domingo, 17 de enero de 2016

CERRANDO CÍRCULOS

Hay teorías por ahí que dicen que en la vida hay que ir cerrando círculos. Cuando ya media vida tuya ha pasado (ojalá se cumpla la otra media) hay muchos momentos de reflexión personal, dados también por la madurez de los años y de las experiencias vitales. Empiezas un proyecto y lo acabas, quedándote con lo bueno de él aunque haya fracasado y tirando lo malo; etapas más largas como en mi caso la estancia en Holanda, está prácticamente cerrada, aunque me queda algo por hacer: volver a Amsterdam unos días y cerrar, definitivamente; otras etapas se pueden constituir cuando vives en un lugar y te cambias de domicilio, vendes un piso y compras otro en distinta localidad, etc.

Hay otros círculos más amplios en el tiempo, más vitales. Para algunos, la etapa de la adolescencia-juventud parece que se prolonga muchos años; la etapa estudiantil, en la Secundaria, en la universidad; círculos sentimentales, esa novia que te dura 5 años y que luego todo se esfuma; o ese matrimonio que se termina después de x tiempo. Este círculo, en mi caso, no está cerrado y no lo estará nunca porque quedan unos hijos como vínculo, multitud de objetos y recuerdos que acompañarán hasta el final.

Pero si cabe los más importantes son los círculos que creamos en torno a nuestra personalidad, a lo que realmente nos forma como personas y que generalmente tienen que ver con una o varias personas que lo formaron. Yo llevaba con un círculo abierto desde hace 23 años y hoy, casualidades de la vida, empieza a cerrarse en positivo. Tiene que ver con uno de los pueblos donde di clase, allá entre 1993 y 1997, Tapia de Casariego. Allí conocí a muchas personas, compañeros, alumnos, familias, vecinos... Fueron años de risas, de fiestas, de trabajo, pero también de conformación de una manera de ser en la que tuvieron que ver muchas experiencias allí vividas.

Llegué a Tapia el tercer curso de mi carrera laboral y fue mi primer destino definitivo, con 23 años. Un joven Alfonso, con muchas ganas de trabajar como ahora (eso no lo he perdido), se instala en este precioso pueblo de la costa occidental asturiana, el cual por aquel entonces estaba bastante alejado en tiempo y comunicaciones del centro de Asturias, siendo más fácil y rápido llegar por ejemplo a Lugo o A Coruña que al mismo Oviedo. Aquel septiembre recalamos en un colegio una buena hornada de maestros y maestras jóvenes, cada uno con su especialidad, que supuso un revulsivo no solo en la dinámica del centro sino también en la vida rutinaria del pueblo. Un pueblo como Tapia, que vive del turismo veraniego, tenía en estos maestros nuevos clientes para los pisos de alquiler, para sus locales de hostelería, para en definitiva convivir e integrarse en él. Todavía alguno de aquellos maestros sigue allí, en aquel colegio; otros estuvimos unos pocos años porque en realidad para alguien de Asturias era una especie de exilio al estar a 140 km de la capital, haciendo imposible el ir y venir a sus domicilios todos los días. 

Yo pasaba muchos fines de semana en Tapia y no venía a Coruña. Era un lugar tranquilo y se vivía muy bien. La gente nos conocía, nos acogió con cariño acostumbrados a convivir con lo más variopinto del veraneo, así que no era difícil hacer amigos entre las gentes de allí, aunque siempre con la dualidad del que se crió en una ciudad y del que siempre vivió en el pueblo. Tapia es un lugar además muy frecuentado en verano por personas famosas y conocidas, recuerdo que en esa época recibimos la visita en el colegio del mismísimo Ministro de Educación (en aquellas fechas Gustavo Suárez Pertierra, de mi partido, por cierto) porque tenía una importante vinculación con el instituto de la localidad, ya que en su biblioteca él había estudiado hacía ya también unos años sus oposiciones.

En Tapia hice buenos amigos, no sólo entre mis compañeros, sino también entre el alumnado y sus familias. Cuando llegué allí daba Música a todo el colegio, por aquel entonces de 1º de Primaria a 8º de EGB, que aún existía. Tenía alumnos de 5 a 15 años, adolescentes a los que sólo les llevaba 8, podían ser perfectamente mis hermanos. Y como yo siempre tuve el don de conectar con ellos, recuerdo aquellos 8º de EGB con tanta "hormona", que eran la primera vez que tenían clase de Música, enseñándoles a tocar flauta e instrumentos de placa, a bailar o los rudimentos del lenguaje musical. Fue impactante la primera clase de Música que recibieron, con el "We will rock you" de Queen para hacer percusión corporal, sus caras no daban crédito al aporrear el suelo 34 chavales y chavalas con sus pies y dando palmas. Además, si salías un viernes o un sábado a tomarte algo por la noche, allá te los encontrabas en la discoteca o en los "pubs" del puerto y siempre había muy buena relación con ellos. En mayo tres compañeros más y yo nos los llevamos a Mallorca de viaje de estudios y hubo días que volvíamos al hotel a las 3 de la madrugada, contándome los muchachos y las muchachas sus "ligues" y amores y yo convirtiéndome muchas veces en su confidente.

Con dos familias de estos muchachos tuve una relación más estrecha: iba a su casa a tomar un café, algunas veces a cenar o comer y entablamos una relación de amistad muy estrecha. Tanto fue así que estando en Tapia también fue época para mí de una relación sentimental un tanto complicada y posteriormente de la que acabaría siendo mi mujer, aunque ninguna de las dos era de allí. Estos amigos conocieron a ambas parejas y de hecho vinieron a mi boda a Coruña, siendo para mí un honor y un orgullo poder decir que a mi casamiento vinieron alumnos y ex-alumnos míos.

