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domingo, 5 de abril de 2020

COVID-19. HAY QUE ESCRIBIR

La actualidad obliga y ante un hecho que desde que empezó marcará nuestras vidas para siempre, no puedo dejar de escribir. Estamos viviendo una pandemia, algo que jamás pensábamos que pudiésemos vivir. Un enemigo silencioso e invisible se cuela en nuestros cuerpos y en nuestras almas y pone los cimientos del mundo patas arriba. Este virus con corona reina hoy en todo el planeta y nos ha cambiado no solo la vida sino también nuestra forma de verla. Da igual tu raza, tu religión, tu ideología, tu orientación sexual, tu color de piel o tu profesión. Da igual que seas del "primer mundo" (ahora incluso esto está cuestionado) que de África, del Caribe o del Ártico. Toda la Humanidad está padeciendo en mayor o menor medida la peor crisis sanitaria desde hace más de 100 años, mueren las personas y no hay vacuna. El COVID-19 nos transforma nuestros hábitos, rutinas y valores. Ya nada volverá a ser igual una vez termine todo.

Escribo porque estamos en cuarentena. ¡Cuarentena! Algo que leíamos en los libros de piratas cuando llegaba un barco a puerto con enfermos y lo dejaban a cierta distancia de la costa porque los enfermos   podían contagiar, o los metían en una fortaleza sin que pudiesen salir para evitar la propagación. Hoy la cuarentena significa quedarse en tu casa y salir única y exclusivamente a comprar lo esencial para comer. Y en casa seguimos teniendo los lujos de comunicación, cadenas de televisión, música, Internet, telefonía, información e "intoximación". A veces mata más un bulo, una "fake new" o un vídeo viral que el propio bicho invisible, mata más la ignorancia que la propia pandemia. En realidad, siempre fue así, pero siempre en su contexto histórico.

Los centros educativos están cerrados, los negocios de hostelería, el transporte al mínimo, los centros comerciales sin bullicio. Es todo como una película irreal, una especia de pesadilla "light" porque no estamos privados de nada esencial. Esto originará una gran crisis social, económica, política, cultural. Habrá un antes y un después del coronavirus y realmente tendremos que aprender a vivir con él, como con ese tumor dormido que está en nuestro cuerpo y que un día despertará y nos originará otra pesadilla más macabra y definitiva. Y lógicamente este período de confinamiento está sacando a la luz nuestros valores más solidarios y también nuestras carencias, como individuos y como sociedad.

A las 8 de la tarde salimos a las ventanas a aplaudir a nuestros y nuestras sanitarios y sanitarias, que a veces en condiciones muy precarias están en primera línea de batalla, viendo cómo se muere la gente en soledad (12.000 personas ya en España) o viendo también cómo se recuperan y es un gran triunfo. Es un momento en el que muchas veces me emociono y se me saltan las lágrimas. De fondo, alguien pone desde su windows personal (nunca mejor dicho) el himno de esta batalla: "RESISTIRÉ"





Y las horas pasan con actividades que teníamos olvidadas: las cartas, algún juego, un poco de ejercicio, nuevas recetas de cocina... Y nos aferramos a eso, a lo que nos pueda traer de positivo esta situación: una parada técnica para repensar nuestras prioridades en la vida, nuestros valores y nuestros motores para seguir caminando. Si hay algo de lo que España puede estar orgullosa (eso siempre lo demostró) es de sus ciudadanos y ciudadanas, muchas veces menospreciados en otros países europeos pero, como siempre dije en los anteriores post de este blog, con muchas cosas que enseñar a esa Europa que hasta hoy se está mostrando totalmente insolidaria con los dos países de su "unión" que más están sufriendo la pandemia: Italia y España. Lo triste es que a ellos también les llegará y lo pasarán mal, muy mal, aunque se empeñen en maquillar cifras de contagiados y muertos o expresamente digan que no atenderán a mayores de 65 años. Una vergüenza, vamos. 

No quiero entrar en política con este tema. Es momento de que todas las personas estemos unidas, sin mirarnos el carnet de afiliación. Las redes sociales se han convertido en las verdaderas alcantarillas donde las mentes con más MIERDA (y lo pongo con mayúscula) se dedican a desprestigiar a este o aquel gobierno nacional, regional o local, sea del color que sea. Ahí también se ven los valores degradados de ciertas personas que siguen con rencor, con odio, con ira... todo lo que legisle este o aquel, habida cuenta de que estamos en un Estado de Alarma establecido por ley en nuestra Constitución. ¡Y menos mal! Es un momento muy crítico, calificado ayer mismo por el Presidente del Gobierno "la peor crisis de nuestras vidas". Y tiene razón. Coincide que es el presidente del partido político que defiendo y voto. Da igual. Si lo llega a decir el de otro partido no estaría equivocado. Es realmente una auténtica tragedia, para todos y todas, para el niño o niña que lleva metido en su casa desde el día 13 de marzo hasta el anciano o la anciana que vive sola y que un voluntario de servicios sociales tiene que llevarle la comida a casa; desde el pequeño autónomo que no puede abrir su negocio y tal vez nunca lo vuelva a abrir hasta el empresario que tiene que cerrar su empresa y paralizar su producción y despedir a sus trabajadores hasta nuevo aviso, hasta que las cosas empiecen de nuevo a renacer. Porque sí, cuando esto se suavice (porque no se terminará nunca), comenzará la primavera, el "Renacimiento", muy despacio y poco a poco, ampliando la movilidad, acercándonos más entre unos y otros y eso será lo que realmente empecemos a valorar como importante.

Y ahora os hablo de mí. He vivido fuera tres años, lejos de mi entorno y de los míos. Os puedo asegurar que hay momentos estos días donde me he sentido aún más lejos que a 2.000 km. Llevo sin ver a mis padres casi un mes, sin tocarles y sentirlos al lado; hablo con mis primos por whats app y lo que deseo es ir a verlos y hacer una comida todos juntos; lo mismo con mis tíos, que alguno vive a 10 km de A Coruña y cuando acabe esto necesito abrazarlos; y mi hermano, mis sobrinos, mi cuñada... deseando cargar mi coche con los bártulos de feria e irnos a un campo a vender sus muñecos de crochet. No sé, son momentos muy emocionales. Y yo, que siempre he sido de UNIR, de construir y no de romper, quiero ese contacto con la familia. Hace 12 años se casó un primo mío y en su boda hizo un pequeño discurso diciendo que "si todo el mundo tenía una familia, a él le había tocado la lotería por la familia que tenía" y estábamos todos allí. Mi familia siempre ha estado muy unida en los momentos buenos y en los más duros y realmente son los que al final siempre están. 

Y los amigos y amigas... son innumerables. En Holanda están varios que conocí allí y con los que mantengo un contacto constante por facebook o teléfono; en España, desperdigados por toda la geografía, desde Murcia a Granada, desde Asturias a Madrid, desde León a Alicante, con muchas ganas de compartir vivencias de estos momentos. Y por supuesto, en Galicia: en Padrón, en Sanxenxo, en Lugo, en Monforte, en O Rosal, en Foz, en Milladoiro, en Ourense, en Fene... seguro que os dais por aludidos y aludidas. También personas de mi partido, vecinos, amigos de mi entretenimiento favorito y que por primera vez en su historia se ha cancelado (sí, este año nos quedamos sin Eurovisión), estamos pendientes unos de otros. Mis compañeros y compañeras de trabajo en el colegio, que nos hemos unido como nunca antes y que el día que entre de nuevo por la puerta no podré evitar emocionarme y abrazarme a ellas y a ellos. Y por supuesto, mis alumnos y alumnas... ¡cuánto los echo de menos estos días! Me he comunicado por ellos a través de otro blog para dejarles trabajo porque así nos lo han ordenado desde la Consellería de Educación y algún mensaje que me han dejado me ha emocionado, ¡cómo no! No hay nada que compense más en el mundo que sentir que tu trabajo es valorado no solo por ellos sino también por sus familias. Nunca podré agradecer todo lo que me ha dado mi profesión de maestro, tal vez tendría que crear otro blog para contar todo lo que supone ENSEÑAR y EDUCAR.

En fin, lectores y lectoras, solo me queda dar ALIENTO. Vamos a salir de esta, tarde o temprano, pero lo conseguiremos. Y seremos algo diferentes después, yo quiero ser positivo y pensar que como personas creceremos y maduraremos. Aquel o aquella que siempre fue tóxico, lo seguirá siendo, sin duda, como el virus; pero tengo la esperanza de que alguno o alguna se transforme un poquito, no ya tanto por el bien común sino por su propio bien. Lo que sí me está quedando claro en estos 21 días que llevamos ya confinados es que la gente que pertenece a mi círculo social y familiar vale muchísimo la pena y por eso estoy orgulloso de tenerlas al lado, aunque ahora no nos podamos ver, sentir o tocar, llegará el momento en que sí lo hagamos y seremos todos y todas un poquito mejor. Así que nada, ÁNIMO y recordad que 

#EsteVirusLoParamosJuntos

#QuedateEnCasa

#QuedaNaCasa

#StayAtHome

#BlijftUDanThuis




miércoles, 17 de julio de 2019

MALTRATO

Ayer oí el relato de una mujer maltratada. Una mujer cercana a mí. Tomando un café y contándome su calvario durante muchos, muchos años. Una mujer con la que tuve siempre mucho trato, con sus hijos y con su marido, el maltratador. No quiero dar muchos datos porque el peligro sigue estando ahí. Ahora vive sin él, desde hace poco tiempo, pero siempre alerta, que no vea su coche cerca de su nuevo domicilio, que no se cruce con él en una calle, a la puerta de un supermercado, cuando va a sacar dinero de un cajero.

