sábado, 28 de noviembre de 2015

BANCO DE ALIMENTOS

Hoy viví una experiencia nueva en compañía de dos compañeras del Partido Socialista. Cercana ya la Navidad, es ya tradicional una campaña de recogida de productos para los bancos de alimentos, de cara a que ninguna familia quede sin poder celebrar estas fiestas que cada vez son más comerciales. El PSOE de A Coruña lleva años colaborando en esa recogida y como militantes nos ofrecemos voluntarios para ir a un centro comercial o supermercado a recibir las donaciones de cualquier ciudadano.

Allá nos fuimos a las 12 y media de la mañana, nos pusimos el chaleco identificativo y ante 6 carros fuimos recibiendo los productos no perecederos. Yo pensaba que la gente donaría lo típico: un kilo de arroz, una caja de galletas, un brick de leche. Pues no. Todo aquel que se acercaba dejaba más que eso y gente de todo tipo. Nunca me dejará de sorprender el alto grado de solidaridad que existe en España, que nos pone de líderes en Europa. Hemos visto a lo largo de las últimas décadas como los españoles hemos copado el "top" en las listas más variopintas referidas a la solidaridad: el primer país del mundo en donaciones de órganos, nuestras puertas abiertas para acoger a los necesitados, adopciones de animales. Y lo de hoy. Gente de TODAS las condiciones, razas, religiones. Me emocionaba cuando se acercaba una familia musulmana (fácilmente identificables por los "niqab" de las mujeres) y dejaba unos cuantos kilos de comida; una familia de inmigrantes sudamericanos y lo mismo; una mujer que se acercó con dos paquetes, también inmigrante de origen brasileño o portugués (porque habló en su idioma) y nos dijo "siento no poder dejar más, tengo que vivir con 425 euros al mes"... Emoción.

Niños que venían con sus bolsas, gente jubilada que también dejaban sus recuerdos con refranes como "hambre no, pero ganas de...", gente joven con bebés que también dejaban alimentos infantiles. Es difícil describir el cúmulo de emociones que en 2 horas y medio vivimos mis compañeras y yo. Cuando se cargaba un carro con un tipo de comida, lo llevábamos a un pequeño local del centro comercial y allí lo acomodaban en cajas para disponerlas en un palé y llevarlas al almacén central, en uno de los polígonos comerciales de la ciudad.  Muchos carros cargados llevamos, de legumbres, pasta, leche, desayunos, aceite, comida para bebés, conservas. Incluso llevábamos una alegría cuando alguien dejaba alimentos con los que no contamos como un paquete de sal o unas tabletas de turrón. Se espera que en toda España se donen 21 millones de kilos, lo que supone un gran récord. 

Hubo gente que donaba carritos enteros y a punto estuve de ponerme a llorar de emoción. Fijaos que tampoco es que fuese algo que me implicase directamente, pero aflora lo más profundo de los sentimientos. Carros que, a ojo, llevaban mercancía por casi 100 euros y que cuando se lo agradecías a los donantes decían que era poco y que también esa gente lo necesita. En fin, que la experiencia ha sido corta pero intensa.

Seguimos en crisis y pienso que es triste que un estado no ponga los recursos suficientes para que todos sus ciudadanos puedan acceder a un sustento digno. Que haya que recurrir a la solidaridad de la gente para poder pasar una Navidad tendría que hacer bajar la cabeza de vergüenza a la mayoría de los políticos de nuestro país. A pocos días de lo que se espera como cambio, pase lo que pase y sin tener en cuenta ninguna ideología, creo que las prioridades sociales tienen que ir por ahí, por garantizar lo mínimo en vivienda, servicios sociales, alimentación, educación, sanidad. No más recortes ni más sueldos precarios, está claro que España puede, que somos un país con gran riqueza y grandes talentos. El objetivo es que no haya que recurrir de nuevo a una iniciativa como esta, pero me da que tendremos que hacerlo aún algunos años más.

Seguiré aportando lo que pueda y esté en mi mano para que mi sociedad sea un poco mejor, de momento desde las aulas es donde veo que más puedo hacer, pero no quiero dejar de ser partícipe de iniciativas como esta que no por excepcional debido a las fechas es la única en el país, teniendo el deber de presumir de ello en Europa y todo el mundo. Es nuestro carácter y del que tenemos que sentirnos más que orgullosos.





jueves, 19 de noviembre de 2015

MIEDO

Llevamos casi una semana pendientes de París, de Bruselas y en definitiva de cualquier gran urbe europea debido a la amenaza terrorista del Estado Islámico, ISIS o DAESH o como se quieran llamar. Hay una tensión similar a la vivida en Madrid en 2004 cuando los trenes explotaron matando a casi 200 personas. Se ha hablado del tema en los colegios, en cafeterías, en tertulias, en familia. Nos estamos acostumbrando a terminología como "yihad" o similares y toda la escenografía de estos individuos es salvaje, tétrica, atroz e incomprensible.

