martes, 22 de diciembre de 2015

MIS SUEÑOS NO CABEN EN TU URNA

Ojalá esta entrada la lea la persona que creó la frase con la que la titulo. Es una frase preciosa, pero más aún si la ponemos en contexto. Ayer se vivió una jornada electoral histórica en España porque se produjo un cambio importante en la composición del Parlamento al irrumpir las dos fuerzas políticas basadas en formaciones ciudadanas, Podemos y Ciudadanos, dando fin al clásico bipartidismo que teníamos desde 1982.

Como es habitual en mí y al ser militante del PSOE, pues me fui de apoderado al colegio electoral de mi barrio, donde el resto de los apoderados de otros partidos políticos también son habituales, ya nos conocemos y vivimos unas horas en un ambiente agradable, sin grandes disputas a pesar de las diferencias ideológicas. Nervios y un poco de desinformación en los y las integrantes de las mesas pero que siempre intentamos suplir con ayuda y colaboración y es bien recibida, sin ocurrir demasiados problemas. 

Mucha participación vivimos ayer, llegando a producirse alguna cola en las 6 mesas que tenemos siempre en el colegio. Pasa gente conocida que te saluda, que les ayudas (por cierto, por allí pasó nuestro querido Arturo, el conductor de autobús, con su mujer a votar, tan agradable como siempre), alumnos de los colegios que te conocen y que tienen curiosidad por votar, en definitiva, vecinos, la democracia en estado puro. A pesar de las encuestas, siempre queda el momento crucial del escrutinio y ayer se presentaba intenso, no sólo por el cambio sino también porque hay que contar papeletas del Congreso y del Senado y éstas son nominales, puedes votar a candidatos de diferentes partidos, por lo que el recuento es más lento.

Y como siempre, anécdotas. Desde el que se cambió de domicilio y no está en el censo hasta la joven que viene por primera vez a votar y te pregunta cómo hay que hacerlo (algo que me asombra, pero bueno, allí estoy yo en plan didáctico, va con la profesión); ancianos en pareja votantes de unos y de otros, preguntas con "sorna" como el "¿qué? ¿como quedará a cousa?" en clara sintonía con las siglas que llevas en el colgante que te identifica con el partido político al que representas; cafés, aguas, chistes, tertulias, periódicos, whats app... Y llega el recuento.

Al poco de empezar con la urna del Congreso sacamos uno de los votos más bonitos que he visto en mi vida. Un voto pensado a conciencia, elaborado, bien doblado y metido en el sobre, que traía una pequeña etiqueta cerrándolo con el nombre de la persona votante. Sorpresa y admiración sentimos todos los miembros de la mesa y los apoderados, solicitando permiso a la presidenta para sacarle una foto que al instante compartimos por las redes sociales y podría convertirse en la imagen de la jornada. Posteriormente los periódicos publicaron otros votos similares, pero yo me quedo con el mío, con el de mi urna, porque no sirve, es nulo, pero dice mucho. Seguramente una gran poeta o artista se esconde tras esa frase y esa elaboración, a la que desde aquí le felicito. Si llega a leer esto, me encantaría recibir su comentario, de forma anónima como recibimos su voto y ojalá que, llegue a donde llegue, sirva al final para algo, para un cambio aunque sea pequeño. Ahí os lo dejo.



sábado, 5 de diciembre de 2015

¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

Hoy ha sido un día extraño. Es viernes, inicio de puente festivo y mola. Los niños están conmigo y han tenido una tarde un poco especial, G. ha ido a un cumple de una amiga y M. primero a pasantía y después a casa de un amigo. Estamos a punto de evaluar a los alumnos este primer trimestre y hay trabajo de fin de semana. Una escapadita el domingo a Padrón, algún acto de campaña electoral (que ya estamos en pleno ajetreo de cara a ese 20-D que parece como un antes y un después, una segunda transición), algún adelanto de compras navideñas y descanso activo.

Pero volviendo a lo del día "extraño" siento a veces que ocurren cosas que me hacen reflexionar y no siempre de una manera que muchos llaman "políticamente correcta". Y no me refiero a nada que tenga que ver con elecciones ni partido ni nada, sino a la vida misma. El hecho que originó esta reflexión hoy fue trágico, pero ocurrió aquí al lado de casa. Volví tarde del inicio de la campaña electoral, me conecté a internet y entre las últimas noticias aparecía un suicidio de un maltratador que a punto estuvo de llevarse por delante la vida de su ex pareja pero que gracias a la intervención de los vecinos ella y el anciano al que cuidaba se salvaron, ya que el maltratador se tiró por la ventana de un cuarto piso al verse acorralado por la policía. Aquí os dejo el enlace a la noticia