Lloré. Lloramos. Nos abrazamos. Y en todas las situaciones que viví con ella, con ellos, jamás hubo el más mínimo indicio de maltrato. Ni marcas de golpes, ni rostros tristes, absolutamente nada. Pero la situación se reproducía cada x tiempo. Sus hijos también sufrieron maltrato, incluso con lesiones que jamás se denunciaron. Ella tampoco nunca denunció. Acabó huyendo.

No importa la edad, no importa el lugar, no importa la clase social. Existen, silenciosos. Y lo terrible es que probablemente tú, y tú, y tú, estés tratando diariamente con maltratadores y no lo sepas. Hombres que son capaces de aparentar una vida completamente feliz y ser unos verdaderos psicópatas. Imaginad que sois una pareja con hijos, los lleváis al colegio todos los días, los recogéis, conocéis a otros papás y mamás, a los compañeros de tus hijos, os juntáis en cumpleaños, incluso hacéis amistad más fuerte con algunos de ellos porque sois de edades similares o incluso trabajáis en el mismo sector, todos vivís en el barrio, compartís momentos por las actividades extraescolares de los niños e incluso llegáis a organizar una cena en casa un sábado, sois aficionados al mismo deporte o a una serie... Pues bien, ese con el que tan bien te llevas, es un maltratador. Y cuando te enteras te quedas con una cara de idiota que te hace cuestionar dónde has estado, qué has vivido, cómo es posible que hayas compartido con él sentimientos, vivencias y emociones que a lo mejor solo sabe él.

¿Y ella? Pues delante de vosotros totalmente cordial, simpática, abierta, colaboradora... pero en su intimidad vive prácticamente en el infierno, preocupada porque un día, sin más, se levante del sofá, le ponga las manos al cuello, empiece a insultarla llamándole PUTA, TÚ NO SIRVES PARA NADA, golpee a sus hijos, denigre a su familia política, etcétera, etcétera. Un proceso de anulación como persona que empezó ya probablemente siendo novios y que a pequeñas dosis vas integrando en tu modo de vida hasta que un buen día o eres noticia en los telediarios porque te ha matado o no lo eres y huyes, apoyada por tu familia, por tus hijos si ya son mayores, por tu entorno íntimo si realmente te cree lo que estás contando o te lo inventas por algún motivo. No, no es invención, es TERROR.

Y ahora que sé lo que pasó durante años y aunque ella sea la víctima total y doy gracias porque está viva aún, siento que todos nosotros también fuimos víctimas y cómplices. Víctimas porque el maltratador nos ha hecho creer en él, formaba parte de nuestro entorno como ella, y porque nos sentimos heridos por su constante mentira; cómplices al mismo tiempo porque no supimos detectar, si es que podíamos entreverlo, el más mínimo indicio de que esto estaba sucediendo. Y fueron años, muchos años.

Ayer ella llorando me dijo que "ahora soy libre y puedo vivir, tengo que vivir". Económicamente la situación no le favorece mucho, pero es capaz de tomar sus propias decisiones, de compartir sus emociones y de gestionar sus vivencias. Y yo aún estoy con un nudo en el estómago porque la quiero mucho y oirla me rompió. Cuando veo en los medios de comunicación a determinados políticos o personajes decir que todo esto es una "invención de las feministas y de la ideología de género", aumenta mi furia, que hay que contener porque sino acabaríamos convirtiendo el día a día en una lucha constante contra estos gurús que jamás han escuchado un relato como el de ayer.

Así que nuestro deber como seres que vivimos en sociedad es estar alerta, educar, concienciar, apoyar e integrar en nuestro sistema de valores la lucha contra la violencia machista. Que sí, que están ahí, silenciadas pero maltratadas. Y tenemos que acabar con esto, como sea. Y a ellos... no sé qué solución habría que darles. No sé si se pueden rehabilitar o no. Sinceramente, creo que si son realmente conscientes de lo que hacen, acabarían suicidándose porque han actuado como monstruos, como animales primitivos, reptilianos, no como seres humanos racionales. Mientras, NI UNA MÁS, por favor, luchemos por evitarlo.



sábado, 13 de abril de 2019

DISCIPLINA POSITIVA

Si una persona lleva casi 28 años metida en las aulas, obtiene una madurez profesional que la experiencia le ha ido dando en el trato con el alumnado junto con aquello  que supuestamente estudió en su carrera universitaria para dedicarse a la docencia. Bien es verdad el dicho de que la experiencia es un grado y que no se sabe bien cómo es un trabajo hasta que ponemos todo el empeño en hacerlo bien. Muchas veces he comentado en este blog que soy maestro por vocación, que desde pequeñito lo tuve claro y que en absoluto me arrepiento. Y compadezco a aquellos y aquellas que están en un colegio o instituto por obligación. Mi hija me comenta que tiene una profesora en el instituto que "es una amargada" y que no disfruta con lo que hace. Puede ser que pase una mala racha, pero lo que sí está claro es que si no te gusta ponerte al frente de una clase, deberían indicarte la puerta de salida, no solo por el bien del alumnado sino por el tuyo propio.

A pesar de esos casi 28 años, siempre he tenido ganas de aprender y de actualizarme. Tengo un estilo en mis clases que tanto alumnos como familias agradecen (también lo he narrado aquí), me considero exigente con los contenidos pero también flexible y lo cierto es que hace poco tiempo descubrí algo que venía haciendo en mis clases yo creo que desde que empecé a dar clase en Ciñera de Gordón o incluso antes, en alguna clase particular que daba a algún chaval para sacarme unas pesetas.

Este curso mi centro solicitó, por mediación de la directora, una formación en Disciplina Positiva. Así que un buen puñado de compañeras y los dos compañeros que somos en el claustro acordamos hacer un curso de formación del profesorado por la red de formación de la Consellería de Educación. A principios de enero tuvimos tres charlas impartidas por una profesional certificada en esta temática,  Mónica, una compañera de un colegio de un pueblo cercano a Coruña. Cuál sería mi sorpresa que a medida que se desarrollaba la charla mi frase resumen acabó siendo "por fin le pongo nombre a lo que venía haciendo en clase desde hace años". Me enteré que mis técnicas y mi manera de pensar se basaban en una forma de entender la relación profesor-alumnos que se llama DISCIPLINA POSITIVA y que ya había sido formulada hace casi un siglo por el psicólogo Alfred Adler y desarrollada posteriormente sobre todo en Estados Unidos. Tal fue el impacto que le pedí a la compañera cómo se podía profundizar en el tema y me dijo que en poco más de un mes la Positive Discipline Association haría un taller intensivo de certificación oficial en A Coruña. Me mandó la información y, a pesar del alto coste económico por solo dos días (385 €), lo hice. Y no voy a decir que mi vida cambió, sino que realmente encontré aún más mi hueco. Pero también conocí a personas maravillosas que buscábamos otra manera de hacer las cosas y el grupo que salió de aquellos 16 y 17 de marzo ya forman parte de mi vida, sobre todo por la conexión que hubo durante las horas de aprendizaje, vivencias y emociones. Solo puedo dar las GRACIAS a todas ellas (¡¡y a él, solo éramos dos chicos!!). Aquí me veis en plena explicación "águila" (ya os contaré un poco quién es camaleón, tortuga, león o águila)



Disciplina Positiva se basa en varios aspectos. El fundamental es en el trato con RESPETO al alumnado, sin humillarlo ni despreciarlo, mirándole de tú a tú pero siendo siempre el adulto el líder, el que dirige esa relación, lógicamente. Elimina el castigo que tanto gusta a los seguidores del conductismo y que impregna todavía muchas aulas de nuestros centros (nunca fui amigo de ellos y mucho menos de los temidos "partes"). Y hay una frase demoledora de una de sus teóricos que es:

¿A QUIÉN SE LE OCURRIÓ LA BRILLANTE IDEA DE QUE PARA QUE UN NIÑO HAGA ALGO BIEN PRIMERO TIENE QUE SENTIRSE MAL? (JANE NELSEN)

El comportamiento visible de un niño es solo la punta del ICEBERG y hay que tratar e intentar llegar a lo que está por debajo del nivel del "agua", porque es lo que generalmente condiciona no solo su comportamiento sino también su aprendizaje. Por medio de dinámicas grupales fuimos conociendo más aspectos fáciles de aplicar en el aula y que yo ahora ya he adoptado para siempre. Educar con FIRMEZA y CARIÑO es algo que ya venía haciendo desde hace tiempo, bien es verdad que alguna vez pude considerarme "blandito" y cedí ante determinados lloros o caras tristes, pero bueno, ahora también aprendí a no ceder sin dejar de ser cariñoso.

