Mostrando entradas con la etiqueta Terrorismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terrorismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de marzo de 2016

LE TOCÓ A...

La lotería macabra del terrorismo azotó a Bruselas la semana pasada. De nuevo volvimos a vivir en el portal de al lado, como quien dice, la sensación de inseguridad y de estar a merced de cualquier fanático que le dé por inmolarse en nombre de este o aquel dios. Y ya empieza a no sorprendernos, a aprender a convivir con este tipo de actos indignos que tiene todos su escenografía, acentuada más aún por esa inmediatez de la que hablaba hace unos días y que empezamos a vivir más claramente a partir del 11-S de Nueva York. Bombas a primera hora de la mañana en núcleos importantes de aglomeración de gente, vinculados al transporte, aeropuerto y metro. Humo, cristaleras rotas, oscuridad, gritos, escombros, llantos, muertos y heridos. Las primeras horas son así, luego llegan los sonidos de sirena de ambulancias, las declaraciones de políticos, de supervivientes, las imágenes de cámaras de seguridad identificando a los terroristas y la respuesta ciudadana en forma de velas, mensajes, flores, recuerdos... atestando las plazas más emblemáticas de la ciudad marcada por esa lotería.

Y lo triste es que todo el mundo esperaba que iba a ocurrir, tarde o temprano, igual que ahora mismo sabemos que volverá a ocurrir en otra ciudad de cualquier país de Europa y nos volverá a ponernos en alerta, aunque cada vez menos porque ya empieza a formar parte, incomprensiblemente, del paisaje del terror con el que convivimos. Las imágenes de los aviones chocando con las Torres Gemelas dieron inicio al s. XXI y no se nos irán nunca de la retina; los trenes reventados en las vías de la periferia de Madrid el 11-M tampoco; más tarde Londres en julio, París hace unos meses y ahora Bruselas.

Pero no dejan de ser menos impactantes las que nos llegan de Túnez, Pakistán, Nigeria, Irak..., aunque estas ya no son en el "portal de al lado", ocurren en ese barrio "periférico" al que se van a vivir los de otra clase social más baja que la nuestra y no merecen tanto nuestra atención. Y resulta que a mí me indigna casi tanto o más que las que tenemos aquí al lado. Hace pocos días leí un reportaje en el periódico local en el que se analizaba el auge de este terrorismo ultrarradical islámico y sus causas. Me llamaron la atención tres cosas:

- Que en una tesis hecha por una estudiante en 2005 en el barrio de Molenbeek, ya se advertía del caldo de cultivo que suponían determinadas personas de ese vecindario, dispuestas a adosarse un cinturón explosivo y reventar por los aires llevándose por delante a los que sean.

- Que el número de víctimas mortales afecta más precisamente a los musulmanes que a personas de otra religión, básicamente porque los peores atentados ocurren en esos países y se generan más víctimas porque hay menos seguridad, menos recursos sanitarios ante una catástrofe, etc.

- Que el hecho de atentar en Occidente obedece paradójicamente a crear un clima de islamofobia que sirva de pretexto a dichos grupos para reivindicar su derecho a conquistar por la fuerza otros territorios y a luchar por su religión contra los "infieles".

Y sí, islamofobia cada vez hay más, sobre todo si seguimos pensando que los que huyen de Siria y se lanzan a una travesía por mar mortal ansiando llegar a Europa vienen cargados de explosivos en sus cuerpos; si seguimos pensando que todos esos refugiados que están en Macedonia, Grecia, Serbia o Hungría vienen por el "efecto llamada" y que esos niños es mejor que se queden en su país, que en Europa no hacen nada y van a vivir peor que entre los bombardeos en Aleppo, Homs, Palmira, Kabul,  Mosul, Baghdad o Damasco.

Y la pregunta que algunos se hacen es: ¿tiene Occidente responsabilidad en la radicalización de los países árabes y en el incremento de la voluntad de inmolarse en muchos jóvenes musulmanes? Yo siento hacer de abogado del diablo, pero en cierta medida pienso que sí. No me voy a parar a reflexionar seriamente sobre las causas que nos han traído hasta estos sucesos pero analizando historia, hechos y relaciones diplomáticas, leyendo un poco, la semilla se ha puesto desde nuestro continente y ahora tenemos un monstruo que es difícil de frenar.

