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lunes, 18 de septiembre de 2017

SOLO POR UN CAFÉ

Cada vez escribo menos en el blog. Bien es cierto que las redes sociales han acaparado gran parte del tiempo que paso delante del ordenador, junto con todo lo que tengo que hacer del trabajo que cada vez más es a través de esta maquinita. Hay días que tengo la sensación de estar hiperconectado y eso que mi móvil no es de los más avanzados. Chateo por whats app, hago alguna foto, muy pocas llamadas y unas cuantas aplicaciones. En el móvil no uso facebook ni suelo entrar en internet y hay veces que las personas de mi entorno están más pendientes de su smartphone que del que tiene al lado en ese momento.

¡Cómo hemos cambiado nuestras costumbres en pocos años! Últimamente me doy cuenta que paso más horas en casa y que no me importa. Hoy, por ejemplo, comí con mis padres, me fui a andar más de una hora por el paseo marítimo de A Coruña, volví a casa y a las 17:40 entré y ya no salí. Tomé un café, planché, organicé la habitación de G., cené, planifiqué la semana de clases y aquí, pegado a esta pantalla, curioseando. En el fondo me da rabia, me gustaría que ese café fuese con alguien, pero es que también noto que para quedar con alguien parece que tienes que realizar una instancia por triplicado y que incluso puede molestarle... supongo que los otros también dirán lo mismo de mí y cuando se supone que estamos hiperconectados, pues no lo estamos, porque no hacemos por quedar y tomar ese café. Paradojas de la vida.

Pero una vez metido en faena en las redes, trato de sacarles provecho. Leo, me informo, contrasto la información, opino. Y noto que la gente hace igual pero llega un momento en que muchos pierden las formas y se creen poseedores de la verdad absoluta o se comportan cual contertulios de cualquier programa de debate de tercera división. Es decir, lees insultos, descalificaciones, incluso amenazas y uno se pregunta: ¿en serio somos así?

Los últimos días en España han sido de bastante alarma por el "monotema" con el que llevamos semanas o meses: EL REFERÉNDUM DE CATALUÑA. Y uno que ya está un poco harto y curtido llega a cansarse tanto de esto que está deseando que llegue el 2 de octubre y que veamos qué pasó. Hace pocos días, hablando del tema en una cena con amigos, una persona llegó a llamarme ignorante por decir que mi vida seguirá siendo igual el día 2 pase lo que pase en Cataluña. En el momento me ofendió un poco sobre todo por el tono, pero después reflexionando llegué a pensar: "esto no es más que una muestra de ese estado de crispación general que ves en la calle con todo". No sólo es Cataluña. Es CUALQUIER COSA que signifique que la zona de confort de un / una individuo / individua se ponga en peligro. Y en cuanto salta cualquier alarma, la gente explota. He visto verdaderas discusiones de tráfico, por ejemplo, amenazándose con partirse la cara; enfrentamientos entre dos personas por intentar "colarse" en la cola del supermercado, gente que va por la calle no hablando, discutiendo... Y pones la televisión y los modelos de comportamiento son exactamente iguales: la locura de Kim Jong-Un (o como se llame), la desfachatez de Trump, la intolerancia de Rajoy, la actitud retadora de los políticos catalanes, la exasperación de Iglesias, los desafíos de Maduro, el sadismo de los yihadistas. Los modelos que tenemos son todo menos eso, modelos. Nos haría falta en este s. XXI hipercomunicado que apareciese un Gandhi, una madre Teresa, un Olof Palme o alguien que pusiese un poco de cordura en todo esto.

La gente está en un estado exaltado constante. No hay mesura, todo es blanco o negro sin escala de grises. Y yo, como profesor, y muchos compañeros y compañeras más, vivimos una sensación de desprotección absoluta en nuestro trabajo. Aumentan las agresiones de pacientes y familiares a médicos, aumentan las denuncias a docentes, aumenta el "bullying" entre el alumnado, aumentan las agresiones machistas. Todo se hace viral, lo que pasa en Nueva Zelanda llega a tu móvil en pocos minutos. Y enseguida empieza el bucle, se sube a las redes y cualquier hecho dramático o terrorífico hace que esa crispación aumente y se refleje en los comentarios de la gente en twitter, facebook y demás. ¡Y ojo! A veces yo también caigo en ello y me expreso de una forma vehemente porque me creo en posesión de la verdad. 