A raíz del curso de certificación que hice, pertenezco a una oleada de docentes que estamos oficialmente certificados para impartir charlas y formación a otros maestros de Disciplina Positiva. Lo cierto es que es un mundo, para mí por ahora llevadero, pero sé que seguiré leyendo y mejorando en la aplicación de estas técnicas con las cuales siempre me sentí feliz en mis clases y sobre todo, hice sentir bien a mis alumnos y alumnas y a sus familias. Y fijaos, no hay nada que no esté inventado. Alfred Adler puso las bases allá por los años 20 del siglo pasado, pero luego la II Guerra Mundial lo llevó a Estados Unidos (imaginaos la situación: era judío en Austria) y allí, gracias a sus seguidores como Rudolf Dreykurs o la citada Jane Nelsen, hoy tenemos una red que como bien decía la entrenadora que vino a impartir la certificación, "de raritos" que hacemos las cosas de otra manera.

Así que ya sabéis. Aquí me tenéis para informaros de cómo aplicar Disciplina Positiva no solo en el aula, sino también en casa y, por supuesto, en la vida. Es un cambio de paradigma y, aunque donde más me cuesta es en casa, intentaré seguir en la brecha hasta que llegue la hora de jubilarme, pero mientras mucho ALIENTO y mucho error, porque los ERRORES son las mejores oportunidades para aprender ;)






domingo, 23 de diciembre de 2018

EMPATÍA Y LOTERÍA

Ayer empezó oficialmente la Navidad en España. Y recalco: SOLO EN ESPAÑA. Porque el día 22 de diciembre es una fecha muy marcada en el calendario, la fecha en la que puedes celebrar dos cosas: o tener muy buena salud o que te tocó la Lotería de Navidad, considerado uno de los sorteos más famosos del mundo y que aporta más dinero.

Su historia llega hasta el s. XIX y se puede consultar en varias páginas web. Aquí el enlace de la wikipedia. El sorteo a día de hoy está lleno de historia y anécdotas, aparte de miles de curiosidades. El hecho de que sea el más vendido del año y que sus décimos estén a la venta 6 meses antes, ya lo dice todo. Y es más que habitual que cuando los españolitos y las españolitas se van de vacaciones en verano, compren lotería en su ciudad o villa de veraneo, y ahora también gente de otros países que saben de la fama de este sorteo y de sus premios.

Pero hay dos detalle que hacen peculiar a este sorteo. Uno es el hecho de usar un gigantesco bombo con 100.000 números de madera, del 00000 al 99.999 y otro más pequeño con los premios a adjudicar, algo más de 1800. Cada 20 números los bombos giran y tanto los números como los premios son cantados por niños y niñas. Este hecho es el segundo detalle, básico para celebrar los sorteos de lotería en España. Y es que la lotería española está vinculada a un antiguo orfanato donde residían niños que eran los encargados de "cantar" la lotería, los niños de San Ildefonso. Hoy la institución es un colegio concertado mixto que tiene, digamos, el privilegio de continuar con la tradición de dar los premios de la lotería. Y los niños y las niñas son parte fundamental del sorteo de ayer.

Las niñas y los niños cantan los premios en sus tonos de voz, generando a veces admiración y otras cierta sorpresa por tener ya voces muy graves. Cuando sale un premio, el público se altera esperando el premio "Gordo", que suponen 4 millones de euros, 400.000 euros al décimo. Ayer el "gordo" se hacía de rogar. Eran más de las 12:30 horas y no había rastro de él. Los asistentes se empezaban ya a inquietar. Se produce un cambio de niños al acabar una tabla y llega ella, la niña, la estrella: Aya.

Aya dio el premio gordo en 2017 y nos emocionó a todos por todo el entusiasmo que transmitía. No habían pasado 4 bolas y su expresión facial lo decía todo: ahí estaba.





La secuencia entera es maravillosa. Pero lo que me fascina es cómo esta pequeña además de emocionarse tiene la empatía de apoyar a su compañera que rompe a llorar por dar el premio más importante del sorteo. El momento de ponerle la mano en la espalda es de una madurez emocional impresionante, y todo lo que le dice ante la mesa de control y ante las cámaras. Se metió de nuevo a toda España en el bolsillo y me parece que refleja a la perfección lo que significa el día de ayer.

Por la mañana, en la radio, oí una tertulia en la que se hablaba de la alegría de los premiados. De que el 22 de diciembre las imágenes de los telediarios son de gente feliz, descorchando champán, riéndose, llorando, abrazando a su gente, saltando de alegría. Y uno de los tertulianos comentaba por qué nos cuesta tanto empatizar con la alegría, si lo hacemos con la tristeza, con el terror, ponemos lacitos de muchos colores en la solapa o encendemos velas. ¿Por qué no somos capaces de sentirnos felices con la felicidad de otros?

Yo confieso que muchos años tengo llorado de alegría con la gente que sale el 22 de diciembre en los telediarios celebrando que les ha tocado la lotería, al igual que me encantaría, lógicamente, ser yo con mi gente el que lo celebrase. Y creo que es un ejercicio que deberíamos hacer todos: tratar de empatizar con la alegría, ser felices con la felicidad de otros. Porque al fin y al cabo algo se contagiará y como somos seres de preferencias, tendemos a acercarnos a gente que nos dé positivismo y no negatividad, alegría y no penas. Ayer esa felicidad por la vida nos la transmitió, sin duda, Aya, y además su complicidad y cariño por su compañera, esa empatía que tanta falta hace en los tiempos que corren. BRAVO por ella!!!

Por cierto, no me ha tocado la lotería, así que FELIZ DÍA NACIONAL DE LA SALUD ;)

domingo, 30 de septiembre de 2018

UNA MUJER VA AL MÉDICO (KOMT EEN VROUW BIJ DE DOKTER)

Tranquilos. Es sólo el título del último libro que leí. Más bien devoré porque la historia de tan triste pero real que es te atrapa. Además, como habréis deducido, el original del libro está escrito en neerlandés, ya que toda la historia está ambientada principalmente en Amsterdam, citando calles y lugares de ocio o esparcimiento reales, lo cual me incitó más a leerla. 

El caso es que cuando voy a la biblioteca del barrio (gran red de bibliotecas públicas las del Concello de A Coruña, por cierto), llevo una lista con posibles lecturas. Entro en el catálogo pero la mayoría están prestadas, así que rebusco entre el enorme estante de "novela" alguna que me llame la atención. Así descubrí algunos libros y autores que ahora recomiendo, como esta lectura. 

La historia es simple, pero está basada en la vida real de sus protagonistas, Carmen y Stan. Ambos trabajan en empresas dedicadas al márketing (muy holandés todo) en Amsterdam, son un matrimonio joven que acaban de tener una niña, Luna, que al inicio de la historia tiene solo un año. Carmen acude al médico porque tiene un enrojecimiento en uno de sus pechos y después de una serie de pruebas le diagnostican un cáncer de mama. Su vida gira de golpe 180º y el libro cuenta en primera persona todo el proceso de la enfermedad. Ya sé que puede ser un tema muy recurrente y que hay literatura sobre el mismo en abundancia, basada también en casos reales. Pero esta vez se añaden otros ingredientes. Stan es un hombre que, a pesar de estar casado con Carmen, siempre tuvo debilidad por el sexo con otras mujeres, con lo que la novela acaba convirtiéndose también en una confesión de sus aventuras, incluso a su propia mujer durante el desarrollo de la enfermedad, y de su propias acciones como padre, marido y persona. 

En torno a ellos dos aparecen otros personajes vinculados a sus vidas: sus compañeros de trabajo, la madre de Stan, sus amigos de siempre y Roos, la amante que Stan tiene en las fases más duras de la enfermedad de su mujer. Entre términos médicos, viajes, relaciones personales, lugares de ocio nocturno en la capital holandesa, sexo, se va desarrollando la historia de la que no quiero desvelar el final, aunque aparece en la contraportada del libro si alguien se decide a leerlo. Creo que después de haberlo hecho jamás olvidaré lo que es una medicina llamada taxotere y que está relacionada con la quimioterapia.

Os puedo asegurar que me ventilé las más de 300 páginas del libro en poco más de una semana porque es uno de esos libros que no puedes parar de leer. Refleja además otros aspectos de los que he hablado a veces en el blog, como el sistema sanitario holandés o esa característica de vida entre despreocupada y resignada que tienen los holandeses, caracterizada por disfrutar de ella a cada momento con viajes, salidas nocturnas, cenas de amigos en casa y demás. Pero al mismo tiempo es también un retrato crudo de ese sistema que a ojos de un español puede resultar chocante, a mí ya no me choca. 

