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jueves, 5 de octubre de 2017

¿Y QUÉ SI SE ROMPE ESPAÑA?

Título polémico allá donde se viere o leyere el que precede a esta entrada del blog. Momentos convulsos se están viviendo en esta parte de la vieja Europa. España, ese país conocido en su mayor parte por el sol, la paella, el flamenco y la siesta fuera de sus fronteras, es en realidad una denominación en la que una parte de la población no encuentra sitio. Conociendo un poco nuestra historia solo en tiempos del Imperio Romano llamándonos "Hispania" y posteriormente desde el s. XVI cuando se consiguió la ¿aparente? unión territorial de sus reinos, pudimos volver a encontrarnos con el nombre con el que hoy nos conocen en todo el mundo.

Reino de España, denominación oficial, ya que somos una monarquía constitucional no deseada por mucha gente; país compuesto por 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas en el norte de África (reclamadas insistentemente por Marruecos) y con unas diferencias económicas, sociales, lingüísticas y culturales que han generado sentimientos muy fuertes de nacionalismo en varias regiones, principalmente Euskadi, Galicia y la conocida por mucha gente del mundo en estos días, Cataluña.

He viajado por varios países de Europa y no he encontrado ningún país que se parezca al nuestro en cuanto a esa diversidad. Poco tienen que ver culturalmente un andaluz con un vasco o un valenciano con un gallego. Muchas veces esas diferencias han dado lugar a chistes, películas (¿quién no recuerda "Ocho apellidos vascos", que fue récord de taquilla hace unos tres años?), canciones e incluso insultos y desprecios entre los habitantes de una u otra región. Los tópicos han calado hondo en la población y un catalán será considerado en el resto de España de tacaño, un andaluz de vago y juerguista, un vasco de bruto y exagerado o un gallego de desconfiado, como veis adjetivos todos muy enriquecedores.

Si uno conoce un poco nuestra historia nunca ha habido una unión real entre las diferentes sensibilidades regionales o nacionales. Quizás a principios del s. XIX, cuando fuimos invadidos por el ejército francés de Napoleón, hubo un atisbo de sentimiento nacional español, pero ni con esas. No fue hasta el s. XX cuando a raíz de la dictadura y posterior democracia se quisieron crear ese sentimiento de nación unida, en el primer caso por la fuerza y en el segundo por la existencia de una Constitución que pretendió crear ese sentimiento colectivo. Éxitos a nivel internacional, sobre todo en el deporte y especialmente en el fútbol, parecía que contribuían a hacer crecer ese sentimiento. Pero todo era un espejismo porque la realidad es otra y lo estamos comprobando en los últimos meses con la postura de Cataluña.

Sería largo y tedioso narrar aquí todo el proceso por el que se ha llegado a la situación actual. Es probable que cuando alguien lea esto Cataluña haya declarado una independencia unilateral para constituirse en un nuevo estado de carácter republicano. Lo cierto es que todo se ha desencadenado a partir del pasado domingo 1 de octubre con la celebración de un referéndum convocado por el Govern de la Generalitat de Cataluña al margen de las normas comunes a todo el Estado.

He intentado informarme, ser totalmente imparcial, pero es imposible. Recibes información de los medios de prensa españoles (que cada vez se nota más su manipulación salvo contadas excepciones) y de las redes sociales, donde ves acontecimientos reales de lo que pasó y opiniones de personas que viven allí y que expresan su opinión desde una posición independentista o unionista. Pero imparciales, ninguna.

En mi caso, me puedo considerar una persona que he leído, he estudiado Historia (también es verdad que la Historia te la cuentan siempre como le interese al narrador), vivo en una de esas comunidades autónomas con una lengua y cultura bien diferenciadas de las demás y sobre todo, me considero una persona que intenta ver las cosas desde la perspectiva del otro, sin juzgar sus opiniones mientras no te las quiera imponer. Y con la cuestión catalana ves que hasta ahora todo te ha llegado sesgado y ha sido visto solo desde un prisma, sin tener en cuenta a la otra parte. No quiero decir con esto que me declare defensor de una más que posible independencia de Cataluña, pero sí que entiendo la postura que se está tomando en aquel territorio por una vez más mayoría de ciudadanos.