Habría que, como decía Groucho Marx, parar el mundo aunque fuesen 5 minutos y sentarse a pensar, mirar al de al lado, ofrecerle una sonrisa, hablar con esa persona... Hace pocos días entré a tomar café en la cafetería más cercana a mi casa, más que nada por leer el periódico. Una de las camareras dijo "buenas tardes Alfonso" y yo me sorprendí que conociese mi nombre porque nunca se lo había dicho.  Lo cierto es que estaba saludando a un señor mayor que acababa de entrar y que es cliente habitual y también se llamaba Alfonso, así que en ese momento también le dije que yo me llamaba así y me puse a hablar con el señor. Y me encantó, porque empezó a hablarme de su vida, de lo que cambiaron las cosas, de cómo se ganaba la vida, ¡de Foucellas! (fue un maquis que vivía escondido en los montes durante la dictadura y que acabó siendo detenido y ajusticiado a garrote vil), de un montón de cosas de hace 60 o 70 años, en su gallego más genuino y con una nostalgia y gratitud por oirle inmensa. Le invité al café y me despedí de él hasta otro día. Y en los pocos metros que separan la cafetería del portal de mi casa pensé: "Si todos viviéramos cosas así todos los días, Trump no hubiese ganado, Rajoy no gobernaría en España, Cataluña no buscaría un referéndum el 1 de octubre y, en definitiva, seríamos todos mucho más felices, sin crispación, sin amenzas, sin agresiones a médicos y sin denuncias a profesores". Solo por un café, por 1'10 €. 





domingo, 13 de marzo de 2016

¡DEPRISA, DEPRISA! - ¡DESPACIO, DESPACIO!

Poco que contar. Los días y semanas pasan en la más habitual de las rutinas. Trabajo, hijos, familia, un poco de ocio. Pendientes en España de esa aritmética post-electoral para ver si se forma gobierno o no, a casi ya 3 meses de la celebración de las elecciones. Todo muy "del Sur", que dirían en Europa. Lecturas de todo tipo, experiencias en clase, mucho facebook y whats app (¿qué hacíamos antes de que existieran las redes sociales?), invierno que se acaba sin demasiado frío y pensando ya en las inminentes vacaciones de Semana Santa y un poco ya en las del verano,

El tiempo pasa y no perdona. No es una frase hecha, es la realidad. Ves que tus mayores se hacen más mayores, con sus achaques y dolencias, y empiezas a ser consciente de que no son inmortales y cualquier día te dan la tristeza de irse y piensas "¿cómo estaré (y sobre todo, cómo seré) cuando yo sea anciano?". Y por otra parte ves también que los hijos crecen, que empiezan a tomar sus pequeñas decisiones y a plantearse cosas en una sociedad cada vez más complicada. El otro día esperando en un semáforo había un grupo de jóvenes en torno a 22-24 años, con aspecto universitario y por unos instantes me transporté a mi época de universitario (aunque yo con esa edad ya andaba por León estrenándome como "profe"). ¡Cómo hemos cambiado!, pensé en ese momento. Ahora es todo más momentáneo, más de vivir el presente sin preocuparse dónde van a caer, con quién van a formar una vida (o no formarla) y nos volvemos más "provisionales" para todo, si me entendéis la expresión.

Recuerdo que precisamente estando dando clase en Ponferrada una compañera que acababa de regresar de Estados Unidos donde había ido para dar clases de español en un programa del Ministerio de Educación, me explicaba cómo entendían la vida los americanos: "allí todo es provisional: tienes un coche provisional, una casa provisional, un trabajo provisional y hasta una familia provisional". No existe esa cultura de "trabajo para toda la vida, casa para toda la vida y familia para toda la vida". La individualidad imperaba como valor positivo y de reafirmación de la personalidad de cada individuo, valga la redundancia. Y yo, que en estas cosas siempre fui un poco clásico, o bastante, me costaba entenderlo y aún ahora me resulta algo negativo, algo que nunca quise vivir y que por circunstancias parece que vamos abocados de cabeza a ello.