A pesar de lo allí vivido, que fue muy intenso por muchos motivos y porque, como dije, fueron experiencias que iban modelando mi forma de ser y actuar ante la vida y el mundo, con uno de esos amigos tuve un final complicado. Llegamos literalemente a dejarnos de hablar por hechos que vistos en perspectiva no tienen una justificación convincente. No sabría decir con exactitud qué fue lo que provocó ese enfrentamiento, aunque la inmadurez, la inseguridad y sobre todo una mala gestión de determinados hechos y emociones, provocaron que cuando salí de allí de vuelta ya a Galicia, no tuviese una reconciliación ni una charla con una de esas familias y en concreto con ese amigo que significó mucho para mí y yo mucho para él.

¿Y todo este rollo por qué? Pues porque ese círculo quedó abierto, esa herida nunca cicatrizó, pero hoy empieza a hacerlo. Hace unos meses y gracias de nuevo a las redes sociales (a partir de ahora tendré que dedicar el 16 de enero a San Facebook), localicé a ese amigo que ya tiene hoy 37 años. Encontré su perfil por el "post" que hizo otro amigo de aquí sobre un club de remo de la zona, adonde yo lo llevaba muchos días a entrenar. Y entre las fotos del club lo localicé. No voy a mentir que dudé si solicitarle amistad o no, eran casi 20 años sin contacto y nunca sabes cómo puede reaccionar una persona ante un reencuentro con alguien que desapareció de su vida bruscamente y de malas maneras, no lo voy a negar. Malos entendidos, desconfianzas... hicieron que nos distanciáramos y fue doloroso.  Pero no tenía nada que perder. Podía contestarme o no, podía hacerlo bloqueando su perfil para mí o ignorándome, pero no lo hizo y en menos de una hora estábamos hablando por teléfono como si no hubieran pasado 20 años; volvimos automáticamente a conectar, a querer saber el uno del otro y a querer contarnos estos 20 años, que han dado para mucho, para él y para mí. Y lo bonito de esto es que sientes que lo que vivimos allí creó una semilla, un poso, porque él también tuvo siempre la esperanza de encontrarme alguna vez. 

Os puedo asegurar que me emocioné mucho, que sentí que el círculo empezaba a cerrarse y que esa amistad se retomará y es probable que pronto, ya que por su trabajo (casualidades de la vida) viene a Coruña con bastante frecuencia y ya hemos quedado para vernos y charlar, charlar mucho y de muchas cosas. La vida da muchas vueltas y no es una frase hecha, pero yo creo que las cosas cuando ocurren pasan por algo, desde luego el origen y evolución de este blog así lo ha demostrado. Siempre se saca algo positivo ante un hecho, aunque sea el más terrible que te ocurra, aunque la experiencia sea mala. Y desde luego lo que se aprende es que la vida son dos días y que no vale la pena tener conflictos entre tus personas queridas y mucho menos alargarlos en el tiempo. Y todo esto básicamente por una cosa: porque al final tú te sientes mejor y puedes enorgullecerte de ello.

Hoy el día empezó bien, por otros motivos, y terminó mejor porque sé que este reencuentro será muy positivo para mí en muchos aspectos. Os iré contando.





jueves, 31 de diciembre de 2015

OTRO AÑO MÁS

10, 11, 12, 13, 14... y 15. 5 años y medio escribiendo y esta aventura sigue. Se acaba 2015 y mucha gente hace resumen de cómo le ha ido el año. Los lectores que me siguen ya han ido leyendo que este año ha estado muy marcado por la política en España. Y yo metido en ella. En unos momentos en que la política y sobre todo los políticos están tan cuestionados y desprestigiados, allá voy yo y me enrolo plenamente en las actividades de mi partido. Sinceramente, no me arrepiento. He conocido a gente interesantísima, vinculada a diversos colectivos de la ciudad y con experiencias vitales y laborales fascinantes. Muchos de ellos forman ya parte de mis amigos y también ellos y ellas me han acogido con entusiasmo, cariño, alegría... a pesar de que los resultados obtenidos no fueron los esperados tanto a nivel municipal como nacional, por causas que en el futuro estudiarán los politólogos. No me voy a extender con este tema porque alguno de vosotros me ha dicho que estoy demasiado enfrascado en este tema y que aburre. Pero sí diré que para mí ha sido también una gran terapia para esos momentos de soledad que aún mantengo, a pesar de que mucha gente quiere que encuentre a alguien para "resetearme" y re-comenzar.

Hay momentos de reflexión, mucha. No es que sienta la necesidad de tener pareja, pero sí que no me gustaría vivir siempre solo. Pero también he aprendido a conocerme mejor, a sobrellevarlo y a disfrutarlo y a veces pienso que no es fácil adaptarse ya a estas edades a otra persona que también lleva su bagaje a cuestas en experiencias vitales. Es decir, que cada vez nos hacemos más exigentes con las otras personas que se acercan a tu vida sobre todo porque no quieres más engaños ni desengaños. Eres más cauto y buscas, sobre todo, no sufrir. Así que la rutina de trabajar en el colegio, con mi "tribu" de 24 personajes que dan para una buena película, sumado a los avatares de los estudios y las vidas de mis hijos, llenan muchas horas. 