En un país que mata cada año a cerca de 50 mujeres y que tiene una Ley Integral contra la Violencia de Género, y me expreso así porque aunque los ejecutores son hombres, una situación que se lleva repitiendo en los últimos años sin parecer que decrezca tiene que inducir a pensar que algo está mal en esa ley o que no se está aplicando como se debería. En el caso de ayer todos los protocolos actuaron correctamente porque el hombre tenía una orden de alejamiento de la mujer y al acercarse a ella, se activaron los avisos a las Fuerzas de Seguridad que enseguida se personaron en el domicilio donde ocurrieron los hechos y también por la ayuda de los vecinos, la mujer logró salvarse porque además él tuvo el arrebato de tirarse por la ventana. Hoy en el barrio no se hablaba de otra cosa, primero con el cotilleo de saber si era algún vecino y las circunstancias que propiciaron ese desenlace. Parece ser que ninguno de los dos eran vecinos, sino que ella trabajaba aquí cuidando de noche al señor mayor y el potencial asesino la esperó en el entorno de ese domicilio. A continuación la gente pasó a comentar el alivio que supuso saber que ella se salvó, lógicamente (y yo también); sin embargo, en un momento en que iba en el coche y comentaban la noticia por la radio yo pensé en él, en el maltratador suicida. 

Sé que a lo mejor lo que expreso no gusta, pero yo reflexioné sobre ello y sentí cierta inquietud y hasta pena por determinados comentarios de desprecio hacia él. Sentí que nadie se acordó de él. Entiendo que nos congratulemos de haber salvado a una persona, pero si ante eso guardamos rencor y odio hacia el maltratador, sin tratar de entender por qué llega a esa situación, creo que no es ético. Un maltratador lo es porque ha tenido una vida dura y difícil en su entorno, tal vez también una infancia como maltratado y una gestión emocional errónea, ninguna capacidad de empatía y, en definitiva, un fracaso en su desarrollo como persona. Con esto no los justifico, que nadie me entienda mal, pero es la misma sensación que se puede tener ante alguien que comete un hecho delictivo grave y que sin embargo, tiene gente que entiende que lo haya podido ejecutar. Nada justifica que una persona mate a otra, repito, NADA; sin embargo en determinados crímenes ha habido opiniones para todos los gustos, incluso justificando la acción por parte del asesino o asesina en determinados sectores. Y sin llegar a crímenes pero sí a delitos, es como por ejemplo cuando alguien expresa en alto ante una violación la asquerosa frase de "bueno, es que ella también vestía muy provocativa" y se consiente ese comentario por parte de amplios sectores de la sociedad, lo cual, insisto, me parece repugnante.

Yo no he leído la Ley Integral contra la Violencia de Género, pero en los últimos meses y ante la periodicidad de los crímenes contra las mujeres, me he enterado de dos cosas que también son para reflexionar. La primera es que parece ser que existe un estudio de un sindicato muy conocido en España que demuestra que, ante manifestaciones de recuerdo de las víctimas (como la ocurrida el 7 de noviembre a nivel nacional en Madrid) o campañas de sensibilización en los medios, aumenta el número de casos de violencia de género contra la mujer. Este año también ocurrió y posteriormente a esa fecha hubo varias muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Y la segunda cosa es que existen también casos de violencia de mujeres contra hombres, no tanto con resultado de muerte (alguno sí lo ha habido), pero resulta que no se incluyen como delitos dentro de esa ley, sino que se sigue llamando "violencia doméstica" y no se aplican los protocolos de protección especificados en esa Ley Integral. Hace pocos días me comentaba un conocido que, ante un caso de separación o divorcio, por ejemplo, en el que es la mujer la que toma la decisión de hacerlo, en muchos casos el hombre está completamente desamparado por ley y su vida posterior es un auténtico infierno en lo que respecta a su situación económica por la cantidad de gastos a los que tiene que hacer frente mientras su ex pareja queda en una situación más que acomodada. Esa sensación de estar completamente anulado en temas referidos a sus hijos, a su independencia económica, llegando a producirse una grave alteración de su personalidad, sería fácilmente desencadenante de episodios de violencia de género. Hace pocos días se publicaron dos casos en la prensa regional en el que efectivamente dos hombres quedaron prácticamente en la calle, uno por una denuncia falsa de su hija y otro porque su mujer, ante un accidente grave de él, logró usurparle todos sus bienes y vivía básicamente de la caridad. Yo no puedo entender cómo la Justicia puede permitir situaciones como estas en España, pero hablando con amigos y amigas expertos me han confirmado que, por desgracia, así es.

En mi caso tengo que decir que tengo vivencias y situaciones en las que siento claramente esa desigualdad e injusticia en mis carnes, aunque en otros aspectos no, porque también conozco casos de personas cercanas que han sido (y en algunos casos siguen siendo) auténticos calvarios de juzgados, sentencias, gastos y demás, con las consecuencias que se derivan sobre todo para los hijos e hijas. Y ojo, no digo que también existan casos en la que la situación sea al revés, que sea el hombre quien deja en la calle a la mujer (alguno personal también conozco), pero el sentimiento general que percibo en muchas conversaciones en las que además me implico también por mi situación de divorciado "express", es que actualmente la sociedad no comprende una situación de privilegio de la mujer en este tipo de situaciones, sino de igualdad.