He visto en Internet que también hay una película sobre el libro. No sé si está doblada al español, pero intentaré verla, si aguanto porque imagino que será dura. También me enteré que el autor del libro llegó a crear una página web donde se recaudaban fondos para la lucha contra el cáncer. Teniendo en cuenta que la historia acontece allá por el año 2000 (porque por ejemplo, aún habla de florines), no sé yo si sigue operativa. Y con respecto a la lectura, ya van más de una docena de libros este año, teniendo en cuenta que si leemos uno por mes, paso de la media, pero me gusta poder disponer de oferta en la biblioteca del barrio y descubrir nuevos autores e historias. En definitiva, si tenéis ganas y valor de saber cómo es el cáncer por dentro y sus consecuencias, esta novela es imprescindible... si aguantáis la emoción.



domingo, 5 de noviembre de 2017

LO IMPORTANTE DE LA VIDA

Parece que han pasado años. Las noticias de los informativos te bombardean con los mismos temas día tras día. En España llevamos dos, tres, cuatro meses con la palabra CATALUÑA metida hasta la médula: aparece en las comidas familiares, en las reuniones de trabajo, en las conversaciones de autobús, en los bancos llenos de jubilados tomando los últimos rayos del sol de este "veroño" cada vez más largo, en las aulas de Universidad, Secundaria y sí, también Primaria. Hay un sobreexceso de información, el 90% sesgada según quién te la cuente. Y uno se satura. Contertulios y columnistas intentan demostrar que saben la historia de este territorio de pe a pa y nos quieren hacer creer que tienen razón en según qué cosas. Yo estoy cansado ya de exponer mi postura sobre este tema y no voy a seguir. Y todo este circo tapa los verdaderos problemas que tenemos en España: continúa la corrupción, continúan las consecuencias de los recortes, sigue la economía subiendo muy poco a poco, sigue habiendo gente en paro y vemos que el país no avanza, que no remontamos.

La rutina de los meses finales del año con el curso iniciado te envuelve en tu trabajo, en atender a tus hijos, en ESTAR, atendiendo a lo que depara la vida, positiva o negativamente. Compra cotidiana, una llamada para ir a algún evento cercano, una cita médica y pocos, muy pocos ratos de ocio. Ese día a día es el que en realidad nos da las satisfacciones más intensas, lo que se suele decir "ser feliz", ya que esa meta de felicidad no existe sino en las cosas que vivimos a cada momento, con tu vecina, con los empleados del supermercado, con tus alumnos, con el repartidor de correos, etc.

Y en ese devenir planificas a corto plazo que hay una reunión en el colegio de tu hija, que tienes que acudir a la ITV del coche, que mamá tiene que llevar flores al cementerio para el 1 de noviembre o que tienes que acudir a una cita importante. Y por cualquier circunstancia tu vida puede cambiar en pocos segundos para siempre por un suceso afortunado o por una desgracia. Y pones los pies en la tierra comenzando a reflexionar qué es lo importante de la vida.

Hoy me ha pasado algo así. En realidad, no me ha pasado nada. Simplemente ocurrió. Una tarde de sábado normal, con mi hijo fuera de casa con sus amigos y mi hija en Padrón en compañía de la familia de allí. Yo en casa, haciendo cosas pendientes, y pasando el tiempo en el ordenador. Y de repente... ¡¡PLOF!! Una sensación de vulnerabilidad, de que no controlas nada de lo que te ocurre, de que todo puede dar un giro de 180º y a replantearse todo de nuevo. Hace pocos días a una compañera de afiliación política le sucede una alteración inesperada en su salud, con ingreso hospitalario incluído y de carácter grave. Y tal vez fue eso realmente lo que estaba ahí, en lo profundo de tu inconsciente, lo que generó esa sensación de no ser nadie, de estar a merced de lo que te marca el destino, a veces por actuar con dejadez o con cierto desdén, otras veces por todo lo contrario, porque no puedes controlar todo lo que ocurre a tu alrededor.

Y esa sensación me agobia y me da un bajón tremendo. Es un síntoma de inseguridad. Estuve unas horas un poco preocupado y no muy receptivo. Además, no tenía a mis hijos cerca y el deseo de tenerlos en el "nido" hizo mella en mí. Supongo que será algo atávico, pero más cerca de los 50 que de los 40 el ser humano creo que empieza a valorar lo que pongo en el título, lo importante de la vida. Que básicamente consiste en que tengas la certeza de que a tus descendientes los has educado como mejor has sabido, que les has dado la educación en la que crees, pero sobre todo, que les has hecho sentirse seguros y queridos, que tienen en ti un referente y un modelo y que tengan la certeza de que nunca, nunca, se ha tomado una decisión para perjudicarles o hacerles daño, aunque a veces el efecto haya sido ese en momentos de riña, discusión o disparidad de criterios... ¡¡sobre todo cuando tienes ya dos adolescentes en casa!!

Ahora entiendo a los padres y a las madres que dicen que solo desean lo mejor para sus vástagos y que si tiene que pasar algo que les pase a ellos mismos. Yo también he tenido hoy ese sentimiento, pero mezclado con la sensación antagónica y el dilema de "¿lo estaré haciendo bien? ¿Hay algo que me puedan reprochar en el futuro emocional o moralmente?" Seguramente sí y sinceramente eso duele mucho. Duele porque no es intención de un padre que eso ocurra, pero a veces actuamos o tomamos decisiones sin sopesar el efecto que pueden tener en nuestros hijos. Cuando salen noticias de menores en situaciones graves o incluso asesinados, intentas entender o empatizar y resulta completamente imposible. Yo sé que cometo errores en la crianza y en mi vida diaria y espero no me pasen factura porque cuando actúo, lo hago siempre por un objetivo positivo. Hay gente que dice que tengo una estrella y yo creo que no es así, simplemente actúo según lo que me dice mi instinto, mi razón y mi experiencia. A veces debería reflexionar un poco más en determinadas situaciones, pero tengo la sensación de que el tiempo pasa y tengo muchas cosas por hacer.  Ojalá pueda seguir así, con momentos duros de los que hay que aprender con resiliencia  y con momentos felices que me den plenitud. Desde luego lo intento día a día y por supuesto, lo primero ellos, qué duda cabe. Y no lo digo yo, también lo dice Mafalda ;)




jueves, 23 de febrero de 2017

LAS FAMILIAS EN LA ESCUELA

Hace casi un mes que no escribo y es por falta de tiempo. Las tareas familiares y escolares me tienen copado prácticamente desde que me despierto hasta que me acuesto y hay días que solo duermo 6 horas, lo que me supone tener un cansancio acumulado inmenso. También ando vigilante en lo que respecta a la salud porque la pierna derecha en la que tuve la infección sigue a veces dando la lata. Finalmente los médicos dieron con el origen de todo, una incipiente insuficiencia venosa, concretamente en la vena safena, y aunque me han dicho que no me preocupe y que procure moverme, la mosca detrás de la oreja está y camino de los 48 años precauciones hay que tener.

De nuevo, voy a hablar de educación. Parece que cualquier cuestión educativa hoy está en boca de todos y es objeto de debate en tertulias, artículos de prensa, aparecen gurús que se proclaman salvadores en cualquier aula y todos, todos opinan mucha veces sin criterio o con afirmaciones más dignas de un plató de telebasura que de una institución como puede ser un colegio, instituto o centro de educación superior.

Desde siempre el triángulo esencial en el día a día de las aulas está compuesto por el alumnado, el profesorado y las familias. He hablado aquí muchas veces de los dos primeros y casi siempre en primera persona, así que hoy toca al otro vértice del que no he hablado tanto.

Cuando estudiaba Magisterio vi claramente que las familias deberían ser un pilar fundamental en la acción educativa. Imaginaba una participación constante y colaborativa por su parte en los colegios y con una plena confianza en la labor del profesorado. Posteriormente me llevé un gran chasco porque en la inmensa mayoría de los casos no es así, sino todo lo contrario. Hay un gran recelo a todo lo que hacemos en el colegio y sobre todo una despreocupación sobre todo aquello que supone la Educación, teniendo en algún caso experiencias bastante negativas con algunas familias en mis 26 años de docencia. Para muchos padres el horario escolar es una especie de libranza de los hijos mientras ellos trabajan (o no) y su momento de relax de lo duro que significa una crianza responsable y más en estos tiempos.

También, todo hay que decirlo, he visto como muchos compañeros y compañeras han puesto un auténtico muro a la relación con las familias, haciendo de sus aulas un fortín inaccesible y del que tienen que saber lo justo, lo estrictamente académico y poco más. Bien es cierto que los colegios no son iguales ahora que hace 26 años, pero en algunos casos esa relación bidireccional profesorado - familias falla y con ella falla todo el engranaje. Pero vayamos por partes.

Ante todo, no he venido aquí a quejarme de las familias ni mucho menos, dado que yo también soy padre y para más inri de una niña de exactamente el mismo curso que mis alumnos, 5º de Primaria. En mis últimos años ejerciendo he de afirmar con rotundidad que estoy más que satisfecho del trato que he recibido por parte de las madres y los padres de mis alumnos y alumnas y que defiendo que la relación familia - escuela debe mejorar y sobre todo entenderse.

Por norma general, una familia empieza a escolarizar a sus hijos el año que cumplen 3 años, es decir, si los "cuasi bebés" cumplen en octubre, noviembre o diciembre, entran en el colegio con 2 años, lo cual no deja de ser un crimen, a mi modo de ver. Esos primeros días de septiembre la preocupación familiar aumenta al traer a esos retoños al colegio y dejarlos en manos de unos profesionales que, de entrada, tienen la obligación de ganarse su confianza y de organizar un aula con 25 niños y niñas que lloran, se hacen pis y caca por ellos, están enfermos, se juntan con otros niños como ellos y bien podría ser la viva imagen de un caos a los que nosotros, los maestros (y sobre todo las MAESTRAS de Infantil) ponen orden mientras sus papás y mamás vienen diciendo que "es que mi niño es especial", "es que no le gusta comer plátano y le traigo un donuts", "es que ha estado vomitando toda la noche y que le des Dalsy"... ¡¡E-R-R-O-R!! En un colegio TODOS son especiales y dejan de ser "príncipes y princesas" para comenzar a convertirse en pequeños ciudadanos y a adquirir destrezas y competencias.

