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martes, 4 de junio de 2013

DOEI, NEDERLAND

Los que habéis leído mis últimas entradas en este blog ya os podéis imaginar que me ha pasado algo duro. A consecuencia de ello, mi ciclo en Holanda se termina. A finales de este mes retorno definitivamente a España, a Galicia. Es una decisión tomada en un momento crucial de la vida de una persona, pero muy justificada. No existe ya ningún motivo para seguir aquí y hay personas en casa que me necesitan.

No por ello quiero cerrar el blog. Aún quedan unos días y supongo que escribiré algo más y daré nuevas noticias de mi destino en Galicia, que espero sea cerca de A Coruña. De Holanda me llevo muchas cosas, buenas y malas, pero la reflexión global después de casi tres años es de que el sueño europeo, la imagen que tenemos en España de lo que es Europa se me ha desmoronado por completo viviendo en este país.

Ahora tengo que pensar en mí y en mi futuro, se cierra una etapa profesional pero también vital y hay que cerrar las puertas del pasado, "borrar la pizarra" (aunque sin dejar de leer lo que está puesta en ella y aprender de lo que está escrito para no volver a errar) y empezar a escribir nuevas ideas. Los recuerdos bonitos y enriquecedores quedarán para siempre, que son muchos y que vinculan a muchas personas y momentos, especialmente los relacionados con las fechas del "post" anterior.

No me da pena dejar Holanda. Me da pena dejar aquí buenos amigos, desde Manolo y Raquel hasta Marisol y Jesús, así como muchas de las familias de mis alumnos que he conocido. Colonias de españoles que llevan aquí muchos años y que merecen una especial admiración por el esfuerzo que han realizado y por cómo han sacado adelante a sus familias. Recuerdo con especial cariño a la colonia de Veenendaal, donde di clase el curso pasado, pero sin dejar de lado a las familias de Amsterdam, Heemskerk, Wormerveer y aquellas que me han conocido como profesor y como director de la ALCE.

Tampoco será fácil cuando llegue a España. Una nueva mudanza desde aquí, papeles y más papeles, un nuevo destino en un colegio, nuevos compañeros, nueva gente en general, pero al lado de los que me quieren, en especial mis hijos y todos aquellos que me están apoyando estos días por lo sucedido.

He viajado, he recorrido algunos lugares emblemáticos de Europa de los que he dejado constancia aquí; he conocido otro país desde dentro y nada tenemos que envidiarles a los europeos "del norte". Podemos mejorar muchas cosas, pero también se puede aprender mucho de nosotros, los europeos "del sur". Conocer otras formas de pensar, otras culturas, convivir con gente de una variedad tremenda, te enseña muchas cosas, pero principalmente a ser mejor persona y a valorar lo que tienes y lo que has conseguido de otra manera. Vivir aquí ha sido duro, sobre todo en mi circunstancia, sin mi familia, pero  es algo que recomiendo a todo el mundo (salir de España) para que se coja perspectiva y se valoren las cosas desde otro punto de mira. Aún así, hay gente que entra en Europa pero Europa no entra en ellos, esa gente mejor que se quede en casa, con Telecinco y otra serie de banalidades e ideas supérfluas no se avanza ni se alimenta el cerebro.

Os mantendré informados de lo que pueda y cuando pueda. El fin de curso será de infarto, son menos de 4 semanas y hay que sacar adelante muchas cosas y cerrar este capítulo con dignidad. Pero las Ondas Atlánticas seguirán, vuelven de nuevo a las costas gallegas de las que, tal vez, nunca debieron salir... o sí, las cosas siempre pasan por algo y, en cierta medida, tienen que servir para enriquecerte a nivel emocional, aunque ahora no lo vea y no creo que lo vea en muchos meses, sobre todo por cómo han sucedido, no por las consecuencias del hecho que las causó. Dicen que el tiempo es el mejor maestro porque da todas las respuestas sin necesidad de hacer preguntas. Es verdad, así que espero que las personas implicadas en este proceso sepan ver también sus respuestas, muchas están expuestas en la pizarra antes de que se borre.



miércoles, 8 de mayo de 2013

La vida

Hay momentos en la vida de cualquier persona que son trascendentales. Tenemos tendencia a hacernos un proyecto vital, a veces inconscientemente, cuando empezamos a tener una edad superando la adolescencia: una vida laboral, una familia, proyectos personales... En torno a ese proyecto van apareciendo otras personas que te ayudan a conseguirlo, otras que te lo impiden y gente que entra y se queda o que entra y se va.