Y también, como ya comenté alguna vez aquí, vivimos en la cultura de la inmediatez, avalada por la existencia de Internet y las prisas de esta sociedad. Si quiero comprar un vuelo, por ejemplo, y plantarme en Londres a cenar, lo tengo a un par de clics desde mi pantalla de ordenador; necesito que vengan a arreglar la lavadora porque vertía agua y lo necesito YA, no pueden decirme que tardarán una semana. Incluso en clase, los chavales te preguntan algo o te plantean un problema y la solución tiene que ser inmediata, sin tiempo a reflexionar. Es curioso, pero cuando les hago algún examen a mi grupo, que generalmente tienen entre 8 o 10 preguntas y entre que se colocan, reparto, etc., les quedan 40 minutos de tiempo (las clases son de 50 minutos). Pues la mayoría a los 20 minutos han acabado, entonces aparece mi respuesta mágica: "¡repasa!", y se oye un resoplido y al minuto te dicen "¡ya repasé!". Creo que alguien con dos dedos de frente que haga políticas educativas debería plantearse introducir yoga en el currículo y técnicas de relajación "slow" porque estamos creando futuros ciudadanos y ciudadanas alienados.

Tal vez sea por eso también que la sensación de que el tiempo va más rápido la tenga más interiorizada. Y cuando soy consciente y me digo "¡siéntate y relaja la mente!" no puedo pasar más de 10 minutos sentado sin hacer nada, enseguida necesito encender la televisión o recuerdo que hay que sacar la comida de mañana del congelador para prepararla más tarde o que es necesario pasar el aspirador en las habitaciones porque hace una semana (o más) que no lo has hecho.

Este año cumplo 25 años de trabajo. Hace pocos días me sorprendí a mí mismo leyendo una información sindical sobre las jubilaciones, si es que para cuando toque jubilarse aún existe la pensión estatal. Automáticamente regreso a la realidad y digo "¡pero si aún soy muy joven!", pero no, no lo soy tanto. Jóvenes son los que vi en el semáforo o las pandillas que salen a las 2 del instituto cuando yo subo para mi casa andando o los que se van de botellón. Estoy convencido que ya he vivido más de la mitad de mi vida y no me quejo de lo que he hecho, pero también tengo la sensación en determinados momentos que la tenía que haber aprovechado mejor, quizás por ese frenesí en el que vivimos constantemente y que nos empuja a hacer más cosas, comprar más artículos innecesarios, leer no sé cuántos libros al año, tomar 5 raciones de frutas y verduras al día, lavarse los dientes tres veces, dormir mínimo de 8 horas, hacer deporte dos o tres veces por semana como mínimo, acudir a una clase de pintura, yoga, pilates, manualidades o filosofía oriental; y todo eso compaginado con las actividades de tus hijos (yo no tenía a su edad), comprar alimentos para llenar la despensa, tener la ropa limpia y planchada, limpiar la casa - incluyendo ventanas, cortinas, alfombras, electrodomésticos... - actualizar tus perfiles sociales en la red, ir a tal acto de tu asociación, partido político, club o grupo. Creo que mejor empezamos a valorar lo de la filosofía "slow" que nos vendrá a todos muy bien. Fíjate que lo están haciendo los políticos españoles con lo de formar gobierno, así que ¡cómo no vamos a poder nosotros!

Hace un día espléndido, así que empiezo hoy, me voy a pasear y disfrutar del sol y del paisaje. Pásenlo bien.



jueves, 11 de febrero de 2016

JUAN, ¿ME AGREGAS EN FACEBOOK?

La pregunta no tendría más importancia si yo fuese Juan y la solicitud me llega de alguien a quien conozco. El problema surge cuando Sofía le pide a Juan que le agregue después de ser atendido por él en el hospital ante un ataque de ansiedad en su instituto, adonde fue a atenderla de urgencia. Ha sido una pregunta del examen MIR: Sofía tiene 15 años y Juan es residente de 2º año. Me enteré de la polémica leyendo la noticia en el diario y al principio pensé que era una historia real; pues no. Ha sido el tema de conversación de la semana.