Es en ese momento cuando las familias deben entender que una vez traspasada la puerta del colegio los y las PROFESIONALES que estamos dentro sabemos lo que tenemos que hacer y que o confían en nosotros o mejor que dejen a su hijo en casa. Puede parecer muy drástico pero un colegio NO ES un lugar donde se "aparca" a un niño en un horario a convenir y según demanda, sino en la mayoría de los casos de 9 a 2 de la tarde, habiendo casos también de niños que son dejados a las 7:30 h. en el programa "Madrugadores", se quedan a comedor escolar y continúan con actividades extraescolares, lo cual implica que pueden recogerlo a las 6 de la tarde: nada menos que 10 horas y media sin ver a nadie de su entorno. Otro auténtico "crimen" que debería estar totalmente prohibido.

Es precisamente en la etapa Infantil donde surgen los mayores malosentendidos entre familias y profesorado, precisamente por ese proteccionismo que tanto invade nuestra sociedad y estilo de vida por el cual se propugna que a ningún niño le daba pasar nada. Pues es otro error. Un niño debe caerse, hacerse una herida, llevar un golpe, aceptar una reprimenda y sobre todo OIR UN ROTUNDO "NO". Es más que evidente que dentro de un colegio los maestros estamos para cuidar de su bienestar y partir de la base por parte de las familias que "allí dentro" van a "reprogramar" a sus vástagos e inculcarles el peor de los males, es un mal principio.

Cuando ya llevan unos años en el colegio la situación se va suavizando, lo cual no impide que de vez en cuando surjan situaciones que puedan constituir una mera anécdota o derivar en un problema más grave que pueda derivar en una denuncia o una agresión por parte de las familias a los docentes. Aquí estaríamos hablando ya de DELITOS claros y hay que partir de la base de que como profesionales tenemos unos deberes para con nuestros alumnos de protección de su privacidad y su integridad, aparte de velar por su bienestar y salud durante el tiempo que estén con nosotros. Si de nuevo una familia duda de estas premisas, entonces seguro a la larga tendremos más problemas y lo que se está viendo es que los medios de comunicación acentúan cada vez más hechos discrepantes cuando se resuelven perfectamente en la convivencia escolar, hay instrumentos más que suficientes para ello.

No voy a salir en una defensa a muerte de nuestras posiciones como profesionales porque soy el primero en reconocer que en ocasiones metemos la pata básicamente porque somos HUMANOS y no tenemos una varita mágica para en momentos de duda tomar la decisión acertada. Pero también decir que, como padres, tampoco la tenemos y nos equivocamos en la crianza de nuestros hijos, solo que aquí NO PASA NADA y nadie nos viene a decir lo que deberíamos hacer (en algunos casos se debería, desde luego, por parte de algún organismo oficial). El caso es que como tutor en los últimos años parto del hecho de que las familias tienen que tener una CONFIANZA ABSOLUTA en lo que yo hago en el aula y así se lo hago saber en las reuniones con ellos. Tal vez sea esa característica la que sirva para decir que estoy más que satisfecho y agradecido del trato que me han dado las familias en estos años. 

En las tutorías individuales que mantengo con ellos no solo este curso, sino también los anteriores, tengo que decir que he tenido que decir varias veces MUCHAS GRACIAS porque las familias me manifiestan su total confianza y su agrado con mi trabajo con sus hijos. Creo que no olvidar eso, que yo ENSEÑO, CUIDO y QUIERO a sus hijos es esencial para que la relación familia - escuela funcione. Puedo presumir, y lo hago, de tener amigos que han sido padres o madres de mis alumnos y con los que sigo manteniendo trato en algunos casos más de 20 años después. Actualmente muchos de los papás y las mamás de mi grupo de alumnos tienen más o menos mi edad y la conexión de intereses es mayor, teniendo en cuenta que ellos también comprenden que yo soy padre de una niña de la misma edad que sus hijos y que en poco más de un año y medio compartirán aula en el instituto del barrio. 

Por todo ello quería escribir este post. Es necesario y urgente que las familias ENTREN en los colegios. No se trata de que haya representantes en los Consejos Escolares o en las ANPAS, sino de que participen activamente de lo que allí hacemos, lógicamente sin cuestionar lo que por nuestra capacitación profesional hacemos. Para mí sería un auténtico lujo poder contar en las aulas con los padres y las madres, pero también sé que en el momento en que entrasen en mi clase la "magia" que tengo con mis alumnos desaparecería, y eso lo comprenden perfectamente. Aún así, a los que me lean, a lo largo de estos años he podido comprobar una cosa: que sé que mis alumnos me quieren por cómo los trato y por lo que les enseño, pero también que para ellos sois sus modelos y que os quieren mucho, mucho más que a mí y que os respetan más que a nadie, os lo garantizo. Y así debe ser. Y para mí es un lujo recibir halagos, cómo no, pero también es un lujo comprobar el amor que os profesan en las cosas que cuentan, en cómo hablan de vosotros y lo mucho que significáis para ellos. Pero ese es el regalo que solo yo vivo allí dentro durante 5 horas todos los días (jejeje) y es un placer compartirlo con vosotros, papás y mamás, a los que os pido que sigáis confiando en los maestros y maestras que os aseguro que solo queremos LO MEJOR para nuestros alumnos y alumnas, aunque a veces podamos equivocarnos. Así que GRACIAS de nuevo y a continuar mejorando, todos, por el bien de los futuros ciudadanos de este país, por su EDUCACIÓN.




domingo, 21 de agosto de 2016

VIAJE A LOS BALCANES 4: LAGOS DE PLITVIČE

Comenté que Croacia tiene muchas papeletas para ser un paraíso en la Tierra. Habéis visto fotos de Split y Zadar, con su atardecer inigualable. Pero eso no fue todo. Después de dormir 2 noches en Zadar llegó el día en el que lo que visitamos fue, sin duda, lo mejor del viaje: el Parque Nacional de los Lagos de Plitviče.

He visitado en España varios parques nacionales y espacios naturales: los Picos de Europa, Ordesa, las Tablas de Daimiel, Timanfaya, nuestras Illas Atlánticas... Por supuesto que nuestro patrimonio natural es único y visitar, por ejemplo, el paisaje volcánico de Lanzarote te asombra hasta el máximo. Pero después de esta visita os puedo asegurar que he estado en el paraje natural más bello que he visto en mi vida, que ya son casi 47 años.

Salimos de Zadar temprano, aunque ya con el día claro a pesar de ser las 7 de la mañana. Pagamos el parking (carísimo y sin descuentos por día completo, por cierto) donde habíamos dejado al llegar nuestro peculiar "handicap", el coche con matrícula serbia. Estaba en perfectas condiciones, así que encaramos la salida hacia la autopista para recorrer los más o menos 140 km. que nos separaban de la entrada a los lagos. De nuevo nos sorprendió el paisaje, ya que la autopista se aleja unos kilómetros de la costa y empieza a ascender entre montañas a una altitud considerable, de tal forma que se atraviesan unos túneles impresionantes, el mayor de más de 5 km de longitud. Luego te desvías por una carretera nacional y a pocos kilómetros llegas a la primera entrada al parque. Allí dejas el coche en un párking de pago, eran ya las 9 de la mañana y había colas, así que nos tocó esperar unos minutos para sacar las entradas. Enseguida enfilamos los caminos que te conducen al fondo de un cañón y llegas a un pequeño embarcadero donde unas lanchas con capacidad suficiente para unos 100 pasajeros te pasan a lo que es el inicio real de la ruta.

Y ahí empieza el espectáculo. Los Lagos de Plitviče son 16 lagos unidos por cascadas que deben su belleza a la sedimentación del carbonato cálcico que, al ponerse en contacto con la capa vegetal, origina un proceso químico que le convierte en piedra calcárea. Cuando se rompe esta simbiosis, la piedra se descompone, se deposita en el fondo de los lagos y de ahí la transparencia de estas aguas (esto lo he copiado literalmente de una guía).

30.000 hectáreas ocupa el Parque Nacional, Patrimonio de la Humanidad desde 1979. La caminata a los pocos minutos empieza a sorprenderte con esa sinfonía del agua con la vegetación y no te queda más remedio que echar mano de la cámara de fotos o el móvil para dejar constancia de tanta belleza. 


Cada tramo que recorríamos, más asombrados nos dejaba ante otro nuevo lago, otras nuevas cascadas y esa mezcla de tonos azules y verdes crean un escenario de cuento de hadas. Por otro lado, estaba todo exquisitamente cuidado: ni un papel, ni una botella en las aguas, solo pudimos ver un pequeño cochecito de juguete que seguramente le cayó a un niño al agua y no pudo recuperarlo. Familias enteras con niños, personas mayores, perros... iban disfrutando en medio de la horda de turistas que cada día recorren esos parajes. Los lagos se bordean o se cruzan por unas pasarelas de madera perfectamente integradas en el paisaje.


La primera caminata nos llevó tres horas, visitando lo que llaman "lagos superiores". En el extremo del último lago el sendero te lleva a una estación donde un autobús articulado te recoge para llevarte a la entrada nº 1 y visitar los lagos inferiores, donde está uno de los grandes atractivos del parque: la gran cascada. 