Económicamente no voy a decir que estoy mejor. Se puede decir que sobrevivo con lo que me queda después de lo cobrado por mi trabajo y desembolsado las obligaciones monetarias de un divorcio, resumidas en parte de la hipoteca de la que fue casa familiar, mi alquiler y la pensión de alimentos. En estos tres conceptos se van prácticamente 2/3 de mi sueldo, así que os podéis imaginar la austeridad que me toca vivir: mi "fin de mes" generalmente está por el día 10, así que no queda más remedio que estirar y estirar y sacar de donde no se puede o de los ahorros, que merman a velocidad de vértigo. Aún así, desde el año pasado y a raíz de una conversación con una amiga, tengo una pequeña fórmula para ir haciendo un "fondo" que me dé para algún capricho: meter cada día 2 euros en una hucha, por lo que al acabar el mes tienes ahí 60 euros que, si se van acumulando, dan por ejemplo para poder salir una semana de vacaciones en verano en compañía de un par de grandes amigos y rebuscando ofertas de vuelos y alojamientos por ahí adelante. Eso sí, si no surge un imprevisto que te trastoque todo, como ahora en Navidades que, a pesar de la paga extra, entre regalos de los niños y demás cosas, gran parte de ella se va. Y es que hoy comprar cualquier cosa con un mínimo de calidad para un crío te dejas 30-40 euros, descartando por supuesto cualquier artilugio tecnológico, y hay sobrinos y ahijado a mayores a los que también hay que corresponder.

Y poco más. Que ha sido un año de asentamiento, esperando que 2016 mejore las cosas. Siento que el tiempo pasa volando, que estoy ya más cerca de los 50 que de los 40 y que mis mayores cumplirán en pocos días 80 años. ¡¡80!! Yo firmo llegar a ellos porque aunque la esperanza de vida lo hace fácil, lo importante es llegar en forma y con pocos achaques, pero esta vida estresada que llevamos nos lo pondrá difícil. Siempre fui un poco hipocondríaco, pero es que pensar que te puedes ir de esta vida en unos segundos por un infarto o un accidente, te deja un poco temeroso, porque hay dos niños que te necesitan y que, a pesar de alguna riña que otra, hay que enseñarles a escoger su camino y solo le pido a la vida que me los deje ver encarrilados y felices, o al menos, intentando serlo. Se quiere tanto a los hijos que, aunque parezca melodramático, mi vida son ellos, mi mente está en ellos y es complicado explicar ese vínculo paterno-filial que es, básicamente, una de las cosas por las que merece la pena existir.

¡¡¡BUFFF, qué filosófico!!! ¡¡Pero si se acaba el año, no se acaba el mundo!! Aunque a veces parezca que sí viendo determinadas noticias en la prensa o la televisión. Normalmente pienso que los años que existen acontecimientos deportivos internacionales (Mundial de fútbol o Juegos Olímpicos)  la gente focaliza su existencia en ellos y elude las realidades que viven muchas personas. 2015 no ha sido el caso y nos hemos conmocionado con varias noticias atroces: los atentados yihadistas, la travesía de los refugiados y en España la lacra de la violencia de género, que sigue provocando muertes de mujeres en cifras intolerables. De todo ello ya fui hablando en el blog y para mí la imagen del año es la de Aylan ahogado en las costas de Turquía. A mí se me encoge el estómago viendo sufrir a la gente de esa manera y trato de ayudar desde aquí como puedo. No me importaría acoger a gente en mi casa, pero desde que saltó a los medios el drama desde Grecia a Alemania, atravesando Hungría, los Balcanes, Austria y viendo las imágenes que vimos, los gobiernos no mueven ficha. Todo parece que ha quedado en acciones simbólicas acogiendo a una familia en concreto que fue noticia pero no en medidas realistas de acogimiento e integración para toda esta gente. Y claro, con estas situaciones también surgen comentarios xenófobos que me enervan al máximo. Es difícil aguantar la racionalidad cuando alguien a quien consideras formado cuestiona que no se deba ayudar a esta gente y te habla con desprecio de seres humanos que están viviendo un drama. Yo siento que no aguanto en casa, que me cogería hoy mismo un avión y me iría a donde pudiese ayudar, pero claro, tampoco puedo dejarlo todo de repente y marcharme a Serbia, por ejemplo, para hacerlo. Ver a los niños sufrir, pasar frío, hambre, llorar, dormir en un colchón en un bosque... son imágenes que nos tienen que hacer pensar un poquito qué somos y sobre todo cómo somos. Confío que en 2016 este tema mejore y podamos llegar a tener a toda esta gente asentada y comenzando una vida nueva, lejos de bombas y fanatismos medievales. Sin embargo, en 2016 hay Juegos Olímpicos y seguro que en esas fechas todos estaremos mirando a Río de Janeiro mientras en el Mediterráneo se siguen ahogando personas que aunque para nosotros son anónimas, tienen nombre y apellidos.

Por eso cuando algo bueno pasa, aunque sea por azar, me emociono y me saltan las lágrimas. La última vez el día 22, cuando tenemos a los agraciados de la lotería de Navidad en la tele mientras para el común de los mortales españoles es el "Día de la Salud". Este año, en Roquetas de Mar, la vida ha cambiado para un inmigrante senegalés que lleva 8 años en España y que ese día le tocaron 400.000 euros. Cuando los reporteros lo entrevistaron y dijo que él había llegado en patera y que ese día solo tenía en el bolsillo menos de 5 euros para comer, piensas que, al menos para unos pocos, se hace justicia. Me alegro por Nguema y por todos los que la fortuna les sonríe, de una forma u otra, alguna vez en la vida, yo me emocioné como lo hizo él al contar su historia y empezar a llorar. Mi hija cuando me pongo así me mira y se calla, pero lo comprende porque me acaricia. Eso también es una buena lotería. Y aunque el dinero no da la felicidad, desde luego ayuda, y en este caso, mucho; si aún por encima te acarician, eso ya es lo más.