Francia está en estado de guerra, ha cerrado fronteras e intensificado los controles de entrada en el país y extremado la seguridad. Se han suspendido partidos de fútbol en Bruselas y Hannover y se viven situaciones de película de cine, con la triste característica de que es real. Las redes sociales arden en opiniones y comentarios, políticos, famosos y ciertos "pícaros" (que siempre surgen en situaciones así) se ponen a comentar la situación cuando mi impresión es que estamos ante un fenómeno que no podemos controlar y del que poco sabemos aún. Hemos visto cómo estos fanáticos degollaban periodistas sin ningún tipo de arrepentimiento, fusilaban niños, despeñaban homosexuales destruían obras artísticas y, en definitiva, sometían brutalmente a su población. Ahora el terror está a la puerta de casa y crece la sensación de inseguridad en todo el Mundo.

Pero el dilema ético también ha surgido precisamente por la localización del último atentado en París. Acciones similares a las del viernes en la capital francesa han ocurrido en Kenia, Iraq, Túnez, Turquía y más recientemente con la explosión de un avión de pasajeros ruso en el Sinaí. Los medios se han hecho eco de estas acciones pero no con la intensidad de París ni han tenido la misma reacción. ¿Importan menos unas víctimas que otras?

Y lo peor de todo es que si te posicionas criticando la hipocresía de Occidente con estas otras víctimas, hay gente que te cuestiona tu decisión, sospechando incluso que los atentados de París de importan poco. Nada más lejos de la realidad. Todos hemos llorado ante determinadas imágenes, igual que hicimos cuando ocurrió en Madrid, Londres o Nueva York, pero no nos podemos olvidar del resto de víctimas en países africanos o asiáticos. Ver en Youtube cómo fusilan a 200 niños sin piedad o las imágenes de cuerpos destrozados tras los bombardeos en Siria, de uno y otro bando, nos hace sentir lo reprobables que somos: personas matando a personas, destrozando familias y pueblos enteros. Es atroz.

No sabremos qué ocurrirá en los próximos días. Hay expertos que nos hablan de estar encaminados a una III Guerra Mundial, a un nuevo orden mundial. Lo que está claro es que de nuevo estamos ante una guerra originada por un dogma religioso, en este caso el Islam. Pero lo terrible es demonizar a sus creyentes, pensar que todos los musulmanes son terroristas en potencia; no podemos entender el mundo sin tener en cuenta a más de 1000 millones de creyentes de esta religión y, si no recuerdo mal, 22 países donde se profesa oficialmente. Hoy existen comunidades musulmanas en todos los continentes y tienen mucho que aportar. Mientras, ¿qué actitud tomar ante las atrocidades de los terroristas de ISIS? Creo que el asunto es más profundo como para opinar en una red social sin caer en comentarios xenófobos. Lo que sí tengo claro es que a mí me duelen todas las víctimas, es verdad que París está a 1500 km de nosotros, que somos culturalmente más parecidos y que ver a 70000 personas cantando en un estadio inglés "La Marsellesa" (insisto, estadio INGLÉS) es la muestra más clara de que Europa está unida ante este horror, haya pasado ahora en París como si hubiera sido en Copenhague, Barcelona o Viena, pero en Oriente Próximo se está matando a niños o, en otra acción desesperada, se lanzan en balsas al Mediterráneo y aparecen ahogados en las playas griegas o zancadilleados en Hungría. Difícil momento estamos pasando.

España también está en alerta. En un mes son las elecciones y ya vivimos en 2004 el terror a tres días de otra convocatoria electoral. No podríamos soportar emocionalmente algo similar a lo ocurrido por entonces o ahora en París. Pero la vida sigue, si cabe con más miedo o tensión y generando sospechas sobre el diferente. ¡Cómo se puede hundir en unos segundos todo un trabajo previo de interculturalidad por culpa de unos fanáticos! Solo nos queda confiar en el buen hacer de nuestros diplomáticos porque de los políticos poco podemos esperar, pero tendrán que estar a la altura, pero mientras, por si sirve de algo... NO A LA GUERRA


(y Turquía, Kenia, Túnez, Sudán del Sur, Afganistán...)

sábado, 14 de noviembre de 2015

PARÍS

Nunca estuve en París. La gente que conozco y ha visitado la capital de Francia, la capital de Europa, me ha dicho que, si tengo que ver una ciudad, esa es París. He vivido en Amsterdam, he pisado Berlín, Bruselas, Estocolmo, Madrid... y varias ciudades de referencia en Europa. Dicen que París lo es todo, que tu manera de ver el mundo cambia cuando paseas por los Campos Elíseos, entras en el corazón de Montmartre, subes a la Torre Eiffel o embelleces tu alma visitando el Louvre. París es moda, arte, historia, lujo, música, cosmopolitismo... París es TODO.

Pero ayer fue el terror. Sin más, de nuevo la "Ciudad de las Luces" se tiñó de sangre por unos fanáticos que dicen matar "en nombre de Alá". A estas horas los muertos llegan a 127, pero seguro serán más porque las imágenes que estamos viendo son como la más terrible de las pesadillas. Un "viernes 13" de verdad, no de las películas de terror que nunca nos creíamos. Hoy no nos queda más remedio que creerlo, y seguir preguntándonos, como aquel 11 de marzo en Madrid o aquel 11 de septiembre en Nueva York: ¿POR QUÉ?