He tenido alumnos musulmanes, tanto en España como en Holanda, he hablado con sus familias de tú a tú, igual que con alumnos sin una vinculación clara con otra religión o sí; alumnos procedentes de Latinoamérica, de clases sociales altas, medias y bajas... Y sinceramente no hay diferencias entre unas familias y otras. La frase tan repetida de que "gente mala la hay en todos los sitios" es así y no se puede vincular a un hecho externo como religión, procedencia, raza o color de piel. Esas leyendas urbanas que lees en las redes de que si en tal colegio no se puede poner jamón en el comedor escolar porque no lo comen los musulmanes yo sinceramente no las he visto; y, en todo caso, si así fuera, no me parece una exigencia de mala educación: si un alumno español se va a vivir a Asia, y le ofrecen en el comedor escolar de su colegio una guarnición con insectos, por ejemplo, probablemente tampoco la comería. Son básicamente características culturales que se deben respetar y que bien utilizadas favorecen la integración.

Por duro que parezca, solo nos queda esperar a la próxima parada de esta lotería del terror. Y aprender a vivir con esa angustia de "¿y si ocurre en España de nuevo, en nuestra ciudad?". Pues igual que si ocurre la locura de cualquiera que, con un arma, se lía a tiros en un centro comercial. Cuando ocurre un accidente (recuerdo ahora el del Alvia de Santiago en 2013), esa psicosis se traduce en no descartar un atentado terrorista en las vías del tren, por ejemplo, hasta que se descarta, cuando hace unos años ni se planteaba la posibilidad de que alguien pudiese poner una bomba en un tren, avión, metro o centro comercial. En España ya vivimos con la amenaza del terrorismo muchos años, vinculado a ETA principalmente, y podemos estar más que orgullosos de la labor de nuestras Fuerzas de Seguridad, cosa que no pueden decir precisamente en Bélgica, como se ha visto desde los atentados en Bruselas de la semana pasada. Y yo que pisé esas calles, tanto allí como en Holanda, doy fé de respirar esa sensación de inseguridad en muchos lugares de aglomeración, de no tener controles estrictos en estaciones, aeropuertos, metro...

Por lo tanto, no podemos dejar de hacer nuestras vidas pero tampoco ignorarlo. El escritor Arturo Pérez-Reverte provocó un revuelo en twitter al decir (con otras palabras) que de poco servían las flores y las velas. Y creo que tiene razón. No deja de ser una expresión más de rabia y dolor de nuestra cultura pero que desde luego no "ablandará" al futuro kamikaze. Entendí perfectamente su mensaje, que venía a decir que hay que atacar en la raíz del problema y no en demonizar a tu vecino de puerta que lleva 30 años en el país y está perfectamente integrado o, cuando menos, asimilado, sea musulmán, negro, latino, gitano, rumano... o católico, blanco, español, payo, inglés. En conclusión, que tan zumbado puede ser el alemán que se instaló en Mallorca (léase también el hincha holandés que tira monedas a mendigas en Madrid) como el musulmán radical que se hace estallar por los aires en cualquier terminal de aeropuerto (o aquel encapuchado del Ku Kux Klan que va a la "caza del negro"). Igual de inmoral es el mafioso turco que mete en una balsa a refugiados hacinados cobrándoles los ahorros de sus vidas para pasar a Europa como el habitante de Lesbos que les cobra al llegar por llevarlos en su coche al campo de refugiados de la otra punta de la isla o revende los restos de lo que quedan en las balsas, motores fueraborda, etc. Creo que tenemos que pararnos a pensar un poquito en la sociedad en la que vivimos y que, mal que nos pese, entre todos hemos creado.