Bueno, resumiendo, que no le pido nada especial a 2016. Bueno, sí, le pido VIVIR, con mayúsculas y con todo lo que eso implica. Ahora me fijo más en las pequeñas cosas y cualquier detallito me hace ver que la vida es eso, vivir el momento, disfrutar de las pequeñas cosas. No hay recetas mágicas para la felicidad. Me conformo con mi coche pequeño de dos puertas (¡¡aunque no niego que lo cambiaría por uno de cuatro!!), con que no llueva, (o sí), con que pueda comprar los regalos de Reyes o esa cartulinas de colores que me pide mi hija, por cuidar de una planta de casa y conseguir que no se seque, con las ocurrencias de mis alumnos en el día a día y ¡¡poder ver Eurovisión!! Y si llegan los ahorros, poder disfrutar de esa semana de vacaciones con un par de amigos compartiendo experiencias por el mundo porque es lo que nos llevaremos y lo que recordaremos siempre con una gran carcajada. En fin...

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!


martes, 22 de diciembre de 2015

MIS SUEÑOS NO CABEN EN TU URNA

Ojalá esta entrada la lea la persona que creó la frase con la que la titulo. Es una frase preciosa, pero más aún si la ponemos en contexto. Ayer se vivió una jornada electoral histórica en España porque se produjo un cambio importante en la composición del Parlamento al irrumpir las dos fuerzas políticas basadas en formaciones ciudadanas, Podemos y Ciudadanos, dando fin al clásico bipartidismo que teníamos desde 1982.

Como es habitual en mí y al ser militante del PSOE, pues me fui de apoderado al colegio electoral de mi barrio, donde el resto de los apoderados de otros partidos políticos también son habituales, ya nos conocemos y vivimos unas horas en un ambiente agradable, sin grandes disputas a pesar de las diferencias ideológicas. Nervios y un poco de desinformación en los y las integrantes de las mesas pero que siempre intentamos suplir con ayuda y colaboración y es bien recibida, sin ocurrir demasiados problemas. 

Mucha participación vivimos ayer, llegando a producirse alguna cola en las 6 mesas que tenemos siempre en el colegio. Pasa gente conocida que te saluda, que les ayudas (por cierto, por allí pasó nuestro querido Arturo, el conductor de autobús, con su mujer a votar, tan agradable como siempre), alumnos de los colegios que te conocen y que tienen curiosidad por votar, en definitiva, vecinos, la democracia en estado puro. A pesar de las encuestas, siempre queda el momento crucial del escrutinio y ayer se presentaba intenso, no sólo por el cambio sino también porque hay que contar papeletas del Congreso y del Senado y éstas son nominales, puedes votar a candidatos de diferentes partidos, por lo que el recuento es más lento.

Y como siempre, anécdotas. Desde el que se cambió de domicilio y no está en el censo hasta la joven que viene por primera vez a votar y te pregunta cómo hay que hacerlo (algo que me asombra, pero bueno, allí estoy yo en plan didáctico, va con la profesión); ancianos en pareja votantes de unos y de otros, preguntas con "sorna" como el "¿qué? ¿como quedará a cousa?" en clara sintonía con las siglas que llevas en el colgante que te identifica con el partido político al que representas; cafés, aguas, chistes, tertulias, periódicos, whats app... Y llega el recuento.

Al poco de empezar con la urna del Congreso sacamos uno de los votos más bonitos que he visto en mi vida. Un voto pensado a conciencia, elaborado, bien doblado y metido en el sobre, que traía una pequeña etiqueta cerrándolo con el nombre de la persona votante. Sorpresa y admiración sentimos todos los miembros de la mesa y los apoderados, solicitando permiso a la presidenta para sacarle una foto que al instante compartimos por las redes sociales y podría convertirse en la imagen de la jornada. Posteriormente los periódicos publicaron otros votos similares, pero yo me quedo con el mío, con el de mi urna, porque no sirve, es nulo, pero dice mucho. Seguramente una gran poeta o artista se esconde tras esa frase y esa elaboración, a la que desde aquí le felicito. Si llega a leer esto, me encantaría recibir su comentario, de forma anónima como recibimos su voto y ojalá que, llegue a donde llegue, sirva al final para algo, para un cambio aunque sea pequeño. Ahí os lo dejo.



sábado, 5 de diciembre de 2015

¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

Hoy ha sido un día extraño. Es viernes, inicio de puente festivo y mola. Los niños están conmigo y han tenido una tarde un poco especial, G. ha ido a un cumple de una amiga y M. primero a pasantía y después a casa de un amigo. Estamos a punto de evaluar a los alumnos este primer trimestre y hay trabajo de fin de semana. Una escapadita el domingo a Padrón, algún acto de campaña electoral (que ya estamos en pleno ajetreo de cara a ese 20-D que parece como un antes y un después, una segunda transición), algún adelanto de compras navideñas y descanso activo.