Cataluña siempre quiso vivir al margen de España. El sentimiento nacionalista ha ido creciendo siempre, más desde el retorno de la democracia a nuestro país. En los últimos años las autoridades catalanes han solicitado en múltiples ocasiones un referéndum de autodeterminación al que el Estado Español ha hecho oídos sordos, siguiendo lo legislado en la Constitución. Pero tampoco ha habido voluntad de diálogo. En el resto de España se ha creado un sentimiento de cierta "catalanofobia" por considerar que Cataluña fue siempre beneficiada desde el gobierno central en infraestructuras, industrias, servicios, etc. El hecho de ser un pueblo profundamente orgulloso de su lengua, expresándose en cualquier contexto en ella, ha hecho también crear la falsa idea de que "solo" se expresan en catalán y no lo hacen en español cuando alguien no les entiende. Sinceramente, las veces que he estado en Cataluña jamás me pasó eso. 

Pero en comunidades sin lengua propia y con un arraigo cultural bastante uniforme, nunca entendieron esa riqueza y diversidad de Cataluña en concreto, como de los otros territorios con lengua y culturas propias y diferenciadas. Por ejemplo, una persona de Valladolid no puede entender que la rotulación de carreteras esté escrita en catalán, gallego o euskera y no en español. Y debe ser así porque, aparte de la deturpación que supuso la castellanización de topónimos durante la dictadura con aberraciones como "Arteijo, Carballiño" o el mítico "Sangenjo" (que no significan nada), por citar solo algunos en gallego, su uso por los habitantes siempre fue en la lengua autóctona y cambiados drásticamente en la dictadura sin atender al más mínimo criterio cultural. Es exactamente el mismo caso de ciudades como la soviética Leningrado que durante el régimen comunista tuvo ese nombre eliminando el hoy ya recuperado San Petersburgo. Igual que con la lengua ocurrió con las tradiciones, costumbres, festividades y, por supuesto, leyes propias y modo de vida, que durante la democracia y con la organización territorial de España tuvieron una recuperación que, a día de hoy en el caso de Cataluña, quieren darle un paso más.

El pasado domingo los ciudadanos catalanes querían VOTAR, nada más. Querían ejercer pacíficamente un derecho democrático que, por legislación estatal, era imposible. Ante el desafío que podría suponer ese referéndum, las fuerzas de seguridad del Estado Español fueron desplazadas en masa para impedirlo. El día en cuestión hemos visto unas imágenes atroces protagonizadas por unos policías y guardias civiles armados golpeando a ciudadanos que solo querían depositar una papeleta en una urna. 




Sé que este argumento no será admitido por todos, que alegarán que el referéndum era ilegal y que había que defender "la unidad" del país. Pero es que la cuestión real es esa. ¿Existía realmente esa unidad? Salvo en determinados eventos especialmente deportivos, hay personas que no sienten esa "españolidad" de la que, por otra parte, muchos alardean como lo más deseable. Los recientes acontecimientos de corrupción política en varias regiones del país han acrecentado esa separación de muchos ciudadanos de la clase política, especialmente en Cataluña, donde también la corrupción ha dejado su huella.