Pero fíjate que todavía habría que ir más allá. En la noticia se habla de que Sofía probablemente sufra acoso escolar y tenga algún transtorno alimentario, pero eso sí, tiene perfil en facebook. Y nos parece normal que una niña de 15 años lo tenga. Ahí está el quid del tema. No es que lo tenga una niña de 15 años, es que lo tienen niños de 10 y menos años, al igual que muchos tienen ya móvil con whats app y se comunican sin ningún control parental con quien quieran.

En los colegios, y ante la proliferación de las redes sociales, uso de nuevas tecnologías y demás, cada curso que pasa tenemos que centrarnos más en temas como la seguridad en Internet, habida cuenta de que trabajamos con MENORES y detectamos su uso cada vez más pronto y muchas veces sin que sus padres o tutores legales tengan conocimiento de que sus retoños abren perfiles a diestro y siniestro. La labor pedagógica de las Fuerzas de Seguridad del Estado, a través de expertos de las unidades telemáticas, suelen acudir a los centros a informar y demostrar "in situ" dónde están los peligros y qué es lo que pueden y no pueden hacer, aparte de que muchas veces los chavales incurren sin saberlo en delitos de los que son responsables, en última instancia, sus padres. El pasado viernes tuvimos la visita de un especialista de la Policía Nacional que informó a alumnos de 4º, 5º y 6º del uso responsable de las redes y de las tecnologías, recalcando que Internet es muy útil y divertido, pero que también tiene peligros que hay que saber detectar y prevenir. Y fijaos que cada vez las edades bajan. 4º de Primaria son 9 años y los incluímos en la charla porque detectamos que un alumno de esa edad se había creado un canal de Youtube con un vídeo subido por él... y a lo mejor el muchacho en cuestión (como él, miles) aún no sabe ni multiplicar.

¿Nos estamos volviendo locos, perdemos el norte o es que es lo que nos toca vivir y o bien nos adaptamos o bien nos damos contra una pared? Adaptarse, no queda otra. Estoy convencido de que esto no para, que sólo con este blog muchos datos de mi vida se han leído en medio mundo por personas totalmente desconocidas para mí y que no te queda otra que aceptarlo, no sabes quién está al otro lado de la red con programas maliciosos recogiendo todo lo que yo consulto y utilizándolo para ofrecerme tal o cual producto. Es el márketing del s. XXI (y seguro que del XXII) del que desconocemos hasta dónde llegan nuestros derechos para evitarlo o decir NO. Es la famosa letra pequeña que evitamos dando "clics" al ratón. Ya estamos enganchados y no hay salvación.

Y a continuación aparecen anuncios en facebook de las cosas que te gustan para que compres, recomendaciones de webs según tus visitas previas y cientos de aplicaciones para que juegues, des más y más datos y configures eso que llaman tu "identidad virtual". Pues vamos a imaginar todo eso con niños de 9, 10, 11 años que manejan un vocabulario que incluso a algunos docentes les deja perplejos, pero al policía que da la charla no porque sabe lo que está contando y lo que vive día a día en los colegios.

¿Responsables? De mis hijos, yo, evidentemente; pero de todo esto, como se suele decir, la sociedad. Y no camines contracorriente porque eres el "raro". Y las redes sociales tienen una característica que fomenta cada vez más la ira, la expresión obscena, maleducada y agresiva. Yo mismo me he enzarzado, sin buscarlo, en alguna discusión que seguramente no surgiría en la vida real, incluso con personas que no conozco, pero con las que compartes profesión, hobbies o ideología. Estos días también ha sido polémica en España una actuación de un grupo de titiriteros en el carnaval de Madrid, que representaron una obra para niños que no era apta para ellos porque ahorcaban a un juez,  había asesinatos y salió una pancarta con un desafortunado texto que ponía "gora Alka-Eta", que luego se explicó que era una sátira, etc., etc. La alcaldesa de Madrid pidió perdón públicamente, pero los titiriteros pasaron varios días en prisión y se armó de nuevo la polémica. Facebook y Twitter ardieron defendiéndolos o machacando más a unos y a otros y he leído comentarios de algunas personas que realmente son totalmente hitlerianos, de un lado y del otro. Y a mí esas cosas me generan mucha inquietud, ver esa agresividad en la gente expresada en un par de líneas en las redes es algo digno de analizar y reflexionar.