Pero volviendo a lo del día "extraño" siento a veces que ocurren cosas que me hacen reflexionar y no siempre de una manera que muchos llaman "políticamente correcta". Y no me refiero a nada que tenga que ver con elecciones ni partido ni nada, sino a la vida misma. El hecho que originó esta reflexión hoy fue trágico, pero ocurrió aquí al lado de casa. Volví tarde del inicio de la campaña electoral, me conecté a internet y entre las últimas noticias aparecía un suicidio de un maltratador que a punto estuvo de llevarse por delante la vida de su ex pareja pero que gracias a la intervención de los vecinos ella y el anciano al que cuidaba se salvaron, ya que el maltratador se tiró por la ventana de un cuarto piso al verse acorralado por la policía. Aquí os dejo el enlace a la noticia

En un país que mata cada año a cerca de 50 mujeres y que tiene una Ley Integral contra la Violencia de Género, y me expreso así porque aunque los ejecutores son hombres, una situación que se lleva repitiendo en los últimos años sin parecer que decrezca tiene que inducir a pensar que algo está mal en esa ley o que no se está aplicando como se debería. En el caso de ayer todos los protocolos actuaron correctamente porque el hombre tenía una orden de alejamiento de la mujer y al acercarse a ella, se activaron los avisos a las Fuerzas de Seguridad que enseguida se personaron en el domicilio donde ocurrieron los hechos y también por la ayuda de los vecinos, la mujer logró salvarse porque además él tuvo el arrebato de tirarse por la ventana. Hoy en el barrio no se hablaba de otra cosa, primero con el cotilleo de saber si era algún vecino y las circunstancias que propiciaron ese desenlace. Parece ser que ninguno de los dos eran vecinos, sino que ella trabajaba aquí cuidando de noche al señor mayor y el potencial asesino la esperó en el entorno de ese domicilio. A continuación la gente pasó a comentar el alivio que supuso saber que ella se salvó, lógicamente (y yo también); sin embargo, en un momento en que iba en el coche y comentaban la noticia por la radio yo pensé en él, en el maltratador suicida. 

Sé que a lo mejor lo que expreso no gusta, pero yo reflexioné sobre ello y sentí cierta inquietud y hasta pena por determinados comentarios de desprecio hacia él. Sentí que nadie se acordó de él. Entiendo que nos congratulemos de haber salvado a una persona, pero si ante eso guardamos rencor y odio hacia el maltratador, sin tratar de entender por qué llega a esa situación, creo que no es ético. Un maltratador lo es porque ha tenido una vida dura y difícil en su entorno, tal vez también una infancia como maltratado y una gestión emocional errónea, ninguna capacidad de empatía y, en definitiva, un fracaso en su desarrollo como persona. Con esto no los justifico, que nadie me entienda mal, pero es la misma sensación que se puede tener ante alguien que comete un hecho delictivo grave y que sin embargo, tiene gente que entiende que lo haya podido ejecutar. Nada justifica que una persona mate a otra, repito, NADA; sin embargo en determinados crímenes ha habido opiniones para todos los gustos, incluso justificando la acción por parte del asesino o asesina en determinados sectores. Y sin llegar a crímenes pero sí a delitos, es como por ejemplo cuando alguien expresa en alto ante una violación la asquerosa frase de "bueno, es que ella también vestía muy provocativa" y se consiente ese comentario por parte de amplios sectores de la sociedad, lo cual, insisto, me parece repugnante.

Yo no he leído la Ley Integral contra la Violencia de Género, pero en los últimos meses y ante la periodicidad de los crímenes contra las mujeres, me he enterado de dos cosas que también son para reflexionar. La primera es que parece ser que existe un estudio de un sindicato muy conocido en España que demuestra que, ante manifestaciones de recuerdo de las víctimas (como la ocurrida el 7 de noviembre a nivel nacional en Madrid) o campañas de sensibilización en los medios, aumenta el número de casos de violencia de género contra la mujer. Este año también ocurrió y posteriormente a esa fecha hubo varias muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Y la segunda cosa es que existen también casos de violencia de mujeres contra hombres, no tanto con resultado de muerte (alguno sí lo ha habido), pero resulta que no se incluyen como delitos dentro de esa ley, sino que se sigue llamando "violencia doméstica" y no se aplican los protocolos de protección especificados en esa Ley Integral. Hace pocos días me comentaba un conocido que, ante un caso de separación o divorcio, por ejemplo, en el que es la mujer la que toma la decisión de hacerlo, en muchos casos el hombre está completamente desamparado por ley y su vida posterior es un auténtico infierno en lo que respecta a su situación económica por la cantidad de gastos a los que tiene que hacer frente mientras su ex pareja queda en una situación más que acomodada. Esa sensación de estar completamente anulado en temas referidos a sus hijos, a su independencia económica, llegando a producirse una grave alteración de su personalidad, sería fácilmente desencadenante de episodios de violencia de género. Hace pocos días se publicaron dos casos en la prensa regional en el que efectivamente dos hombres quedaron prácticamente en la calle, uno por una denuncia falsa de su hija y otro porque su mujer, ante un accidente grave de él, logró usurparle todos sus bienes y vivía básicamente de la caridad. Yo no puedo entender cómo la Justicia puede permitir situaciones como estas en España, pero hablando con amigos y amigas expertos me han confirmado que, por desgracia, así es.

En mi caso tengo que decir que tengo vivencias y situaciones en las que siento claramente esa desigualdad e injusticia en mis carnes, aunque en otros aspectos no, porque también conozco casos de personas cercanas que han sido (y en algunos casos siguen siendo) auténticos calvarios de juzgados, sentencias, gastos y demás, con las consecuencias que se derivan sobre todo para los hijos e hijas. Y ojo, no digo que también existan casos en la que la situación sea al revés, que sea el hombre quien deja en la calle a la mujer (alguno personal también conozco), pero el sentimiento general que percibo en muchas conversaciones en las que además me implico también por mi situación de divorciado "express", es que actualmente la sociedad no comprende una situación de privilegio de la mujer en este tipo de situaciones, sino de igualdad.