Si bien es cierto que España como país pertenece a organismo internacionales o a estructuras supranacionales como la Unión Europea, que no contemplan la separación de un territorio de esa unión, parece que ese escenario no amedrenta a la población catalana, decidida a seguir adelante incentivada por el Govern de la comunidad autónoma, que ha apostado fuerte y sin ningún tipo de límite a romper definitivamente con el Estado Español. Así pues, la situación actual es que, tres días después de un referéndum que no tuvo ninguna garantía de limpieza (hemos visto urnas en la calle y la gente echando papeletas en ella sin control, o personas que han podido votar dos y más veces porque no había un censo oficial, ni organismo que avalara que el referéndum siguiese los procedimientos habituales de transparencia y limpieza), la cuestión se ha convertido en dar a conocer al mundo el problema del nacionalismo catalán y la cercana posibilidad de que España empiece a dejar de existir como hasta ahora hemos conocido.

Tenía y tengo mis dudas sobre la viabilidad de la independencia no solo de Cataluña sino de cualquier región de España. Pero después de lo visto el domingo y ante la intransigencia y brutalidad del gobierno español de entrada me posiciono con la gente que quería VOTAR. Es posible que con una votación legal no se diese el escenario de una independencia, pero en situaciones como la que hemos visto el corazón puede más que la razón y cada día que pasa es mayor el número de personas que desearían separarse de España y constituirse en un nuevo estado en Europa y el Mundo. 

Probablemente este post no guste a mucha gente. Y puede que consideren que no soy imparcial y que me decanto por la opción independentista. Nada más lejos de la realidad. Soy partidario de que un pueblo tenga el DERECHO A DECIDIR cómo quiere ser su futuro, si en unión con otros o en solitario. Y probablemente España sea un escenario en el que en las próximas décadas nos encontremos con movimientos de autodeterminación más intensos. Todo dependerá de la habilidad de los políticos de saber hilvanar y conjugar diferentes sensibilidades y de querer construir en vez de destruir. No es fácil porque además los ejemplos más recientes en otros lugares han sido dramáticos (mis queridos Balcanes), aunque también ha habido ejemplos positivos como en Escocia.

En los próximos días Cataluña optará, más que seguro, por caminar sola. Las incógnitas están abiertas para todos ante este nuevo escenario. ¿Cambiará nuestro día a día a corto o largo plazo? ¿Podrá organizarse y salir adelante a nivel económico, nos afectará al resto de las comunidades que aún conformamos España? ¿Habrá otras que seguirán su camino? ¿Euskadi, Galicia, Canarias...? Pero sobre todo, ¿es todo esto sostenible? Ojalá el futuro sea halagüeño a corto plazo para los ciudadanos catalanes y a largo plazo para el resto o los de otras comunidades que quieran independizarse. En todo caso, lo que toca de verdad es sentarse a repensar los cimientos de nuestra ya no tan nueva democracia, toca más que nunca pensar en una reforma de la Constitución y adaptarla al s. XXI. Será el legado que disfruten nuestros hijos y nuestros nietos en una España unida o tal vez rota, seránlos ciudadanos los que lo decidan libremente.



lunes, 18 de septiembre de 2017

SOLO POR UN CAFÉ

Cada vez escribo menos en el blog. Bien es cierto que las redes sociales han acaparado gran parte del tiempo que paso delante del ordenador, junto con todo lo que tengo que hacer del trabajo que cada vez más es a través de esta maquinita. Hay días que tengo la sensación de estar hiperconectado y eso que mi móvil no es de los más avanzados. Chateo por whats app, hago alguna foto, muy pocas llamadas y unas cuantas aplicaciones. En el móvil no uso facebook ni suelo entrar en internet y hay veces que las personas de mi entorno están más pendientes de su smartphone que del que tiene al lado en ese momento.

¡Cómo hemos cambiado nuestras costumbres en pocos años! Últimamente me doy cuenta que paso más horas en casa y que no me importa. Hoy, por ejemplo, comí con mis padres, me fui a andar más de una hora por el paseo marítimo de A Coruña, volví a casa y a las 17:40 entré y ya no salí. Tomé un café, planché, organicé la habitación de G., cené, planifiqué la semana de clases y aquí, pegado a esta pantalla, curioseando. En el fondo me da rabia, me gustaría que ese café fuese con alguien, pero es que también noto que para quedar con alguien parece que tienes que realizar una instancia por triplicado y que incluso puede molestarle... supongo que los otros también dirán lo mismo de mí y cuando se supone que estamos hiperconectados, pues no lo estamos, porque no hacemos por quedar y tomar ese café. Paradojas de la vida.