Así que nada, yo no agrego a menores en facebook, algún alumno me lo ha pedido y les dije que no, a pesar de que sí tengo ex-alumnos que aún no son mayores de edad, pero con 16/17 años ya los ves "con sentidiño" por lo que publican, a veces de un calado intelectual importante. Así que a aquellos papás y a aquellas mamás que me leáis un consejo: CONTROLAD LO QUE HACEN VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS EN LAS REDES, es cuestión de minutos tener una mínima supervisión y esa prevención pactada con ellos y ellas os puede salvar de algún que otro disgusto. Y aún así, no estamos libres (yo el primero) de que ocurra algo con ellos, esperemos que no y que el sentido común impere y usemos internet como fuente de conocimiento, consumo y ocio, que nos facilita mucho la vida a mucha gente.



jueves, 20 de agosto de 2015

WHATS APP

¿Qué sería de nosotros hace, pongamos, 5 años, sin whats app? Si tuviéramos que escoger un invento para esta década de los "10" yo creo que sería esta aplicación. Es impresionante cómo algo tan sencillo nos ha cambiado la vida porque es raro ya encontrar a alguien que tenga móvil y no use esta herramienta de comunicación. Con ella podemos contarnos la vida al segundo, compartir campañas solidarias, reinos con vídeos que nos mandan o compartir fotos de lo que hacemos instantáneamente con cualquier persona en cualquier parte del mundo. Sí, estamos completamente enganchados al whats app y para los que lo han creado seguro que ha sido el negocio más rentable que han hecho en su vida.

Y os preguntaréis por qué me ha dado por escribir sobre esto: Pues sencillamente porque mientras estoy en el salón de mi casa, el móvil suena cada pocos minutos con una señal de aviso de que entra un mensajero. Amigos y grupos ya ni siquiera llaman por teléfono, quedas por el "whats" para tomar una caña o para organizar un encuentro, una reunión familiar o incluso una campaña electoral. Lo de los grupos de whats app es de analizar. En los colegios los padres de cada curso forman su grupo muchas veces para "poner podres" a los profesores que imparten clases a sus hijos o para criticar a tal o cual persona de la comunidad educativa. A decir verdad, la herramienta me parece muy práctica pero como todo, si le hacemos buen uso porque si se lo hacemos malo...

He leído que los adolescentes (y no sólo los adolescentes) se enrollan y se dejan por whats app, que se pierden amistades, que se crean confusiones, que te alegran el día o que te felicitan por tu cumpleaños cientos de personas que el resto del año ni se acuerdan de ti. Yo lo he comparado a veces con un "reality show" mundial, ya que lo que tú estás haciendo, por ejemplo, en el salón de tu casa en segundos lo saben en la Polinesia Francesa. Durante el verano es como viajar por medio mundo con las fotos que te mandan. Hoy, sin ir más lejos, he recibido fotos de Madeira, Segovia o Bragança y hace unos días de Copenhague. Es lo que tiene la globalización.

Y luego están los emoticonos. Eso sí que da juego. Desde la "folclórica" bailando hasta la "caquita", que parece ser que hubo una campaña para que se incluyera. He visto incluso hasta un cómic infantil protagonizado por la "caquita" en cuestión. Y es que no se puede negar que forman parte del lenguaje de los niños y que entienden perfectamente el significado de cada uno de ellos, ¡¡y mira que hay!! Si hasta han hecho pasatiempos con ellos para adivinar nombres de películas, canciones o títulos de libros. ¡¡Y la foto del Che Guevara!! ¿Realmente hay gente tan ociosa?