Me considero racional, con una cultura amplia y con capacidad para cuestionar los hechos, sobre todo los históricos. Visité Auschwitz y me preguntaba qué podría pasar por la cabeza de unos señores con un uniforme militar lleno de esvásticas para maquinar y llevar a cabo el horror del exterminio de personas vinculadas a una religión, a una orientación sexual o condicionadas en su vida por una discapacidad. Trataba de ponerme en la mente de aquellos que metían a 100, 200 personas en una cámara de gas y en 20 minutos los recogían muertos para incinerarlos no sin antes despojarlos hasta de sus dientes de oro o de su pelo, del cual llegaban a fabricar mantas. Habían diseñado un proceso industrial con la muerte, un beneficio para una locura que justificaban por la superioridad de una raza frente al resto del mundo. Hoy, 70 años después, nos encontramos con otra religión que difunde el mensaje de que ellos tienen la verdad, que el resto de la Humanidad sobra en la Tierra y que sólo ellos pueden seguir adelante.

Cuando en la Edad Media los cristianos hacían lo mismo, cortando cabezas a diestro y siniestro por toda Europa y Próximo Oriente, la población civil no llegaba a saber de estas atrocidades porque no había la difusión que hay ahora y mucho menos el grado de educación y cultura que tenemos en eso que llamamos "Occidente"; también se mutilaron obras de arte, tapando o extirpando las partes sexuales de cuanto Adán o Eva se hubiese esculpido o pintado, de esculturas griegas o romanas de bellas mujeres o fornidos varones que eran los cánones de belleza. Hoy vemos como los fanáticos del Islam destruyen las mismas obras de arte de la Antigüedad, dinamitan templos, rompen columnas asirias o romanas a golpe de martillo. Nadie puede pararlos y, en caso de que pudiesen, ¿serviría de algo? 

Hace pocos días 200 niños sirios fueron fusilados por esta gente también en nombre de Alá y no salieron en la tele ni los vimos en Internet. Seguramente pasaron previamente por un período de cautiverio o tortura y sólo unas líneas aparecieron en los medios de comunicación. Ayer tuvimos un terror similar en París, mientras la gente estaba disfrutando de su tiempo libre, en terrazas, en Bataclán. Me duelen todos, me horroriza pensar en los minutos previos en los que esa gente se da cuenta de que va a morir a manos de un comando de locos. Pero también me horroriza oír que entre aquéllos que escapan de ese horror en Siria y llegan a Europa, se camuflan los que luego disparan en nuestras discotecas o estaciones de tren o calles de un barrio cualquiera de nuestras ciudades.

Y mientras seguimos cogidos... por el petróleo. Si Occidente no dependiese tanto de esas regiones, hoy no tendríamos muertos en París ni en Siria. Pero claro, la hipocresía de tener nuestro coche con su petróleo se traduce en un "yo te doy las armas", con las que luego nos disparan. Permitimos que se humille a la mujer con sus burkas en Afganistán, que no se respete el más mínimo de los derechos humanos en niños, mujeres y hombres por pertenecer a tal o cual grupo étnico o religioso de los países árabes, vemos como en Siria llevan 4 años de destrucción en manos de un dictador y no tenemos el valor de sacarlo del poder porque interesa, porque es nuestro "amigo" (y donde dice Siria podéis poner Arabia Saudí, Iraq, Kuwait, etc.). Pero cuando llegan a la puerta de casa, cuando París (y aquí también podéis poner Londres, Madrid, Amsterdam o Berlín) es atacado en su pleno corazón, todos nos solidarizamos y volvemos a preguntarnos ¿POR QUÉ?

Esto no parará, la masacre continuará en otros lugares porque tienen la capacidad de hacerlo y nosotros no tenemos la capacidad de contenerlo. Pero siempre quedará la esperanza de que aparezca alguien que pueda sentar en una mesa a los dirigentes para dialogar, para terminar con el terror, para negociar, porque con bombas tampoco arreglamos nada. Por el bien de todos, los de aquí y los de allá, necesitamos que ese alguien aparezca ya, sin demora, por París y por los niños sirios, por Occidente y Oriente; en fin, por la Humanidad.





lunes, 26 de octubre de 2015

MUDANZAS (TAL DÍA COMO HOY...)

Siempre que empiezo un post y escribo el título quiero que surja la duda, la sorpresa, el "continúo leyendo". Y no, no me mudo yo... esta vez. Se muda una familiar mía, a Lugo, a su ciudad. Mi prima Elisa, la mayor de todas y todos los primos, se jubiló hace pocos meses y mañana vuelve a casa, casi casi a ver la muralla desde ella. La verdad es que cuando una persona como ella, que yo vi marchar a Francia a estudiar desde la estación de tren de Lugo, llega a esta etapa de la vida, te va haciendo ver que el tiempo pasa, que los mayores algún día no estarán aquí y que el testigo ahora lo tenemos nosotros; en definitiva, maduramos y pasan los años.