jueves, 31 de diciembre de 2015

OTRO AÑO MÁS

10, 11, 12, 13, 14... y 15. 5 años y medio escribiendo y esta aventura sigue. Se acaba 2015 y mucha gente hace resumen de cómo le ha ido el año. Los lectores que me siguen ya han ido leyendo que este año ha estado muy marcado por la política en España. Y yo metido en ella. En unos momentos en que la política y sobre todo los políticos están tan cuestionados y desprestigiados, allá voy yo y me enrolo plenamente en las actividades de mi partido. Sinceramente, no me arrepiento. He conocido a gente interesantísima, vinculada a diversos colectivos de la ciudad y con experiencias vitales y laborales fascinantes. Muchos de ellos forman ya parte de mis amigos y también ellos y ellas me han acogido con entusiasmo, cariño, alegría... a pesar de que los resultados obtenidos no fueron los esperados tanto a nivel municipal como nacional, por causas que en el futuro estudiarán los politólogos. No me voy a extender con este tema porque alguno de vosotros me ha dicho que estoy demasiado enfrascado en este tema y que aburre. Pero sí diré que para mí ha sido también una gran terapia para esos momentos de soledad que aún mantengo, a pesar de que mucha gente quiere que encuentre a alguien para "resetearme" y re-comenzar.

Hay momentos de reflexión, mucha. No es que sienta la necesidad de tener pareja, pero sí que no me gustaría vivir siempre solo. Pero también he aprendido a conocerme mejor, a sobrellevarlo y a disfrutarlo y a veces pienso que no es fácil adaptarse ya a estas edades a otra persona que también lleva su bagaje a cuestas en experiencias vitales. Es decir, que cada vez nos hacemos más exigentes con las otras personas que se acercan a tu vida sobre todo porque no quieres más engaños ni desengaños. Eres más cauto y buscas, sobre todo, no sufrir. Así que la rutina de trabajar en el colegio, con mi "tribu" de 24 personajes que dan para una buena película, sumado a los avatares de los estudios y las vidas de mis hijos, llenan muchas horas. 

Económicamente no voy a decir que estoy mejor. Se puede decir que sobrevivo con lo que me queda después de lo cobrado por mi trabajo y desembolsado las obligaciones monetarias de un divorcio, resumidas en parte de la hipoteca de la que fue casa familiar, mi alquiler y la pensión de alimentos. En estos tres conceptos se van prácticamente 2/3 de mi sueldo, así que os podéis imaginar la austeridad que me toca vivir: mi "fin de mes" generalmente está por el día 10, así que no queda más remedio que estirar y estirar y sacar de donde no se puede o de los ahorros, que merman a velocidad de vértigo. Aún así, desde el año pasado y a raíz de una conversación con una amiga, tengo una pequeña fórmula para ir haciendo un "fondo" que me dé para algún capricho: meter cada día 2 euros en una hucha, por lo que al acabar el mes tienes ahí 60 euros que, si se van acumulando, dan por ejemplo para poder salir una semana de vacaciones en verano en compañía de un par de grandes amigos y rebuscando ofertas de vuelos y alojamientos por ahí adelante. Eso sí, si no surge un imprevisto que te trastoque todo, como ahora en Navidades que, a pesar de la paga extra, entre regalos de los niños y demás cosas, gran parte de ella se va. Y es que hoy comprar cualquier cosa con un mínimo de calidad para un crío te dejas 30-40 euros, descartando por supuesto cualquier artilugio tecnológico, y hay sobrinos y ahijado a mayores a los que también hay que corresponder.

Y poco más. Que ha sido un año de asentamiento, esperando que 2016 mejore las cosas. Siento que el tiempo pasa volando, que estoy ya más cerca de los 50 que de los 40 y que mis mayores cumplirán en pocos días 80 años. ¡¡80!! Yo firmo llegar a ellos porque aunque la esperanza de vida lo hace fácil, lo importante es llegar en forma y con pocos achaques, pero esta vida estresada que llevamos nos lo pondrá difícil. Siempre fui un poco hipocondríaco, pero es que pensar que te puedes ir de esta vida en unos segundos por un infarto o un accidente, te deja un poco temeroso, porque hay dos niños que te necesitan y que, a pesar de alguna riña que otra, hay que enseñarles a escoger su camino y solo le pido a la vida que me los deje ver encarrilados y felices, o al menos, intentando serlo. Se quiere tanto a los hijos que, aunque parezca melodramático, mi vida son ellos, mi mente está en ellos y es complicado explicar ese vínculo paterno-filial que es, básicamente, una de las cosas por las que merece la pena existir.