Pero una vez metido en faena en las redes, trato de sacarles provecho. Leo, me informo, contrasto la información, opino. Y noto que la gente hace igual pero llega un momento en que muchos pierden las formas y se creen poseedores de la verdad absoluta o se comportan cual contertulios de cualquier programa de debate de tercera división. Es decir, lees insultos, descalificaciones, incluso amenazas y uno se pregunta: ¿en serio somos así?

Los últimos días en España han sido de bastante alarma por el "monotema" con el que llevamos semanas o meses: EL REFERÉNDUM DE CATALUÑA. Y uno que ya está un poco harto y curtido llega a cansarse tanto de esto que está deseando que llegue el 2 de octubre y que veamos qué pasó. Hace pocos días, hablando del tema en una cena con amigos, una persona llegó a llamarme ignorante por decir que mi vida seguirá siendo igual el día 2 pase lo que pase en Cataluña. En el momento me ofendió un poco sobre todo por el tono, pero después reflexionando llegué a pensar: "esto no es más que una muestra de ese estado de crispación general que ves en la calle con todo". No sólo es Cataluña. Es CUALQUIER COSA que signifique que la zona de confort de un / una individuo / individua se ponga en peligro. Y en cuanto salta cualquier alarma, la gente explota. He visto verdaderas discusiones de tráfico, por ejemplo, amenazándose con partirse la cara; enfrentamientos entre dos personas por intentar "colarse" en la cola del supermercado, gente que va por la calle no hablando, discutiendo... Y pones la televisión y los modelos de comportamiento son exactamente iguales: la locura de Kim Jong-Un (o como se llame), la desfachatez de Trump, la intolerancia de Rajoy, la actitud retadora de los políticos catalanes, la exasperación de Iglesias, los desafíos de Maduro, el sadismo de los yihadistas. Los modelos que tenemos son todo menos eso, modelos. Nos haría falta en este s. XXI hipercomunicado que apareciese un Gandhi, una madre Teresa, un Olof Palme o alguien que pusiese un poco de cordura en todo esto.

La gente está en un estado exaltado constante. No hay mesura, todo es blanco o negro sin escala de grises. Y yo, como profesor, y muchos compañeros y compañeras más, vivimos una sensación de desprotección absoluta en nuestro trabajo. Aumentan las agresiones de pacientes y familiares a médicos, aumentan las denuncias a docentes, aumenta el "bullying" entre el alumnado, aumentan las agresiones machistas. Todo se hace viral, lo que pasa en Nueva Zelanda llega a tu móvil en pocos minutos. Y enseguida empieza el bucle, se sube a las redes y cualquier hecho dramático o terrorífico hace que esa crispación aumente y se refleje en los comentarios de la gente en twitter, facebook y demás. ¡Y ojo! A veces yo también caigo en ello y me expreso de una forma vehemente porque me creo en posesión de la verdad. 