Titulé el post con una pregunta porque expresar esto me hacía medir mucho lo que digo y sobre todo cómo lo digo. Pero sí, hay determinados momentos desde que estoy divorciado en los que siento que no puedo expresarme libremente en este tema, que cualquier cosa que diga podría ser utilizada en mi contra. Ayer, un compañero se acercó a mí y me lo comentó muy en voz baja con la misma sensación "no poder decir lo que siente porque se pueden herir ciertas sensibilidades". Por eso digo que hoy ha sido un día extraño. Porque me he planteado cosas que cuestionan determinadas políticas y acciones sociales que están asentadas y que pueden crear malos entendidos, enemistades o incluso reproches cargados de rabia. Creo en la IGUALDAD, en todos los aspectos de la vida, pero recalco, en TODOS (...) Y este paréntesis es porque tenía algo escrito y lo borré porque sé que no se va a entender lo que quiero expresar.

Algunas personas pensarán que lo que he relatado aquí es machista. Yo no me siento así nunca. Bueno, siempre he sido una persona que he atendido a razones, que me pliego a una explicación coherente y razonada sobre cualquier tema y cambio de parecer sin rencor ni obcecación con mis ideas. Alguna vez he vivido situaciones con alguna mujer que enarbola la bandera del feminismo y me ha echado en cara, por ejemplo, que no le dejé pasar primera al abrir una puerta o que no la ayudé con unas bolsas o en una tarea. Hace poco tiempo me acusaron de entrar yo primero en un restaurante en el que previamente había hecho una reserva para avisar que habíamos llegado y la mujer que entró detrás de mí me lo echó en cara, siendo una feminista de pro. ¿En qué quedamos? Si no lo hago y le cedo el paso a lo mejor también me lo echaba en cara... O regalar un ramo de flores y espetarme un "¡qué regalo tan machista!" Yo a una contestación así le llamo mala educación y creo que la mujer que contesta así ante un regalo hecho con cariño por parte de un hombre, no merece de éste la más mínima atención, por el desprecio que demuestra hacia él.

En conclusión, que hay mucho camino que recorrer, pero desde la perspectiva de la IGUALDAD. Leo en facebook cada día muchos comentarios machistas, incluso escritos por mujeres; tampoco me gustan. Pero desde abajo, desde la infancia, el camino a recorrer es duro y a veces difícil porque desterrar hábitos y actitudes muchas veces adquiridos de manera inconsciente cuesta, y a veces las leyes quieren ir tanto por delante que se pasan y no ayudan, o incluso llegan a producir el efecto contrario, un retroceso. Pensemos, reflexionemos y busquemos soluciones prácticas que frenen las muertes y lleguemos a esa sociedad igualitaria de género.



sábado, 28 de noviembre de 2015

BANCO DE ALIMENTOS

Hoy viví una experiencia nueva en compañía de dos compañeras del Partido Socialista. Cercana ya la Navidad, es ya tradicional una campaña de recogida de productos para los bancos de alimentos, de cara a que ninguna familia quede sin poder celebrar estas fiestas que cada vez son más comerciales. El PSOE de A Coruña lleva años colaborando en esa recogida y como militantes nos ofrecemos voluntarios para ir a un centro comercial o supermercado a recibir las donaciones de cualquier ciudadano.

Allá nos fuimos a las 12 y media de la mañana, nos pusimos el chaleco identificativo y ante 6 carros fuimos recibiendo los productos no perecederos. Yo pensaba que la gente donaría lo típico: un kilo de arroz, una caja de galletas, un brick de leche. Pues no. Todo aquel que se acercaba dejaba más que eso y gente de todo tipo. Nunca me dejará de sorprender el alto grado de solidaridad que existe en España, que nos pone de líderes en Europa. Hemos visto a lo largo de las últimas décadas como los españoles hemos copado el "top" en las listas más variopintas referidas a la solidaridad: el primer país del mundo en donaciones de órganos, nuestras puertas abiertas para acoger a los necesitados, adopciones de animales. Y lo de hoy. Gente de TODAS las condiciones, razas, religiones. Me emocionaba cuando se acercaba una familia musulmana (fácilmente identificables por los "niqab" de las mujeres) y dejaba unos cuantos kilos de comida; una familia de inmigrantes sudamericanos y lo mismo; una mujer que se acercó con dos paquetes, también inmigrante de origen brasileño o portugués (porque habló en su idioma) y nos dijo "siento no poder dejar más, tengo que vivir con 425 euros al mes"... Emoción.

Niños que venían con sus bolsas, gente jubilada que también dejaban sus recuerdos con refranes como "hambre no, pero ganas de...", gente joven con bebés que también dejaban alimentos infantiles. Es difícil describir el cúmulo de emociones que en 2 horas y medio vivimos mis compañeras y yo. Cuando se cargaba un carro con un tipo de comida, lo llevábamos a un pequeño local del centro comercial y allí lo acomodaban en cajas para disponerlas en un palé y llevarlas al almacén central, en uno de los polígonos comerciales de la ciudad.  Muchos carros cargados llevamos, de legumbres, pasta, leche, desayunos, aceite, comida para bebés, conservas. Incluso llevábamos una alegría cuando alguien dejaba alimentos con los que no contamos como un paquete de sal o unas tabletas de turrón. Se espera que en toda España se donen 21 millones de kilos, lo que supone un gran récord. 