Titulé el post con una pregunta porque expresar esto me hacía medir mucho lo que digo y sobre todo cómo lo digo. Pero sí, hay determinados momentos desde que estoy divorciado en los que siento que no puedo expresarme libremente en este tema, que cualquier cosa que diga podría ser utilizada en mi contra. Ayer, un compañero se acercó a mí y me lo comentó muy en voz baja con la misma sensación "no poder decir lo que siente porque se pueden herir ciertas sensibilidades". Por eso digo que hoy ha sido un día extraño. Porque me he planteado cosas que cuestionan determinadas políticas y acciones sociales que están asentadas y que pueden crear malos entendidos, enemistades o incluso reproches cargados de rabia. Creo en la IGUALDAD, en todos los aspectos de la vida, pero recalco, en TODOS (...) Y este paréntesis es porque tenía algo escrito y lo borré porque sé que no se va a entender lo que quiero expresar.

Algunas personas pensarán que lo que he relatado aquí es machista. Yo no me siento así nunca. Bueno, siempre he sido una persona que he atendido a razones, que me pliego a una explicación coherente y razonada sobre cualquier tema y cambio de parecer sin rencor ni obcecación con mis ideas. Alguna vez he vivido situaciones con alguna mujer que enarbola la bandera del feminismo y me ha echado en cara, por ejemplo, que no le dejé pasar primera al abrir una puerta o que no la ayudé con unas bolsas o en una tarea. Hace poco tiempo me acusaron de entrar yo primero en un restaurante en el que previamente había hecho una reserva para avisar que habíamos llegado y la mujer que entró detrás de mí me lo echó en cara, siendo una feminista de pro. ¿En qué quedamos? Si no lo hago y le cedo el paso a lo mejor también me lo echaba en cara... O regalar un ramo de flores y espetarme un "¡qué regalo tan machista!" Yo a una contestación así le llamo mala educación y creo que la mujer que contesta así ante un regalo hecho con cariño por parte de un hombre, no merece de éste la más mínima atención, por el desprecio que demuestra hacia él.

En conclusión, que hay mucho camino que recorrer, pero desde la perspectiva de la IGUALDAD. Leo en facebook cada día muchos comentarios machistas, incluso escritos por mujeres; tampoco me gustan. Pero desde abajo, desde la infancia, el camino a recorrer es duro y a veces difícil porque desterrar hábitos y actitudes muchas veces adquiridos de manera inconsciente cuesta, y a veces las leyes quieren ir tanto por delante que se pasan y no ayudan, o incluso llegan a producir el efecto contrario, un retroceso. Pensemos, reflexionemos y busquemos soluciones prácticas que frenen las muertes y lleguemos a esa sociedad igualitaria de género.



sábado, 28 de noviembre de 2015

BANCO DE ALIMENTOS

Hoy viví una experiencia nueva en compañía de dos compañeras del Partido Socialista. Cercana ya la Navidad, es ya tradicional una campaña de recogida de productos para los bancos de alimentos, de cara a que ninguna familia quede sin poder celebrar estas fiestas que cada vez son más comerciales. El PSOE de A Coruña lleva años colaborando en esa recogida y como militantes nos ofrecemos voluntarios para ir a un centro comercial o supermercado a recibir las donaciones de cualquier ciudadano.

Allá nos fuimos a las 12 y media de la mañana, nos pusimos el chaleco identificativo y ante 6 carros fuimos recibiendo los productos no perecederos. Yo pensaba que la gente donaría lo típico: un kilo de arroz, una caja de galletas, un brick de leche. Pues no. Todo aquel que se acercaba dejaba más que eso y gente de todo tipo. Nunca me dejará de sorprender el alto grado de solidaridad que existe en España, que nos pone de líderes en Europa. Hemos visto a lo largo de las últimas décadas como los españoles hemos copado el "top" en las listas más variopintas referidas a la solidaridad: el primer país del mundo en donaciones de órganos, nuestras puertas abiertas para acoger a los necesitados, adopciones de animales. Y lo de hoy. Gente de TODAS las condiciones, razas, religiones. Me emocionaba cuando se acercaba una familia musulmana (fácilmente identificables por los "niqab" de las mujeres) y dejaba unos cuantos kilos de comida; una familia de inmigrantes sudamericanos y lo mismo; una mujer que se acercó con dos paquetes, también inmigrante de origen brasileño o portugués (porque habló en su idioma) y nos dijo "siento no poder dejar más, tengo que vivir con 425 euros al mes"... Emoción.

Niños que venían con sus bolsas, gente jubilada que también dejaban sus recuerdos con refranes como "hambre no, pero ganas de...", gente joven con bebés que también dejaban alimentos infantiles. Es difícil describir el cúmulo de emociones que en 2 horas y medio vivimos mis compañeras y yo. Cuando se cargaba un carro con un tipo de comida, lo llevábamos a un pequeño local del centro comercial y allí lo acomodaban en cajas para disponerlas en un palé y llevarlas al almacén central, en uno de los polígonos comerciales de la ciudad.  Muchos carros cargados llevamos, de legumbres, pasta, leche, desayunos, aceite, comida para bebés, conservas. Incluso llevábamos una alegría cuando alguien dejaba alimentos con los que no contamos como un paquete de sal o unas tabletas de turrón. Se espera que en toda España se donen 21 millones de kilos, lo que supone un gran récord. 

Hubo gente que donaba carritos enteros y a punto estuve de ponerme a llorar de emoción. Fijaos que tampoco es que fuese algo que me implicase directamente, pero aflora lo más profundo de los sentimientos. Carros que, a ojo, llevaban mercancía por casi 100 euros y que cuando se lo agradecías a los donantes decían que era poco y que también esa gente lo necesita. En fin, que la experiencia ha sido corta pero intensa.