Buscas la mejor foto para poner en tu perfil, ideas nombres atractivos para los grupos de los que formas parte, pones la frase más interesante que te identifica... en definitiva, pasamos horas pendientes de los comentarios que recibimos y de los que nos cuentan. Hablando en primera persona, no soy consciente de las veces que miro el whats app a lo largo del día, pero muchas. Pero sí que una aplicación como esta requiere un tiempo para tareas complementarias, por ejemplo, borrar las fotos que se acumulan para no saturar la memoria del teléfono, guardar las que nos gustan o compartirlas. Y ya en algunos sitios empiezan a surgir carteles para no usarlo mientras te tomas el café con un amigo o amiga. Hablar con él/ella no deja de ser la mejor forma de comunicarse porque hay más que palabras, hay gestos, hay sonidos, hay aromas, hay miradas, hay tacto...

En este punto y aparte he ido a coger el teléfono porque mientras escribía los párrafos anteriores ha sonado como unas 6 veces la llegada de un mensaje. Y os lo voy a contar en vivo y en directo: desde la última vez que miré el teléfono, poco antes de las 8 de la tarde, han llegado 80 mensajes, la mayoría de un grupo. Os puedo asegurar que hay días que los primeros mensajes aparecen minutos antes de las 6 de la mañana y los últimos pueden llegar en torno a las 2 de la madrugada... Un poco locos estamos todos.

Y he vuelto a parar porque contesté a un grupo y una amiga que acaba de llegar de crucero me estuvo contando sus peripecias. Si es que de una manera u otra TODOS estamos más que enganchados al whats app, desde niños (que tampoco entiendo qué hacen con un móvil, pero esto es ya imparable) hasta ancianos de 80 y más años, compartiendo al minuto nuestras vidas. Así que sabe dios qué nos deparará la tecnología en el futuro, pero si hubiésemos pensado en esto hace, eso, 5 ó 10 años, no lo hubiésemos creído y hace 20 ni te cuento. Y curiosamente, ayer estuve con un matrimonio que nos conocemos desde que éramos adolescentes y recordábamos cómo hacíamos para quedar, los conciertos a los que íbamos en este mes de fiestas en Coruña, el pandilleo los sábados haciendo nuestro "botellón" particular en una casa o en un pub, sin malos rollos, y coincidíamos en que ojalá volvieran aquellos tiempos, a pesar de todo creo que éramos más felices. En fin, la ciencia avanza y nosotros con ella, siempre esperando que no nos despersonalice más. 



domingo, 26 de octubre de 2014

LAS AVENTURAS DEL PEQUEÑO NICOLÁS

Que España es un país de pícaros lo certifica nuestra excepcional literatura. Desde el Lazarillo de Tormes del s. XVI, pasando por cientos de personajes entrañables, se llega al s. XXI y nos encontramos que aún existen. No sólo entre la clase política encontramos no ya pícaros, sino delincuentes que usan "black cards", también nuestro vecino que hace lo posible por eludir el pago de la luz conectando su gasto al contador de otro inquilino del edificio, pasando por todos aquellos que intentan (intentamos) "colarnos" en el metro o eludir el pago de una entrada diciéndoles a nuestros hijos que "no tienen 6 años, tienen 5" (para pagar menos o no pagar).

¡Ay, España y sus pícaros! ¡Cuánto ingenio discurre por la materia gris de sus cerebros! El caso es que estamos asistiendo estos días a un nuevo episodio que en un futuro deberá constar en los anales de nuestra literatura. El ya llamado "pequeño Nicolás" ha aparecido estos días en periódicos, redes sociales, cadenas de televisión, tertulias y bromas de whats app. Quien a día de hoy no tenga una foto, aunque sea trucada, con Nicolás, no "mola", no está al día.

Resulta que un muchacho de 20 años ha aparecido en los actos más relevantes de la vida pública española (el más sonado la proclamación de los reyes Felipe y Letizia), aparece en fotos con los altos dignatarios del país y con los más importantes personajes periodísticos. Desde Rajoy a Aznar, ministros del PP, la alcaldesa de Madrid, empresarios, presentadores... todos están "pillados" con este joven al que ahora se investiga porque se cuestiona que él solo es imposible que haya llegado tan lejos.