Hubo gente que donaba carritos enteros y a punto estuve de ponerme a llorar de emoción. Fijaos que tampoco es que fuese algo que me implicase directamente, pero aflora lo más profundo de los sentimientos. Carros que, a ojo, llevaban mercancía por casi 100 euros y que cuando se lo agradecías a los donantes decían que era poco y que también esa gente lo necesita. En fin, que la experiencia ha sido corta pero intensa.

Seguimos en crisis y pienso que es triste que un estado no ponga los recursos suficientes para que todos sus ciudadanos puedan acceder a un sustento digno. Que haya que recurrir a la solidaridad de la gente para poder pasar una Navidad tendría que hacer bajar la cabeza de vergüenza a la mayoría de los políticos de nuestro país. A pocos días de lo que se espera como cambio, pase lo que pase y sin tener en cuenta ninguna ideología, creo que las prioridades sociales tienen que ir por ahí, por garantizar lo mínimo en vivienda, servicios sociales, alimentación, educación, sanidad. No más recortes ni más sueldos precarios, está claro que España puede, que somos un país con gran riqueza y grandes talentos. El objetivo es que no haya que recurrir de nuevo a una iniciativa como esta, pero me da que tendremos que hacerlo aún algunos años más.

Seguiré aportando lo que pueda y esté en mi mano para que mi sociedad sea un poco mejor, de momento desde las aulas es donde veo que más puedo hacer, pero no quiero dejar de ser partícipe de iniciativas como esta que no por excepcional debido a las fechas es la única en el país, teniendo el deber de presumir de ello en Europa y todo el mundo. Es nuestro carácter y del que tenemos que sentirnos más que orgullosos.





jueves, 19 de noviembre de 2015

MIEDO

Llevamos casi una semana pendientes de París, de Bruselas y en definitiva de cualquier gran urbe europea debido a la amenaza terrorista del Estado Islámico, ISIS o DAESH o como se quieran llamar. Hay una tensión similar a la vivida en Madrid en 2004 cuando los trenes explotaron matando a casi 200 personas. Se ha hablado del tema en los colegios, en cafeterías, en tertulias, en familia. Nos estamos acostumbrando a terminología como "yihad" o similares y toda la escenografía de estos individuos es salvaje, tétrica, atroz e incomprensible.

Francia está en estado de guerra, ha cerrado fronteras e intensificado los controles de entrada en el país y extremado la seguridad. Se han suspendido partidos de fútbol en Bruselas y Hannover y se viven situaciones de película de cine, con la triste característica de que es real. Las redes sociales arden en opiniones y comentarios, políticos, famosos y ciertos "pícaros" (que siempre surgen en situaciones así) se ponen a comentar la situación cuando mi impresión es que estamos ante un fenómeno que no podemos controlar y del que poco sabemos aún. Hemos visto cómo estos fanáticos degollaban periodistas sin ningún tipo de arrepentimiento, fusilaban niños, despeñaban homosexuales destruían obras artísticas y, en definitiva, sometían brutalmente a su población. Ahora el terror está a la puerta de casa y crece la sensación de inseguridad en todo el Mundo.

Pero el dilema ético también ha surgido precisamente por la localización del último atentado en París. Acciones similares a las del viernes en la capital francesa han ocurrido en Kenia, Iraq, Túnez, Turquía y más recientemente con la explosión de un avión de pasajeros ruso en el Sinaí. Los medios se han hecho eco de estas acciones pero no con la intensidad de París ni han tenido la misma reacción. ¿Importan menos unas víctimas que otras?

Y lo peor de todo es que si te posicionas criticando la hipocresía de Occidente con estas otras víctimas, hay gente que te cuestiona tu decisión, sospechando incluso que los atentados de París de importan poco. Nada más lejos de la realidad. Todos hemos llorado ante determinadas imágenes, igual que hicimos cuando ocurrió en Madrid, Londres o Nueva York, pero no nos podemos olvidar del resto de víctimas en países africanos o asiáticos. Ver en Youtube cómo fusilan a 200 niños sin piedad o las imágenes de cuerpos destrozados tras los bombardeos en Siria, de uno y otro bando, nos hace sentir lo reprobables que somos: personas matando a personas, destrozando familias y pueblos enteros. Es atroz.