Pero el post no va del cambio de casa de mi prima, que aprovechando la mudanza se ha desprendido de algunos que otros muebles y objetos que han parado en la mía muy bien acomodados, sino de todo lo que hay detrás de una mudanza. Yo he vivido varias, bastantes a mi modo de ver, no ya en mis primeros inicios en la profesión en los que cada año estabas destinado en una población distinta (Ciñera, Ponferrada, Tapia), también después cuando empiezas a asentar la vida, incluso dentro de la misma localidad. Un día eché cuentas y he tenido, aparte de la casa donde me crié en A Coruña, mi domicilio ha estado en ¡¡13 viviendas diferentes!!, todo esto en 24 años, "xa lle chega ben". Y aunque no todos los traslados son iguales, ya que unos son más significativos que otros, todos dejan recuerdos en los domicilios y tú te vas cargado de vivencias.

En los primeros años todo se ceñía a unas pocas cajas, un par de bolsas con ropa y se acabó. Cuando ya te ayudan tus amigos con otros coches o acabas contratando un servicio de transporte o propiamente de mudanzas, es cuando ves que tu vida crece y que muchas cosas pueden llegar a ser prescindibles. Recuerdo con especial intensidad dos traslados, cuando marché de Tapia de Casariego a Padrón que, una vez vaciada aquella vivienda de maestro en el centro del pueblo, me apoyé en una pared y me emocioné, llegando a soltar unas lágrimas. Estaba recién casado y mi entonces mujer se acercó a mí, me agarró de un hombro y me dijo un "tranquilo, vamos", con mucho cariño. Fueron muchas cosas las que viví allí en los 4 años que estuve, relaciones personales que acabaron mal con alguna persona, pero buenos momentos con mis compañeros de trabajo y con los alumnos, curiosamente esto ha sido siempre constante en mi vida y puedo estar orgulloso de haber conocido gente que se queda en el corazón en cada uno de los colegios en los que trabajé, alumnos y profesores.

También hubo otros dos traslados que fueron especialmente significativos: cuando dejamos Padrón y vinimos a Coruña (aunque en dos momentos) no se me olvidará nunca la despedida a Carmen en el portal de nuestro piso, Martín con 6 añitos recién hechos y el ramo de flores que le dimos por su cariño con nosotros cuidando a nuestros hijos y a toda la familia; de nuevo lágrimas en los ojos de todos en una oscura tarde lluviosa de diciembre, allá por 2006. El otro traslado fue la vuelta definitiva de Amsterdam, que ya la narré aquí, cuando llegué completamente destrozado emocionalmente para empezar a vivir una nueva vida divorciado y sin domicilio por unos días. Nunca, nunca olvidaré el momento de despegar el avión de Schiphol aquel 29 de junio y aterrizar poco más de dos horas después en Alvedro y abrazar a mis hijos con los ojos más llorosos que nunca. A los pocos días, llegaron los muebles desde Holanda, recogidos un par de semanas antes del recién alquilado domicilio de Paul, un piso que fue poco disfrutado pero que recuerdo con una mezcla de amargura e ilusión por todo el proceso que empezó allí y que quedó truncado. Por cierto, tengo ganas de volver una vez a Amsterdam, para andar por sus calles, recorrer mis lugares, pensar, sentir y hablar con la buena gente que también dejé allí.

¿Qué tienen las mudanzas que son más que mover muebles y cajas? Tienen esa característica de significar el fin de una etapa y el comienzo de otra. Algunas son meros trámites por mejorar en cuanto a precios de alquiler o situación en una ciudad; pero otras son un antes y un después en la vida de las personas. Entrar en un piso nuevo, que has comprado con esfuerzo, amueblarlo a tu gusto, decorarlo con objetos que son tus recuerdos, tu vida... Y verlo crecer, de alguna manera un piso que habitas crece contigo, cambia su fisonomía, si tienes hijos transformas sus habitaciones a medida que también crecen. En fin, reflejan tu vida, tanto personal como emocional.

Y curiosamente tengo debilidad por una de esas 14 viviendas que habité. Las hubo desde muy pequeñitas pero acogedoras, como la de La Vid de Gordón, hasta el piso de Paul en Amsterdam, amplio y con una decoración y disposición exquisita. Sin embargo, el piso de Padrón, el que compramos poco antes de nacer Martín, precisamente tal día como hoy, 26 de octubre (os juro que cuando empecé a escribir el post ni me había dado cuenta) fue "mi piso", donde Martín se crió, donde nació Greta, donde vinieron amigos a dormir, donde hubo comidas de amigos y de familia, cumpleaños, fiestas y algún que otro mal momento de salud. Un piso que vimos crecer, montando la cocina, comprando muebles para cada habitación, diseñando los armarios empotrados, peleándonos con los decoradores por los "stores" del salón. En 2007 lo vendimos, pero posteriormente he soñado muchas veces con él. Supongo que si alguien interpretara esos sueños me diría lo que os acabo de escribir: que ese piso lo sentía nuestro y que nuestra marcha significó algo más que dejarlo y venderlo. No he vuelto a entrar en él, lógicamente, a pesar de que mi familia de Padrón vive al lado y siempre miro para sus ventanas cuando pasamos por delante del edificio. Mucho de mí hay en esa vivienda, tal vez más que en ninguna. No sé si volveré a sentir una vivienda tanto como sentí aquélla, pero desde luego trataré que, a pesar de tanta mudanza, nunca deje de emocionarme cuando vuelva a suceder. (¡Cuántos recuerdos hay en la foto que véis aquí!)