Parece que desde los 15 años lleva haciendo sus apariciones. No ha causado daño ni cometido fechorías, pero lo que sí ha conseguido es poner en evidencia a todos los servicios de seguridad del país. Cuando en verano apareció en Ribadeo anunciando que tenía una comida con el Rey Felipe VI, escoltado por policía en coches de alta gama, hasta el mismo alcalde fue a su encuentro. Ese dicen que fue su error y que a partir de ahí empezó la investigación que llevó a descubrir todo el petate.

Y los que aparecen fotografiados con él dicen ahora que no le conocen, pero el caso es que está demostrado que, si aparecía en todos los "saraos", es que recibía invitación. Y verlo en la recepción posterior a la proclamación de los reyes es una clara "cantada" de alguien. A día de hoy se piensa que alguien poderoso está detrás de él, porque llegó a engañar a un importante constructor que le dejó un lujoso chalet en el que llegó a empadronarse y en el que supuestamente recibía a importantes figuras de la vida del país. Organizó desayunos de trabajo en hoteles de lujo con grandes empresarios, intercedió ante el presidente del colectivo "Manos Limpias" para que retirasen la imputación a la Infanta Cristina y su marido, viajaba en coches de lujo con chófer a reuniones trascendentales en toda la geografía del país, etc. Un sinfín de tramas que ahora suponen que incluso puede ser que esté detrás el Centro Nacional de Inteligencia.




Yo no sé si calificar esto como preocupante o como gracioso. Sinceramente, si esto lo ven desde Europa, ya estamos dándoles más motivos para ser el hazmerreír mundial; aquí el cachondeo ha sido general, apareciendo miles de fotomontajes en partidos de fútbol con las grandes estrellas. Muchos piden para él el nombre de una calle y se felicitan porque un chaval de 20 años ha sabido salir adelante sin estudios ni preparación en esta economía de crisis, paro, desahucias, etc., manejando a toda la clase política a su antojo. La cuestión es que no ha hecho nada malo o grave (me refiero a lesiones o ataques), pero ha tocado todos los "palos" duros del momento en España: desde el asunto de los Pujol hasta los problemas de la Casa Real. Verlo con Ana Botella me recuerda al episodio del "relaxing cup of café con leche", al país de pandereta. Yo prefiero pensar que no es más que un espontáneo, como el que salta a un campo de fútbol desnudo o con barretina al Festival de Eurovisión. Hizo una travesura un día, funcionó y poco a poco fue aumentando sus objetivos, llegando a conseguir el teléfono personal del Rey Juan Carlos I. 

Total, que si al "pequeño Nicolás" no lo tienes de amigo en Facebook o en tus grupos de whats app no estás al día y ya te puedes dar por estar anticuado. Ha superado el interés del ébola en España, de las tarjetas negras de Bankia y hasta del Madrid-Barça de hoy. Está detenido y parece ser que tuvieron que ir 12 policías a hacerlo... ¡si es inofensivo! Estaremos atentos a ver en qué acaba este culebrón, propio de república bananera y como os dije, un nuevo episodio de pícaro que pasará a la historia.






viernes, 27 de junio de 2014

FACEBOOK

Dicen que la mejor red social es una gran mesa en la que te sientas con los amigos de toda la vida a charlar, tomar café o unas cañas, compartir una comida o una cena. Y yo creo que es cierto. El caso es que en este mundo cibernético la existencia de redes como Facebook, Twitter, Linkedin, Instagram... y otras más nos está cambiando la manera de relacionarnos. 