No sabremos qué ocurrirá en los próximos días. Hay expertos que nos hablan de estar encaminados a una III Guerra Mundial, a un nuevo orden mundial. Lo que está claro es que de nuevo estamos ante una guerra originada por un dogma religioso, en este caso el Islam. Pero lo terrible es demonizar a sus creyentes, pensar que todos los musulmanes son terroristas en potencia; no podemos entender el mundo sin tener en cuenta a más de 1000 millones de creyentes de esta religión y, si no recuerdo mal, 22 países donde se profesa oficialmente. Hoy existen comunidades musulmanas en todos los continentes y tienen mucho que aportar. Mientras, ¿qué actitud tomar ante las atrocidades de los terroristas de ISIS? Creo que el asunto es más profundo como para opinar en una red social sin caer en comentarios xenófobos. Lo que sí tengo claro es que a mí me duelen todas las víctimas, es verdad que París está a 1500 km de nosotros, que somos culturalmente más parecidos y que ver a 70000 personas cantando en un estadio inglés "La Marsellesa" (insisto, estadio INGLÉS) es la muestra más clara de que Europa está unida ante este horror, haya pasado ahora en París como si hubiera sido en Copenhague, Barcelona o Viena, pero en Oriente Próximo se está matando a niños o, en otra acción desesperada, se lanzan en balsas al Mediterráneo y aparecen ahogados en las playas griegas o zancadilleados en Hungría. Difícil momento estamos pasando.

España también está en alerta. En un mes son las elecciones y ya vivimos en 2004 el terror a tres días de otra convocatoria electoral. No podríamos soportar emocionalmente algo similar a lo ocurrido por entonces o ahora en París. Pero la vida sigue, si cabe con más miedo o tensión y generando sospechas sobre el diferente. ¡Cómo se puede hundir en unos segundos todo un trabajo previo de interculturalidad por culpa de unos fanáticos! Solo nos queda confiar en el buen hacer de nuestros diplomáticos porque de los políticos poco podemos esperar, pero tendrán que estar a la altura, pero mientras, por si sirve de algo... NO A LA GUERRA


(y Turquía, Kenia, Túnez, Sudán del Sur, Afganistán...)

sábado, 14 de noviembre de 2015

PARÍS

Nunca estuve en París. La gente que conozco y ha visitado la capital de Francia, la capital de Europa, me ha dicho que, si tengo que ver una ciudad, esa es París. He vivido en Amsterdam, he pisado Berlín, Bruselas, Estocolmo, Madrid... y varias ciudades de referencia en Europa. Dicen que París lo es todo, que tu manera de ver el mundo cambia cuando paseas por los Campos Elíseos, entras en el corazón de Montmartre, subes a la Torre Eiffel o embelleces tu alma visitando el Louvre. París es moda, arte, historia, lujo, música, cosmopolitismo... París es TODO.

Pero ayer fue el terror. Sin más, de nuevo la "Ciudad de las Luces" se tiñó de sangre por unos fanáticos que dicen matar "en nombre de Alá". A estas horas los muertos llegan a 127, pero seguro serán más porque las imágenes que estamos viendo son como la más terrible de las pesadillas. Un "viernes 13" de verdad, no de las películas de terror que nunca nos creíamos. Hoy no nos queda más remedio que creerlo, y seguir preguntándonos, como aquel 11 de marzo en Madrid o aquel 11 de septiembre en Nueva York: ¿POR QUÉ?

Me considero racional, con una cultura amplia y con capacidad para cuestionar los hechos, sobre todo los históricos. Visité Auschwitz y me preguntaba qué podría pasar por la cabeza de unos señores con un uniforme militar lleno de esvásticas para maquinar y llevar a cabo el horror del exterminio de personas vinculadas a una religión, a una orientación sexual o condicionadas en su vida por una discapacidad. Trataba de ponerme en la mente de aquellos que metían a 100, 200 personas en una cámara de gas y en 20 minutos los recogían muertos para incinerarlos no sin antes despojarlos hasta de sus dientes de oro o de su pelo, del cual llegaban a fabricar mantas. Habían diseñado un proceso industrial con la muerte, un beneficio para una locura que justificaban por la superioridad de una raza frente al resto del mundo. Hoy, 70 años después, nos encontramos con otra religión que difunde el mensaje de que ellos tienen la verdad, que el resto de la Humanidad sobra en la Tierra y que sólo ellos pueden seguir adelante.

Cuando en la Edad Media los cristianos hacían lo mismo, cortando cabezas a diestro y siniestro por toda Europa y Próximo Oriente, la población civil no llegaba a saber de estas atrocidades porque no había la difusión que hay ahora y mucho menos el grado de educación y cultura que tenemos en eso que llamamos "Occidente"; también se mutilaron obras de arte, tapando o extirpando las partes sexuales de cuanto Adán o Eva se hubiese esculpido o pintado, de esculturas griegas o romanas de bellas mujeres o fornidos varones que eran los cánones de belleza. Hoy vemos como los fanáticos del Islam destruyen las mismas obras de arte de la Antigüedad, dinamitan templos, rompen columnas asirias o romanas a golpe de martillo. Nadie puede pararlos y, en caso de que pudiesen, ¿serviría de algo? 