Habría que, como decía Groucho Marx, parar el mundo aunque fuesen 5 minutos y sentarse a pensar, mirar al de al lado, ofrecerle una sonrisa, hablar con esa persona... Hace pocos días entré a tomar café en la cafetería más cercana a mi casa, más que nada por leer el periódico. Una de las camareras dijo "buenas tardes Alfonso" y yo me sorprendí que conociese mi nombre porque nunca se lo había dicho.  Lo cierto es que estaba saludando a un señor mayor que acababa de entrar y que es cliente habitual y también se llamaba Alfonso, así que en ese momento también le dije que yo me llamaba así y me puse a hablar con el señor. Y me encantó, porque empezó a hablarme de su vida, de lo que cambiaron las cosas, de cómo se ganaba la vida, ¡de Foucellas! (fue un maquis que vivía escondido en los montes durante la dictadura y que acabó siendo detenido y ajusticiado a garrote vil), de un montón de cosas de hace 60 o 70 años, en su gallego más genuino y con una nostalgia y gratitud por oirle inmensa. Le invité al café y me despedí de él hasta otro día. Y en los pocos metros que separan la cafetería del portal de mi casa pensé: "Si todos viviéramos cosas así todos los días, Trump no hubiese ganado, Rajoy no gobernaría en España, Cataluña no buscaría un referéndum el 1 de octubre y, en definitiva, seríamos todos mucho más felices, sin crispación, sin amenzas, sin agresiones a médicos y sin denuncias a profesores". Solo por un café, por 1'10 €. 





domingo, 3 de septiembre de 2017

VOLVER... ¿A EMPEZAR?

Para un docente podemos decir que hay dos inicios de año: el que vive cualquier mortal el 1 de enero más "nuestro" inicio de curso escolar que empieza el 1 de septiembre. Después de 2 meses de vacaciones de verano (porque son dos meses, julio y agosto y no tres o cuatro como dicen algunos, aparte de que en julio estás a disposición de la Administración para cualquier asunto por el que te puedan llamar, por ejemplo, ser tribunal de oposición), toca incorporarse al trabajo.

En los últimos años siento que es como un gran parón y que ni me hace falta adaptación ni me entra depresión ni cosas por el estilo. Hombre, si pudiéramos vivir sin trabajar pues supongo que lo desearíamos todos, pero como no es así pues empieza el curso y aparecer en tu colegio el 1 de septiembre debería ser motivo de satisfacción, de reencuentro, etc. En muchos casos ves caras de compañeros nuevos, puede que cambie el alumnado si terminas el ciclo con un grupo o que haya alguna novedad que nuestras ínclita Consellería de Educación nos quiera imponer sin la más mínima lógica. Después de 26 años de docente parece que ya tienes una especie de coraza que te hace inmune a muchas cosas y acabas siendo un "resabiado" que sigue haciendo más o menos las mismas cosas introduciendo innovaciones educativas y actividades que sirvan para motivar y llevar adelante un nuevo curso.

Este curso 2017/18 seré tutor de 6º de Primaria. Continuaré con el mismo grupo de alumnos que el curso pasado, a los que adoro. Es un grupo muy bueno y ya tenemos proyectos pensados entre varios profesores que esperemos se hagan realidad. Un trabajo que les puse en verano fue que, si iban de viaje, aunque fuera al pueblo de al lado, mandaran una postal al colegio. Han llegado unas 14 de un grupo de 25, desde destinos tan variopintos como diferentes localidades de Portugal, Galicia, Almería, Tenerife, Salamanca, La Rioja y Barcelona, aparte de las que mandé yo desde Suecia y Dinamarca. Sin duda viajar es la actividad humana que más riqueza nos da para entender y empatizar con otras culturas y formas de pensar y es un valor que siempre está presente en mis clases, fomentar la cultura de los viajes. Seguro que en una semana cuando empiecen las clases tendrán mucho que contar de su verano, visto desde la mente de un niño o una niña de 10-11 años.

Y por supuesto, mis hijos también empiezan su rutina. Mañana es un día crucial para el mayor porque se enfrenta a dos exámenes de septiembre que pueden marcar su futuro más inmediato. He de decir que estoy yo más nervioso que él porque sé la trascendencia que tiene conseguir superar una etapa educativa o no y eso ocurrirá en unas pocas horas. Y mi hija terminará este año Educación Primaria y será también el fin de una etapa encarando ya el instituto donde se encontrará, por cierto, con mi grupo de alumnos.