domingo, 18 de octubre de 2015

ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS QUE HACEN LA VIDA MEJOR

Pasan tantas cosas que ni tiempo tiene uno para ponerse a escribir y la verdad es que me cuesta encontrar un hueco para hacerlo. La casa, las cuentas, los niños, la escuela, el partido... Hay días que me da la impresión de que no tienen 24 horas, sino menos porque pasan volando. También esa sensación que tiene uno cuando pasa de los 40 de que los años corren más. Sí, todo eso me pasa y tengo el pensamiento de que no disfruto de todo como se debería.

Las noticias de actualidad siguen ahí: refugiados que siguen llegando, sucesores de Aylan ahogados en el Mediterráneo y que Europa no reacciona; juicios de corrupción o mediáticos en España, imputaciones políticas, candidatos, elecciones; empresas que siguen con sus corruptelas, la bolsa que sube y baja sin sentido... Y todo eso mezclado con tu vida personal, los niños con sus cosas de colegio e instituto, los mayores con sus achaques que cada día preocupan más, los colegios con sus problemáticas en las aulas, trabajo burocrático que quita tiempo a lo verdaderamente importante, las clases, las libretas, los exámenes. Los fines de semana que quieres descansar acaban convirtiéndose en una carrera contrarreloj para atender todo lo que tienes que hacer y hay momentos en que reflexiono y digo: "Alfonso, siéntate, disfruta del café que te acabas de hacer, de ese programa de televisión que estás viendo y desagóbiate!!".

Supongo que muchos tendréis esa misma sensación. Recuerdo cuando vivía en Holanda que un compañero nos comentaba un día que trabajar por las tardes le generaba una ansiedad por la mañana tremenda, sobre todo por llegar a coger el tren que te llevase a tal o cual aula, que fuese puntual, que no nevara en invierno, que todo estuviese en orden al llegar y al salir, volver a casa dependiendo igualmente del tren... Algunos diréis "hombre, es más dura la mina". Claro que sí, pero eso no significa que no podamos expresar lo que sentimos. No trato de comparar que tal o cual trabajo es mejor o peor que otro, cada uno tiene sus características e imagino que todos tendrán cosas buenas y cosas malas. Yo es bien sabido que no me quejo de ser maestro, pero sí me quejo de exigencias de la administración con nosotros que poco tienen que ver con la docencia. De hecho, yo me lo paso muy bien en clase, pero me baja la motivación tener que hacer determinados trabajos "para figurar" y que cuestiono que sirvan para algo. Desde luego, para atender a mis alumnos día a día en el aula, seguro que no.

En cuanto a mi vida personal, pocas cosas hay que contar. Noto que aún no estoy curado (no creo que lo esté) después del episodio que viví. Es curioso que hasta me cuesta decir la palabra "divorcio" porque ni lo quise ni lo quiero y la cuestión es que lo veo como algo impuesto y que yo no escogí. Diréis que la vida da esos golpes. Ya lo sé. Desde luego peor sería encontrarte de bruces con una enfermedad grave o una muerte inesperada de alguien querido, por ejemplo. Pero noto, volviendo a lo de la "curación", que estoy más sensible con todo. Por cualquier circunstancia me emociono y ya hasta mi hija se ríe de mí diciéndome "¿no te pondrás ahora a llorar?" Pues a veces sí, no lo voy a negar, incluso por acontecimientos positivos que ocurren, aunque esta semana abrir el periódico o ver un informativo podía originar todo lo contrario. De hecho, una de las noticias ha sido el fallecimiento de un gran periodista gallego al que tuve el honor de conocer cuando di clase en Ordes. Un chico joven, 44 años, que un cáncer se lo llevó tras luchar dos años contra él. Pero Nacho Mirás, que será muy recordado, le hizo cara y empezó a contar esa lucha en un blog, como lo hacemos muchos de nosotros. Su diario www.rabudo.com, llegó incluso a ganar premios por contar su experiencia de manera magistral, usando un lenguaje a veces descarnado pero real. Sentí mucha pena cuando leí la noticia el jueves porque nunca se debe ir una persona tan joven y de una manera tan dramática, además aunque solo hubiese hablado con él el día que le conocí. Además, no puedes dejar de pensar en cómo lo enfrentaría yo en caso de haberme pasado a mí. Sientes cosas muy inquietantes. Por un lado, alivio de no ser tu el desafortunado que padece un cáncer, pero también inquietud porque puede pasarte en cualquier momento, que estás en esta vida unos días y que todo, en segundos, se puede truncar.