Seguimos en crisis y pienso que es triste que un estado no ponga los recursos suficientes para que todos sus ciudadanos puedan acceder a un sustento digno. Que haya que recurrir a la solidaridad de la gente para poder pasar una Navidad tendría que hacer bajar la cabeza de vergüenza a la mayoría de los políticos de nuestro país. A pocos días de lo que se espera como cambio, pase lo que pase y sin tener en cuenta ninguna ideología, creo que las prioridades sociales tienen que ir por ahí, por garantizar lo mínimo en vivienda, servicios sociales, alimentación, educación, sanidad. No más recortes ni más sueldos precarios, está claro que España puede, que somos un país con gran riqueza y grandes talentos. El objetivo es que no haya que recurrir de nuevo a una iniciativa como esta, pero me da que tendremos que hacerlo aún algunos años más.

Seguiré aportando lo que pueda y esté en mi mano para que mi sociedad sea un poco mejor, de momento desde las aulas es donde veo que más puedo hacer, pero no quiero dejar de ser partícipe de iniciativas como esta que no por excepcional debido a las fechas es la única en el país, teniendo el deber de presumir de ello en Europa y todo el mundo. Es nuestro carácter y del que tenemos que sentirnos más que orgullosos.





jueves, 19 de noviembre de 2015

MIEDO

Llevamos casi una semana pendientes de París, de Bruselas y en definitiva de cualquier gran urbe europea debido a la amenaza terrorista del Estado Islámico, ISIS o DAESH o como se quieran llamar. Hay una tensión similar a la vivida en Madrid en 2004 cuando los trenes explotaron matando a casi 200 personas. Se ha hablado del tema en los colegios, en cafeterías, en tertulias, en familia. Nos estamos acostumbrando a terminología como "yihad" o similares y toda la escenografía de estos individuos es salvaje, tétrica, atroz e incomprensible.

Francia está en estado de guerra, ha cerrado fronteras e intensificado los controles de entrada en el país y extremado la seguridad. Se han suspendido partidos de fútbol en Bruselas y Hannover y se viven situaciones de película de cine, con la triste característica de que es real. Las redes sociales arden en opiniones y comentarios, políticos, famosos y ciertos "pícaros" (que siempre surgen en situaciones así) se ponen a comentar la situación cuando mi impresión es que estamos ante un fenómeno que no podemos controlar y del que poco sabemos aún. Hemos visto cómo estos fanáticos degollaban periodistas sin ningún tipo de arrepentimiento, fusilaban niños, despeñaban homosexuales destruían obras artísticas y, en definitiva, sometían brutalmente a su población. Ahora el terror está a la puerta de casa y crece la sensación de inseguridad en todo el Mundo.

Pero el dilema ético también ha surgido precisamente por la localización del último atentado en París. Acciones similares a las del viernes en la capital francesa han ocurrido en Kenia, Iraq, Túnez, Turquía y más recientemente con la explosión de un avión de pasajeros ruso en el Sinaí. Los medios se han hecho eco de estas acciones pero no con la intensidad de París ni han tenido la misma reacción. ¿Importan menos unas víctimas que otras?

Y lo peor de todo es que si te posicionas criticando la hipocresía de Occidente con estas otras víctimas, hay gente que te cuestiona tu decisión, sospechando incluso que los atentados de París de importan poco. Nada más lejos de la realidad. Todos hemos llorado ante determinadas imágenes, igual que hicimos cuando ocurrió en Madrid, Londres o Nueva York, pero no nos podemos olvidar del resto de víctimas en países africanos o asiáticos. Ver en Youtube cómo fusilan a 200 niños sin piedad o las imágenes de cuerpos destrozados tras los bombardeos en Siria, de uno y otro bando, nos hace sentir lo reprobables que somos: personas matando a personas, destrozando familias y pueblos enteros. Es atroz.

No sabremos qué ocurrirá en los próximos días. Hay expertos que nos hablan de estar encaminados a una III Guerra Mundial, a un nuevo orden mundial. Lo que está claro es que de nuevo estamos ante una guerra originada por un dogma religioso, en este caso el Islam. Pero lo terrible es demonizar a sus creyentes, pensar que todos los musulmanes son terroristas en potencia; no podemos entender el mundo sin tener en cuenta a más de 1000 millones de creyentes de esta religión y, si no recuerdo mal, 22 países donde se profesa oficialmente. Hoy existen comunidades musulmanas en todos los continentes y tienen mucho que aportar. Mientras, ¿qué actitud tomar ante las atrocidades de los terroristas de ISIS? Creo que el asunto es más profundo como para opinar en una red social sin caer en comentarios xenófobos. Lo que sí tengo claro es que a mí me duelen todas las víctimas, es verdad que París está a 1500 km de nosotros, que somos culturalmente más parecidos y que ver a 70000 personas cantando en un estadio inglés "La Marsellesa" (insisto, estadio INGLÉS) es la muestra más clara de que Europa está unida ante este horror, haya pasado ahora en París como si hubiera sido en Copenhague, Barcelona o Viena, pero en Oriente Próximo se está matando a niños o, en otra acción desesperada, se lanzan en balsas al Mediterráneo y aparecen ahogados en las playas griegas o zancadilleados en Hungría. Difícil momento estamos pasando.