Pero la vida te enseña a que no puedes planificarla a tu antojo porque de vez en cuando surgen golpes que te hacen caer y replanteártelo todo. No suelen ser golpes insuperables, pero sí muy duros en el momento que se producen. Cuando además esos golpes no te afectan a ti solo sino también a todo tu entorno, el dolor es mayor. Ver que las personas que más quieres sufren contigo aumenta la sensación de inseguridad, de tristeza, de angustia... En estos días mi entorno y yo estamos pasando uno de esos momentos. Los que ya sabéis lo que pasa entendéis de qué hablo, los que simplemente leen esto quiero que no se preocupen, no hay enfermedades ni nada que no se pueda arreglar.

Cuando me planteé hacer este blog lo hice con la intención de expresar mis vivencias en una nueva etapa profesional en otro país. Es el reflejo de mis percepciones y sensaciones del día a día. Durante las últimas semanas y por un tiempo inestimable aún estoy en una situación que condicionará mi vida futura. No es algo que personalmente haya buscado, pero sí algo a lo que durante muchos años he contribuido: defectos, actitudes, carácter, palabras, gestos... Todo cosas que se pueden mejorar, pero que han hecho daño y han dejado heridas, algunas de ellas ya cansadas de soportar tiritas.

Ante todo este proceso personal hay que enfrentarse desde la raíz. Somos seres humanos, con inteligencia que a veces usamos muy bien pero otras muy mal. Los problemas surgen cuando no nos damos cuenta del mal uso que hacemos de esa inteligencia y provocamos en otras personas malestar, incomodidad, tensión, etc. Suena todo muy negativo y es necesario dar un giro de 180º. Ese giro tiene que empezar desde mucho tiempo atrás, valorando tu pasado y tu presente para poder afrontar mejor el futuro. Yo estoy empezando el proceso y tiene que tener un buen final, especialmente si con él hago feliz a las personas que de verdad quiero todavía. Pondré todo el empeño porque es importante luchar por ello y por esas personas. Que nadie lo dude.

Yo siempre reflejé en mis entradas una palabra muy importante: empatía. La capacidad para ponerse en el lugar del otro, de sus vivencias, de sus percepciones, de sus sentimientos, de sus emociones. Algunas veces lo he logrado, pero con una persona muy importante para mí no lo he hecho y ahora entendí que esa persona lo hubiese necesitado en muchos momentos.

La gente utiliza muchas formas de comunicarse hoy en día, podemos ver a un amigo en la otra punta del mundo con solo hacer clic en un ordenador; pero la comunicación estando sólo a unos metros de alguien a veces falla y nadie sabe encontrar una explicación. ¿Cómo es posible no saber entender (y hacer entender) a la persona que está a tu lado lo que de verdad necesitas expresar o lo que esa persona también necesita expresar y no puede? Cuando esto ocurre, y ha sido con frecuencia, se llega a la situación que estamos viviendo: dura, dolorosa, traumática pero no irreparable, insalvable o con visos de positividad.

Como habréis podido comprobar no pongo nombres, no hacen falta. No quiero que nadie se sienta identificado con lo que aquí expongo, pero lo leerán muchas personas que sí entenderán a las partes principales que estamos sufriendo este capítulo de la vida. Tenemos que vivirlo, pasar un proceso para avanzar y mejorar como personas. Necesitaremos ayuda, y sé que la tendremos de la gente que de verdad nos quiere y que ya se han mostrado y prestado desinteresadamente para ayudar a continuar y progresar. También sabremos qué personas advenedizas hay en nuestro entorno y podremos purgarlas y sacarlas de nuestra vida porque lastran y envenenan, aunque hayamos pensado algunas veces que son las que nos convienen. Simples espejismos que nos engañan. Y ayuda externa, profesional, escogida adecuadamente, porque es neutral y clarificadora de muchas cosas. Los seres humanos somos complicados pero no imposibles de arreglar; no traemos libro de instrucciones pero es la propia experiencia vital la que nos va colocando en nuestro sitio adecuado a cada momento.