¡¡¡BUFFF, qué filosófico!!! ¡¡Pero si se acaba el año, no se acaba el mundo!! Aunque a veces parezca que sí viendo determinadas noticias en la prensa o la televisión. Normalmente pienso que los años que existen acontecimientos deportivos internacionales (Mundial de fútbol o Juegos Olímpicos)  la gente focaliza su existencia en ellos y elude las realidades que viven muchas personas. 2015 no ha sido el caso y nos hemos conmocionado con varias noticias atroces: los atentados yihadistas, la travesía de los refugiados y en España la lacra de la violencia de género, que sigue provocando muertes de mujeres en cifras intolerables. De todo ello ya fui hablando en el blog y para mí la imagen del año es la de Aylan ahogado en las costas de Turquía. A mí se me encoge el estómago viendo sufrir a la gente de esa manera y trato de ayudar desde aquí como puedo. No me importaría acoger a gente en mi casa, pero desde que saltó a los medios el drama desde Grecia a Alemania, atravesando Hungría, los Balcanes, Austria y viendo las imágenes que vimos, los gobiernos no mueven ficha. Todo parece que ha quedado en acciones simbólicas acogiendo a una familia en concreto que fue noticia pero no en medidas realistas de acogimiento e integración para toda esta gente. Y claro, con estas situaciones también surgen comentarios xenófobos que me enervan al máximo. Es difícil aguantar la racionalidad cuando alguien a quien consideras formado cuestiona que no se deba ayudar a esta gente y te habla con desprecio de seres humanos que están viviendo un drama. Yo siento que no aguanto en casa, que me cogería hoy mismo un avión y me iría a donde pudiese ayudar, pero claro, tampoco puedo dejarlo todo de repente y marcharme a Serbia, por ejemplo, para hacerlo. Ver a los niños sufrir, pasar frío, hambre, llorar, dormir en un colchón en un bosque... son imágenes que nos tienen que hacer pensar un poquito qué somos y sobre todo cómo somos. Confío que en 2016 este tema mejore y podamos llegar a tener a toda esta gente asentada y comenzando una vida nueva, lejos de bombas y fanatismos medievales. Sin embargo, en 2016 hay Juegos Olímpicos y seguro que en esas fechas todos estaremos mirando a Río de Janeiro mientras en el Mediterráneo se siguen ahogando personas que aunque para nosotros son anónimas, tienen nombre y apellidos.

Por eso cuando algo bueno pasa, aunque sea por azar, me emociono y me saltan las lágrimas. La última vez el día 22, cuando tenemos a los agraciados de la lotería de Navidad en la tele mientras para el común de los mortales españoles es el "Día de la Salud". Este año, en Roquetas de Mar, la vida ha cambiado para un inmigrante senegalés que lleva 8 años en España y que ese día le tocaron 400.000 euros. Cuando los reporteros lo entrevistaron y dijo que él había llegado en patera y que ese día solo tenía en el bolsillo menos de 5 euros para comer, piensas que, al menos para unos pocos, se hace justicia. Me alegro por Nguema y por todos los que la fortuna les sonríe, de una forma u otra, alguna vez en la vida, yo me emocioné como lo hizo él al contar su historia y empezar a llorar. Mi hija cuando me pongo así me mira y se calla, pero lo comprende porque me acaricia. Eso también es una buena lotería. Y aunque el dinero no da la felicidad, desde luego ayuda, y en este caso, mucho; si aún por encima te acarician, eso ya es lo más.

Bueno, resumiendo, que no le pido nada especial a 2016. Bueno, sí, le pido VIVIR, con mayúsculas y con todo lo que eso implica. Ahora me fijo más en las pequeñas cosas y cualquier detallito me hace ver que la vida es eso, vivir el momento, disfrutar de las pequeñas cosas. No hay recetas mágicas para la felicidad. Me conformo con mi coche pequeño de dos puertas (¡¡aunque no niego que lo cambiaría por uno de cuatro!!), con que no llueva, (o sí), con que pueda comprar los regalos de Reyes o esa cartulinas de colores que me pide mi hija, por cuidar de una planta de casa y conseguir que no se seque, con las ocurrencias de mis alumnos en el día a día y ¡¡poder ver Eurovisión!! Y si llegan los ahorros, poder disfrutar de esa semana de vacaciones con un par de amigos compartiendo experiencias por el mundo porque es lo que nos llevaremos y lo que recordaremos siempre con una gran carcajada. En fin...