Recuerdo con cierta nostalgia mis primeros años de profesión, donde estos primeros días eran para elegir tu destino, instalarse e ir con los bártulos de un lugar a otro. Ese "gusanillo" de empezar el curso en una localidad que nada tenía que ver contigo te generaba cierta curiosidad y ansiedad por que todo saliese como tú esperabas. En Ciñera de Gordón, en Ponferrada, en Tapia de Casariego... fueron unos años inolvidables, cuando un casi adolescente de 21, 22, 23 años se hacía cargo de toda una vida: alquilar un piso, organizar tus clases, conocer gente nueva, adaptarse a una nueva situación, etc. Aquellos inicios han hecho que hoy no sea un "volver a empezar" sino una continuidad de lo que llevas haciendo los últimos años, con la excepción lógica de cuando hubo un cambio de centro o el gran traslado que supuso irse a vivir a Holanda en 2010 y que dio un giro radical a mi vida en muchos aspectos: personal, educativo, emocional. Sé que no soy el mismo en 2017 que en 2010, veo las cosas desde perspectivas muy distintas y noto también que esa transformación, que a grandes rasgos ha sido muy positiva, choca con pensamientos y decisiones que tienen otras personas que no han pasado por el experiencia de vivir en otro país. Yo me noto más tolerante en muchas cosas, más intransigente en otras, más asertivo, más empático y curiosamente también expresar lo que siento y discrepar de lo políticamente correcto me genera pequeños problemas de convivencia con gente que sigue viviendo en este "curruncho" de Europa y que no tiene más altura de miras que su ego.

Tal vez no entendáis nada de lo que quiero expresar. Normal, no pongo muchos nombres ni ejemplos, pero en estas semanas que, por ejemplo, estamos saturados de un tema crucial en la política española como es el referéndum para la independencia de Catalunya convocado por la Generalitat para el próximo 1 de octubre, está generando unas tensiones en las conversaciones cotidianas de la gente que en cierta manera asusta un poco. A menos de un mes de la fecha en cuestión no sabemos que ocurrirá ese día, si habrá votación o no, qué hará el Gobierno de España, qué consecuencias traería si gana el SÍ o si gana el NO, tanto para españoles como para catalanes... Y el españolito de a pie, acostrumbrado a las tertulias de barra de bar, opina con estereotipos, llega incluso a insultar, se enerva hasta el punto de llegar casi a las manos con el que no piense como él y, también aupados por las redes sociales, el nivel de tensión es extremo.

Así que ante todo este panorama yo voy a dar mi opinión. Como ciudadano de una región de España y de Europa, de partida estoy a favor de que los pueblos tengan derecho a manifestar lo que quieren. Esto es, si los catalanes quieren votar si son independientes o no, que voten. Ahora bien, yo no quiero que Catalunya se independice, pero tampoco quiero que lo haga Silesia, Frisia, Transilvania o Cornualles. No creo que la llegada de un nuevo país a Europa sea positiva ni para ese país ni para el país del cual se escinde, en este caso nos ha tocado a España. Lo que sí me gustaría es que tanto los que defienden la independencia como los que no, expusieran claramente a los ciudadanos catalanes los pros y los contras de la misma, factor que creo, desde que empezó todo este reto por parte del gobierno catalán, nunca se ha hecho en un medio público. Porque, básicamente, ¿un ciudadano residente en Catalunya (no necesariamente catalán) tendrá mejores servicios y más calidad de vida por ser independiente de España? Sinceramente creo que no. Y lo mismo al revés, ¿un ciudadano de cualquier otra región de España tendrá un cambio significativo en su vida si Catalunya se independiza? Pues creo que tampoco, porque yo el día 2 de octubre, pase lo que pase en las urnas, iré a trabajar exactamente igual y me pagarán lo mismo. Tal vez, si tuviese que viajar a una Catalunya independiente, tendría que hacerlo con pasaporte, pasar unos controles de frontera al llegar al aeropuerto de Barcelona, Reus o Girona, igualmente en las carreteras y autopistas que se comunican con Aragón y la Comunitat Valenciana tendrían que enseñar mi identificación e imagino que pequeños transtornos más derivados de esa posible escisión, pero más o menos igual que si voy a un Londres "brexitado" o a un país que no sea del Espacio Schengen o cruzo el Estrecho de Gibraltar y llego a Tánger. Y viceversa, claro, porque cuando aterricen los aviones procedentes de Barcelona en Alvedro, todos aquellos ciudadanos catalanes que quieran entrar en Galicia tendrán también que identificarse, a pesar de conservar aún la nacionalidad española (ya que han nacido en España pero no serían miembros de la Unión Europea).