Por sistema, todo el mundo tiene ganas de vivir, no de estar en este mundo para sufrir. Las experiencias que vivenciamos nos hacen ser más optimistas o pesimistas ante el futuro, te haces un plan de vida, te imaginas dentro de 5, 10 ó 15 años, jubilado o siendo abuelo. Pero también trato de, como siempre, empatizar, ver la vida desde el punto de vista del otro. Seguro que si llego a 70 u 80 años veré las cosas de otra forma, supongo que haré una evaluación de mi vida y de alguna forma me iré preparando para dejar este mundo. Nadie se plantea hacer eso con 30 o 40 años, pero cuando ocurren cosas así es inevitable el pensamiento de "¿y si pasa mañana, dentro de un mes, el año que viene?" Por suerte, la mente humana enseguida vuelve a esa vorágine que es el día a día y te quita ese pensamiento de la mente porque precisamente tu trabajo, tu familia, tu círculo social está ahí demandando que les des lo bueno que te caracteriza y que les satisface en sus vidas. En definitiva, que ese stress es necesario para seguir aportando un sentido a tu devenir vital.

Así que mañana seguiremos haciendo kéfir en el colegio, tendré peleas o amores en el aula; la administración nos mandará hacer algún otro documento inservible; compraremos el pan para comer o para las tostadas del desayuno y si surge algo que rompa esa rutina que sea para bien. Tenemos una reunión en la sede del PSOE de Coruña, así que me encontraré con mucha gente que aprecio y que me aprecian, por lo menos el día podrá terminar a lo mejor con una caña entre amigos, que al final es lo que da sentido a lo que hacemos y lo que nos quedará cuando tengamos esos 70 u 80 años de los que hablaba antes. Hace pocos días leí en facebook a alguien que puso "cuando me muera, nadie va a morir por mí, así que mientras viva, déjenme hacerlo como yo quiera". Pues eso. 


miércoles, 30 de septiembre de 2015

VOLKSWAGEN Y OTRAS CORRUPTELAS

Fíjate que acostumbrados a que nuestros vecinos europeos nos califiquen de corruptos y derrochadores, nos encontramos acabando este mes de septiembre con la estafa puntera del año (enlace al blog de Paquito que lo explica de cine) en una empresa líder, imagen de transparencia e icono de la economía alemana. La pregunta es clara: ¿qué diferencia hay entre nuestra corrupción y lo ocurrido con Volkswagen? Para mí, poca.

Para un españolito de clase media aspirar a tener un automóvil de la empresa alemana suponía un símbolo de status, de "caché", algo que te ponía entre tu círculo social con una etiqueta de persona con posibles y que automáticamente asimilábamos como indicador de éxito. ¿Y ahora qué? ¿Os llamamos corruptos también, estafadores, sinvergüenzas...?

Quedó dicho muchas veces en esta ventana al mundo que es Ondas Atlánticas, la sensación que me daba cuando vivía en Holanda de que la idea de que los "PIGS" (Portugal, Italia, Grecia y España) eran los que mentían y lastraban la economía europea era la que calaba en el norte, en países considerados la élite económica de nuestro continente. Y resulta que cada cierto tiempo un escándalo económico salpica a algunas empresas consideradas limpias y modelo, como esta marca de coches. Pero no ha sido la única en los últimos años. En Holanda antes de vivir yo allí se rescataron a bancos como ING Direct y aquí poco supimos. Recuerdo esa moral de "tapar nuestras vergüenzas" cuando ocurría algún hecho para nosotros (y para ellos) verdaderamente escandalosos. Barrer para debajo de la alfombra y la filosofía del "que no se sepa fuera de casa".

Este verano yo conduje un Volkswagen. Ni que decir tiene que es una gozada, pero lo que también os digo es que ni me preocupé de las emisiones contaminantes ni de si estaba el coche trucado o no. Ahora la empresa quiere enmendar su traición a los consumidores llamando a revisar millones de coches en un lavado de cara para salvar la buena marcha de la compañía. La imagen está tocada  incluso diría que sería un buen momento para comprarse un Volkswagen, seguro que unos cuantos cientos o miles de euros bajarán en su precio de venta.

Total, que en todos los sitios cuecen habas. Y yo cada día más escéptico con todo lo que implica Europa y su estilo de vida, su visión del mundo, de las relaciones humanas y de la organización de la existencia de cada uno. Tampoco voy a hacerme un defensor acérrimo de mi país, que tiene fallos y que sobre todo tiene unos gestores impresentables, mediocres (salvo honrosas excepciones) y faltos de total credibilidad. Hoy en día tienes que fiarte más de una persona voluntaria en una ONG que de cualquier miembro de un gobierno municipal, autonómico o estatal. Al final, cada vez somos más individualistas, pero nuestra conciencia nos empuja a buscar hacer el bien, en dar un servicio a la sociedad que nos llene emocionalmente. Cientos de casos ocupan nuestras redes sociales demandando ayuda para esta o aquella causa solidaria, para firmar a favor de las más variadas reivindicaciones para que las personas tengan una vida digna. ¿Se atrevería alguien a hacer una campaña que recogiese firmas para que las empresas sean transparentes en sus productos, informen claramente de los componentes de los mismos, sus riesgos, sus beneficios y sobre todo, su contribución al bienestar individual de las personas? Imposible.