El desnivel entre unos lagos y otros es de 134 m. Cuando empiezas a descender para ver los lagos inferiores, ves el paisaje desde arriba y de nuevo la naturaleza te deja boquiabierto


A estas alturas, cerca ya de la 1 de la tarde, la presencia de personas aumenta, empieza a haber bastante aglomeración, sobre todo porque los grandes grupos empiezan por esta zona para ver esa cascada donde debe ser el lugar que más fotos al minuto se sacan en todo el país. Deciros que en determinados momentos estás parado en las pasarelas porque la gente no anda y el espacio es el que es. Pero por fin llegamos a esa cascada y desde luego no te deja indiferente


En ese momento, rodeado de tanta belleza y a pesar de algún grupillo de chavales que gritaban un poco haciéndose la foto de grupo, y después de toda la caminata, os puedo decir que me emocioné mucho. Me acordé de mucha gente que disfrutaría mucho de este lugar y de estos paisajes, en especial de mis hijos y sí, también de mi ex-mujer. Recordé momentos de vacaciones con ellos cuando formábamos juntos una familia y que estoy convencido que esto les sorprendería, a pesar de la caminata. Estar tan lejos de los tuyos en lugares así te generan el deseo de querer volver con ellos pronto y ojalá sea así. Son momentos en los que la mente se relaja y deja fluir las emociones más primarias y bueno, en fin, uno disfruta de lo que ve pero también tiene sus carencias y en ese momento salen a la luz. Es la fuerza de la naturaleza, sin más.

El camino de regreso es para coger de nuevo un barco que atraviesa uno de los lagos menores en una travesía más larga. Tuvimos que hacer cola unos 45 minutos porque había muchas excursiones, volver a subir hasta el párking, intentar comer algo y seguir viaje, porque el día no terminaba ahí. Y fuimos tocados por la suerte porque poco después de salir del embarcadero empezó a llover, lo que desluciría mucho la visita si no vas protegido por impermeables o paraguas. El caso es que de nuevo en la entrada comimos algo, pagamos el parking que a esas horas estaba completamente abarrotado y continuamos viaje. Paramos a pocos kilómetros a tomar un café, pero también a asimilar todo lo que habíamos absorbido porque sin duda fueron 6 horas espectaculares.

Sorprendían muchas cosas: los peces que los veías claramente en esas aguas tan cristalinas que hasta te apetecía meterte en ellas (está prohibido el baño); los árboles caídos al fondo de los lagos que conservaban íntegras sus ramas y tronco; incluso hay una cueva donde hay una colonia de murciélagos y te advierten que si entras es "bajo tu propio riesgo" (nosotros no entramos); los patos y seguramente otros animales (en las fotos promocionales aparecen osos) que tienen que vivir en un estado de paz inigualable. Si haces todo el recorrido a pie, la excursión son en total 19 km., pero la organización de la visita, con las lanchas y el bus articulado que para en tres estaciones, lo hace muy llevadero.


Desde luego este paraje es, sin duda, una gran fuente de ingresos del turismo en Croacia. En las localidades cercanas vimos carteles de cientos de casas que ofrecen hospedaje, ya que el lugar está un poco apartado de los circuitos turísticos (por suerte). Nosotros continuábamos viaje, nos esperaba el cuarto país de nuestro particular tour, y no por ello menos sorprendente. Aún teníamos más de 200 kilómetros de recorrido hasta nuestra siguiente parada: Ljulbjana, la capital de Eslovenia, pero eso será en otro post. El resto de las fotos de los lagos, en facebook. ¡¡Disfrutadlas!!

miércoles, 22 de junio de 2016

OTRO FIN DE CURSO EMOTIVO (Y VAN...)


Es difícil afrontar un discurso de despedida en un momento como este. No porque la situación sea negativa, que no lo es, mas bien al contrario, sino porque un acto de graduación implica el fin de una etapa en la vida de los graduandos y, como no, de aquellos y aquellas que hemos tenido el honor de intervenir en su educación escolar.

Algunos y algunas de vosotros a lo mejor pensáis que, como maestros y maestras, estamos deseando que se vayan y que “aguanten” de ellos y ellas en el instituto. Nada más lejos de la realidad. De una forma u otra nosotros y nosotras también hacemos balance no solo del curso que termina sino también de todo el proceso educativo a lo largo de 9 años de esta promoción 2007-2016.

A nivel individual yo solo he aportado mi granito de arena en dos cursos. Cuando allá por septiembre de 2014, hace nada, llegué a este centro y me hice cargo como tutor de la clase de 5º, no podía imaginar las vivencias y emociones que iba a tener con los 11 chicos y 16 chicas (hoy quedan 9 chicos y las 16 chicas) que formaron parte del grupo en estos dos cursos. Una clase que formó un pequeño microcosmos en un espacio de aproximadamente 60 m2 (medidos de verdad con una cinta métrica en clase de Matemáticas) y, como todos los grupos, con sus peculiaridades. Algunas de las personas integrantes de este microcosmos llevaban juntas los 9 cursos, otras fueron entrando y saliendo porque sus vidas cambiaban y con sus vidas se llevaban sus mochilas llenas de experiencias de esta etapa infantil y pre-adolescente que tanto les marcará para el resto de sus días, aunque ahora no se den cuenta de ello.

No sé si estos dos cursos valen para resumir los 9 que estuvieron aquí la mayoría, pero creo que en esta “tribu” de la que me hice cargo algo prendió dentro. No son los mismos que en septiembre de 2014, desde mi particular punto de vista son mejores. Pero esto no se debe a mí, ni mucho menos, sino a todo el proceso anterior y, por supuesto, a vosotros y vosotras, a sus familias que hoy nos acompañáis. Cuando un maestro o maestra se hace cargo de un grupo, a las pocas semanas ya empieza a vislumbrar qué hay detrás de esas preguntas curiosas (algunas muy sesudas, por cierto), de esos cuadernos tan bien presentados (o menos bien), de esas actitudes que exhiben en el citado microcosmos del aula, en la relación diaria con los compañeros y compañeras y con nosotros. Y hay que decir que se veía buena madera.

Pasaban las semanas y sé que en algunas ocasiones a esta “tribu” les sorprendía su “profe”. Un día porque ponía voces en las lecturas para caracterizar a los diferentes personajes, otro día porque hablaba de tal lugar que había visitado y nos enseñaba una foto que lo demostraba, otro más porque nos saludaba por las mañanas en una lengua impronunciable y otro más aún porque, si había un conflicto entre ellos, el mundo se paraba y hasta que se resolviese no volvía a girar. Y vosotros, padres y madres, teníais noticia de todo esto porque llegaban a casa y os lo contaban y posteriormente me lo comentábais en las tutorías de los lunes.

Llegados a este punto (y como expresó hace pocos días uno de ellos, siendo yo “un hombre educado y hecho y derecho”) creo que es de recibo AGRADECER. A vosotros, padres y madres, por todo lo que ya habíais trabajado de una manera consciente (o no) con vuestros hijos e hijas para que esa curiosidad ávida por aprender no se perdiera; a vosotros, chicos y chicas, porque estoy más que convencido de que salís de aquí llevando unas experiencias que no todos los alumnos de otros colegios tienen, aunque sean más amplios, más bonitos o con más presupuesto. Experiencias que os han hecho más críticos, reflexivos, solidarios, curiosos, emprendedores, tolerantes, trabajadores, humildes, positivos... ante una vida que cada vez los adultos os la ponemos más difícil, pero a la que estoy convencido os enfrentaréis con unas estrategias encaminadas hacia el éxito personal.

Y todo esto, insisto, no es gracias a los dos últimos cursos, sino a todo el proceso de 9 años y a la filosofía que está en el fundamento de la educación y más en concreto, de la EDUCACIÓN PÚBLICA de la que todos y todas formamos parte y que vuestras familias escogieron para que llegáseis a donde estamos ahora: a pocas semanas de empezar otra etapa educativa en el instituto, más dura en cuanto a contenidos se refiere, pero no menos apasionante que la que habéis vivido aquí. Gracias a la labor de los profesionales de esa educación pública que tanto esfuerzo hacemos para enseñaros la realidad como es, con sus maravillas y sus frustraciones; al apoyo constante de vuestras familias que son los que de verdad estarán siempre a vuestro lado; y sobre todo, a vosotros mismos que con vuestro esfuerzo y todas esas actitudes que os cité antes, podréis alcanzar lo que os propongais. A pesar de exámenes, trabajos o reválidas absurdas, recordad que vosotros estáis por encima de todo eso y que solamente vuestra actitud ante las circunstancias de la vida, que no siempre serán de color de rosa, (¿verdad, Sara?), será la que os haga llegar a ser ciudadanos y ciudadanas ejemplares.


Aquí, en el “Anxo da Garda”, ya hemos plantado las semillas, seguro que las veremos florecer e ir creciendo y esperamos que nos lo contéis. No olvidéis nunca que esos ciudadanos y ciudadanas que seréis en el futuro provienen, en cierta medida, de estas paredes y de todo lo que os hemos aportado este grupo de maestros y maestras y personal no docente durante estos 9 cursos. Por supuesto, siempre seréis bien recibidos y recibidas aquí y personalmente os digo que yo nunca os olvidaré y no dejaré de agradeceros lo que me habéis aportado y enseñado en estos meses. Hasta siempre.