Y si sabemos elegir con cordura y tomar las decisiones acertadas, podremos (en plural) resolver los problemas y continuar con nuestra vida mejorados, con proyectos comunes o no, pero sí decisivos para otras personas que nos importan. Serán semanas, quizás meses decisivos, pero estoy convencido que al final del proceso seremos mejores personas. Esto es, en fin, el sentido de la vida

Un último mensaje para mis lectores habituales en Holanda u otros lugares. No quedéis preocupados por mí; aunque no estoy en mis mejores momentos vitales, pensad que de todo lo expuesto tiene que salir algo positivo. Estoy seguro que así será y que traerá más madurez personal. Hay gente que habla de una crisis vital a los 40, otros ante un acontecimiento traumático o ante un cambio laboral inesperado, por ejemplo. Hay ingredientes de todo tipo, algunos desconocidos, pero tienen que originar un plato exquisito, sí o sí. Os seguiré leyendo y, a poder ser, colaboraré con opiniones que, por lo menos, hagan reflexionar o simplemente hagan pasar un buen rato. Hasta pronto.


jueves, 11 de octubre de 2012

HOY TOCA REFLEXIONAR

Hay días que no sé qué contaros. Una vez establecido en la rutina y este curso viajando menos por el país, llevando un trabajo mayormente administrativo además de las pocas clases que me quedan, la vida ha dado un pequeño giro en lo que a mi trabajo se refiere. Si antes mayoritariamente estaba rodeado de libros y fotocopias con actividades para los niños, ahora también tengo documentos con cifras económicas, facturas, cartas de diferentes instituciones holandesas o españolas, correos electrónicos con instrucciones de gestión. El puesto de director me absorbe horas de mi tiempo libre y, aunque me han reducido el número de horas de clase, me doy cuenta que paso más en la oficina y luego en casa aún hago alguna cosilla más. En Bruselas están tres administrativas que me ayudan mucho en la gestión, sin ellas no hubiese sacado adelante muchos papeleos, son una grandes trabajadoras y siempre pendientes del mi trabajo aquí para que todo llegue en plazo. Aún así, la sensación de responsabilidad que se tiene es muy alta y cuando crees que has solucionado un asunto surgen otros dos más que urge resolver.

Y todavía soportamos el relativo buen tiempo. Esta semana ha hecho una temperatura agradable por el día, aunque por la noche ya bajamos de 5º. Poco a poco el otoño nos traerá lluvias y frío que siempre deseo que no llegue a los extremos insoportables de los 20 bajo cero. Por las calles y comercios ves al personal holandés comprando todo tipo de ropa y complementos para las bajas temperaturas, aunque aún también ves al típico que va en chanclas y en pantalón corto. Otra cultura, otras costumbres, otros hábitos de vida, incomprensibles para muchos de nosotros pero igual de incomprensibles que ver en pleno junio y con 25º a una mujer musulmana completamente cubierta con un vestido negro que le tapa el pelo y todo el cuerpo hasta las piernas, por poner un ejemplo.

Hoy me di un pequeño paseo, hace unos minutos, por los alrededores de casa. Me fijo mucho en los edificios y en cómo están distribuidos los espacios en su interior. Por un portal sencillo se accede a 9 viviendas, lo sabes por los buzones que están en la misma puerta, pero luego miras el edificio y te preguntas ¿pero dónde están las 9 viviendas? porque contando las ventanas e imaginando los espacios interiores no me salen las cuentas. Luego entiendes que gente que conoces te diga que viven en 29 m2 o menos, en una especie de "todo en uno" al que nos resultaría difícil adaptarnos en una ciudad como Coruña. Además, el acondicionamiento interior de muchas de esas viviendas deja mucho que desear, pero tranquilamente te pueden pedir por su alquiler 500 euros, a veces sin suelo (sí, el suelo lo tienes que poner tú y cuando te vas lo puedes quitar; me gustaría saber qué origen tiene esto porque para mí es incomprensible que te alquilen una casa sin suelo).