No voy ahora a citar casos de corrupción en España, los vemos todos los días en televisión y prensa y ya nos hartan. Me llama la atención un caso que no ha tenido mucho tirón en los medios pero que estuvo vinculado a los famosos "papeles" de Bárcenas, y era el de un empresario de la alimentación, de una conocida y puntera cadena de supermercados, que aparecía como donante de dinero para las campañas del Partido Popular. Pero no seré yo quien cuestione al empresario en cuestión, sino a los usuarios que siguen utilizando sus productos, al margen de tener una política de empresa con sus empleados de alta calidad y envidia del sector, hecho corroborado por personas conocidas empleadas en los establecimientos. La gente común seguirá comprando en esos supermercados, al margen de lo que haga el empresario con los beneficios de su empresa, en lugar de castigar al corrupto. Eso, en pequeña escala, ocurre en cada pequeña (y grande) población de España, no somos plenamente libres para decir NO a una persona o empresa porque nos da un servicio que consideramos necesario.

Así que tampoco me extrañaría que las ventas de Volkswagen aumentasen, que las acciones de la compañía que cayeron estrepitosamente las últimas semanas vuelvan a subir. Ante un caso como este, en vez de un castigo de los consumidores, se puede producir el efecto contrario y lo que es un escándalo empresarial convertirse en una buena campaña de marketing. No creo que pase en este caso, pero ya ha habido otras ocasiones en que sí ha ocurrido.

Total, que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo siempre dije que la corrupción es inherente al ser humano, que si podemos "birlar" una prenda de ropa en una tienda o cuando nos dan mal la vuelta en una compra no volvemos para atrás y lo decimos. Recuerdo una vez, en el año 2001 o 2002, al poco de habernos comprado nuestro piso de casados en Padrón mi ex-mujer y yo, que buscando accesorios de decoración, acudimos a una tienda de lámparas buscando una con fluorescentes para la cocina. Había cientos de ellas, teníamos al niño pequeño y la dependienta nos advirtió que tuviéramos cuidado con el niño, no fuera a ser que rompiese algo, de muy malas formas. Al final, decidimos comprar una que costaba unos 60 euros, pagamos con tarjeta y nos fuimos. Al llegar a casa, mirando el ticket de compra, me fije en que el resguardo ponía "operación no realizada, imposible conexión con el servidor", con lo que el cobro no se había realizado. No que decir tiene que ni fuimos a decírselo a la tienda ni ellos nos llamaron para enmendarlo, así que la lámpara nos salió gratis. ¿No se puede llamar eso también corrupción, a pequeña escala? La decisión, en este caso, se tomó en base al trato que nos dieron en la tienda, así que lo primero que pensamos fue, "le estuvo bien, por desagradable". Y todos lo haríamos, así que la moraleja es que dependiendo de la circunstancia, actuamos de manera corrupta o no (me refiero a pequeña escala, claro está). El caso es que cuando eso se institucionaliza, como ocurre con los casos graves que conocemos y perjudican a millones de personas, entonces incurrimos en un delito grave y lo que es peor, en una bajeza moral de la que llegamos a sentirnos culpables nosotros mismos y no el delincuente que la realiza. Estoy convencido que los directivos de Volkswagen en ningún momento pensaron en las consecuencias de su acción, que lo hicieron por lucro por algún motivo, y ahora tienen los resultados.

Veremos en qué acaba todo y qué otras corruptelas nos esperan. Mientras, octubre a las puertas, el último trimestre de un 2015 que viviremos en España en plena carrera electoral. Apasionantes 90 días que nos quedan. Apertiñas!!!!




miércoles, 23 de septiembre de 2015

REENCUENTRO EMOTIVO

Esta historia comienza en el verano de 1999. Ya llevaba 8 años como maestro de música, en continua formación con cursos muy específicos de pedagogía musical. Para los que no sepáis qué requisitos debe tener un maestro de música en Primaria en cuanto a su formación, por aquel entonces había dos sistema pedagógicos que eran como la Biblia: el de Orff y su discípulo Wuytack y el de Kodaly. Los cursos del primer método citado cogieron un auge espectacular en España, visitándonos a muchas ciudades Joss Wuytack, pedagogo y músico belga que tenía a Vigo como una de sus ciudades "tesoro" en España. Allá me fui tres veces en tres años por las vacaciones de Semana Santa donde recibíamos más de 100 profes una enseñanza musical activa, dirigida por él mismo, basada en el uso de los instrumentos de percusión escolares y que luego aplicábamos en las aulas pasándolo muy bien los niños pero también nosotros.

El otro método fue creado por el compositor húngaro Zoltan Kodaly y tenía como base la expresión vocal desde el folclore de cada país o cultura. Tenía mucha fama en los primeros años de aplicación de la LOGSE (y en consecuencia de la Educación Musical en nuestras aulas) el curso que se impartía en verano en Hungría, en una localidad llamada Esztergom, situada a más o menos una hora de Budapest en un recodo del Danubio haciendo frontera con Eslovaquia. Llevaba varios años intentando asistir a él, pero probablemente el destino fue el que decidió que ese año fuese 1999.