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Este fue el discurso que pronuncié ayer en la ceremonia de despedida de mis alumnos de 6º de Primaria. Ni que decir tiene que los ojos se nos humedecieron a todos y que la voz se entrecortó varias veces. Pero no dejaré nunca de defender que en la educación (y más en la EDUCACIÓN PÚBLICA) no se puede entender al proceso de enseñanza-aprendizaje sin la emoción. Es lo que satisface plenamente a todos aquellos y todas aquellas que nos dedicamos al ilustre arte de enseñar... y no nos arrepentimos.






lunes, 30 de mayo de 2016

CUSTODIA COMPARTIDA

Tengo una sensación extraña. En mi ya no tan nueva situación de padre divorciado y con hijos, entras en un mundo que hace tres años ni te planteabas. Tu vida cambia de la noche a la mañana, tus proyectos se caen como un castillo de naipes y tu corazón (literalmente) se quiebra y queda herido con una brecha que nunca cicatrizará.

Cuando allá por mayo de 2013 dejé reflejado en este blog el giro radical que tomó mi vida sin buscarlo, que me hizo regresar a España de manera precipitada por estar al lado de mis hijos, comencé una particular lucha conmigo mismo para asimilar la nueva situación no sólo mía, sino también de ellos y de todo el entorno familiar y de amigos que nos rodea. Los primeros meses fueron realmente los peores que pasé en mi vida porque no entendía nada, buscaba respuestas y no las encontraba, estaba irascible, lábil (adjetivo que indica un estado de lloro contínuo por pena), con los niveles de ansiedad muy por encima de la media y sobre todo descentrado en la vida. Unas sensaciones muy difíciles de explicar.

Todo esto mezclado con unas obligaciones legales que, a pesar de ser firmadas por mí en un estado de alienación inmenso, tienes que acatar porque no sabes las consecuencias que puede tener si las incumples. Pasan los meses, la vida se asienta en la rutina de nuevo, el trabajo, los fines de semana alternos con mis hijos, vacaciones, etc. Y acabas asumiendo que entras en un mundo nuevo, con una serie de circunstancias que poco tienen que ver con la vida anterior.

En esa dinámica empiezas a recibir información sobre los aspectos legales en cuanto a la relación con tus hijos. Lo primero que recibes es un "bofetón" de realidad cuando de tu nómina desaparecen las dos personas que más quieres en este mundo, precisamente ellos. Ya no eres el ciudadano de antes, sino que pasas a ser legalmente un individuo sin hijos a efectos fiscales y de cotización. Pero la realidad es que tienes que vivir en un piso alquilado de tres habitaciones porque una es para mí, otra es para el niño y otra es para la niña, en aquellos momentos con 12 y 7 años ya no es plan que duerman en el mismo espacio pensando además en los años que siguen y sus etapas evolutivas.

A continuación Hacienda te dice que no puedes desgravar por ellos, que a pesar de que pasan contigo más de 120 días al año, no es suficiente porque la guarda y custodia se le ha otorgado a su madre, al igual que la vivienda familiar, y debes ayudar a su manutención con una pensión de alimentos. Total que de la noche a la mañana te encuentras con tres gastos fijos al mes que te dejan la nómina el día 2 con la cantidad imprescidible para poder sobrevivir: pensión de alimentos, parte de la hipoteca y alquiler de tu nueva vivienda, ya que a pesar de poder vivir con mis padres, siento que después de 22 años trabajando independiente es humillante tener que volver a ocupar aquella habitación que tenías de adolescente en una vivienda social de 80 m2, a la que además tendrían que ir mis hijos los fines de semana que estuviesen conmigo y las vacaciones. Impensable.

Pero aún así tenía dos opciones: o amargarme la vida y lamentarme por la situación o buscar soluciones. Y es habitual en mí optar por la segunda. A mayores, tu mente tiene que luchar con el hecho de no querer tener rencor hacia la otra parte, de tratar de entender la decisión que adoptó y de aprender a convivir con su circunstancia porque, a pesar de no convivir juntos ni vernos todos los días, hay dos hijos en común que necesitan un referente constante y unas decisiones sobre su educación y desarrollo que tienen que ser firmes y acordadas mutuamente. Ha sido generalmente así, pero no siempre.

Y todo esto mezclado con opiniones de allegados y familia sobre la situación y sobre todo, buscando alternativas razonables para cambiarla. En esas empiezas a ver noticias y artículos sobre la custodia compartida, opción que ya sabes que existe pero que en muchos casos está poco aplicada por los jueces y las juezas españoles debido a diferentes casuísticas. La verdad es que, siendo además un militante de un partido político, estas cuestiones las analizas más, recabas opiniones de compañeros, de otros partidos y el hecho de estar inmersos en diferentes convocatorias electorales hace que salga a la palestra en varias ocasiones. Las redes sociales también informan (no siempre ayudan) sobre el tema porque cada divorcio es un mundo, hay un marco legal pero luego la situación de cada pareja que rompe es diferente y debe ser tratada con el máximo respeto y profesionalidad adaptando la ley general al particular de cada familia. Pero una cosa está por encima de todo: EL INTERÉS DEL MENOR O MENORES que sufren esa ruptura de sus padres y que necesitan una estabilidad física y emocional que les ayude a superar el trance sin consecuencias negativas a nivel académico o personal.

He de decir que, por mi trabajo, tuve la inmensa fortuna de obtener plaza de maestro en los dos colegios del barrio, al volver de Amsterdam un curso de forma provisional en el mismo colegio al que acude mi hija y al año siguiente ya de forma definitiva en el otro colegio del barrio. No podía imaginar al volver de forma tan excepcional e imprevista lo que podría ocurrir, la casuística podría ser desfavorable y obtener plaza lejos de A Coruña, ni siquiera mi anterior destino en Ordes estaba asegurado porque al marcharte al exterior pierdes la plaza definitiva que tenías asignada.

Viviendo entonces en una rutina que se desarrolla en poco más de un radio de 200 metros, y gracias a encontrar a la persona que me orientó profesional y legalmente (no voy a compartir su nombre, pero ella sabe perfectamente que ha sido decisiva su labor y que mi agradecimiento y amistad lo tendrá por muchos años) sobre la posibilidad de solicitar una modificación de medidas sobre la guardia y custodia de mis hijos enfocada hacia la custodia compartida, después de mucho pensarlo y sobre todo de vencer el miedo a hacerlo, en octubre del año pasado decidí afrontarlo y recurrir a la Justicia para ver si me concedían lo que yo (y muchas más personas) vieron como lo más justo para mis hijos y para mí.

Por supuesto, a las primeras personas a las que se lo planteé fue a aquellos sobre los que incidiría la decisión judicial, es decir, mis hijos. A pesar de haber pasado muchos trances a nivel laboral y a afrontar situaciones difíciles, esto no dejaba de ser una importante prueba. La cuestión básica es que tenían que entender que no era una lucha contra nadie y mucho menos contra su madre, ya que en una decisión de este tipo el beneficio para uno implica un cierto perjuicio para la otra parte. Y esa lucha mi mente la sigue teniendo porque muy pocas veces he tenido que tomar una decisión que me beneficie a mí pero perjudique a alguien, siendo además ese alguien la persona que compartió tu vida más de 17 años y que, a pesar de lo ocurrido, sigue siendo alguien muy importante para ti y evidentemente para mis hijos: su madre. Y la verdad todo fue planteado y resuelto en pocos minutos, a pesar sobre todo de la edad de mi hija, 9 años en aquel momento. La capacidad de asombrar de los niños nunca dejará de sorprendernos a los adultos. Fue precisamente ella quién lo vio claro, dio la respuesta más racional y sencilla y dio el asunto por zanjado: "sí" rotundo; mi hijo de 15 años planteó alguna cuestión a mayores, más pensada, pero tampoco se opuso, a pesar de que su respuesta también me sorprendió: "¿por qué no lo pensasteis cuando empezó todo?". Yo sí lo había pensado, pero el hecho de estar en Amsterdam y no saber donde "aterrizaría" al regresar no facilitaría las cosas.

Me pareció elegante informar de la decisión a mi ex-mujer y le escribí un correo electrónico, dándole la oportunidad de juntarnos, hablarlo y llevarlo de la mejor manera posible. He de decir que no tuve respuesta a ese correo, pero sí que su trato hacia mí mejoró bastante en los meses sucesivos, lo cual no me mitigaba el nerviosismo al 100% pero sí me hizo llevar la vida más tranquilo. Sé que a algunos puede parecerles que todavía hay mucha dependencia de esa relación. La respuesta es totalmente sincera: sí, la hay, pero dará para otro post.

Y a pesar de que la Justicia tiene fama de ir lenta en nuestro país, llegamos a finales de marzo cuando desde el despacho de abogados me comunican que el juicio se celebraría el 4 de mayo. Esas últimas semanas me preparararon mis dos abogadas para el momento, recalcándoles que no quería ningún tipo de enfrentamiento ni de situación tensa, que se enfocase todo en positivo y en base a mi situación  profesional y de domicilio. Me informaron que el juzgado al que asignaron mi caso no era especialmente fácil para estas demandas (en A Coruña hay dos Juzgados de Familia), pero que no había nada negativo ni contraproducente en mi situación para que no se aprobase esa modalidad de custodia. Pero siempre me recalcaron que lo fundamental sería la declaración de los niños ante la jueza y su bienestar posterior. Y ESO ES LO QUE QUIERO DESTACAR porque leyendo o escuchando casos que te cuentan, ves que en muchos de ellos el móvil es otro: egoísmo de una de las partes, rencor, venganza, dinero... nada más contraproducente para esos menores que tienen a los dos adultos que les han dado la vida verlos enfrentados y en constante guerra.