Me parece que las cosas se han sacado un poco de quicio por ambas partes, el gobierno catalán y el gobierno español. Los primeros porque no son creíbles, generan esa animadversión a todo lo que implique "Catalunya" y están en la perrencha de niños de primaria de "nos queremos ir"; y los segundos porque no han sabido manejar ese desafío independentista en los seis años que llevan gobernando por no querer dialogar y sobre todo, por no querer entender lo que significa un sentimiento de nación. Tengo una buena amiga, profesora, de Castellón, que ahora está dando clase en Olot y ella me dijo una vez que se sentía catalana, que su manera de vivir y de enfocar las cosas era desde una perspectiva diferente a la que podía tener yo como gallego, un madrileño o un andaluz y que lo único que pedía era respeto por esa manera de sentir y ver el mundo. Y yo le creo. Con lo cual la cuestión es, ¿quiénes somos nosotros para impedir que alguien SIENTA que su mundo es Catalunya como estado independiente, sin vínculos de dependencia con España e integrados en una Europa global, en un mundo global? Lo que ocurre es que un proceso como este implica mucha altura de miras por parte de ambos lados y ninguno de los dos gobiernos en cuestión la han tenido. 

En conclusión, no solo se vuelve a empezar un curso escolar, tal vez haya que volver a empezar a DIALOGAR, a pactar, a entenderse unos con otros. Y sinceramente creo que de eso falta mucha cultura en nuestro país, aún después de los 40 años de democracia infantil que llevamos. A veces siento que se ríen de nosotros en Europa y no es de extrañar porque damos cada espectáculo que mejor esconderse debajo de una manta. Así que a ver qué ocurre y cómo encaramos este curso escolar, por mi parte intentaré que mis alumnos, cuando sean adultos, puedan tener más capacidad de diálogo que muchos de los gobernantes que tenemos. Ojalá lo consiga.




martes, 30 de junio de 2015

GREECE, ¿12 POINTS?

La situación creada en Grecia en los últimos meses preocupa. No voy a intentar explicar cómo se ha llegado a esta situación, creo que más o menos lo básico nos lo sabemos todos. Creo que nunca se ha hablado tanto de ese país en los últimos años como se ha hecho desde hace unos meses atrás. Hemos sabido de rescates, hemos sabido de deuda, hemos sabido de corrupción y hemos sabido del triunfo de Syriza originado por el hartazgo de su población ante las exigencias de Europa, o más bien de Alemania y Angela Merkel, habría que decir.

Hemos aprendido nombres griegos impronunciables como Tsipras o Varoufakis, este último convertido más en estrella mediática que en ministro de finanzas. Pero han sido ellos dos los que han estado luchando con uñas y dientes por su país, solos ante el peligro, ante el resto de ministros y presidentes europeos en Bruselas. Lo que ocurre ahora es que se ha llegado a una estación término, al borde del abismo, a un dilema del cual da la impresión que no saben salir y piden una ayuda externa, en este caso el pueblo griego.

