo y formando sus familias. A muchos les tocó vivir la crueldad de la Guerra Civil, entre ellos mi abuela (uno de los hermanos muertos fue debido a esa contienda). Luego vino la emigración de muchos de ellos, algunos dentro de España y otros a Europa y América.

Una hermana decidió un buen día dejar la pequeña aldea y marcharse, primero a Barcelona, luego a Londres y de ahí a Canadá. Se casó con un canadiense y no tuvieron hijos. El marido murió hace pocos años, pero ella aún vive, siendo una de los tres hermanos vivos que aún quedan de los 14. Son mis tíos-abuelos y sólo me quedan ellos más uno por rama materna.

Pues bien, esa asombrosa mujer por muchos motivos, viaja todos los años de Canadá a Galicia para pasar una temporada entre nosotros. Y el motivo de la celebración familiar fue, precisamente, su invitación por cumplir nada más y nada menos que 90 años. Y ella quiso juntar a muchos de sus sobrinos y descendientes para una comida, así que allá fuimos. 

A la celebración acudieron familias de 6 de los 14 hermanos más la homenajeada. Conocimos a gente de la que habíamos oído hablar pero no le poníamos cara, así como otras familias que sólo veíamos por entierros y situaciones similares. Y yo, que siempre fui un poco el "registro civil" de la familia, estuve feliz de poder compartir con ellos momentos muy especiales. Conocía a muchos porque suelo interesarme por la historia familiar, además que con algunos tengo lazos especiales por determinadas circunstancias de mi vida, especialmente con la rama familiar que se asentó en Torre del Bierzo y que es una auténtica saga, ya que el hermano de los 14 que se asentó en esta pequeña población minera a pocos kilómetros del puerto del Manzanal tuvo 7 hijos, que a su vez tuvieron también una importante descendencia. Mi vinculación con dos de esos hijos, ya fallecidos y a los que recuerdo con mucha emoción (Raimundo y Pacita), y sus descendientes es debida a que fueron partícipes de mi oposición para maestro y de mi segundo año de trabajo en Ponferrada. ¡Qué vivencias pasé con ellos en Valladolid (donde obtuve mi plaza de profesor) y Torre! De hecho, cuando me casé, los invité a mi boda precisamente para que nos pudiésemos juntar por un motivo festivo, tal y como hicimos el sábado.

La comida se celebró en un restaurante en el que estábamos aproximadamente 55 personas. Fotos, vídeos, y apuntes porque claro, muchos queríamos tener un árbol genealógico de la gran familia de los Arias, así que a raíz de esa comida surgió la idea de crear un grupo familiar en facebook que en dos días ya ha alcanzado 48 miembros. ¡Para que luego digan que Internet no tiene cosas buenas! Además, descubrí que mi hija tiene una prima tercera que se llama igual que ella, así que dos en la familia extensa con el mismo nombre, que no es muy común pero sí muy bonito y original (¡ahí queda eso!)

También, gracias a las nuevas tecnologías, empecé a elaborar lo que hasta ahora teníamos en papel: el ansiado árbol genealógico. A pesar de que la web que encontré me permite introducir gratuitamente los datos de 250 personas, ya se me está quedando pequeño porque en dos días llevo 240, incluídos algunos familiares por parte de mi madre que, lógicamente, tendré que poner en otro "árbol" paralelo para llegar a tener toda mi historia y la de mi familia. La idea ha calado y muchos de los que antes no nos conocíamos nos empezamos a relacionar. Sé que es imposible tener contacto cercano con todos y cada uno de los parientes vivos, pero el vínculo se crea y por lo menos el valor pedagógico para las generaciones futuras de nuestra familia ahí quedará. Por ejemplo, a mis hijos les puedo contar el nombre de sus bistatarabuelos, nacidos más o menos en la primera mitad del s. XIX… ¡casi nada!

Uno de los objetivos específicos de ese árbol es encontrar los descendientes de aquel hermano que un buen (¿o mal?) día emigró a Cuba y nunca regresó, aunque sabemos que tuvo descendencia allí y que tuvo contacto con otro de los hermanos que también pasó una larga etapa de su vida en la isla. Esperemos lograrlo entre todos. Y sobre todo, que lo que aprendamos de esta experiencia nos sirva para valorar el gran esfuerzo que hicieron nuestros antepasados para sacar adelante a los suyos en unas épocas difíciles, así como los valores que poco a poco fueron inculcando a todos y cada uno de nosotros, los integrantes de ese árbol al que ya le podríamos llamar "bosque" por la cantidad de integrantes que hay en él. Para todos, un abrazo enorme y espero que lo que hagamos entre todos nos satisfaga.


sábado, 24 de agosto de 2013

MALLORCA

Mediterráneo.
Sol.
Playas y calas.
Brisa marina.
Paseo en barca y zambullirse en Cala Petita.
Sobrasada, ensaimada, gató, trampó, arros brut, "Quelytas", helados... ¡¡¡Mojito!!!
S'illot, Manacor, Porto Cristo, Sa Coma.
Terracitas de verano.
Descanso y relax.
Veraneo como debe ser.
Piscina privada
Turistas guiris.
Tenderetes vendiendo pulseras.
Bailes modernos al atardecer.
Tapas a precios irrisorios.

Pero sobre todo...

Niños.
Familia acogedora.
Compañía sana.
Sentirse querido y arropado.
Buenos consejos.
Entorno rural.
Nuevos amigos y amigas.
Fiesta de cumpleaños.
Música con DJ y solista excepcionales ("Call me baby") ;)


SON TOVELL y sus moradores, lo mejor. Grandes anfitriones y excepcionales personas. 8 días memorables y renovado por dentro y por fuera. Un lujo al alcance de pocos.

¡¡¡GRACIAS!!!