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!


jueves, 19 de noviembre de 2015

MIEDO

Llevamos casi una semana pendientes de París, de Bruselas y en definitiva de cualquier gran urbe europea debido a la amenaza terrorista del Estado Islámico, ISIS o DAESH o como se quieran llamar. Hay una tensión similar a la vivida en Madrid en 2004 cuando los trenes explotaron matando a casi 200 personas. Se ha hablado del tema en los colegios, en cafeterías, en tertulias, en familia. Nos estamos acostumbrando a terminología como "yihad" o similares y toda la escenografía de estos individuos es salvaje, tétrica, atroz e incomprensible.

Francia está en estado de guerra, ha cerrado fronteras e intensificado los controles de entrada en el país y extremado la seguridad. Se han suspendido partidos de fútbol en Bruselas y Hannover y se viven situaciones de película de cine, con la triste característica de que es real. Las redes sociales arden en opiniones y comentarios, políticos, famosos y ciertos "pícaros" (que siempre surgen en situaciones así) se ponen a comentar la situación cuando mi impresión es que estamos ante un fenómeno que no podemos controlar y del que poco sabemos aún. Hemos visto cómo estos fanáticos degollaban periodistas sin ningún tipo de arrepentimiento, fusilaban niños, despeñaban homosexuales destruían obras artísticas y, en definitiva, sometían brutalmente a su población. Ahora el terror está a la puerta de casa y crece la sensación de inseguridad en todo el Mundo.

Pero el dilema ético también ha surgido precisamente por la localización del último atentado en París. Acciones similares a las del viernes en la capital francesa han ocurrido en Kenia, Iraq, Túnez, Turquía y más recientemente con la explosión de un avión de pasajeros ruso en el Sinaí. Los medios se han hecho eco de estas acciones pero no con la intensidad de París ni han tenido la misma reacción. ¿Importan menos unas víctimas que otras?

Y lo peor de todo es que si te posicionas criticando la hipocresía de Occidente con estas otras víctimas, hay gente que te cuestiona tu decisión, sospechando incluso que los atentados de París de importan poco. Nada más lejos de la realidad. Todos hemos llorado ante determinadas imágenes, igual que hicimos cuando ocurrió en Madrid, Londres o Nueva York, pero no nos podemos olvidar del resto de víctimas en países africanos o asiáticos. Ver en Youtube cómo fusilan a 200 niños sin piedad o las imágenes de cuerpos destrozados tras los bombardeos en Siria, de uno y otro bando, nos hace sentir lo reprobables que somos: personas matando a personas, destrozando familias y pueblos enteros. Es atroz.

No sabremos qué ocurrirá en los próximos días. Hay expertos que nos hablan de estar encaminados a una III Guerra Mundial, a un nuevo orden mundial. Lo que está claro es que de nuevo estamos ante una guerra originada por un dogma religioso, en este caso el Islam. Pero lo terrible es demonizar a sus creyentes, pensar que todos los musulmanes son terroristas en potencia; no podemos entender el mundo sin tener en cuenta a más de 1000 millones de creyentes de esta religión y, si no recuerdo mal, 22 países donde se profesa oficialmente. Hoy existen comunidades musulmanas en todos los continentes y tienen mucho que aportar. Mientras, ¿qué actitud tomar ante las atrocidades de los terroristas de ISIS? Creo que el asunto es más profundo como para opinar en una red social sin caer en comentarios xenófobos. Lo que sí tengo claro es que a mí me duelen todas las víctimas, es verdad que París está a 1500 km de nosotros, que somos culturalmente más parecidos y que ver a 70000 personas cantando en un estadio inglés "La Marsellesa" (insisto, estadio INGLÉS) es la muestra más clara de que Europa está unida ante este horror, haya pasado ahora en París como si hubiera sido en Copenhague, Barcelona o Viena, pero en Oriente Próximo se está matando a niños o, en otra acción desesperada, se lanzan en balsas al Mediterráneo y aparecen ahogados en las playas griegas o zancadilleados en Hungría. Difícil momento estamos pasando.