Así pues, llegó el día señalado y, no sin cierta ansiedad y tensión, voy al juzgado con mis abogadas y la procuradora, allí me encuentro a mi ex-mujer con su abogado y su procuradora y a mis hijos. La jueza encargada de la demanda habla a puerta cerrada con ellos y a continuación entramos a juicio. He de decir que fue rápido, sin enfrentamientos, cordial y positivo, lo cual me tranquilizó bastante y me hizo sentir satisfecho de la decisión tomada. Y valorando cómo se desarrolló, además de preguntar posteriormente a mis hijos cómo fue esa charla con la jueza, vi más cerca conseguir la custodia compartida. Mis abogadas me felicitaron por mis respuestas ante la jueza, la fiscal y el abogado de mi ex-mujer, sólo quedaba esperar el tiempo indefinido hasta la publicación de la sentencia. ¿Días, semanas, meses?

Pronto llegó y por eso escribo este post. Desde el pasado miércoles a última hora de la tarde me fue comunicada que SE APRUEBA mi demanda y se me otorga la CUSTODIA COMPARTIDA de mis hijos con efectos inmediatos, en períodos semanales (tal y como demandaron ellos). Sentía la necesidad de escribirlo, pero no por euforia ni por celebración de algo que para mí y para mis hijos es muy positivo, sino porque tal y como yo pensé desde un primer momento y tal y como respondió mi hija a la jueza ante la pregunta de qué le parecía pasar los mismos días al año con papá y con mamá, su contestación fue: "ES QUE ES LO MÁS JUSTO". No dejará nunca de sorprendernos lo pragmáticos que son los niños ante cosas que los adultos les damos mil vueltas.

Y esa custodia empieza hoy, día 30 de mayo. No voy a negar que estoy feliz, aunque estaría más feliz si estos hechos no se hubiesen producido y viviéramos los cuatro juntos como siempre, y quiero afrontar esta nueva etapa de forma más positiva para mí. Era algo que sentía que debía hacer y que no podía demorar mucho tiempo, ya que los niños van creciendo y cumpliendo años. Y el hecho de obtener este beneficio me quita una losa de encima y ver que la vida puede mejorar en unos pocos meses. Pero lo que más siento es que VUELVO A SER UN PADRE DE PRIMERA, ya tengo el mismo poder de decisión en las cuestiones referentes a mis hijos que tenía cuando estaba casado y eso me sube la autoestima, que estaba bastante dañada desde que surgió el "tsunami" del divorcio.

Concluyendo: es posible, se puede conseguir, pasito a pasito, enfrentando las situaciones con cordura y en positivo. No sé si seré un ejemplo para otros padres en la misma situación, pero me enorgullecería bastante saber que alguien que lea este post pueda llegar a la misma satisfacción que en estos momentos tengo yo. ¡¡ÁNIMO!! Y hacia adelante.


viernes, 15 de abril de 2016

GESTIONANDO EMOCIONES

Están de moda. Cualquier actividad formativa que tenga que ver con la inteligencia emocional tiene un éxito considerable. Hoy comencé un pequeño curso de formación referido a la gestión de emociones. Bueno, en realidad el curso empezó el pasado jueves, pero debido a uno de esos momentos difíciles en los que la familia se une, no pude asistir. Y es un hecho que tiene una importante carga emocional que hay que saber gestionar. Cuando se muere alguien tan cercano a ti, como lo era mi tío Chemo, tu mente de una u otra forma tiene que digerir esta circunstancia. Después de unos días en los que la familia se unió como una piña para despedirlo en Manacor, toca gestionar un duelo, más duro de lo habitual porque es el primer tío que se nos muere y que suponía un nexo de unión entre el resto de los hermanos de mi padre. Fueron momentos emotivos, de dolor, pero también de mucho amor y cariño hacia mi tía, hacia mis primos y familias, unidos todos en algo que, no por esperado, deja de ser doloroso.

En fin, después del viaje relámpago a Mallorca, uno vuelve a la rutina, algo cambiado pero poco a poco asentando lo ocurrido y gestionando las emociones que surgen. Tenía ganas de acudir a las sesiones del curso, no sólo por este hecho, sino porque estoy convencido de que gran parte del éxito en las aulas viene porque los docentes saben (sabemos) llegar a través de las emociones a las mentes de los chavales.

Hubo un cambio en mi vida hace unos años en los que me di cuenta de que este tema era primordial. Ocurrió en 2007. Hasta ese momento, yo era un maestro especialista en Música que impartía una hora semanal a los diferentes grupos de Primaria de cada colegio en el que recalaba (o como mucho dos o tres en Secundaria). Ese año opté por cambiar de especialidad y solicitar vacantes de Primaria, es decir, ocupar un puesto como tutor de un grupo. Pese a mis temores iniciales pero sobre todo gracias a lo aprendido con una compañera, Mercedes, que era tutora en Catoira, con la que compartí muchas charlas educativas y también una tutoría allí en 3º de Primaria, el cambio llegó. El curso 2007-08 me estrené como tutor en Ordes y puedo afirmar con rotundidad que fue una de las elecciones que más me satisfizo a lo largo de mi vida profesional.

Durante tres cursos fui tutor del mismo grupo de alumnos, desde 4º hasta 6º de Primaria. Lo vivido con aquellos niños y niñas, reflejado aquí en el momento de iniciar este blog allá por junio de 2010 cuando obtuve el puesto en Holanda, fue un punto de inflexión importante en mi manera de entender a los demás. Aquellas vivencias aún perduran en las mentes de muchos de ellos (ahora ya a punto de acabar 2º de Bachillerato y en algunos casos acceder a la universidad o a un ciclo profesional) y por supuesto en la mía. Tengo contacto con algunos de esos alumnos y alumnas por Facebook y sé que algo en mí cambió después de los tres años en Ordes.

Luego llegó el período holandés, que todo el mundo sabe que terminó bruscamente con una gran tormenta emocional. Fue ese episodio el que hizo que creciese en mí el interés por aplicar actividades referidas a la educación emocional en el aula. Y si el primer año después de la vuelta ya tuve una buena experiencia con el alumnado (jamás olvidaré a Marco y su "muro de Berlín entre Corme y Laxe"), es ahora, llevando 2 cursos con estos alumnos y alumnas del "Anxo da Garda" donde me veo cada vez más convencido y capacitado para tratar este tema en el aula.

Y salen cosas. Salen situaciones como la que os voy a narrar. El jueves pasado, recién informado de la muerte de mi tío y preparando un poco el viaje, buscando vuelos, alquiler de coche, etc., yo fui a trabajar. Avisé en el centro de que el viernes no iba a asistir porque marchaba a Mallorca. Cuando empecé a dar clase mi ánimo no era el de siempre, lógicamente. No pasaron ni 15 minutos cuando empiezo a oir murmullos del tipo "le pasa algo, no está bien, está raro..." y en segundos escuché una voz que me pregunta:

- Alfonso, ¿qué te pasa hoy? Estás raro.

Yo estaba escribiendo algo en el encerado y en ese momento sentí la necesidad de contarles lo que ocurría, dado que ellos y ellas también me cuentan a mí cómo se sienten ante algún problemilla con un compañero, un examen con una nota mediocre, un problema en casa, etc. Me di la vuelta y les dije:

- Bueno, creo que merecéis una explicación de mi estado de ánimo, ya que vosotros también me contáis frecuentemente el vuestro.

Y les dije lo que pasaba. No pasaron ni 10 segundos cuando una alumna se levantó, se acercó a mí y me dijo

- Te mereces un abrazo. Lo siento mucho

Me abrazó, y como un imán se levantaron todos y vinieron a abrazarme. Les conté que al día siguiente no vendría y bueno, que no se preocuparan, que el ritmo escolar no sufriría alteración y que el lunes ya volvería al colegio.

Pues bien, ese hecho es único. Y no se debe a la casualidad. Se debe a que se produce una conexión emocional entre yo, profesor, y un grupo de niños y niñas de 11-12 años, alumnos y alumnas cuyo

 centro del mundo durante cinco horas al día (o más, por lo que me cuentan sus padres y madres) eres tú. Y hay una transmisión de esas emociones, una química que les permite emocionarse conmigo y, en definitiva, conocerse a sí mismos, que no deja de ser lo fundamental en la educación. 

Sólo quedan dos meses de curso y sé que los echaré mucho de menos. Luego vendrán otros y vuelta a empezar. También sé que han aprendido muchas cosas, a lo mejor no tantas como pone el currículum, pero sí otras más importantes desde mi punto de vista. Y sé también que yo he aprendido con ellos, que esa gestión emocional continúa y seguirá porque nuevos hechos y nuevas experiencias nos exigirán el reto de afrontarlas con una inteligencia emocional correcta. El curso al que he empezado a asistir hoy ayudará, el resto lo pondrá la vida.