Hace pocos días 200 niños sirios fueron fusilados por esta gente también en nombre de Alá y no salieron en la tele ni los vimos en Internet. Seguramente pasaron previamente por un período de cautiverio o tortura y sólo unas líneas aparecieron en los medios de comunicación. Ayer tuvimos un terror similar en París, mientras la gente estaba disfrutando de su tiempo libre, en terrazas, en Bataclán. Me duelen todos, me horroriza pensar en los minutos previos en los que esa gente se da cuenta de que va a morir a manos de un comando de locos. Pero también me horroriza oír que entre aquéllos que escapan de ese horror en Siria y llegan a Europa, se camuflan los que luego disparan en nuestras discotecas o estaciones de tren o calles de un barrio cualquiera de nuestras ciudades.

Y mientras seguimos cogidos... por el petróleo. Si Occidente no dependiese tanto de esas regiones, hoy no tendríamos muertos en París ni en Siria. Pero claro, la hipocresía de tener nuestro coche con su petróleo se traduce en un "yo te doy las armas", con las que luego nos disparan. Permitimos que se humille a la mujer con sus burkas en Afganistán, que no se respete el más mínimo de los derechos humanos en niños, mujeres y hombres por pertenecer a tal o cual grupo étnico o religioso de los países árabes, vemos como en Siria llevan 4 años de destrucción en manos de un dictador y no tenemos el valor de sacarlo del poder porque interesa, porque es nuestro "amigo" (y donde dice Siria podéis poner Arabia Saudí, Iraq, Kuwait, etc.). Pero cuando llegan a la puerta de casa, cuando París (y aquí también podéis poner Londres, Madrid, Amsterdam o Berlín) es atacado en su pleno corazón, todos nos solidarizamos y volvemos a preguntarnos ¿POR QUÉ?

Esto no parará, la masacre continuará en otros lugares porque tienen la capacidad de hacerlo y nosotros no tenemos la capacidad de contenerlo. Pero siempre quedará la esperanza de que aparezca alguien que pueda sentar en una mesa a los dirigentes para dialogar, para terminar con el terror, para negociar, porque con bombas tampoco arreglamos nada. Por el bien de todos, los de aquí y los de allá, necesitamos que ese alguien aparezca ya, sin demora, por París y por los niños sirios, por Occidente y Oriente; en fin, por la Humanidad.





lunes, 26 de octubre de 2015

MUDANZAS (TAL DÍA COMO HOY...)

Siempre que empiezo un post y escribo el título quiero que surja la duda, la sorpresa, el "continúo leyendo". Y no, no me mudo yo... esta vez. Se muda una familiar mía, a Lugo, a su ciudad. Mi prima Elisa, la mayor de todas y todos los primos, se jubiló hace pocos meses y mañana vuelve a casa, casi casi a ver la muralla desde ella. La verdad es que cuando una persona como ella, que yo vi marchar a Francia a estudiar desde la estación de tren de Lugo, llega a esta etapa de la vida, te va haciendo ver que el tiempo pasa, que los mayores algún día no estarán aquí y que el testigo ahora lo tenemos nosotros; en definitiva, maduramos y pasan los años.

Pero el post no va del cambio de casa de mi prima, que aprovechando la mudanza se ha desprendido de algunos que otros muebles y objetos que han parado en la mía muy bien acomodados, sino de todo lo que hay detrás de una mudanza. Yo he vivido varias, bastantes a mi modo de ver, no ya en mis primeros inicios en la profesión en los que cada año estabas destinado en una población distinta (Ciñera, Ponferrada, Tapia), también después cuando empiezas a asentar la vida, incluso dentro de la misma localidad. Un día eché cuentas y he tenido, aparte de la casa donde me crié en A Coruña, mi domicilio ha estado en ¡¡13 viviendas diferentes!!, todo esto en 24 años, "xa lle chega ben". Y aunque no todos los traslados son iguales, ya que unos son más significativos que otros, todos dejan recuerdos en los domicilios y tú te vas cargado de vivencias.

En los primeros años todo se ceñía a unas pocas cajas, un par de bolsas con ropa y se acabó. Cuando ya te ayudan tus amigos con otros coches o acabas contratando un servicio de transporte o propiamente de mudanzas, es cuando ves que tu vida crece y que muchas cosas pueden llegar a ser prescindibles. Recuerdo con especial intensidad dos traslados, cuando marché de Tapia de Casariego a Padrón que, una vez vaciada aquella vivienda de maestro en el centro del pueblo, me apoyé en una pared y me emocioné, llegando a soltar unas lágrimas. Estaba recién casado y mi entonces mujer se acercó a mí, me agarró de un hombro y me dijo un "tranquilo, vamos", con mucho cariño. Fueron muchas cosas las que viví allí en los 4 años que estuve, relaciones personales que acabaron mal con alguna persona, pero buenos momentos con mis compañeros de trabajo y con los alumnos, curiosamente esto ha sido siempre constante en mi vida y puedo estar orgulloso de haber conocido gente que se queda en el corazón en cada uno de los colegios en los que trabajé, alumnos y profesores.