España también está en alerta. En un mes son las elecciones y ya vivimos en 2004 el terror a tres días de otra convocatoria electoral. No podríamos soportar emocionalmente algo similar a lo ocurrido por entonces o ahora en París. Pero la vida sigue, si cabe con más miedo o tensión y generando sospechas sobre el diferente. ¡Cómo se puede hundir en unos segundos todo un trabajo previo de interculturalidad por culpa de unos fanáticos! Solo nos queda confiar en el buen hacer de nuestros diplomáticos porque de los políticos poco podemos esperar, pero tendrán que estar a la altura, pero mientras, por si sirve de algo... NO A LA GUERRA


(y Turquía, Kenia, Túnez, Sudán del Sur, Afganistán...)

sábado, 14 de noviembre de 2015

PARÍS

Nunca estuve en París. La gente que conozco y ha visitado la capital de Francia, la capital de Europa, me ha dicho que, si tengo que ver una ciudad, esa es París. He vivido en Amsterdam, he pisado Berlín, Bruselas, Estocolmo, Madrid... y varias ciudades de referencia en Europa. Dicen que París lo es todo, que tu manera de ver el mundo cambia cuando paseas por los Campos Elíseos, entras en el corazón de Montmartre, subes a la Torre Eiffel o embelleces tu alma visitando el Louvre. París es moda, arte, historia, lujo, música, cosmopolitismo... París es TODO.

Pero ayer fue el terror. Sin más, de nuevo la "Ciudad de las Luces" se tiñó de sangre por unos fanáticos que dicen matar "en nombre de Alá". A estas horas los muertos llegan a 127, pero seguro serán más porque las imágenes que estamos viendo son como la más terrible de las pesadillas. Un "viernes 13" de verdad, no de las películas de terror que nunca nos creíamos. Hoy no nos queda más remedio que creerlo, y seguir preguntándonos, como aquel 11 de marzo en Madrid o aquel 11 de septiembre en Nueva York: ¿POR QUÉ?

Me considero racional, con una cultura amplia y con capacidad para cuestionar los hechos, sobre todo los históricos. Visité Auschwitz y me preguntaba qué podría pasar por la cabeza de unos señores con un uniforme militar lleno de esvásticas para maquinar y llevar a cabo el horror del exterminio de personas vinculadas a una religión, a una orientación sexual o condicionadas en su vida por una discapacidad. Trataba de ponerme en la mente de aquellos que metían a 100, 200 personas en una cámara de gas y en 20 minutos los recogían muertos para incinerarlos no sin antes despojarlos hasta de sus dientes de oro o de su pelo, del cual llegaban a fabricar mantas. Habían diseñado un proceso industrial con la muerte, un beneficio para una locura que justificaban por la superioridad de una raza frente al resto del mundo. Hoy, 70 años después, nos encontramos con otra religión que difunde el mensaje de que ellos tienen la verdad, que el resto de la Humanidad sobra en la Tierra y que sólo ellos pueden seguir adelante.

Cuando en la Edad Media los cristianos hacían lo mismo, cortando cabezas a diestro y siniestro por toda Europa y Próximo Oriente, la población civil no llegaba a saber de estas atrocidades porque no había la difusión que hay ahora y mucho menos el grado de educación y cultura que tenemos en eso que llamamos "Occidente"; también se mutilaron obras de arte, tapando o extirpando las partes sexuales de cuanto Adán o Eva se hubiese esculpido o pintado, de esculturas griegas o romanas de bellas mujeres o fornidos varones que eran los cánones de belleza. Hoy vemos como los fanáticos del Islam destruyen las mismas obras de arte de la Antigüedad, dinamitan templos, rompen columnas asirias o romanas a golpe de martillo. Nadie puede pararlos y, en caso de que pudiesen, ¿serviría de algo? 