España también está en alerta. En un mes son las elecciones y ya vivimos en 2004 el terror a tres días de otra convocatoria electoral. No podríamos soportar emocionalmente algo similar a lo ocurrido por entonces o ahora en París. Pero la vida sigue, si cabe con más miedo o tensión y generando sospechas sobre el diferente. ¡Cómo se puede hundir en unos segundos todo un trabajo previo de interculturalidad por culpa de unos fanáticos! Solo nos queda confiar en el buen hacer de nuestros diplomáticos porque de los políticos poco podemos esperar, pero tendrán que estar a la altura, pero mientras, por si sirve de algo... NO A LA GUERRA


(y Turquía, Kenia, Túnez, Sudán del Sur, Afganistán...)

sábado, 14 de noviembre de 2015

PARÍS

Nunca estuve en París. La gente que conozco y ha visitado la capital de Francia, la capital de Europa, me ha dicho que, si tengo que ver una ciudad, esa es París. He vivido en Amsterdam, he pisado Berlín, Bruselas, Estocolmo, Madrid... y varias ciudades de referencia en Europa. Dicen que París lo es todo, que tu manera de ver el mundo cambia cuando paseas por los Campos Elíseos, entras en el corazón de Montmartre, subes a la Torre Eiffel o embelleces tu alma visitando el Louvre. París es moda, arte, historia, lujo, música, cosmopolitismo... París es TODO.

Pero ayer fue el terror. Sin más, de nuevo la "Ciudad de las Luces" se tiñó de sangre por unos fanáticos que dicen matar "en nombre de Alá". A estas horas los muertos llegan a 127, pero seguro serán más porque las imágenes que estamos viendo son como la más terrible de las pesadillas. Un "viernes 13" de verdad, no de las películas de terror que nunca nos creíamos. Hoy no nos queda más remedio que creerlo, y seguir preguntándonos, como aquel 11 de marzo en Madrid o aquel 11 de septiembre en Nueva York: ¿POR QUÉ?

Me considero racional, con una cultura amplia y con capacidad para cuestionar los hechos, sobre todo los históricos. Visité Auschwitz y me preguntaba qué podría pasar por la cabeza de unos señores con un uniforme militar lleno de esvásticas para maquinar y llevar a cabo el horror del exterminio de personas vinculadas a una religión, a una orientación sexual o condicionadas en su vida por una discapacidad. Trataba de ponerme en la mente de aquellos que metían a 100, 200 personas en una cámara de gas y en 20 minutos los recogían muertos para incinerarlos no sin antes despojarlos hasta de sus dientes de oro o de su pelo, del cual llegaban a fabricar mantas. Habían diseñado un proceso industrial con la muerte, un beneficio para una locura que justificaban por la superioridad de una raza frente al resto del mundo. Hoy, 70 años después, nos encontramos con otra religión que difunde el mensaje de que ellos tienen la verdad, que el resto de la Humanidad sobra en la Tierra y que sólo ellos pueden seguir adelante.

Cuando en la Edad Media los cristianos hacían lo mismo, cortando cabezas a diestro y siniestro por toda Europa y Próximo Oriente, la población civil no llegaba a saber de estas atrocidades porque no había la difusión que hay ahora y mucho menos el grado de educación y cultura que tenemos en eso que llamamos "Occidente"; también se mutilaron obras de arte, tapando o extirpando las partes sexuales de cuanto Adán o Eva se hubiese esculpido o pintado, de esculturas griegas o romanas de bellas mujeres o fornidos varones que eran los cánones de belleza. Hoy vemos como los fanáticos del Islam destruyen las mismas obras de arte de la Antigüedad, dinamitan templos, rompen columnas asirias o romanas a golpe de martillo. Nadie puede pararlos y, en caso de que pudiesen, ¿serviría de algo? 

Hace pocos días 200 niños sirios fueron fusilados por esta gente también en nombre de Alá y no salieron en la tele ni los vimos en Internet. Seguramente pasaron previamente por un período de cautiverio o tortura y sólo unas líneas aparecieron en los medios de comunicación. Ayer tuvimos un terror similar en París, mientras la gente estaba disfrutando de su tiempo libre, en terrazas, en Bataclán. Me duelen todos, me horroriza pensar en los minutos previos en los que esa gente se da cuenta de que va a morir a manos de un comando de locos. Pero también me horroriza oír que entre aquéllos que escapan de ese horror en Siria y llegan a Europa, se camuflan los que luego disparan en nuestras discotecas o estaciones de tren o calles de un barrio cualquiera de nuestras ciudades.

Y mientras seguimos cogidos... por el petróleo. Si Occidente no dependiese tanto de esas regiones, hoy no tendríamos muertos en París ni en Siria. Pero claro, la hipocresía de tener nuestro coche con su petróleo se traduce en un "yo te doy las armas", con las que luego nos disparan. Permitimos que se humille a la mujer con sus burkas en Afganistán, que no se respete el más mínimo de los derechos humanos en niños, mujeres y hombres por pertenecer a tal o cual grupo étnico o religioso de los países árabes, vemos como en Siria llevan 4 años de destrucción en manos de un dictador y no tenemos el valor de sacarlo del poder porque interesa, porque es nuestro "amigo" (y donde dice Siria podéis poner Arabia Saudí, Iraq, Kuwait, etc.). Pero cuando llegan a la puerta de casa, cuando París (y aquí también podéis poner Londres, Madrid, Amsterdam o Berlín) es atacado en su pleno corazón, todos nos solidarizamos y volvemos a preguntarnos ¿POR QUÉ?

Esto no parará, la masacre continuará en otros lugares porque tienen la capacidad de hacerlo y nosotros no tenemos la capacidad de contenerlo. Pero siempre quedará la esperanza de que aparezca alguien que pueda sentar en una mesa a los dirigentes para dialogar, para terminar con el terror, para negociar, porque con bombas tampoco arreglamos nada. Por el bien de todos, los de aquí y los de allá, necesitamos que ese alguien aparezca ya, sin demora, por París y por los niños sirios, por Occidente y Oriente; en fin, por la Humanidad.