Yo tengo perfil en tres redes: Facebook, Twitter y Linkedin. Esta última no la uso; Twitter llevo usándola poco más de un mes y la que más visito es Facebook, que se ha convertido en el escaparate de muchas de mis vivencias, a la par que este blog. A veces me paro a pensar para qué me sirve colgar tal o cual vivencia, pero gente que está lejos sabe un poco más de mí gracias a ello. Al mismo tiempo me doy cuenta de la pérdida de intimidad que supone, pero bueno, no pongo nada que no se pueda saber y desde luego lo que considero más íntimo o personal ni se me ocurre ponerlo. Veo que muchos de mis contactos, por ejemplo, ponen fotos de sus hijos. Yo ni loco, aunque sí hay una que un conocido ha subido y como no se ve mucho pues la he dejado. Sí me gusta poner enlaces a este blog, fotos de mis viajes o experiencias y luego está todo lo que compartes por verlo en los muros de tus contactos, en muchos casos historias curiosas, tal vez alguna falsa, noticias sorprendentes o vídeos impactantes. Pero sí que a veces me cuestiono si realmente todo eso lo lee alguien. Mis contactos ven mi perfil, dan al "me gusta", comparten en sus muros y sigue la rueda.

Sin embargo, me gusta ver más la página de inicio general. Allí te encuentras de todo y te sirve para tener una opinión del que comparte su experiencia o una frase bonita, una foto, etc. He llegado a pensar que hay personas que se pasan horas delante de su pantalla porque lo cuelgan TODO, y cuando digo "todo" es todo. Uno de mis contactos tiene un perfil en el que a veces me encantaría decirle directamente, "tío, tú eres tonto". Tranquilos, no es un familiar ni un amigo íntimo, de hecho ni le conozco personalmente pero lo tengo porque es amigo de varios amigos y a nivel profesional es una persona bien considerada, con buena formación, pero con las tonterías que pone en su perfil te entran ganas de cogerlo por la pechera y explicarle un par de cositas de lo que es la vida real. Evidentemente, no diré su nombre.

Aparecen también aquellos que me mandan aplicaciones: "Juega a Candy Crash", "Instala Mi Cumpleaños"... Mi impresión es de que cada nivel que pasan del juego en cuestión lo tienen que exhibir para que les digamos "¡Muy bien, colega, eres el pistolero más rápido!" o "¡Ala, qué bien cuidas tu huerto!". No sé, puedo llegar a entender que te entretenga unos minutos, pero recibir tres o cuatro veces al día invitaciones para añadirte al juego, me parece ya una adicción. De estos contactos debo tener más de 10 y si alguna vez le he dado a la instalación desde luego ha sido por desconocimiento o impulso.

Luego están los grupos, algunos abiertos, otros cerrados, otros secretos... Ahí te centras más en tus intereses, tus hobbies o tu familia. Hemos creado un grupo familiar a raíz del cumpleaños de nuestra tía Admirable para tener en contacto a la familia Arias, la rama familiar de mi abuela materna. Y ha sido muy buena idea porque hemos visto fotos antiguas que los miembros colgaron, conocimos nuevos familiares, vimos bodas, graduaciones, recordamos laos que no están... pero cuando ves noticias de grupos que se llaman "Señoras que suspiran al sentarse" ó "Yo también le di mi energía a Goku" pues siento que es una muestra más de que a la gente le hace mucha falta la red social de la que hablé al principio, la de la mesa con los amigos.

Curiosamente, esa situación la viví hace poco más de una semana en Lugo y fue gracias a Facebook. Se podría decir que la red oscila virtual me ha ayudado a retomar la red social real. Hacía 20 años que  había perdido la pista de unas buenas amigas de la infancia y la juventud y el domingo del "Arde Lucus" me invitaron a comer en Lugo. Recordamos viejos tiempos, vimos cómo nuestras familias han cambiado y me llamó la atención mucho una cosa: que a pesar de los 20 años pasados nos tratábamos como si no hubiese pasado tanto tiempo, con la misma confianza, con el mismo humor y con la misma admiración. Esas cuatro hermanas tienen también perfil en el Facebook virtual, pero como las horas que pasamos en la mesa entre pulpo, empanada, café y postre no hubo sensación más agradable.

Así que espero que la gente no se olvide que somos seres sociales pero reales, no virtuales. Cuando estaba en Amsterdam se publicó una noticia de un joven que apareció muerto en su apartamento después de una semana y nadie lo había echado en falta, a pesar de tener más de 800 amigos en Facebook. Triste, y confío en que ese no sea el precio que haya que pagar por avanzar tecnológicamente.