Hace pocos días 200 niños sirios fueron fusilados por esta gente también en nombre de Alá y no salieron en la tele ni los vimos en Internet. Seguramente pasaron previamente por un período de cautiverio o tortura y sólo unas líneas aparecieron en los medios de comunicación. Ayer tuvimos un terror similar en París, mientras la gente estaba disfrutando de su tiempo libre, en terrazas, en Bataclán. Me duelen todos, me horroriza pensar en los minutos previos en los que esa gente se da cuenta de que va a morir a manos de un comando de locos. Pero también me horroriza oír que entre aquéllos que escapan de ese horror en Siria y llegan a Europa, se camuflan los que luego disparan en nuestras discotecas o estaciones de tren o calles de un barrio cualquiera de nuestras ciudades.

Y mientras seguimos cogidos... por el petróleo. Si Occidente no dependiese tanto de esas regiones, hoy no tendríamos muertos en París ni en Siria. Pero claro, la hipocresía de tener nuestro coche con su petróleo se traduce en un "yo te doy las armas", con las que luego nos disparan. Permitimos que se humille a la mujer con sus burkas en Afganistán, que no se respete el más mínimo de los derechos humanos en niños, mujeres y hombres por pertenecer a tal o cual grupo étnico o religioso de los países árabes, vemos como en Siria llevan 4 años de destrucción en manos de un dictador y no tenemos el valor de sacarlo del poder porque interesa, porque es nuestro "amigo" (y donde dice Siria podéis poner Arabia Saudí, Iraq, Kuwait, etc.). Pero cuando llegan a la puerta de casa, cuando París (y aquí también podéis poner Londres, Madrid, Amsterdam o Berlín) es atacado en su pleno corazón, todos nos solidarizamos y volvemos a preguntarnos ¿POR QUÉ?

Esto no parará, la masacre continuará en otros lugares porque tienen la capacidad de hacerlo y nosotros no tenemos la capacidad de contenerlo. Pero siempre quedará la esperanza de que aparezca alguien que pueda sentar en una mesa a los dirigentes para dialogar, para terminar con el terror, para negociar, porque con bombas tampoco arreglamos nada. Por el bien de todos, los de aquí y los de allá, necesitamos que ese alguien aparezca ya, sin demora, por París y por los niños sirios, por Occidente y Oriente; en fin, por la Humanidad.





sábado, 10 de enero de 2015

20 MUERTOS

No se puede decir que 2015 haya empezado demasiado bien. No llevamos ni diez días y los últimos tres han sido una pesadilla para Francia y sus habitantes, para el mundo entero. De nuevo los ataques terroristas similares al 11-S de Nueva York, al 11-M de Madrid o a los de Londres han dejado consternado a medio mundo. Esta vez ha sido París y el ataque se ha llegado a ver prácticamente en directo. La ejecución por parte de un terrorista de un policía herido tumbado en una calle de París será una de las recordadas de los muchos ataques terroristas que ha habido en las últimas décadas, a pesar de que alguien diga que es todo un montaje (???!!!)

El terror extremista vinculado a la religión ha vuelto. Y de nuevo viene del Islam, llegando a producirse una islamofobia que es difícil ya de remediar. A los pocos minutos de la matanza de los periodistas de París y de los policías empecé a ver en Facebook y whats app mensajes de "hay que matar y acabar con todos los musulmanes". El caso es que eso es lo que piensa mucha gente que está harta de ver ciudades occidentales llenas de personas que no son nativas del país y en muchos casos con vestimentas típicas de la religión islámica y que generan mucha desconfianza. Siempre recordaré un día en hora punta en la estación de Utrecht ver a una mujer completamente vestida de negro y a la que sólo se le podían ver los ojos y a unos metros de distancia a su marido (supongo) con una barba también muy característica de su cultura, un turbante... y la sensación de inseguridad que me produjo porque su imagen era tal la de una "viuda negra" a punto de inmolarse en nombre de Alá o del que sea. ¡Qué difícil es entender determinadas ideologías!

¿Cómo se pude llegar a tal grado de "comedura de tarro" que tienen estas personas de conductas y pensamientos tan extremistas? Y cuando ves que adolescentes de Austria, de Holanda... dejan todo en su mundo para ir a "servir" al Estado Islámico, a "Boko Haram", a Al Qaeda... convencidas de que lo que hacen es lo correcto, te preguntas: ¿qué estamos haciendo mal? ¿cómo puede ocurrir algo así? Ejecuciones de periodistas occidentales degollándolos "on-line" al más puro estilo medieval, secuestros de niñas y adolescentes en sus propios países, torturas, violaciones... ¿en nombre de Alá? No creo que Alá esté contento con esto.