En poco más de una semana voy a casa de vacaciones. Este año me apetece más, veo crecer a los niños y me entra la sensación de estar perdiendo muchos momentos importantes de su vida, especialmente con Martín. Pero sigo pensando, aunque a veces me lo cuestione, que la decisión de venirme solo y no traer a la familia fue acertada. Nunca sabré lo que hubiese pasado con ellos, pero creo que no sería fácil que se adaptasen a este país. No sólo el clima, las comidas, las costumbres, el estilo de vida y sobre todo, las relaciones sociales, son tan distintas a lo que vivimos en Galicia que pensar en que se quedarían sin esa vida familiar que tenemos tanto en el barrio como en la propia familia sería un delito. Y ya he hablado que no es un país que lo ponga fácil, y menos ahora. Seguimos notando hostilidad hacia lo español y la marca "España", en cierta parte es normal, pero, como dice Paquito, en el fondo tenemos lo que nos merecemos.

Y poco más hay que contar. Que yo como "a la española" (mamá, hago pollo asado, bacalao en salsa verde, lentejas...) aunque a veces también como fuera por motivos de trabajo. Mañana, por ejemplo, que no voy a la oficina porque al estar en el Consulado y ser fiesta en España éste no abre, por la tarde voy con una compañera a visitar un aula que está casi en la frontera con Alemania. Es un aula que tiene unas condiciones un tanto precarias y tenemos que buscar una alternativa para poder impartir las clases con un mínimo de calidad. Esta compañera me contó que ayer mismo, en la conocida localidad de Eindhoven, llegó al colegio donde impartimos clase, se encontró el aula cerrada y sin acceso a ella, sin pizarra, sin mesas y sin sillas donde acoger a los alumnos, así que en unos taburetes y mesas redondas tuvo que improvisar su clase. A veces pensamos que esa hostilidad se traduce en una situación de "mobbing" que padecemos los maestros por parte de los profesores de los colegios holandeses, es decir, la crisis afecta al currante de a pie y no a quien realmente la ha generado. Son situaciones que nos generan frustración y desánimo, pero por las que no podemos dejarnos llevar porque entonces entramos en colapso. Yo no he tenido este tipo de situaciones en los dos años que llevo aquí, pero estas situaciones te hacen valorar mucho más lo bueno que tenemos en España y por la situación actual nos lo estamos cargando.

Sé que la mayoría de los últimos "post" tienen más dosis de pesimismo que los de los primeros tiempos de este blog.  Busco romper ese círculo vicioso y ver lo bueno de esta experiencia con una sonrisa. Pero la conclusión final es que cada individuo vive su situación personal en un país ajeno según sus experiencias vitales. El martes asistí a la inauguración de una exposición sobre los 50 años de emigración española en Holanda que complementaba a la presentación de un libro sobre el mismo tema, con los testimonios de 7 emigrantes que llegaron desde los años 60. El libro lo estoy leyendo y me parece un documento único: algunos estuvieron muchos años y se quedaron aquí, otros retornaron a España porque no les fue bien en estas tierras. Es decir, como decimos en Galicia, "cada un fala da feira segundo nela lle vai". Lo que sí es cierto es que vivir en otro país, aunque sea poco tiempo, te cambia la manera de ver y hacer las cosas, te hace reflexionar, madurar, coger perspectiva como muchas veces relata Paquito (de nuevo citado), ser más crítico y más objetivo. Es necesario y recomendable para todos, sobre todo para aquellos que no vieron más allá de lo que les alcanza la vista. Porque una cosa es salir de España como turista y empaparte de cultura y otra muy diferente conocer y vivir en un país distinto al tuyo, intentando comprender los porqués de sus acciones en la vida cotidiana y que tanto yo como los que están en mi círculo de blogs, intentamos responder con nuestras opiniones. Y sí, os garantizo que, por lo menos, seréis más tolerantes con lo diferente, pero también más críticos con lo establecido, en definitiva, más personas y, a la larga, más felices, que de eso se trata. Estoy convencido.

Saludos a todos