También hubo otros dos traslados que fueron especialmente significativos: cuando dejamos Padrón y vinimos a Coruña (aunque en dos momentos) no se me olvidará nunca la despedida a Carmen en el portal de nuestro piso, Martín con 6 añitos recién hechos y el ramo de flores que le dimos por su cariño con nosotros cuidando a nuestros hijos y a toda la familia; de nuevo lágrimas en los ojos de todos en una oscura tarde lluviosa de diciembre, allá por 2006. El otro traslado fue la vuelta definitiva de Amsterdam, que ya la narré aquí, cuando llegué completamente destrozado emocionalmente para empezar a vivir una nueva vida divorciado y sin domicilio por unos días. Nunca, nunca olvidaré el momento de despegar el avión de Schiphol aquel 29 de junio y aterrizar poco más de dos horas después en Alvedro y abrazar a mis hijos con los ojos más llorosos que nunca. A los pocos días, llegaron los muebles desde Holanda, recogidos un par de semanas antes del recién alquilado domicilio de Paul, un piso que fue poco disfrutado pero que recuerdo con una mezcla de amargura e ilusión por todo el proceso que empezó allí y que quedó truncado. Por cierto, tengo ganas de volver una vez a Amsterdam, para andar por sus calles, recorrer mis lugares, pensar, sentir y hablar con la buena gente que también dejé allí.

¿Qué tienen las mudanzas que son más que mover muebles y cajas? Tienen esa característica de significar el fin de una etapa y el comienzo de otra. Algunas son meros trámites por mejorar en cuanto a precios de alquiler o situación en una ciudad; pero otras son un antes y un después en la vida de las personas. Entrar en un piso nuevo, que has comprado con esfuerzo, amueblarlo a tu gusto, decorarlo con objetos que son tus recuerdos, tu vida... Y verlo crecer, de alguna manera un piso que habitas crece contigo, cambia su fisonomía, si tienes hijos transformas sus habitaciones a medida que también crecen. En fin, reflejan tu vida, tanto personal como emocional.

Y curiosamente tengo debilidad por una de esas 14 viviendas que habité. Las hubo desde muy pequeñitas pero acogedoras, como la de La Vid de Gordón, hasta el piso de Paul en Amsterdam, amplio y con una decoración y disposición exquisita. Sin embargo, el piso de Padrón, el que compramos poco antes de nacer Martín, precisamente tal día como hoy, 26 de octubre (os juro que cuando empecé a escribir el post ni me había dado cuenta) fue "mi piso", donde Martín se crió, donde nació Greta, donde vinieron amigos a dormir, donde hubo comidas de amigos y de familia, cumpleaños, fiestas y algún que otro mal momento de salud. Un piso que vimos crecer, montando la cocina, comprando muebles para cada habitación, diseñando los armarios empotrados, peleándonos con los decoradores por los "stores" del salón. En 2007 lo vendimos, pero posteriormente he soñado muchas veces con él. Supongo que si alguien interpretara esos sueños me diría lo que os acabo de escribir: que ese piso lo sentía nuestro y que nuestra marcha significó algo más que dejarlo y venderlo. No he vuelto a entrar en él, lógicamente, a pesar de que mi familia de Padrón vive al lado y siempre miro para sus ventanas cuando pasamos por delante del edificio. Mucho de mí hay en esa vivienda, tal vez más que en ninguna. No sé si volveré a sentir una vivienda tanto como sentí aquélla, pero desde luego trataré que, a pesar de tanta mudanza, nunca deje de emocionarme cuando vuelva a suceder. (¡Cuántos recuerdos hay en la foto que véis aquí!)


domingo, 18 de octubre de 2015

ESOS PEQUEÑOS MOMENTOS QUE HACEN LA VIDA MEJOR

Pasan tantas cosas que ni tiempo tiene uno para ponerse a escribir y la verdad es que me cuesta encontrar un hueco para hacerlo. La casa, las cuentas, los niños, la escuela, el partido... Hay días que me da la impresión de que no tienen 24 horas, sino menos porque pasan volando. También esa sensación que tiene uno cuando pasa de los 40 de que los años corren más. Sí, todo eso me pasa y tengo el pensamiento de que no disfruto de todo como se debería.

Las noticias de actualidad siguen ahí: refugiados que siguen llegando, sucesores de Aylan ahogados en el Mediterráneo y que Europa no reacciona; juicios de corrupción o mediáticos en España, imputaciones políticas, candidatos, elecciones; empresas que siguen con sus corruptelas, la bolsa que sube y baja sin sentido... Y todo eso mezclado con tu vida personal, los niños con sus cosas de colegio e instituto, los mayores con sus achaques que cada día preocupan más, los colegios con sus problemáticas en las aulas, trabajo burocrático que quita tiempo a lo verdaderamente importante, las clases, las libretas, los exámenes. Los fines de semana que quieres descansar acaban convirtiéndose en una carrera contrarreloj para atender todo lo que tienes que hacer y hay momentos en que reflexiono y digo: "Alfonso, siéntate, disfruta del café que te acabas de hacer, de ese programa de televisión que estás viendo y desagóbiate!!".