La condena unánime por parte de todo aquel que se considere racional llegó a París desde todos los lugares del mundo. Pero el problema está ahí. Sigue habiendo gente fanática, apoyada por otra gente detrás, que está dispuesta a inmolarse llevándose por delante a 10, 100 o 1000 personas sin ningún tipo de remordimiento. Y pueden estar viviendo en el piso al lado del tuyo o compartir con ellos vecindario. Yo no creo que sea un problema de permisividad de las leyes occidentales ni de leyes migratorias. Simplemente el problema lo tiene quien piensa así. He conocido gente musulmana, creyentes de su religión pero integradas totalmente en la sociedad en la que viven y que incluso dan más ejemplo que muchos de nosotros en determinadas situaciones. Recuerdo al padre de un alumno mío de Amsterdam que me comentó que él había venido a Galicia como voluntario cuando fue la tragedia del "Prestige". Se habían organizado varios en su trabajo en Holanda, cogieron un vuelo y se plantaron en la Costa da Morte a recogernos el chapapote, mientras muchos en los pueblos se frotaban las manos por el negocio que se avecinaba.

No es fácil tener sentimientos de odio o desconfianza ante el Islam después de los muertos de estos días en París, pero tenemos que ser racionales y no caer en lo fácil, en decir que "yo los mataba a todos" porque eso genera más violencia. El caso es que Occidente, en muchos casos, también ha cometido atrocidades en países árabes sólo por dinero, ¿o es que la guerra de Irak no se hizo por petróleo? ¿Por qué, por ejemplo, no se entra "a saco" en Corea del Norte cuando se ve y se sabe que la población está pasando graves penurias en un régimen completamente hermético, dictatorial y sanguinario? Porque no interesa económicamente, no hay petróleo y allá ellos. Es la doble moral de Occidente, la misma que dejó que en los Balcanes, por ejemplo, se matasen a diestro y siniestro entre ellos en los 90 porque no interesaba económicamente... En fin, qué triste.

Lo que está claro es que el impacto social y moral que genera esto en la población es total. Después de ver los aviones chocando contra las Torres Gemelas o los trenes destrozados de Madrid las cosas cambian. Ver las imágenes prácticamente en directo te deja una sensación de perplejidad y de "no puede ser" que te revuelve el pensamiento. Lo mismo ocurrirá con la ejecución del policía de París que, paradójicamente, era también musulmán. Lo triste es que me da que tendremos más episodios de estos en lo sucesivo porque hay esa voluntad de inculcar ideas integristas en un sector radical musulmán y que llegan a pedir "Guerra Santa" contra Occidente. Y sinceramente veo difícil negociar con aquellos que no atienden a razones, que sólo atienden a una fe y tienen el cerebro totalmente anulado por una idea totalmente errónea pero de la que están completamente convencidos.

¿Alguien puede dar una solución o nos encaminamos realmente a una nueva confrontación mundial? ¿El equilibrio geopolítico ya no pasa por la dualidad Este - Oeste como fue en los 70 y 80 y estamos ante un Norte - Sur, un norte democrático y aconfesional frente a un sur dictatorial e islamista? En el fondo no deja de ser una manifestación más de un fanatismo religioso que también tuvimos en España, en Francia, en Holanda, en Portugal... cuando íbamos colonizando tierras nuevas allá por los siglos XV ó XVI, matando a diestro y siniestro "en nombre de Dios", con el terrorífico Tribunal de la Inquisición que torturó, ejecutó y quemó en las hogueras como hacen hoy en muchos países islámicos  ahorcando homosexuales, lapidando adúlteras, tapando a las mujeres con burkas o degollando periodistas occidentales. Como tengan que pasar aún cinco siglos, lo llevamos claro en Occidente.

En fin, el único consuelo es solidarizarse con los periodistas asesinados por la libertad de expresión, con sus familias y las de los policías y las de los rehenes y sólo cabe tener cordura para que esto no vuelva a ocurrir.