En el país de origen de la democracia asistiremos el próximo domingo a una consulta en la cual se deciden muchas cosas, pero no sólo para Grecia, sino para toda Europa o incluso para todo el mundo. En estos días de incertidumbre las bolsas han bajado lo indecible y el mundo está expectante ante lo que pueda ocurrir. En un mundo globalizado como el que vivimos una decisión económica afecta a todo el planeta. Lo que ocurre, por ejemplo, en Tokyo o en Londres afecta inexorablemente a todos, vivan en Europa, en Estados Unidos o en Australia. Así que en mi opinión el pueblo griego tiene una gran responsabilidad, precisamente la que no han tenido sus recién elegidos gobernantes. Que 10 millones de personas puedan decidir, con sólo una semana de plazo y con una información en muchos casos seguramente intuitiva, afectará a corto plazo a todos los ciudadanos europeos y a largo plazo a todos los habitantes del mundo.

Parece catastrófico, pero la cuestión final es esa. Y no culpo de ello a los gobernantes griegos, como tampoco defiendo a los negociadores del otro lado, el llamado "Eurogrupo". Por si fuera poco, parece que volvemos a un juego de fuerzas entre la Europa Occidental capitaneada por Alemania y la Europa Oriental capitaneada por Rusia. Vladimir Putin ha ofrecido ayuda a Grecia en caso de que finalmente no decidan aceptar las condiciones de Europa. Entonces, ¿qué tenemos? Una decisión trascendental para los griegos: o nos quedamos en Europa con el euro como moneda, o nos vamos de la zona euro y tenemos ayuda de Putin (con todo lo que eso conlleva). 

Si yo fuese griego, ninguno de los dos panoramas me parece muy alentador. Quedarse en Europa implicará más sacrificios económicos a un país al borde de la quiebra; si vamos con Rusia podríamos tener dinero, pero ¿a cambio de qué? ¿De menos libertades? ¿De entrar en una órbita de pérdida de derechos, corrupción, mafias...? Yo lo que veo, y esto es solo una opinión, un nuevo episodio de equilibrio de fuerzas como no habíamos visto desde la Guerra Fría: Alemania contra Rusia.

Así las cosas el "efecto dominó" llega también a nuestro país. Syriza es el equivalente a Podemos en nuestro país. El triunfo del partido ciudadano en Grecia para muchos constituye el augurio del cambio para España en las próximas elecciones generales encabezado por Podemos. Rajoy, que es poco creíble en estos momentos, manifiesta públicamente que la situación de Grecia no es la de España y que aquí estamos "mejor preparados". En fin, poco creíble. La sensación de que la situación económica de Europa pende de unos hilos que pueden ser cortados el domingo por los ciudadanos griegos estremece. Mientras, los dirigentes de Podemos siguen defendiendo las decisiones del gobierno griego y el órdago a las políticas económicas del FMI y del "Eurogrupo". Total que hay lío, mucho lío, pero también tengo la sensación de que si una decisión tan importante va a afectar a mi futuro económico cercano, me gustaría ser partícipe de ella, no que por mí voten los griegos, no sé cómo explicarlo para que se entienda (al margen que yo de economía tengo los conocimientos básicos). Por cierto, en el blog de Paquito del cual tenéis el enlace en la lista a la derecha, la explicación de esta situación está muy bien explicada ;)

Y mira que yo le tengo cariño a Grecia como país. La cuna de nuestra cultura, país cargado de arte, de tradiciones únicas, con un clima mediterráneo como el nuestro, con un idioma peculiar y del que proceden muchas palabras de nuestras lenguas. Grecia celebró los Juegos Olímpicos en 2004, ganó Eurovisión en 2005, lo organizó en 2006 y tuvo su "trienio" de esplendor. Llegó la crisis y todo quedó convertido en un "bluf". Lleva en Europa más tiempo que nuestro país (desde 1981) y ahora está en un momento crucial. Así que mis "12 points" no pueden ir estos días para "Hellas" y espero que el pueblo griego lo tenga claro el domingo, si no surgen nuevos acontecimientos antes. Yo lo tendría claro: me quedo en Europa.