Supongo que muchos tendréis esa misma sensación. Recuerdo cuando vivía en Holanda que un compañero nos comentaba un día que trabajar por las tardes le generaba una ansiedad por la mañana tremenda, sobre todo por llegar a coger el tren que te llevase a tal o cual aula, que fuese puntual, que no nevara en invierno, que todo estuviese en orden al llegar y al salir, volver a casa dependiendo igualmente del tren... Algunos diréis "hombre, es más dura la mina". Claro que sí, pero eso no significa que no podamos expresar lo que sentimos. No trato de comparar que tal o cual trabajo es mejor o peor que otro, cada uno tiene sus características e imagino que todos tendrán cosas buenas y cosas malas. Yo es bien sabido que no me quejo de ser maestro, pero sí me quejo de exigencias de la administración con nosotros que poco tienen que ver con la docencia. De hecho, yo me lo paso muy bien en clase, pero me baja la motivación tener que hacer determinados trabajos "para figurar" y que cuestiono que sirvan para algo. Desde luego, para atender a mis alumnos día a día en el aula, seguro que no.

En cuanto a mi vida personal, pocas cosas hay que contar. Noto que aún no estoy curado (no creo que lo esté) después del episodio que viví. Es curioso que hasta me cuesta decir la palabra "divorcio" porque ni lo quise ni lo quiero y la cuestión es que lo veo como algo impuesto y que yo no escogí. Diréis que la vida da esos golpes. Ya lo sé. Desde luego peor sería encontrarte de bruces con una enfermedad grave o una muerte inesperada de alguien querido, por ejemplo. Pero noto, volviendo a lo de la "curación", que estoy más sensible con todo. Por cualquier circunstancia me emociono y ya hasta mi hija se ríe de mí diciéndome "¿no te pondrás ahora a llorar?" Pues a veces sí, no lo voy a negar, incluso por acontecimientos positivos que ocurren, aunque esta semana abrir el periódico o ver un informativo podía originar todo lo contrario. De hecho, una de las noticias ha sido el fallecimiento de un gran periodista gallego al que tuve el honor de conocer cuando di clase en Ordes. Un chico joven, 44 años, que un cáncer se lo llevó tras luchar dos años contra él. Pero Nacho Mirás, que será muy recordado, le hizo cara y empezó a contar esa lucha en un blog, como lo hacemos muchos de nosotros. Su diario www.rabudo.com, llegó incluso a ganar premios por contar su experiencia de manera magistral, usando un lenguaje a veces descarnado pero real. Sentí mucha pena cuando leí la noticia el jueves porque nunca se debe ir una persona tan joven y de una manera tan dramática, además aunque solo hubiese hablado con él el día que le conocí. Además, no puedes dejar de pensar en cómo lo enfrentaría yo en caso de haberme pasado a mí. Sientes cosas muy inquietantes. Por un lado, alivio de no ser tu el desafortunado que padece un cáncer, pero también inquietud porque puede pasarte en cualquier momento, que estás en esta vida unos días y que todo, en segundos, se puede truncar.

Por sistema, todo el mundo tiene ganas de vivir, no de estar en este mundo para sufrir. Las experiencias que vivenciamos nos hacen ser más optimistas o pesimistas ante el futuro, te haces un plan de vida, te imaginas dentro de 5, 10 ó 15 años, jubilado o siendo abuelo. Pero también trato de, como siempre, empatizar, ver la vida desde el punto de vista del otro. Seguro que si llego a 70 u 80 años veré las cosas de otra forma, supongo que haré una evaluación de mi vida y de alguna forma me iré preparando para dejar este mundo. Nadie se plantea hacer eso con 30 o 40 años, pero cuando ocurren cosas así es inevitable el pensamiento de "¿y si pasa mañana, dentro de un mes, el año que viene?" Por suerte, la mente humana enseguida vuelve a esa vorágine que es el día a día y te quita ese pensamiento de la mente porque precisamente tu trabajo, tu familia, tu círculo social está ahí demandando que les des lo bueno que te caracteriza y que les satisface en sus vidas. En definitiva, que ese stress es necesario para seguir aportando un sentido a tu devenir vital.

Así que mañana seguiremos haciendo kéfir en el colegio, tendré peleas o amores en el aula; la administración nos mandará hacer algún otro documento inservible; compraremos el pan para comer o para las tostadas del desayuno y si surge algo que rompa esa rutina que sea para bien. Tenemos una reunión en la sede del PSOE de Coruña, así que me encontraré con mucha gente que aprecio y que me aprecian, por lo menos el día podrá terminar a lo mejor con una caña entre amigos, que al final es lo que da sentido a lo que hacemos y lo que nos quedará cuando tengamos esos 70 u 80 años de los que hablaba antes. Hace pocos días leí en facebook a alguien que puso "cuando me muera, nadie va a morir por mí, así que mientras viva, déjenme hacerlo como yo quiera". Pues eso.