lunes, 30 de julio de 2018

VIAJE A POLONIA I: VARSOVIA

Pues llegamos a esa época del año en la que hay que narrar las aventuras de un nuevo viaje, esta vez a un país centroeuropeo que ya visité en 2012 brevemente pero que ahora recorreremos más a fondo: POLONIA.

Y algunos os preguntaréis por qué. ¿Por qué Polonia como destino turístico? Pues porque salir del agobio mediterráneo es casi tarea obligada en un mes de julio y subir más al norte tocará en otra ocasión. Además, Polonia es un país en general barato, con infraestructuras en progreso después de su entrada en la UE, medianamente bien comunicado y, a pesar de la imposibilidad de comunicarse en el idioma local porque es indescifrable, con un inglés medianamente bueno te defiendes. 

Así que después de llegar a Madrid el día anterior en tren (¡cuánta falta nos hace el AVE a Galicia ya para poder estar en tres horas!) y pasar en los madriles una noche, el lunes 16 de julio nos plantamos en Barajas para coger el avión de las líneas aéreas polacas con destino a Varsovia. Nuestra primera sorpresa fue el retraso en la salida y ver que para allá se iban un gran número de peregrinos a seguir los caminos del santo Juan Pablo II... recordad que Polonia es muy, MUY católica. El vuelo iba atestado de gente pero sin contratiempos llegamos a la capital polaca en algo más de 3 horas, alquilamos nuestro coche de rigor y rumbo al apartamento que teníamos ya reservado con antelación para pasar dos noches, no sin antes cenar algo rápido en el aeropuerto para descansar y comenzar al día siguiente nuestro periplo turístico.

Varsovia sorprende. Es una gran capital. Por algún lado leí que es la ciudad de Europa donde más se construye después de Berlín. Y la verdad es que sí, grúas y movimiento se notaba, aparte de sentir que está en un proceso de ordenación y humanización importante. Evidentemente, su casco antiguo es el centro de la visita, sin mucho que recalcar a nivel turístico, aunque el detalle más curioso es que el símbolo de la ciudad es también una sirenita, como la de Copenhague. Cuenta la leyenda que dos sirenas del Atlántico se encontraron en su viaje por los mares. Una de ellas decidió quedarse en una piedra en el puerto de Copenhague, pero la otra siguió adentrándose en el Báltico y remontar por el río Vístula. Al llegar a lo que hoy es Varsovia un pescador la capturó porque se comía todos los peces y la encerró. Pero la sirenita de noche cantaba lamentándose por su suerte y el hijo del pescador, compungido por esos llantos, la liberó. Eso hizo que ella le prometiese que ante cualquier invasión o situación de catástrofe en la ciudad, se quedaría allí para defenderla. Y por eso está también en el escudo de la ciudad. En la Plaza del Mercado hay una fuente con su escultura donde todo turista se saca una foto.


Varsovia fue arrasada una y mil veces, la última por los nazis en la II Guerra Mundial. Y de muchos es conocido que los judíos fueron recluídos en un ghetto antes de que las órdenes de su exterminio fueran dadas por los oficiales de las SS hitlerianas. Hoy por todo el suelo de la ciudad está marcado el camino por dónde pasaba el muro del ghetto y hay muchos recordatorios del horror nazi en la ciudad. Hubo también un movimiento insurgente contra ellos, una insurrección en 1943, del cual se erigió un monumento soberbio, pero una de las esculturas más queridas por los varsovianos es la de una niña con casco y fusil que se la conoce como "la pequeña insurgente de Varsovia" porque también los niños se lanzaban contra el enemigo cruel y asesino.


Pero tras la II Guerra Mundial llegó el comunismo y la vinculación con el bloque soviético. La parte nueva de la ciudad es un reflejo de esta política y para ello se construyó otro de los emblemas de la ciudad, el Palacio de la Cultura. Una inmensa mole al lado de la estación central que acogía teatros, cines, oficinas, salas de conferencias y exposiciones y que es el edificio más alto de Polonia, al más puro estilo racionalista soviético. Por pocos zlotys (moneda oficial de Polonia) te suben a la planta 30 desde donde las vistas son espectaculares, disfrutando incluso ahora del nuevo "skyline" de Varsovia.


Y por último destacar que Varsovia y toda Polonia está muy vinculada a la figura de un compositor romántico con mucha vinculación con España, concretamente con Mallorca: Frederic Chopin. También es la cuna de Marie Curie y existen recordatorios de ella, pero dos de los lugares más visitados de la ciudad son la iglesia donde se guarda el corazón de Chopin y el parque donde está su monumento. Chopin murió en París, pero siempre dijo que su corazón debería volver a Polonia... y aquí está, una lápida en el pilar de la Iglesia de la Santa Cruz tapa el hueco donde se introdujo. Visitamos los dos lugares, pero es mucho más emblemático el monumento del parque porque a su alrededor hay bancos debido a que muchas veces incluso hacen conciertos de sus obras aquí.


Y poco más hay que contar. Avenidas inmensas, mucho tráfico y movimiento (es la 9ª ciudad de Europa en población), centros comerciales y la idea de que sus habitantes se consideran "los de la capital" frente a otras ciudades que desde luego son más interesantes tanto a nivel artístico como cultural. No puedo decir que Varsovia sea una ciudad bonita pero tampoco de las más feas que vi y relativamente barata, a pesar de ser la capital del país. Lo único de lo que me quejo precisamente hoy es de que en uno de los apartamentos que estuvimos nos han "clavado" 70 euros a mayores porque su propietaria afirma que con un sofá-cama hicimos un daño en la pared, lo cual nos ha dejado atónitos y hemos puesto una reclamación en la web de reservas. Evidentemente nosotros no podemos demostrar que no hicimos nada malo, pero ella mantiene que sí porque firmamos un contrato de uso que nos dejó al llegar. A ella ni la vimos cuando hicimos la entrada o la salida del alojamiento, todo fue por e-mail e indicaciones en el propio apartamento, así que a ver si podemos recuperar ese dinero porque ya le valió, me suena a estafa.

Pronto pasaremos a la segunda etapa de este viaje, tengo que pensar la manera de no cansar escribiendo demasiados posts. ¡Hasta la vista!