En ese año conseguí una ayuda para formación de la Xunta de Galicia y me fui un poco a la aventura en la segunda quincena de julio, con un inglés chapurrero, aunque con la garantía de que el curso se impartía en español. Recuerdo que salí un sábado desde Santiago a Barcelona y desde allí a Budapest, para pasar la noche en la capital húngara y el domingo llegar en tren a Esztergom, curiosamente creo que desde la estación Keleti, donde estos días se concentraban miles de refugiados en su huida de la guerra y su camino a Alemania. Por aquel entonces Internet aún no tenía el desarrollo que tiene hoy y la comunicación que me habían mandado desde la organización del curso incluía una pequeña carta en húngaro para que cuando llegase a Esztergom la entregase al jefe de estación que inmediatamente llamaría a la residencia donde nos acogían para que me viniesen a buscar. Y así ocurrió.

Llegué al mediodía, me alojaron y pasé unas horas hasta que empezaron a llegar otros cursillistas y la residencia se iba llenando entre conversaciones en los idiomas más (y menos también) reconocibles (luego supimos que estábamos personas de 11 nacionalidades). Y el hecho de estar en un país extraño, sin casi poder comunicarte, hace que en cuanto oyes español te hagas ver, te presentes y empieces a relacionarte. El ambiente que se iba creando en la residencia en torno a las 7 de la tarde y hasta las 10 de la noche, más o menos, era el de la llegada de los estudiantes ante el inicio del curso. Al final, el grupo de españoles pasaba de 20, a los que se sumaron 2 personas más de México y otras dos de Chile. El caso es que el destino hizo que ese grupo creara unos lazos que hoy se revivieron en  el encuentro con una amiga y participante en ese curso, Esther. 

Yo creo en el destino. Creo que cuando te pasa alguna cosa es porque te tiene que pasar, sea enriquecedora o realmente angustiosa. En el caso del curso Kodaly de Esztergom las personas que coincidimos allí, por una razón u otra, teníamos que conocernos y fue allí, lejos de nuestras casas y de nuestras rutinas. Con varias de ellas hemos construído amistades duraderas y nunca, nunca, podremos olvidar aquellos 15 días en Hungría.

Esther es de Murcia. Había acudido con una amiga suya, Marisa (¡qué grande Marisa!), porque ambas estudiaban Magisterio por la especialidad de Música y además tenían otros estudios musicales. Desde 1999 Esther y yo nos hemos encontrado 3 veces más, en Galicia, en Madrid y en Murcia. No fue con la única persona del curso con la que hay unos lazos fuertes. No puedo olvidar a mi querida y entrañable Paz, a la que vemos con más frecuencia y que en momentos de alegría nos ha dado más y en momentos duros me ha dado su apoyo incondicional escuchando y poniendo su hombro. Esther también desprende emoción por todos los poros de su piel, por su mirada, por su sonrisa. Hoy nos hemos visto nada más que una hora y media, pero ha sido una inyección de positivismo que hace que el día termine bien y sea redondo. Tener a tres personas así en tu vida es un auténtico regalo. No sabes bien por qué, pero los lazos están creados desde aquel verano de 1999, deseando poder juntarnos con otros integrantes del grupo, especialmente con Carlos y Rosario que continúan su romance musical y personal más allá del Atlántico y que gracias a las redes sociales nos acercan un poco más. Hubo más: Nacho, Pablo, Rebeca, Duli, Francisca... y algunos de otros países como Vincent de Francia, Misako de Japón, Matti de Finlandia, Eduardo de Brasil y muchos otros de los que no recuerdo el nombre que venían de Gales, Italia, Irlanda... Éramos un grupo de auténtica élite, que cantábamos en coro por las plazas de Budapest y la gente nos aplaudía, que nos emocionábamos con la entrañable "Esti Dal" cantándola en húngaro y que nos contábamos confidencias, sentimientos, nos gastábamos bromas sanas, en definitiva, convivíamos como una piña. En la sesión de despedida nunca olvidaremos las palabras del director del curso felicitándonos porque desde hacía años no coincidía en Esztergom un grupo del curso Kodaly con tanta calidad (en concreto, lo que dijo de una manera muy sincera es que... ¡por fin no nos han venido amas de casa!).


Este vídeo a lo mejor nos hace sacar una lágrima, pero merece la pena. No somos nosotros, pero podríamos serlo perfectamente, de hecho cantamos en la Basílica de Esztergom. Son de esas experiencias que te marcan, que nos marcaron a todos. Estoy seguro que, después de 16 años, si nos juntásemos de nuevo, volveríamos a ser ese fantástico grupo en el que cada persona aportaba lo mejor que tenía. Algunas como Esther lo aporta cada día en su entorno con sus amigos y familia, Paz con sus alumnos en sus aulas, yo con los míos... A pesar de despedirnos esta noche, notas que los abrazos y besos que nos damos son sinceros y que refuerzan ese lazo de amistad, de estar ahí. Ojalá pronto tengamos otra inyección de energía como la de hoy, en los tiempos que corren nos hacen mucha falta... a todos.